Por: Circe Vargón
Conoce la historia del adoratorio dedicado a Ehécatl-Quetzalcóatl que fue descubierto durante la construcción del Metro y terminó convertido en el símbolo de una de las estaciones más transitadas de la CDMX.
A finales de la década de 1960, la Ciudad de México estaba perforando su subsuelo para construir algo completamente moderno: El Metro.
Excavadoras, ingenieros y trabajadores avanzaban bajo calles por las que diariamente circulaban miles de personas. Pero trabajar bajo el Centro Histórico significaba enfrentarse inevitablemente con otra ciudad, México-Tenochtitlan.
Entre 1967 y 1970, las obras fueron acompañadas por trabajos de salvamento arqueológico bajo la coordinación de los arqueólogos Jordi Gussinyer y Raúl Arana, quienes investigaron una extensa zona prehispánica localizada durante la construcción del Metro.
Los especialistas recuperaron cerca de 140 toneladas de fragmentos cerámicos, alrededor de diez mil piezas, figurillas, instrumentos musicales, maquetas y restos de construcciones prehispánicas.
Uno de aquellos descubrimientos no podía quedar oculto detrás de los muros de la nueva infraestructura.
Era un conjunto de adoratorios superpuestos relacionado con Ehécatl, manifestación de Quetzalcóatl como deidad del viento. La estructura fue conservada y la estación terminó construyéndose alrededor de ella.
Después ocurrió algo todavía más sorprendente: el monumento prehispánico se convirtió en el símbolo gráfico de la estación.

En México Travel Channel nos fascina descubrir el patrimonio escondido dentro de nuestra rutina. Hoy hacemos una pausa durante el transbordo de Pino Suárez para entender por qué uno de los íconos más reconocibles del Metro nació literalmente debajo de los pies de sus constructores.
¿Qué significa el ícono de Pino Suárez?
La respuesta está dentro de la propia estación.
El pictograma representa de manera estilizada la Pirámide o adoratorio de Ehécatl, estructura prehispánica conservada en Pino Suárez.
El propio Sistema de Transporte Colectivo identifica oficialmente el monumento como un espacio dedicado a Ehécatl, manifestación de Quetzalcóatl como deidad del viento.
La estación lleva el nombre de José María Pino Suárez, vicepresidente de México durante el gobierno de Francisco I. Madero, entre 1911 y febrero de 1913. Ambos fueron asesinados durante los acontecimientos de la Decena Trágica. El pictograma de la estación, sin embargo, no reproduce el rostro ni las iniciales del político, sino el vestigio arqueológico descubierto en el lugar.
Así, el nombre de la estación recuerda al México revolucionario, mientras su ícono conduce hacia un pasado mucho más antiguo.

El hallazgo que resolvió el pictograma de la estación
El sistema visual del Metro fue desarrollado para facilitar la orientación mediante imágenes sencillas y reconocibles.
El sistema visual del Metro nació junto con las primeras etapas de la red. Para desarrollar la señalización de las estaciones y los trenes se integró un equipo encabezado por el diseñador estadounidense Lance Wyman, acompañado por los diseñadores mexicanos Arturo Quiñónez y Francisco Gallardo, bajo la coordinación del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
El objetivo era que cada estación pudiera reconocerse mediante una imagen clara relacionada con un personaje, un sitio histórico, un barrio o algún elemento característico de su entorno. De esta manera, el pasajero podía orientarse visualmente sin depender exclusivamente del nombre escrito.
Pino Suárez presentó un desafío.
En una entrevista, Wyman recordó que resultaba complicado encontrar una referencia visual clara relacionada con el antiguo vicepresidente. El hallazgo del adoratorio proporcionó la solución que necesitaba el equipo:
“Siempre digo que recibimos la ayuda de los dioses aztecas porque trabajadores encontraron la pirámide de Ehécatl y fue finalmente lo que usamos como símbolo”.
El testimonio fue recogido en 2019 por El Heraldo de México. Wyman consideraba el pictograma de Pino Suárez uno de los trabajos más especiales dentro del sistema gráfico del Metro.
La arqueología había entregado la imagen perfecta: sencilla, vinculada con el lugar y capaz de representar una historia mucho más antigua que la propia estación.

