Por: Circe Vargón
Descubre la historia detrás de la leyenda que asegura que un tesoro imperial de Maximiliano de Habsburgo quedó enterrado bajo Paseo de la Reforma en la Ciudad de México.
El Paseo de la Reforma, corazón financiero, turístico y corporativo de México, es una avenida donde caminar sobre su asfalto significa ver un desfile interminable de rascacielos vidriados, ejecutivos y monumentos que narran nuestra identidad.
Sin embargo, se dice que debajo de los cimientos de la Bolsa de Valores y de los carriles del Metrobús, se esconde una leyenda que no se ha podido desenterrar: El mito de los carruajes imperiales cargados de oro y diamantes que quedaron atrapados en el lodo.
La avenida más popular del país nació originalmente como un proyecto urbano impulsado por Maximiliano y terminó alimentando el secreto de una fortuna perdida.
Esta historia tiene su origen en los últimos años del Segundo Imperio Mexicano (1864-1867) que se desmoronó y dejó sus riquezas -al menos en el imaginario popular- sepultadas bajo el concreto donde hoy caminan millones de mexicanos.
Realmente, ¿hay un tesoro escondido debajo de Paseo de la Reforma?

En México Travel Channel exploramos historias y leyendas que forman parte de la evolución de nuestras ciudades. Síguenos en este recorrido histórico por el secreto mejor guardado del subsuelo de la capital.
¿Cuál es el origen histórico del Paseo de la Reforma en la CDMX?
El Paseo de la Reforma, actualmente la avenida más emblemática de la Ciudad de México fue mandado a hacer por órdenes del emperador Maximiliano de Habsburgo en 1864 bajo el nombre de Paseo de la Emperatriz, en honor a Carlota de Bélgica.
Maximiliano aceptó formalmente la corona de México el 10 de abril de 1864 mediante los Tratados de Miramar y llegó junto con Carlota al puerto de Veracruz el 28 de mayo de ese mismo año para asumir el gobierno del Segundo Imperio Mexicano.
Diversas investigaciones históricas señalan que su trazo original buscaba comunicar el Castillo de Chapultepec con el centro político de la capital. Además, de ser una vía de comunicación, que representara la modernidad del Segundo Imperio Mexicano.
Inspirado en grandes avenidas europeas como los Campos Elíseos de París y los bulevares de Viena, el paseo fue concebido como una ruta escénica rodeada de áreas arboladas y espacios abiertos que permitieran apreciar la ciudad desde una nueva perspectiva.
En aquel momento, buena parte del trayecto atravesaba terrenos poco urbanizados, antiguas zonas lacustres y ranchos ubicados al poniente de la capital, muy distintos al paisaje urbano que conocemos actualmente.

La leyenda sobre el tesoro perdido de Maximiliano de Habsburgo
Era 1867 y el Segundo Imperio Mexicano se acercaba a su desenlace.
Con las tropas republicanas recuperando territorio y el gobierno de Benito Juárez avanzando hacia la restauración de la República, comenzaron a surgir historias sobre la posible desaparición de bienes pertenecientes a la corte imperial.
Fue entonces cuando comenzó a difundirse una versión que terminaría convirtiéndose en leyenda.
En medio del caos político, comenzaron a circular versiones sobre joyas, objetos de valor, mobiliario lujoso y pertenencias de la corte que supuestamente habrían sido retiradas de diversos inmuebles antes de la caída del régimen.
Y es que, en el Palacio Nacional, Maximiliano impulsó diversas modificaciones arquitectónicas y decorativas durante su breve estancia como emperador de México entre 1864 y 1867, un periodo de apenas tres años. Entre ellas destacan intervenciones en las áreas ceremoniales y residenciales del edificio.
Una de las obras más conocidas de ese periodo es la llamada Escalera de la Emperatriz, actualmente conocida como Escalera de Honor, una estructura monumental ubicada dentro del Palacio Nacional que formó parte de las adecuaciones realizadas para adaptar el antiguo recinto virreinal a las necesidades de la corte imperial.
Además, las salas destinadas al protocolo fueron redecoradas con elementos inspirados en las cortes europeas de la época. Este ambiente de lujo terminó alimentando la idea de que la familia imperial poseía riquezas considerables que nunca fueron recuperadas tras la caída del régimen.
Según la leyenda, vajillas de oro macizo, joyas de la emperatriz Carlota y cofres de finanzas vienesas fueron cargados en carruajes al amparo de la noche, iniciando la huida.
Es importante señalar que esta historia forma parte del folclore urbano de la Ciudad de México y no existe evidencia histórica o arqueológica que confirme esta versión.

