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A más de cuatro mil metros de altitud, las lagunas del Xinantécatl forman uno de los paisajes volcánicos más espectaculares de México. Pero bajo sus aguas existe algo que no puede observarse desde los senderos.

Un grupo de arqueólogos se prepara para sumergirse. Afuera, el aire es frío y escaso. Debajo de ellos permanecen las oscuras aguas de una laguna formada dentro del cráter del antiguo volcán.

No obstante, quienes están a punto de sumergirse no buscan animales, formaciones geológicas ni restos de una embarcación, sino ofrendas.

El escenario es el Xinantécatl, mejor conocido como Nevado de Toluca, la quinta montaña más elevada de México (por encima se encuentran el Pico de Orizaba, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl).

Su cima alcanza aproximadamente 4,680 metros sobre el nivel del mar, y dentro del cráter se encuentran las lagunas del Sol y de la Luna, dos de los paisajes de alta montaña más impresionantes del centro del país.

Durante siglos, aquellas aguas conservaron objetos depositados por personas que no ascendían para hacer senderismo ni tomar fotografías. Subían para participar en ceremonias y entregar copal, madera y piezas relacionadas con el culto al agua y las montañas.

El Proyecto Arqueología Subacuática en el Nevado de Toluca, desarrollado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, ha permitido investigar ese patrimonio sumergido y reconocer al volcán como un santuario prehispánico que continuó recibiendo expresiones rituales durante diferentes periodos.

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El día que los arqueólogos se sumergieron en las lagunas del volcán

En 2007, los arqueólogos Roberto Junco Sánchez, Arturo Montero García y Víctor Arribalzaga emprendieron una exploración para buscar vestigios que permitieran reconstruir la historia ceremonial del volcán. Aquella iniciativa dio origen a un proyecto multidisciplinario centrado tanto en las lagunas como en los espacios escarpados que las rodean.

Trabajar allí implicaba retos poco comunes para la arqueología subacuática. Además del frío y de las condiciones cambiantes del clima, el equipo debía enfrentar los efectos de la altitud, transportar material especializado hasta el cráter y excavar cuidadosamente los sedimentos sin perder el contexto de los objetos.

Los hallazgos permitieron ampliar la interpretación sobre los grupos que habían utilizado la montaña como espacio ceremonial.

Aunque inicialmente se pensó en un culto principalmente mexica, las investigaciones del INAH identificaron una intensa actividad ritual anterior, vinculada con grupos otopames locales entre el Epiclásico y el Posclásico Temprano, aproximadamente entre 650-750 y 1200 d. C. La presencia mexica aparecería posteriormente.

Mucho antes de que el Nevado se convirtiera en destino de excursionistas, distintos grupos ya recorrían sus laderas para entrar en contacto con un paisaje considerado sagrado.

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Las lagunas del Sol y de la Luna no sólo forman uno de los paisajes más espectaculares del Xinantécatl, también conservaron antiguas ofrendas bajo sus aguas.

¿Qué encontraron los arqueólogos bajo las lagunas del Nevado de Toluca?

Los arqueólogos recuperaron distintos materiales relacionados con aquellas actividades rituales.

Bajo el agua aparecieron conos y esferas de copal, láminas de madera talladas en formas onduladas semejantes a serpientes o rayos, pencas y púas de maguey y restos de cestería.

Entre los materiales documentados se encuentran objetos de copal y distintas piezas asociadas con prácticas rituales. Particularmente llamativos son los denominados cetros de Tláloc, elaborados con madera y pasta, de los cuales el INAH ha presentado réplicas para explicar los resultados de las exploraciones subacuáticas.

Su conservación bajo el agua permitió recuperar materiales orgánicos que difícilmente habrían sobrevivido durante tanto tiempo expuestos al aire y a los cambios del ambiente.

Sin embargo, uno de los hallazgos más delicados estaba formado por objetos de copal.

El copal es una resina aromática obtenida de diferentes árboles y utilizada en ceremonias mesoamericanas. Al quemarse produce un humo fragante que acompañaba ofrendas, peticiones y actos de comunicación con las divinidades.

Un informe de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía documenta los trabajos realizados para estabilizar las piezas de copal localizadas durante las excavaciones en ambas lagunas.

La fragilidad del material exigió procedimientos especializados para impedir que se deformara o destruyera después de abandonar el ambiente acuático que lo había preservado.

Sacar los objetos del agua no significaba terminar la excavación. En realidad, comenzaba otro desafío.

Los materiales orgánicos habían permanecido durante siglos en condiciones acuáticas y podían deteriorarse al cambiar repentinamente de ambiente. El INAH documenta trabajos especializados de conservación para las piezas de copal, mientras los cetros también requirieron largos procesos de estabilización.

El hallazgo confirma que aquella resina ceremonial también fue llevada hasta uno de los ambientes más extremos del centro de México.

Mucho antes de la llegada de los excursionistas, distintos grupos ascendieron al Xinantécatl para realizar ceremonias y depositar objetos rituales.

¿Por qué entregar una ofrenda dentro de una laguna helada?