El descubrimiento bajo la avenida Pino Suárez
Los vestigios fueron recuperados durante las obras de las primeras líneas del Metro, en una zona donde antiguamente existió un centro ceremonial compuesto por varios adoratorios.
La investigación publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que el conjunto de Pino Suárez contiene seis estructuras superpuestas, correspondientes a diferentes etapas constructivas. Mide aproximadamente 10.7 metros de largo, 7.6 de ancho y 3.7 de altura. Originalmente se encontraba en el centro de un patio hundido más extenso.
La superposición muestra que el monumento fue modificado y ampliado con el paso del tiempo. Las formas redondeadas de algunas secciones y el hallazgo de una representación de Ehécatl-Ozomatli permitieron relacionar el conjunto con el culto a Ehécatl-Quetzalcóatl.
El adoratorio fue integrado al proyecto de la estación en lugar de desmontarlo o cubrirlo. Actualmente permanece protegido dentro del pasillo de correspondencia entre las líneas 1 y 2. La Línea 1 atraviesa la ciudad de oriente a poniente, en el corredor Pantitlán-Observatorio, mientras que la Línea 2 conecta el sector de Cuatro Caminos con el sur de la ciudad.
El propio Metro ubica el adoratorio en el pasillo de correspondencia de ambas líneas, cerca de los accesos procedentes de Línea 1.
Así, millones de pasajeros circulan diariamente alrededor de una estructura construida siglos antes de la llegada de los españoles.
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¿Quién fue Ehécatl?
La clave para comprender la forma de la construcción está precisamente en la deidad.
Ehécatl significa viento en náhuatl y fue una de las manifestaciones de Quetzalcóatl. El INAH conserva numerosas representaciones arqueológicas donde aparece con uno de sus atributos más característicos: una máscara bucal con forma de pico de ave.
El Metro capitalino explica que Ehécatl tenía entre sus funciones preceder a la lluvia.
Su viento barría simbólicamente campos y caminos y preparaba el cielo para la llegada de las nubes y, posteriormente, de las lluvias necesarias para fertilizar la tierra.
La relación entre viento, lluvia y agricultura convertía a esta deidad en una figura fundamental dentro del universo religioso mesoamericano.

¿Por qué los templos de Ehécatl eran circulares?
Esta es una de las características arquitectónicas más fascinantes.
El Sistema de Transporte Colectivo describe los templos dedicados al dios del viento como basamentos que sostenían edificios redondos.
La planta circular facilitaba simbólicamente el movimiento del viento alrededor del edificio. Esta característica aparece en otros sitios mesoamericanos vinculados con Ehécatl, como Calixtlahuaca, en el Estado de México.
En el caso de Pino Suárez, el conjunto posee varias etapas y formas arquitectónicas acumuladas. El estudio del INAH documenta componentes circulares relacionados con Ehécatl, además de una estructura rectangular superpuesta asociada con Tláloc, deidad de la lluvia.
El monumento no fue construido de una sola vez. Conserva distintas transformaciones del espacio ceremonial.
Antes de que caiga la lluvia, sopla el viento, es #Ehécatl que le barre el camino a Tláloc. Por eso los #mexicas alinearon sus templos. pic.twitter.com/6LxxeN1sOa
— INAH (@INAHmx) June 10, 2017
Una estación moderna construida alrededor de un templo antiguo
Pino Suárez es simultáneamente estación, espacio de correspondencia y sitio arqueológico.
El INAH incluye actualmente la Pirámide de Ehécatl dentro de su ruta cultural Sendero Prehispánico: Huellas en la ciudad y la identifica expresamente como una estructura prehispánica dedicada al dios del viento localizada dentro de la estación Pino Suárez del Metro de la Ciudad de México.
Su conservación permite observar el sitio dentro del territorio urbano donde fue descubierto. No fue trasladado a un museo ni separado de su contexto para exhibirse dentro de una vitrina.
El Metro avanzó alrededor del adoratorio.
Esa convivencia convierte al lugar en uno de los ejemplos más conocidos de patrimonio arqueológico integrado en la infraestructura cotidiana de la Ciudad de México.
Aquí no necesitamos entrar en un museo para encontrar la pieza. El vestigio aparece en medio de nuestro camino.

