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Por: Circe Vargón

Sobre nuestras cabezas se levanta el Altar de los Reyes, uno de los grandes conjuntos barrocos de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

Sus columnas, esculturas y relieves cubiertos con hoja de oro ascienden hasta ocupar el fondo de la naveNo obstante, debajo de este monumental retablo comienza otro recorrido.

Una escalera desciende hacia un espacio donde las voces del templo se apagan. En los muros aparecen placas funerarias, escudos episcopales y nichos destinados a conservar los restos de quienes encabezaron la Iglesia católica en México.

Es la Cripta de los Arzobispos, uno de los recintos funerarios más importantes de la Catedral.

Pero la historia continúa bajo el edificio contiguo. En el sótano del Sagrario Metropolitano, dos ventanas arqueológicas permiten observar tres tramos del antiguo Templo del Sol o Tonatiuh, construcción mexica que formó parte del recinto ceremonial de México-Tenochtitlan.

En pocos metros conviven tres tiempos: la capital mexica, la ciudad virreinal y el Centro Histórico contemporáneo.

Foto: Pëxels
Basta mirar a través de una ventana arqueológica para descubrir que México-Tenochtitlan nunca desapareció por completo: parte de sus antiguos muros permanece bajo el corazón de la CDMX./Foto: Pexels

La Catedral Metropolitana: un edificio levantado durante 240 años

La actual Catedral Metropolitana comenzó a construirse en 1573 y concluyó en 1813. Sus más de dos siglos de obras explican la combinación de elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos que puede observarse en el edificio.

Antes existió una primera iglesia levantada por orden de Hernán Cortés en la antigua Plaza Mayor. El Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, documenta que para sus cimientos y pilares se aprovecharon monolitos procedentes del recinto ceremonial indígena.

Aquel templo fue inaugurado en 1532 y posteriormente sustituido por la Catedral actual.

Construir sobre el antiguo suelo lacustre representó un enorme desafío. Para sostener el edificio se colocó una plataforma de piedra y cascajo apoyada sobre miles de estacas de madera, técnica que permitió distribuir su peso sobre un terreno húmedo e inestable.

La Catedral no solamente fue construida sobre la antigua ciudad. Sus propios cimientos incorporaron materiales y soluciones heredadas de ella.

Foto: Pëxels
Cada escalón conduce hacia otra capa de la historia: bajo la monumental Catedral Metropolitana comienza un recorrido entre espacios funerarios y siglos de memoria./Foto: Pëxels

La Cripta de los Arzobispos: el cementerio bajo el altar

La Cripta de los Arzobispos fue construida durante el siglo XX para concentrar en un solo recinto los restos de quienes habían encabezado la Arquidiócesis de México y permanecían sepultados en diferentes espacios de la Catedral.

De acuerdo con información recopilada dentro del propio recinto, su construcción comenzó entre 1938 y 1939 y concluyó en 1942. Posteriormente fue bendecida en 1954 por el arzobispo Luis María Martínez y Rodríguez.

La cripta presenta forma de hemiciclo. En sus muros se distribuyen nichos identificados mediante placas de metal con nombres, fechas y escudos episcopales.

Los restos no llegaron todos al mismo tiempo. Fueron trasladados desde diferentes sepulturas hasta convertir el lugar en un panteón histórico de los arzobispos de México.

Fray Juan de Zumárraga, el primer obispo de México

En el centro de la cripta se encuentra un memorial dedicado a Fray Juan de Zumárraga, el primer obispo de México (1468-1548).

Zumárraga llegó a la Nueva España a finales de 1528. Después de su consagración, la primera Iglesia Mayor adquirió formalmente el carácter de Catedral. En 1546, el papa Paulo III elevó la diócesis de México a Arzobispado Metropolitano.

El memorial presenta una escultura yacente del franciscano. Cerca de ella se encuentra un altar presidido por una figura de Cristo elaborada en mármol blanco.

En la base del monumento fue incorporado un cráneo tallado en piedra de tradición mexica. El elemento prehispánico introduce dentro del recinto funerario una referencia directa al pasado indígena del territorio donde se levantó la Catedral.

La pieza no es un simple detalle decorativo. Recuerda que debajo del edificio virreinal permanece el centro ceremonial de otra ciudad.

Los corredores funerarios bajo la Catedral

La Cripta de los Arzobispos no constituye el único espacio funerario del subsuelo.

En los corredores existen osarios, pequeños nichos o compartimentos destinados a conservar restos óseos después de que un cuerpo ha sido exhumado de su sepultura original. En las zonas funerarias de la Catedral aparecen detrás de placas distribuidas por muros y corredores.

El administrador de la cripta, Jonathan Castañeda, explicó durante un recorrido documentado por Chilango que estos espacios fueron utilizados para depositar restos óseos trasladados desde cementerios después de concluir el tiempo legal de sepultura.

Las investigaciones realizadas directamente dentro del recinto también registran criptas particulares ocupadas por personas que adquirieron espacios funerarios bajo la Catedral. Sus restos permanecen detrás de placas distribuidas por los muros y pisos de los corredores.

El visitante no ingresa en una catacumba excavada durante la Conquista, sino en un complejo funerario construido y reorganizado a lo largo de distintas etapas.

Su sector más representativo quedó reservado para los arzobispos.

Foto: Arquidiocesis Primada de México
Arriba brillan los altares y resuena la Catedral. Abajo, las voces desaparecen entre corredores funerarios y piedras antiguas que recuerdan que otra ciudad existió mucho antes en este mismo lugar./Foto: Arquidiocesis Primada de México

Los espacios destinados al proceso funerario

En la zona subterránea existen compartimentos empleados para resguardar temporalmente los cuerpos de los arzobispos antes de trasladar sus restos al nicho definitivo.

