Por: Circe Vargón
Más allá de su historia deportiva, el Estadio Azteca también está rodeado por leyendas urbanas que han circulado durante décadas entre aficionados y trabajadores. Te invitamos a conocerlas.
Fuera de los días de partido, el Estadio Azteca presenta una cara muy distinta a la que conocen miles de aficionados, y es que cuando este sitio queda vacío, comienzan a circular historias sobre ruidos, apariciones y sucesos difíciles de explicar que forman parte del folclor popular del recinto.
Para quienes disfrutan del turismo oscuro y las leyendas contemporáneas, este recinto -considerado uno de los templos del futbol mundial se transforma en un enorme contenedor de relatos.
Inaugurado oficialmente el 29 de mayo de 1966, el Estadio Azteca fue diseñado por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca, convirtiéndose en una de las obras arquitectónicas más emblemáticas del siglo XX en México.
Su construcción inició en 1962 y tomó casi cuatro años, de acuerdo con registros históricos del inmueble.
Desde entonces ha sido escenario de algunos de los momentos más importantes en la historia del deporte mundial.
En su historial figuran las finales de las Copas del Mundo de 1970 y 1986, el célebre episodio de la “Mano de Dios” de Diego Armando Maradona, ocurrido el 22 de junio de 1986 durante el partido de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, partidos olímpicos, conciertos multitudinarios y visitas papales.
Incluso la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) reconoce al inmueble como uno de los estadios más emblemáticos de este deporte mundial y destaca que ha albergado 19 partidos mundialistas.
Sin embargo, detrás de la gloria deportiva también sobreviven historias que han dado forma a la leyenda oscura del recinto.

En México Travel Channel también exploramos las historias y leyendas que forman parte de la memoria urbana del país. Acompáñanos en este recorrido hacia una de las leyendas más estremecedoras de la capital mexicana.
La leyenda de los cimientos del Estadio Azteca
La leyenda más conocida del Estadio Azteca nos transporta a los años de su construcción.
Las obras comenzaron a principios de la década de 1960 en una zona que entonces se encontraba mucho menos urbanizada que hoy. Miles de toneladas de concreto fueron colocadas para levantar un estadio que, para su época, representaba una hazaña de la ingeniería mexicana.
Según el mito urbano, algunos trabajadores habrían perdido la vida durante las excavaciones y sus cuerpos habrían quedado atrapados bajo la estructura. Con el paso del tiempo, esta historia evolucionó hasta convertirse en la creencia de que el estadio permanece en pie gracias a las “almas” que quedaron ligadas a sus cimientos.
La permanencia de este tipo de narraciones no es exclusiva de México. En años recientes, la construcción de infraestructura para la Copa Mundial de Qatar 2022 estuvo rodeada de cuestionamientos internacionales relacionados con la muerte de trabajadores migrantes vinculados a diversas obras para el torneo.
Aunque se trata de contextos distintos y sin relación directa con el Estadio Azteca, este tipo de acontecimientos suele alimentar historias asociadas a grandes proyectos arquitectónicos.
Aunque no existen registros oficiales, documentos históricos ni investigaciones periodísticas que demuestren que trabajadores fueron sepultados deliberadamente bajo la construcción del estadio, esta creencia ha pasado de boca en boca hasta convertirse en una leyenda urbana, con antecedentes culturales más profundos.
Y es que, en diversas regiones de México y América Latina, han sobrevivido relatos asociados a puentes, presas, edificios y templos donde supuestamente era necesario ofrecer un sacrificio humano para garantizar la estabilidad de una gran obra.
Ese imaginario colectivo terminó trasladándose al Estadio Azteca debido a sus dimensiones monumentales y a la fascinación que siempre ha provocado entre los habitantes de la capital.
Buena parte de estas historias han sobrevivido gracias a recopilaciones de leyendas urbanas, programas de radio especializados en misterio, contenidos televisivos y narraciones compartidas por aficionados en redes sociales, más que por investigaciones históricas formales.
