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Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx

El silbatazo final retumba en el televisor, la tensión contenida por más de noventa minutos se libera en un grito unísono… ¡Sí. Ganamos! Y, casi de inmediato, una marea verde comienza a inundar una de las avenidas más emblemáticas de la capital de México.

“¡Vámonos al Ángel. Vámonos al Ángel. Vámonos al Ángel…” Se escucha en nuestra colonia, en las alcaldías… en toda la CDMX.

No importa si el partido ocurrió a miles de kilómetros de distancia o si la victoria apenas asegura el pase a la siguiente ronda de un torneo internacional, como el Mundial 2026. Para los habitantes de la Ciudad de México y sus alrededores, existe una ley no escrita: los triunfos de la selección mexicana de fútbol se festejan portando la camiseta con orgullo alrededor de uno de nuestros monumentos más icónicos: El Ángel de la Independencia.

Esta tradición, arraigada fuertemente en el tejido social, despierta una fascinación colectiva que trasciende el propio terreno de juego.

Y para comprender este fenómeno, no basta con mirar el balompié como un simple entretenimiento masivo, sino como un catalizador de identidad nacional; nuestra identidad…

Congregarse en avenida Paseo de la Reforma es un ritual que combina la catarsis colectiva con la necesidad humana de compartir la alegría en comunidad. No obstante, este punto de encuentro no fue elegido al azar por las masas de aficionados.

En México Travel Channel analizamos para ti, las razones históricas, urbanísticas y psicológicas que explican por qué este monumento histórico se convierte en el epicentro de la euforia futbolística cada vez que nuestro equipo nacional alcanza la gloria.

Así celebramos los mexicanos en el Ángel de la Independencia
Así celebramos los mexicanos en el Ángel de la Independencia. Foto: Rascacielos de México (Facebook).

El origen histórico del Ángel de la Independencia como epicentro de reunión social

Antes de convertirse en el lugar predilecto de la afición futbolística, este monumento ya cargaba con un profundo simbolismo político y social que facilitó su adopción por parte de la ciudadanía.

La Victoria Alada, conocida popularmente como el Ángel de la Independencia, fue diseñada por el arquitecto Antonio Rivas Mercado e inaugurada en 1910 por el presidente Porfirio Díaz quien ordenó su construcción para conmemorar el centenario de la gesta independentista.

De acuerdo con registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el monumento fue concebido desde sus inicios como un altar secular a la soberanía y la identidad patria.

Al albergar los restos de los héroes insurgentes (Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero y Leona Vicario -la única mujer-, entre otros), el espacio adquirió un carácter sagrado para la memoria pública.

Con el paso de las décadas, este simbolismo mutó. El espacio dejó de ser únicamente un punto para ceremonias oficiales y se transformó en el escenario principal para las manifestaciones civiles, celebraciones políticas y, eventualmente, triunfos deportivos.

Por cierto, ¿sabías que en 1907, suando la columna ya medía más de 25 metros de altura, los ingenieros notaron algo alarmante; que el monumento se estaba inclinando. Debido al suelo fangoso de la Ciudad de México (que solía ser un lago) y a un mal cálculo en la cimentación, la estructura comenzó a hundirse de un lado de forma destructiva?

Pero eso no es todo, en 1908 Porfirio Díaz, desesperado por los tiempos de construcción, nombró una nueva comisión técnica encabezada por el ingeniero Guillermo Beltrán y Puga. La orden fue drástica: demoler por completo lo que se había construido y diseñar una cimentación revolucionaria con pilotes de acero y concreto hasta la capa sólida del subsuelo.

Construcción del Ángel de la Independencia.
En 1902, El presidente Porfirio Díaz colocó la primera piedra el 2 de enero.

El mito fundacional: ¿Cuándo comenzó la tradición de celebrar el fútbol en Paseo de la Reforma?

Rastrear el momento exacto en que el primer grupo de aficionados decidió correr hacia el monumento para ondear la bandera nacional nos remite a las décadas de mayor esplendor del fútbol local.

Cronistas deportivos e historiadores del deporte en nuestro país coinciden en que la consolidación del Ángel como punto de festejo futbolístico tomó fuerza durante los Mundiales de México 1970 y México 1986.