Estos espacios son conocidos como catafalcos o, popularmente, “pudrideros”. Allí se desarrollaba el proceso natural de descomposición antes de que los restos óseos fueran exhumados y colocados en el compartimento correspondiente.

Esta práctica explica el tamaño de muchos nichos de la cripta. No fueron concebidos para contener cuerpos completos, sino restos óseos depositados después de su exhumación.

El recinto conserva así diferentes momentos del proceso funerario: sepultura, transformación, traslado y memoria.

Nichos, corredores y osarios revelan una dimensión de la Catedral que permanece completamente oculta para quien sólo recorre su nave principal./Foto: Foto: Arquidiocesis Primada de México

Bajo el Sagrario permanece el Templo del Sol

Para llegar a la capa más antigua del recorrido hay que desplazarse hacia el Sagrario Metropolitano, edificio barroco construido entre 1749 y 1768 según el diseño del arquitecto Lorenzo Rodríguez.

Durante los trabajos de recimentación efectuados entre 1975 y 1976, la arqueóloga Constanza Vega Sosa dirigió excavaciones bajo el inmueble. A partir de ellas, el arqueólogo Rubén Cabrera Castro identificó tres tramos arquitectónicos pertenecientes al costado norte del Templo del Sol o Tonatiuh.

Los vestigios fueron identificados después de intervenciones arqueológicas relacionadas con trabajos de recimentación realizados durante la década de 1970.

La primera ventana arqueológica permite observar un muro en talud correspondiente al primer cuerpo del templo. La estructura conserva dos etapas constructivas y un reforzamiento en su base exterior.

Para levantarla se utilizaron piedras irregulares de tezontle y bloques de andesita unidos con lodo. La superficie recibió un recubrimiento de estuco elaborado con cal, arena y tezontle molido.

La segunda ventana muestra la continuidad del muro y la esquina noroeste del edificio mexica. En el mismo espacio pueden observarse las estacas de madera empleadas siglos después para cimentar los muros del Sagrario.

En una sola mirada aparecen dos sistemas constructivos pertenecientes a ciudades diferentes.

La lápida solar que conservó sus colores

Uno de los elementos más importantes del espacio es una lápida de andesita rosa empotrada en el muro.

La pieza presenta un disco solar formado por un círculo central con restos de pigmento rojo. A su alrededor aparecen anillos verdes y rojos, seguidos por representaciones de plumas de águila delineadas en negro, blanco y rojo, dispuestas como rayos solares.

En las cuatro esquinas se encuentran chalchihuites, representaciones de piedras preciosas que, en conjunto, forman un quincunce relacionado con los rumbos del universo.

Durante las excavaciones también fueron recuperadas otras dos lápidas que actualmente se exhiben en uno de los corredores de la sacristía de la Catedral.

Estos vestigios no son piedras prehispánicas reutilizadas dentro de una construcción virreinal. Son fragmentos del templo mexica que permanecen en su ubicación arquitectónica original.

La gran sequía de 1450: La crisis climática que desató el ritual. Templo Mayor, CDMX.
Bajo el Sagrario Metropolitano, ventanas arqueológicas permiten observar tramos de una antigua construcción mexica relacionada con el Templo del Sol o Tonatiuh.

¿Se pueden visitar las criptas y los vestigios mexicas?

Sí, pero el acceso debe realizarse mediante recorridos autorizados.

El INAH tiene registrado un recorrido por la Catedral, el Sagrario, la Cripta de los Arzobispos y los vestigios prehispánicos.

La ficha institucional señala que esta actividad se programa el segundo sábado de cada mes, aunque es indispensable confirmar previamente la disponibilidad con el Museo del Templo Mayor.

Para entrar al sótano donde están las ventanas del Templo del Sol es necesario incorporarse a una visita organizada por:

  • Museo del Templo Mayor.
  • Paseos Culturales del INAH.
  • Área de Cultura de la Catedral Metropolitana.

La ficha oficial establece que la entrada ordinaria a las ventanas arqueológicas es gratuita, tanto para visitantes nacionales como extranjeros. El sótano no permanece abierto para el acceso independiente, por lo que la visita debe realizarse con un grupo autorizado.

Ubicación: Plaza de la Constitución s/n, Centro Histórico, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México.

Las visitas pueden modificarse por celebraciones religiosas, trabajos de conservación o actividades internas. Conviene consultar directamente al Museo del Templo Mayor o a la Catedral antes de acudir.

Las ciudades que permanecen bajo el Zócalo

El verdadero secreto de la Catedral Metropolitana no es únicamente descubrir que existen muertos debajo de ella.

Es comprender cuántas épocas pueden ocupar el mismo lugar.

En la superficie se extiende el Zócalo contemporáneo. Después aparece la Catedral levantada durante el periodo virreinal. Bajo su altar permanece el recinto funerario de los arzobispos y, debajo del Sagrario, continúan en pie los muros del Templo del Sol.

Descender al subsuelo transforma nuestra manera de contemplar el edificio.

Cuando volvemos a subir y salimos a la plaza, las piedras ya no parecen pertenecer a una sola ciudad.

En el Centro Histórico de la CDMX, la historia no solamente está alrededor de nosotros. También permanece, literalmente, bajo nuestros pies.

¿Te adentrarías en las criptas de la Catedral Metropolitana?

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