La historia ganó fuerza porque la construcción del recinto representó una transformación radical del paisaje de Santa Úrsula Coapa.
Durante cuatro años, cientos de trabajadores participaron en una obra que parecía imposible: levantar uno de los estadios más grandes del planeta, con una cancha de 105 por 68 metros y una capacidad actual cercana a los 87 mil espectadores, sobre un terreno de origen volcánico asociado a las antiguas lavas del Xitle.
Diversos registros históricos sobre la construcción del inmueble señalan que la piedra volcánica proveniente del Xitle marcó el carácter geológico de la zona y representó uno de los principales desafíos técnicos para los arquitectos e ingenieros encargados del proyecto.
Así nació la leyenda que continúa circulando entre aficionados y trabajadores, aunque permanezca fuera de los registros históricos comprobados.

La historia del supuesto niño fantasma
Otra historia del recinto capaz de competir con el mito de los cimientos es la del supuesto niño fantasma del Estadio Azteca.
De acuerdo con la tradición oral que circula entre personal de vigilancia y trabajadores del recinto, estas versiones también han aparecido ocasionalmente en recopilaciones de leyendas urbanas, programas de misterio y contenidos digitales relacionados con fenómenos paranormales, aunque sin evidencia documental que permita comprobar los hechos.
La historia tiene múltiples versiones.
Algunas señalan que se trata de un niño extraviado durante un partido celebrado décadas atrás; otras afirman que murió durante una estampida de aficionados registrada en los primeros años del estadio.
Lo cierto es que no existe evidencia documental que confirme la muerte de un menor bajo las circunstancias descritas por la leyenda.
A pesar de ello, los relatos persisten.
Diversos trabajadores han contado a medios de comunicación que, durante rondines nocturnos, han escuchado pasos, risas o movimientos en zonas vacías del inmueble.
Otros aseguran haber visto una figura infantil correr desde los túneles hacia la cancha para desaparecer instantes después.
Con el tiempo, estas historias fueron enriquecidas por transmisiones televisivas, programas de fenómenos paranormales (Como el programa Extranormal en TV Azteca) y relatos compartidos en internet, convirtiendo al supuesto niño del Azteca en una de las leyendas urbanas más conocidas del futbol mexicano.
El misterio continúa alimentando una narrativa que se transmite de generación en generación.

La estatua de Nachito: el aficionado que se quedó para siempre en el Estadio Azteca
Entre las historias más curiosas del Estadio destaca la de Ignacio Villanueva Aguirre, mejor conocido como “Nachito”, un aficionado del Club América que fue inmortalizado en una estatua de bronce colocada en una de las gradas del inmueble.
La figura no representa a un exjugador ni a una celebridad deportiva, sino a un seguidor común que terminó convertido en símbolo de fidelidad americanista.
La historia se remonta a 2001, cuando Televisa Deportes lanzó una convocatoria para encontrar al aficionado más fiel del América, como parte de las celebraciones por los 35 años del Estadio Azteca, inaugurado originalmente el 29 de mayo de 1966.
Ignacio Villanueva Aguirre ganó el concurso tras demostrar su lealtad con una colección de boletos de partidos del América acumulados durante años; algunas versiones periodísticas señalan que conservó entradas de alrededor de 20 años de encuentros, tanto de local como de visitante, oficiales y amistosos.
Como premio, el club y los organizadores decidieron rendirle un homenaje poco común: Crear una escultura con su imagen para colocarla en el estadio.
La estatua fue elaborada en bronce y su proceso de creación fue particularmente exigente, pues Nachito tuvo que permanecer inmóvil durante varias horas para que pudieran moldear su cuerpo y rostro.
Diversas crónicas coinciden en que el trabajo se dividió en dos etapas: una de aproximadamente 11 horas para el cuerpo y otra de cerca de 4 horas para los detalles del rostro.
La estatua fue inaugurada oficialmente el 30 de mayo de 2001, quedando instalada como si se tratara de un espectador permanente en las tribunas del Coloso de Santa Úrsula.
