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Por: Circe Vargón

Primero se escucha un soplido sobre el agua. En otro extremo del país, miles de alas naranjas se desprenden de los oyameles cuando el Sol comienza a calentar el bosque. Más al sur, los monos se mueven entre las copas de los árboles mientras un jaguar permanece oculto en la selva.

México conserva territorios donde los animales deciden si se dejan ver.

Son bosques, lagunas, humedales, selvas y desiertos protegidos porque de ellos dependen especies migratorias, mamíferos marinos, aves acuáticas y grandes depredadores.

Las Áreas Naturales Protegidas resguardan no solamente a cada animal, sino también los procesos ecológicos que le permiten alimentarse, reproducirse y desplazarse.

En el marco del Día Mundial de los Animales, que se celebra cada 4 de octubre, recordamos como esta iniciativa internacional busca elevar el reconocimiento y bienestar de todas las especies.

En 2026, su lema es “Mira el mundo a través de sus ojos”, una invitación a dejar de observar la naturaleza únicamente desde las necesidades humanas.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, conocida por sus siglas Conanp, administra una red federal de 226 Áreas Naturales Protegidas, desde arrecifes e islas hasta selvas, humedales y regiones desérticas.

Foto: Canva
Observar fauna en libertad implica entrar temporalmente en su territorio y mantener la distancia necesaria para no modificar su comportamiento./Foto: Canva

¿Dónde observar fauna en libertad sin alterar su hábitat?

Antes de comenzar hay una norma fundamental. Ninguno de estos destinos es un zoológico.

Encontrar animales nunca está garantizado. Las temporadas únicamente señalan los periodos con mejores condiciones o mayor concentración de determinadas especies migratorias.

El visitante debe permanecer en caminos autorizados, contratar prestadores acreditados, respetar las distancias establecidas y atender las instrucciones de guías y guardaparques.

La fotografía perfecta nunca vale más que la tranquilidad del animal.

1. Mariposa Monarca: entrar a un bosque que parece respirar

Michoacán y Estado de México

Primero parecen hojas secas, después alguna comienza a moverse y cuando el Sol calienta el bosque, miles de pequeñas alas naranjas comienzan a separarse de los oyameles hasta llenar el aire.

Se trata de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca que protege 56 mil 259 hectáreas entre Michoacán y el Estado de México. Sus bosques constituyen el territorio de hibernación de las mariposas monarca que cada otoño llegan procedentes de Estados Unidos y Canadá.

El extraordinario fenómeno recibió en 2008 el reconocimiento de Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO.

¿Dónde observarlas?

Entre los santuarios abiertos históricamente al turismo se encuentran:

  • El Rosario, Sierra Chincua y Senguio, en Michoacán.
  • La Mesa, El Capulín y Piedra Herrada, en el Estado de México.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió la reserva como Patrimonio Mundial Natural en 2008. Actualmente también impulsa proyectos comunitarios de ecoturismo y producción sustentable relacionados con su conservación.

  • Mejor temporada: de noviembre a marzo. En febrero y marzo aumenta la actividad de vuelo antes de que las mariposas comiencen su viaje hacia el norte.

  • Regla de oro: guardar silencio, permanecer en los senderos, seguir a los guías comunitarios y nunca tocar una mariposa.

Mariposa Monarca, un símbolo de México
Mariposa Monarca, un símbolo de México

2. El Vizcaíno: navegar junto a las ballenas grises

Baja California Sur

Aquí el encuentro comienza con una respiración. Un potente soplido rompe el silencio y después aparece un lomo gris sobre el agua.

Las lagunas Ojo de Liebre y San Ignacio, dentro de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, constituyen uno de los espacios reproductivos más importantes del mundo para la ballena gris (Eschrichtius robustus).

Ambas forman el Santuario de Ballenas de El Vizcaíno, declarado Patrimonio Mundial en 1993.

Las ballenas recorren aproximadamente 12 mil kilómetros desde los mares de Bering, Chukchi y Beaufort hasta las lagunas de Baja California. Su mayor concentración suele registrarse a mediados de febrero.

¿Dónde observarlas?

  • Laguna Ojo de Liebre (Mulegé)
  • Laguna San Ignacio (Mulegé)

Otros puertos de Baja California Sur ofrecen avistamientos, pero no forman parte del Santuario de Ballenas de El Vizcaíno.

La temporada 2025-2026 en la reserva comenzó el 15 de diciembre de 2025 y se extendió hasta abril de 2026. Cada nuevo periodo debe verificarse en los avisos de la Conanp y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Los recorridos deben contratarse con prestadores autorizados y cumplir la NOM-131-SEMARNAT-2010, norma que regula las actividades de observación de ballenas.

  • Regla de oro: nunca pedir al operador que persiga, encierre o intercepte a un cetáceo. Aquí son las ballenas las que deciden si desean acercarse.

La magia de las ballenas en Puerto Vallarta sigue viva
Las lagunas de Baja California Sur reciben cada temporada a ballenas grises que recorren miles de kilómetros hasta sus zonas de reproducción.

3. Calakmul: entrar al reino mexicano del jaguar

Campeche

En este destino necesitamos cambiar la expectativa. No viajamos a Calakmul para “ver un jaguar”, entramos a un territorio donde todavía puede vivir un jaguar y esa diferencia lo cambia todo.

