Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)
¿Qué es el mal de ojo y por qué tantas personas creen en él? Descubre su origen, historia, significado, los amuletos más conocidos y qué explica la ciencia sobre esta antigua creencia.
Hay creencias que atraviesan generaciones, fronteras y culturas sin importar el idioma, la religión o el lugar donde vivimos.
Una de ellas es el llamado mal de ojo, una idea que ha acompañado a la humanidad durante miles de años y que, incluso en pleno siglo XXI, sigue formando parte de conversaciones familiares, remedios tradicionales y prácticas populares en distintos países.
Quizá alguna vez escuchaste que un bebé lloraba sin explicación porque “le hicieron mal de ojo”, o viste a alguien colocar un listón rojo en la muñeca de un recién nacido para protegerlo. Tal vez conoces el famoso ojo turco, ese amuleto azul que millones de personas llevan como collar o pulsera con la intención de alejar las malas energías.
Pero, ¿de dónde surge realmente esta creencia? ¿Existe alguna evidencia científica que demuestre su existencia? ¿Por qué tantas culturas distintas llegaron a desarrollar ideas tan parecidas?
En México Travel Channel te explicamos el origen del mal de ojo, cómo evolucionó a través de la historia, qué significado tiene en diferentes culturas, cuáles son los amuletos más populares y qué dicen actualmente los especialistas sobre esta antigua tradición.

El mal de ojo una creencia que ha sobrevivido miles de años
Cuando hablamos del mal de ojo no nos referimos a una enfermedad reconocida por la medicina, sino a una creencia ampliamente difundida en numerosas culturas.
De manera general, el mal de ojo consiste en la idea de que una persona puede provocar daño físico, emocional o incluso mala suerte a otra únicamente mediante una mirada cargada de envidia, admiración excesiva, celos o malas intenciones. Dependiendo de la tradición, este efecto puede ser voluntario o completamente involuntario.
De acuerdo con Idanely Mora Peralta, experta del Centro de Lingüística Hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se asocia con la idea de que el ojo posee un poder extraordinario y, a través de la mirada, puede transmitir energía perjudicial.
Aunque no se conocen con certeza sus orígenes, el simbolismo del ojo, considerado el “espejo del alma”, está presente en diversas culturas, donde también se le asocia con el peligro, la maldad y, en algunos casos, la envidia, de acuerdo con la académica.
Aunque cada región posee variantes distintas, el elemento común siempre es el mismo: la mirada adquiere un poder especial capaz de afectar a otra persona.
Esta idea continúa presente en buena parte de América Latina, Medio Oriente, Europa mediterránea, Asia y África.

El origen del mal de ojo una historia que comenzó hace miles de años
Resulta sorprendente descubrir que el mal de ojo no nació en un solo país ni pertenece únicamente a una cultura.
Según Idanely Mora Peralta, señala que esta creencia ya existía hace aproximadamente cinco mil años en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia y posteriormente apareció en Egipto, Grecia y Roma.
Los historiadores explican que para aquellas sociedades la mirada representaba mucho más que un sentido físico. Se pensaba que los ojos transmitían energía, emociones e incluso el alma de una persona.
En la Antigua Grecia, filósofos y escritores como Enrique de Aragón (Marqués de Villena, España) mencionaban que ciertos individuos podían emitir una fuerza dañina a través de sus ojos. Más adelante, durante el Imperio Romano, estas ideas se mezclaron con prácticas religiosas y rituales de protección.
Con el paso de los siglos, la creencia viajó por Europa, Asia y el norte de África gracias al comercio, las migraciones y las conquistas.
Cuando los españoles llegaron al continente americano durante la época colonial, muchas de estas ideas se fusionaron con las creencias indígenas, dando origen a las versiones del mal de ojo que actualmente existen en México y otros países latinoamericanos.

¿Por qué los bebés suelen ser considerados los más vulnerables?
Una de las características más conocidas del mal de ojo es que suele asociarse especialmente con los recién nacidos y los niños pequeños.
En numerosas comunidades se cree que los bebés todavía no desarrollan suficientes mecanismos de protección espiritual, por lo que serían más susceptibles a recibir la influencia de una mirada intensa.
Por ello surgieron prácticas tradicionales como evitar que personas desconocidas los tocaran sin permiso, colocarles pulseras rojas, semillas, listones o pequeños amuletos.
Desde una perspectiva antropológica, estas costumbres también cumplían una función social importante: proteger a los recién nacidos dentro de comunidades donde la mortalidad infantil era muy elevada y donde muchas enfermedades aún no podían explicarse científicamente.
En otras palabras, estos rituales ayudaban a las familias a enfrentar la incertidumbre y el miedo frente a padecimientos desconocidos.