Al ser el país anfitrión, la efervescencia urbana necesitaba un desfogue que no interfiriera con las actividades del Centro Histórico. 

De acuerdo con archivos históricos de publicaciones especializadas como La Afición, el punto de inflexión definitivo ocurrió durante las eliminatorias y partidos clave de la década de los noventa y principios de los dos mil, como la victoria frente a Francia en el Mundial de 2010 o el histórico triunfo contra Alemania en 2018.

La facilidad para llegar desde distintos puntos de la capital y la espectacularidad visual del monumento rodeado por miles de personas crearon postales mediáticas que terminaron por institucionalizar la costumbre.

Celebración México 1970 en el Ángel de la Independencia
México 70. De los inicios del festejo.

La psicología colectiva y la logística urbana que alimentan el festejo

La geografía de la Ciudad de México y la necesidad de un espacio neutral juegan un papel determinante para que esta glorieta se imponga sobre otros sitios icónicos como el Zócalo.

Desde una perspectiva urbanística, estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre el uso del espacio público señalan que el Paseo de la Reforma funciona como una columna vertebral de la conectividad en la CDMX.

A diferencia de la Plaza de la Constitución (el Zócalo), que históricamente se asocia con protestas políticas, discursos gubernamentales o eventos masivos centralizados, el Ángel de la Independencia se percibe como un espacio más neutral y estéticamente festivo.

Psicológicamente, la figura de la Victoria Alada -que representa el triunfo y la libertad- resuena perfectamente con el sentimiento de superación y éxito que genera una victoria deportiva, ofreciendo un escenario idóneo donde la sociedad se despoja de sus diferencias cotidianas para unirse en una sola voz. ¿A poco no?

De acuerdo con Sergio Varela Hernández, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (de la Universidad Nacional Autónoma de México) y especialista en sociología y antropología del deporte, estas manifestaciones de fiesta no son un fenómeno excepcional, sino la expresión de una necesidad profundamente humana que es la celebración en comunidad.

“México, como nación, es una comunidad que existe sólo en nuestras cabezas, pero para que podamos sentirnos pertenecientes a ésta tiene que haber fenómenos como los celebratorios y festivos”, dijo en texto publicado en el reciente número de la Gaceta UNAM.

“El propio futbol y el desempeño estrictamente deportivo de la selección podrían cambiar de manera radical el ambiente de la ciudad y del país, y eso es justamente lo que estamos observando… Todas las sociedades tienen fiestas. Es parte constitutiva de la humanidad tener espacios de celebración y momentos importantes para festejar.

“Lo que estamos observando es una especie de carnaval. La gente sale a las calles, se reúne con desconocidos, comparte emociones y construye una experiencia colectiva alrededor de un acontecimiento común y festivo”, indicó.

Celebración en el Ángel de la Independencia.
“Quiere volar, quiere volar…”. Foto: Sectur.

Una tradición que define la pasión mexicana

En definitiva, celebrar en el Ángel de la Independencia es mucho más que un festejo deportivo. Es la manifestación viva de una cultura que encuentra en el fútbol un punto de comunión inigualable.

Cada vez que nuestra selección mexicana obtiene una victoria crucial, este monumento deja de ser una estructura de piedra y bronce para convertirse en un ente vibrante que refleja el alma, la resiliencia y la alegría de todos nosotros; de todo un país.

La tradición sigue vigente, lista para reactivarse con cada nuevo torneo que ponga a prueba el orgullo nacional en la cancha. Y si estando por ahí escuchas el grito “quiere volar, quiere volar…”, prepárate, porque alguien -o tú-, vivirás una de las mejores experiencias en la vida al ser lanzado al aire por un grupo de patriotas, que así como tú, celebran un triunfo de nuestra selección.

Y ojo. No importa si llueve, o si ya somos muchos sobre Paseo de la Reforma, siempre, siempre, habrá unos mexicanos y amigos de otros países, celebrando junto a nosotros… ¡Viva México!

Comparte con nosotros tu experiencia y comparte este artículo con tus amigos futboleros para revivir la pasión de las grandes victorias nacionales.

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¿Por qué celebramos en el Ángel de la Independencia?
“Lo que estamos observando es una especie de carnaval”, dice experto. Foto: Sectur.

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