La Reserva de la Biosfera Calakmul protege más de 723 mil hectáreas de bosque tropical y mantiene poblaciones de los cinco felinos registrados en esta región: jaguar, puma, ocelote, tigrillo y yaguarundí. También habitan allí tapires, monos y pecaríes.

El jaguar es considerado una especie bandera, es decir, un animal cuya protección ayuda a movilizar esfuerzos sociales e institucionales para conservar todo su ecosistema. Proteger el territorio que necesita este felino también beneficia a numerosas plantas, aves, mamíferos y reptiles que comparten la selva.

La observación directa es poco probable porque los jaguares son discretos, se desplazan por territorios amplios y suelen evitar a las personas. La experiencia consiste en caminar por un paisaje donde pueden encontrarse huellas, sonidos, aves, monos y otras señales de una selva viva.

  • Actividades autorizadas: senderismo, observación de aves y fauna, fotografía de naturaleza, talleres artesanales y visita a sitios arqueológicos. En los senderos interpretativos es obligatorio entrar acompañado por un guía certificado.

  • Mejor temporada: la Conanp recomienda considerar la transición entre la temporada seca y las lluvias. La época seca va de diciembre a mayo y las lluvias, de junio a noviembre.

  • Regla de oro: jamás abandonar los caminos ni seguir rastros para intentar localizar un felino.

Visitar el territorio del jaguar no garantiza observarlo; saber que la selva todavía puede albergarlo forma parte del verdadero valor de la experiencia.

4. Ría Celestún: cuando el horizonte de Yucatán se vuelve rosa

Yucatán y Campeche

Un viaje en lancha que se vuelve color rosa.         

Son flamencos americanos (Phoenicopterus ruber) alimentándose en las aguas poco profundas.

La Reserva de la Biosfera Ría Celestún es un humedal costero de 81 mil 482 hectáreas famoso por alojar colonias de miles de flamencos rosados del Caribe (Phoenicopterus ruber). El flamenco americano debe su color rosado al consumo de crustáceos con altos contenidos de carotenoides.

Celestún funciona como sitio de alimentación, descanso y reproducción del flamenco. En agosto de 2026, CONANP realizó allí su segundo anillamiento y marcó 147 polluelos, además de colocar tres transmisores satelitales para estudiar sus desplazamientos.

  • Mejor temporada: puede visitarse durante todo el año, pero las mayores concentraciones visibles en Celestún suelen registrarse entre noviembre y febrero.

Los recorridos deben hacerse con cooperativas y operadores autorizados, porque la distancia de observación depende del comportamiento de las aves y de las condiciones del humedal.

  • Regla de oro: no solicitar que la embarcación se acerque a las colonias ni interrumpa su alimentación, descanso o anidación.

Isla Arena, Campeche: el paraíso entre manglares y flamencos que pocos conocen
Isla Arena, Campeche. Foto: Edzna Campeche.

5. Valle de los Cirios: siguiendo las huellas del berrendo peninsular

Baja California

El último viaje conduce a un paisaje completamente distinto. Aquí no hay selva, ni manglares, hay kilómetros de desierto y enormes plantas que se levantan hacia el cielo como antorchas.

El Área de Protección de Flora y Fauna Valle de los Cirios abarca 2 millones 521 mil 987 hectáreas, una superficie cercana al 35 por ciento del territorio de Baja California.

Entre su fauna se encuentran el borrego cimarrón y el berrendo peninsular, cuya presencia se concentra en el sur del área, en el sector conocido como Llano del Berrendo.

En el Centro de Visitantes Llano del Berrendo existe una muestra dedicada a esta subespecie. Mediante recorridos guiados se puede conocer el programa de recuperación y observar ejemplares dentro de su hábitat. La visita requiere cita previa con la administración del área.

El desierto también permite realizar senderismo, observación de flora y fauna, fotografía de paisaje y contemplación astronómica. Algunos proyectos ejidales ofrecen cabañas construidas con materiales locales y sistemas de energía solar.

  • Mejor temporada: otoño, invierno y principios de primavera, cuando las temperaturas son más adecuadas para recorrer el desierto.

  • Regla de oro: viajar con prestadores locales, llevar suficiente agua y no acercarse a los berrendos por cuenta propia.

El berrendo peninsular habita uno de los paisajes más extremos de México, entre llanuras desérticas y la peculiar vegetación del Valle de los Cirios./Foto: Canva

Turismo de naturaleza: observar sin convertirnos en una amenaza

Observar fauna silvestre no consiste en conseguir que el animal mire a la cámara.

Consiste en ingresar por unos minutos en un territorio que no nos pertenece y salir sin dejar una alteración visible.

En un viaje responsable, la mariposa no termina sobre nuestra mano, la ballena no es perseguida por una embarcación, el jaguar no es obligado a mostrarse, el flamenco no abandona su alimento y el berrendo conserva la distancia que necesita.

Hay encuentros que ocurren a pocos metros y otros que apenas dejan una huella sobre el suelo. Ambos pueden enseñarnos lo mismo: La verdadera fortuna no siempre es ver al animal, sino saber que todavía existe un lugar donde puede vivir en libertad.

¿Qué santuario natural de México has visitado con respeto y admiración?

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