Los síntomas que tradicionalmente se atribuyen al mal de ojo
Las manifestaciones atribuidas al mal de ojo varían entre culturas, aunque existen varios síntomas que aparecen con frecuencia dentro de la tradición popular.
Entre ellos destacan el llanto constante de los bebés, pérdida del apetito, fiebre sin causa aparente, cansancio, dolores de cabeza, insomnio, vómito, irritabilidad o sensación de debilidad.
Sin embargo, es importante señalar que ninguno de estos síntomas constituye una prueba de la existencia del mal de ojo.
Todos ellos pueden tener explicaciones médicas perfectamente conocidas, razón por la cual especialistas en salud recomiendan acudir con profesionales cuando estos signos aparecen, especialmente en niños pequeños.
Las creencias tradicionales forman parte del patrimonio cultural, pero nunca deben sustituir una valoración médica cuando existe un problema de salud.

Los amuletos más famosos contra el mal de ojo
A lo largo de la historia prácticamente todas las culturas que creen en el mal de ojo también desarrollaron objetos destinados a protegerse.
El más famoso a nivel internacional es el ojo turco o Nazar Boncuğu, un amuleto de color azul con forma de ojo que actualmente puede encontrarse en joyería, decoración e incluso arquitectura.
Su origen se encuentra en la región del Mediterráneo oriental y simboliza la capacidad de devolver o bloquear las malas energías dirigidas hacia una persona.
En México, además del listón rojo colocado en bebés, existen otras prácticas populares como portar semillas conocidas como “ojo de venado”, utilizar escapularios o realizar limpias tradicionales.
Desde la perspectiva antropológica, los amuletos funcionan como símbolos culturales que ofrecen tranquilidad emocional y fortalecen la sensación de protección dentro de una comunidad.
Más allá de cualquier explicación sobrenatural, representan una manera en la que las personas expresan esperanza, cuidado y deseo de bienestar para sus seres queridos.

¿Qué dice la ciencia sobre el mal de ojo?
La medicina moderna y la comunidad científica no han encontrado evidencia verificable que demuestre que una mirada pueda transmitir enfermedades, energía negativa o provocar daños físicos mediante mecanismos sobrenaturales.
Los especialistas en la salud como el Doctor Xavier Lozoya, consideran que el mal de ojo pertenece al ámbito de las creencias culturales y no al de los fenómenos comprobados científicamente.
Esto no significa que las personas “inventen” lo que sienten, sino que muchos síntomas pueden relacionarse con otros factores ampliamente estudiados, como el estrés, la ansiedad, las enfermedades infecciosas, problemas digestivos o condiciones psicológicas.
Asimismo, la psicología reconoce que las creencias culturales pueden influir en la percepción de la salud y del bienestar. Este fenómeno ayuda a explicar por qué algunas personas sienten alivio después de realizar determinados rituales tradicionales: las expectativas, el contexto social y la confianza también influyen en cómo experimentamos ciertos síntomas.
Por ello, organismos de salud y especialistas recomiendan respetar las tradiciones culturales, pero siempre acompañarlas de atención médica cuando existan síntomas persistentes o preocupantes.

El mal de ojo en México entre tradición, cultura e identidad
En México, el mal de ojo forma parte del enorme patrimonio de creencias populares que han sobrevivido gracias a la tradición oral sobre todo en las comunidades indígenas, donde podría remontarse hasta la época prehispánica.
Por ejemplo en Yucatán, se describe como una enfermedad causada por una mirada que afecta sobre todo a los niños, quienes manifiestan síntomas como llanto persistente, inquietud y asimetría en los ojos. Se cree que las personas con la capacidad de transmitir el “mal de ojo” nacen en martes o viernes y presentan un lunar o una vena entre los ojos.
En algunas comunidades, también se considera que quienes tienen hambre, sed, cansancio o regresan del campo son más propensos a cargar energías malignas, las cuales pueden provocar este mal.
En Chiapas, la comunidad tzotzil distingue entre el mal de ojo y la envidia.
En el caso del primero, se atribuye a personas mayores con una mirada penetrante y un “calor corporal” elevado, mientras que la envidia surge de un deseo reprimido o del resentimiento ante el bienestar de otros.
En Michoacán, específicamente en la población tarasca, se evita que extraños miren o acaricien a los niños, por miedo a que les transmitan el “mal de ojo”. Si esto ocurre, los padres piden al extraño que provoque un berrinche en el niño, pues se cree que con esto el mal es expulsado.
La UNAM explica que estas creencias reflejan procesos históricos complejos en los que confluyeron tradiciones europeas, conocimientos indígenas y prácticas religiosas surgidas durante la época colonial.
Respetar las tradiciones culturales y, al mismo tiempo, confiar en el conocimiento científico cuando se trata de la salud, permite encontrar un equilibrio entre la riqueza del patrimonio cultural y la importancia de la medicina basada en evidencia.

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