Con el paso del tiempo, la imagen de Nachito se volvió parte del paisaje del estadio: Mientras jugadores, técnicos y directivos cambiaban, él permanecía en su asiento como una especie de aficionado eterno.
A partir de su permanencia en las gradas, la estatua de Nachito también comenzó a alimentar relatos de corte paranormal.
En redes sociales y narraciones populares se repite la versión de que la figura cambia de posición, gira la cabeza o parece seguir con la mirada a quienes caminan cerca de ella cuando el estadio está vacío.
Estos relatos suelen atribuirse a trabajadores, guardias o visitantes nocturnos, aunque no existe evidencia documental, audiovisual verificable ni reporte oficial que los confirme.
La fuerza de esta leyenda radica precisamente en el contraste entre lo real y lo inquietante: Nachito sí existió y sigue con vida; incluso esta viviendo su primer mundial.
Y aunque permaneció resguardada durante las obras de remodelación rumbo a la Copa Mundial de 2026, se conservándose como uno de los elementos más reconocibles de las tribunas del ahora llamado Estadio Banorte.
La estatua sí fue colocada como homenaje y su presencia en las tribunas es comprobable. Lo que pertenece al terreno del mito es la idea de que la figura se mueva o modifique su mirada.
Por eso, más que una historia paranormal comprobada, se trata de una leyenda urbana moderna construida alrededor de un objeto real, visible y cargado de simbolismo para los aficionados.
En un lugar acostumbrado al ruido de miles de personas, el silencio posterior a los partidos puede convertir cualquier sombra, eco o cambio de iluminación en material perfecto para alimentar relatos de misterio.
¿Por qué surgieron tantas leyendas alrededor del Azteca?
La leyenda de Nachito y los relatos sobre su construcción se suman a otras historias que rodean al Coloso de Santa Úrsula, un estadio cuya historia está marcada por grandes eventos y una profunda carga emocional.
Desde su inauguración, el inmueble ha sido sede de partidos mundialistas, Juegos Olímpicos, conciertos, visitas papales y clásicos del futbol mexicano, lo que lo convierte en un espacio donde se mezclan memoria colectiva, pasión popular y mitología urbana.
Además, su propia construcción contribuye a esa aura monumental. Su escala arquitectónica, el peso simbólico de sus tribunas y décadas de acontecimientos multitudinarios han hecho que el recinto sea visto como un lugar cargado de emociones, historias y presencias imaginarias.

El nuevo capítulo del Coloso de Santa Úrsula
La historia reciente del estadio también ha estado marcada por profundas transformaciones.
En marzo de 2025 se anunció oficialmente el acuerdo comercial que convirtió al recinto en Estadio Banorte, nombre que mantendrá fuera de las competencias organizadas por FIFA.
Sin embargo, durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 el inmueble fue identificado oficialmente como Estadio Ciudad de México, debido a las normas internacionales que restringen el uso de nombres comerciales en las sedes mundialistas.
Además, el recinto se convirtió en el primer estadio de la historia en albergar partidos en tres Copas del Mundo diferentes: 1970, 1986 y 2026.
Las remodelaciones incluyeron mejoras tecnológicas, nuevas butacas, sistemas avanzados de iluminación LED, conectividad digital para los asistentes, adecuaciones de accesibilidad, modernización de áreas operativas y mejoras en la experiencia para los aficionados.
A pesar de las remodelaciones, muchas de estas historias continúan formando parte de la historia del estadio.
Porque más allá de los goles, los conciertos y la historia deportiva, el Coloso de Santa Úrsula también forma parte del imaginario colectivo de la Ciudad de México.
El Estadio Azteca ha sido escenario de hazañas deportivas que dieron la vuelta al mundo, pero también de historias que continúan alimentando la fascinación por lo desconocido.
Si visitas el coloso, recuerda que bajo sus cimientos y en sus túneles oscuros, el misterio sigue vivo.
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