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Por: Gustavo Silva González (g.silva@mexicotravelchannel.com.mx)

Caminar por las estrechas calles del Centro Histórico de la Ciudad de México al caer la penumbra es hacer un viaje directo en el tiempo. Entre el murmullo del tráfico moderno y la arquitectura virreinal, existen rincones donde el pasado se niega a morir.

Uno de los relatos más espeluznantes que ha sobrevivido en la memoria colectiva desde el siglo XVII es el de Don Juan Manuel de Solórzano, un noble adinerado cuya obsesión, celos enfermizos y un pacto diabólico transformaron una tranquila calle del corazón de la capital en el escenario de los crímenes más sangrientos de la época colonial.

La popularidad de esta historia negra no es coincidencia. Más allá del misticismo popular, el relato está arraigado en un inmueble real que aún permanece de pie en la actual calle de República de Uruguay.

Para entender el terror que infundió este personaje y la razón exacta por la que acechaba a los transeúntes justo al sonar las once campanadas, debemos sumergirnos en los archivos históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y en las crónicas del México virreinal.

¿Estás listo?

La trágica historia de Don Juan Manuel: De la devoción a los celos enfermizos

Don Juan Manuel de Solórzano era un próspero y respetado magnate novohispano que gozaba de un estatus privilegiado en la sociedad del siglo XVII.

Poseía una inmensa fortuna y estaba casado con Doña Marina de Salazar, una mujer reconocida en toda la Nueva España por su belleza y virtud.

No obstante, detrás de la fachada de hombre piadoso y filántropo, Don Juan Manuel escondía un tormento personal: la incapacidad de concebir un heredero con su esposa y la creciente sospecha, alimentada por su propia mente, de que ella le era infiel.

Consumido por la paranoia y desesperación, el noble decidió retirarse temporalmente a un convento franciscano para buscar paz espiritual, dejando la administración de sus negocios a cargo de su sobrino.

Fue durante ese periodo de aislamiento cuando su salud mental terminó de desmoronarse. La certidumbre irrazonable de que Doña Marina aprovechaba su ausencia para encontrarse con un amante secreto lo llevó a abandonar el retiro religioso y buscar una solución fuera de las leyes humanas y divinas.

Don Juan Manuel de Solórzano y Doña Marina de Salazar. Imagen creada con IA. leyenda
Don Juan Manuel de Solórzano y Doña Marina de Salazar. Imagen creada con IA.

El pacto con el diablo y la siniestra pregunta de las 11 de la noche

Según recogen las crónicas coloniales resguardadas en el Archivo General de la Nación (AGN), Don Juan Manuel recurrió a las artes oscuras en su desesperación por descubrir la identidad del supuestamente falso amor de su mujer.

Invocó al demonio, quien se le apareció en su propia casona e hizo un trato con él: para conocer la cara del adúltero, el noble debía salir a la calle a las once de la noche en punto y asesinar al primer hombre que pasara por enfrente de su portón.

El diablo le prometió que, tarde o temprano, la víctima sería el verdadero amante.

Ciego de ira, Don Juan Manuel acató la orden satánica al pie de la letra. Cada noche, embozado en una gruesa capa negra y armado con un afilado puñal, el hombre aguardaba en el zaguán de su residencia.

Al dar las 11:00 PM en el reloj de la catedral, salía al encuentro del primer transeúnte despistado que caminara por la penumbra y le formulaba la célebre pregunta:

—Disculpe usted, ¿qué hora es?

—Las once de la noche -respondía el infortunado peatón-.

—¡Dichoso usted que sabe la hora en que muere! -sentenciaba Don Juan Manuel antes de enterrar el acero en el pecho-.

Noche tras noche, el pavimento de la antigua calle se tiñó de sangre inocente. La paranoia del magnate era tal que, a pesar de haber cobrado la vida de decenas de hombres, el demonio le aseguraba al día siguiente que la víctima no era el culpable y que debía volver a intentarlo la noche posterior.

Don Juan Manuel de Solórzano. la siniestra pregunta de las 11 de la noche.
Don Juan Manuel de Solórzano se preparaba para la hora… Imagen creada con IA.

El trágico desenlace: El asesinato de su propio sobrino y la horca milagrosa

El sangriento ciclo encontró un terrible punto de quiebre la noche en que Don Juan Manuel, cegado por la oscuridad y la rutina de su locura, le propinó una estocada mortal a un peatón sin cruzar palabra.

Al agacharse para registrar el cadáver y verificar si el diablo le enviaba alguna señal, la luz de un farol iluminó el rostro de la víctima: había asesinado a su propio sobrino, el único familiar que amaba y quien administraba sus bienes.

Horrorizado por el crimen y aplastado por el remordimiento, acudió al templo de San Francisco para confesar sus pecados. El sacerdote, abrumado por la gravedad de las atrocidades confesadas, le impuso una penitencia extrema: debía rezar durante tres noches consecutivas al pie de la horca pública en la plaza principal.

Durante las primeras dos noches, Don Juan Manuel escuchó voces infernales y cánticos fúnebres que le anunciaban su propio entierro.

La tercera mañana, los habitantes de la Ciudad de México amanecieron con una escena escalofriante: el cuerpo de Don Juan Manuel de Solórzano yacía colgado en la horca.

Aunque las autoridades coloniales no encontraron ejecutores humanos, la voz popular afirmó de inmediato que los propios demonios le habían cobrado el pacto en persona.

La casona de Don Juan Manuel en la actualidad: Dirección, costos y qué ver

Para los amantes del turismo cultural, la historia de terror e investigación urbana, el inmueble donde ocurrieron estos trágicos sucesos se conserva en el Centro Histórico de la Ciudad de México y es un punto de parada obligada.

  • Ubicación exacta: Calle República de Uruguay No. 90, Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc, C.P. 06000, Ciudad de México. (A solo tres calles del Zócalo capitalino).
  • ¿Cómo llegar?: La forma más rápida es a través del Metro de la CDMX, bajando en la estación Zócalo/Tenochtitlan (Línea 2) o Isabel la Católica (Línea 1) y caminando hacia la calle de Uruguay.
  • Estado actual del inmueble: Hoy en día, la casona barroca del siglo XVII es un salón para eventos sociales y un restaurante. En la fachada de cantera aún se puede apreciar la placa conmemorativa que recuerda la antigua denominación del callejón como la “Calle de Don Juan Manuel”.
  • Costo de visita: Apreciar la fachada y la placa histórica desde la vía pública es completamente gratuito. Si deseas ingresar al patio central, se recomienda consumir en el establecimiento comercial o consultar los recorridos nocturnos de leyendas que organiza la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, cuyos costos oscilan entre los $150 y $300 MXN por persona.
La casona de Don Juan Manuel Solórzano
¿Te atreves a visitarla?

¿Por qué las leyendas coloniales del Centro Histórico siguen fascinando?

El relato de Don Juan Manuel de Solórzano, además de ser un cuento de fantasmas, es un reflejo de las tensiones sociales, los dilemas morales y la religiosidad represiva que caracterizaron al México novohispano.

Así que ya lo sabes. La próxima vez que camines por la calle de República de Uruguay al sonar las once de la noche, apresura el paso. Nunca sabes quién pueda salir de entre las sombras a preguntarte la hora.

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