¿Quién fue José María Pino Suárez?
José María Pino Suárez fue abogado, periodista, poeta y vicepresidente de México durante el gobierno de Francisco I. Madero.
Ambos fueron asesinados en febrero de 1913 durante los acontecimientos de la Decena Trágica. Su nombre quedó incorporado a calles, plazas y espacios públicos, incluida la avenida bajo la cual circula el Metro.
El archivo fotográfico del INAH conserva distintos registros de su vida política junto a Madero.
La estación reúne así tres tiempos históricos:
- Su nombre recuerda al México revolucionario.
- El ícono representa al México-Tenochtitlan.
- La infraestructura pertenece a la capital contemporánea.
Pocas estaciones pueden resumir tantos siglos dentro de una imagen tan pequeña.

¿Dónde está la Pirámide de Ehécatl?
El adoratorio se encuentra dentro de la estación Pino Suárez, correspondencia de las líneas 1 y 2.
El Metro indica que está ubicado por los accesos de la Línea 1 hacia el pasillo de correspondencia con la Línea 2. Puede contemplarse durante el horario normal de servicio de la estación.
No requiere una entrada adicional. Basta con ingresar al Metro y caminar hacia el espacio arqueológico.
Durante la visita deben respetarse las barreras de protección. No está permitido tocar la estructura, subir en ella ni arrojar objetos.
La próxima vez que hagas correspondencia, puedes detenerte unos minutos antes de continuar el viaje.
¿Sabes cuál es la #ZonaArqueológica más pequeña del país? Es el #Templo de Ehécatl, al interior de una estación del #Metro de la #CDMX pic.twitter.com/brhoNEGTcX
— INAH (@INAHmx) April 17, 2017
La pirámide que millones de pasajeros atraviesan sin detenerse
Lo extraordinario de Pino Suárez es dónde sobrevivió.
La Pirámide de Ehécatl no fue trasladada a la sala de un museo. Permanece en el mismo entorno urbano donde fue localizada, integrada a una estación por la que transitan diariamente pasajeros que cambian de línea, corren hacia el trabajo o esperan el siguiente tren.
El INAH la reconoce actualmente como una estructura arqueológica conservada dentro de la estación y la incorpora a su ruta cultural Sendero Prehispánico: Huellas en la ciudad.
Su presencia permite entender algo esencial sobre el Centro Histórico: la ciudad contemporánea no sustituyó completamente a México-Tenochtitlan. En muchos lugares simplemente continuó construyéndose encima y alrededor de ella.
Por eso, detenerse frente al adoratorio durante un transbordo cambia la manera de mirar la estación. Las escaleras, pasillos y andenes pertenecen al México contemporáneo; el nombre recuerda a un vicepresidente revolucionario; pero en medio del recorrido permanece una construcción levantada entre aproximadamente 1400 y 1521.
Y cada vez que un pasajero busca la pequeña pirámide dibujada en los letreros para saber dónde bajar, ocurre algo extraordinario: un templo que durante siglos permaneció enterrado sigue cumpliendo una función dentro de la ciudad, aunque ahora, convertido en pictograma, ayuda a millones de personas a encontrar su camino.
¿Te has detenido a contemplar la Pirámide de Ehécatl durante tu paso por Pino Suárez?
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