El Paseo de la Emperatriz y el origen de la leyenda
Para entender el origen de esta leyenda, hay que volver a los primeros años del Paseo de la Emperatriz.
Como ya se mencionó, Maximiliano ordenó construir el Paseo de la Emperatriz en 1864 con el propósito de conectar Chapultepec con el centro de la ciudad mediante una vía moderna inspirada en el urbanismo europeo.
En la década de 1860, la Ciudad de México aún conservaba características de la antigua cuenca lacustre. Grandes extensiones del valle estaban conformadas por terrenos húmedos, canales, zanjas y áreas susceptibles a inundaciones, especialmente en las zonas periféricas de la entonces pequeña capital.
Por ello surgió una versión popular según la cual, ante el colapso del imperio, algunos colaboradores habrían intentado esconder bienes valiosos en áreas poco accesibles cercanas al recorrido del paseo.
La leyenda sostiene que varios cofres cargados con oro, joyas y documentos fueron ocultados en terrenos fangosos para evitar que fueran confiscados.
La historia ganó fuerza porque coincide con un hecho real, pues el proyecto imperial quedó inconcluso debido a la caída de Maximiliano.
El Paseo de la Emperatriz fue inaugurado durante los últimos meses del Segundo Imperio Mexicano y pocos meses después, el 19 de junio de 1867, Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro.
La cercanía temporal entre la apertura del paseo y el final del imperio ayudó a reforzar las narraciones populares sobre riquezas ocultas.
El verdadero misterio: Los bienes desaparecidos del Segundo Imperio
Lo que sí está documentado es que la caída del Segundo Imperio provocó la dispersión de mobiliario, obras de arte, documentos y pertenencias asociadas a la corte de Maximiliano.
La confusión política, la retirada de funcionarios imperiales y el rápido colapso del régimen alimentaron durante décadas rumores sobre objetos desaparecidos que nunca fueron plenamente inventariados.
La falta de documentación clara contribuyó a que surgieran numerosas leyendas sobre posibles tesoros ocultos.

La caída del imperio y la permanencia del mito
La historia tomó un rumbo definitivo con la ejecución de Maximiliano en el Cerro de las Campanas 19 de junio de 1867, lo que dio paso al triunfo definitivo de la República y el mapa del tesoro se desvaneció.
De acuerdo con la tradición oral, quienes conocían los puntos exactos donde los cofres habían sido tragados por el lodo murieron, fueron desterrados o guardaron un silencio absoluto por temor a las represalias del nuevo gobierno liberal.
Tras la restauración republicana, el proyecto urbano continuó evolucionando.
Benito Juárez permitió la conservación de la avenida y posteriormente fue rebautizada como Paseo de la Reforma, nombre que honra las Leyes de Reforma impulsadas por el movimiento liberal.

¿Se han encontrado restos arqueológicos del imperio bajo el Paseo de la Reforma?
Décadas más tarde, Porfirio Díaz transformó el viejo paseo en una calzada de monumentos de inspiración europea. Se colocaron las estatuas de Cristóbal Colón y Cuauhtémoc, y en 1910, el emblemático Ángel de la Independencia.
El crecimiento urbano cubrió los antiguos pantanos con toneladas de concreto, asfalto y rascacielos.
Durante diversas obras de construcción, ampliaciones urbanas y proyectos de transporte, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha recuperado restos arqueológicos, estructuras hidráulicas históricas, vestigios coloniales y materiales asociados a distintas etapas de la historia de la ciudad.
Por ejemplo, en años recientes se han documentado trabajos de conservación e investigación sobre monumentos históricos del Paseo de la Reforma, así como hallazgos vinculados con antiguos espacios funerarios en predios de la avenida.
Sin embargo, no hay registro oficial del INAH ni evidencia arqueológica publicada que documente el hallazgo de un tesoro perteneciente a Maximiliano de Habsburgo bajo el concreto.
Por ello, el llamado tesoro de Maximiliano permanece en el terreno de la leyenda.
Hoy en día, el mito sigue vivo en la memoria colectiva y forma parte del imaginario histórico de la Ciudad de México.

Mientras miles de personas recorren diariamente una de las avenidas más importantes de América Latina, la pregunta continúa sin respuesta: ¿Hubo realmente una fortuna imperial perdida o se trata de una historia creada por el paso del tiempo?
¿Crees que las obras modernas terminaron por destruir los restos del tesoro imperial o consideras que el lodo de la CDMX aún resguarda este secreto?
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