Para diferentes sociedades mesoamericanas, las montañas no eran únicamente elevaciones geográficas.

Podían concebirse como depósitos de agua, moradas de fuerzas sobrenaturales, puntos de unión entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo, además de lugares desde donde se controlaban simbólicamente las lluvias y la fertilidad agrícola.

El documental del INAH Nevado de Toluca, lo sagrado en las alturas explica que las sociedades precolombinas ascendían a las cumbres para relacionarse con antepasados y divinidades, dentro de una geografía donde la montaña funcionaba como vínculo entre distintos niveles del universo.

En ese contexto, las lagunas del Xinantécatl reunían varios elementos poderosos: Agua situada en la cima de una montaña, profundidad, frío y cercanía simbólica con las fuerzas del cielo.

Depositar una ofrenda en ellas implicaba apartarla del mundo cotidiano.

El copal, los cetros y otros objetos desaparecían bajo el agua para entrar en un espacio reservado a las entidades relacionadas con la lluvia, los manantiales y el equilibrio agrícola.

Es difícil imaginar el esfuerzo necesario para llegar hasta el cráter antes de la existencia de carreteras y vehículos.

Quienes participaban en las ceremonias debían recorrer laderas boscosas, ascender por terrenos inclinados y soportar temperaturas cada vez más bajas. Además, cargaban alimentos y objetos destinados a permanecer definitivamente en la montaña.

La dificultad del recorrido pudo formar parte del valor de la ofrenda.

No era lo mismo depositar copal cerca de un asentamiento que trasladarlo hasta una laguna situada a más de cuatro mil metros. Cada paso separaba al grupo del espacio habitado y lo acercaba a un territorio excepcional.

En este lugar, el patrimonio cultural no se concentra en una pirámide o en un templo monumental; permanece disperso entre senderos, laderas, rocas y sedimentos subacuáticos.

Un santuario arqueológico dentro de un área natural protegida

El Nevado de Toluca fue declarado Parque Nacional el 25 de enero de 1936. Su decreto se modificó en 2013 para establecer la categoría actual de Área de Protección de Flora y Fauna, con una superficie total de 53,590.67 hectáreas.

El territorio se extiende por diez municipios mexiquenses, entre ellos Toluca, Zinacantepec, Calimaya, Tenango del Valle, Villa Guerrero y Temascaltepec.

En sus diferentes pisos altitudinales existen bosques de coníferas y encino, pastizales de alta montaña y especies adaptadas a condiciones de frío extremo.

La CONANP registra en el área fauna como lince, zorra gris, mapache y venado cola blanca, además de plantas endémicas de las montañas del centro de México. Las lagunas del Sol y de la Luna se encuentran entre sus principales atractivos autorizados.

Proteger el Nevado significa conservar simultáneamente un ecosistema de alta montaña, una importante fuente de agua para la región y un depósito arqueológico de enorme fragilidad.

Las lagunas del Sol y de la Luna guardaron bajo sus aguas vestigios de quienes ascendieron al Xinantécatl para realizar ceremonias siglos antes de los actuales excursionistas./Foto:Pixabay
Las lagunas del Sol y de la Luna guardaron bajo sus aguas vestigios de quienes ascendieron al Xinantécatl para realizar ceremonias siglos antes de los actuales excursionistas./Foto:Pixabay

¿Cómo visitar el Nevado de Toluca en 2026?

El acceso se encuentra regulado por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. La información oficial vigente establece las siguientes condiciones:

  • Horario: martes a domingo, de 8:00 a 15:00 horas.
  • Cuota: 125 pesos por persona y día.
  • Localidad de referencia: Raíces, municipio de Zinacantepec.
  • Movilidad: a pie por senderos señalizados o en camionetas operadas por ejidatarios, cuando el servicio está disponible.
  • Actividades autorizadas: senderismo, campismo, ciclismo de montaña y observación del paisaje, con las restricciones correspondientes.

La ruta terrestre recomendada parte de la carretera Toluca-Ciudad Altamirano. Después de aproximadamente 38 kilómetros se toma el camino hacia el Nevado de Toluca durante otros 13 kilómetros.

La disponibilidad de transporte y el acceso al cráter pueden cambiar por hielo, nieve, lluvia, incendios, mantenimiento o disposiciones de seguridad.

La cuota cuenta con exenciones para menores de 12 años, personas adultas mayores, pensionadas, jubiladas y con discapacidad. También se aplican descuentos con acreditación vigente para estudiantes, docentes, visitantes mexicanos y extranjeros residentes en el país. 

Las recomendaciones para ascender de manera segura son:

  • Utiliza botas antiderrapantes y ropa térmica en capas.
  • Lleva guantes, gorro, lentes oscuros, protector solar, agua y alimentos ligeros.
  • Camina despacio y permite que el cuerpo se adapte a la altitud.
  • No realices el ascenso si presentas síntomas como dolor de cabeza intenso, desorientación, pérdida de coordinación, náusea persistente o dificultad respiratoria.
  • Las personas con padecimientos cardiacos o respiratorios deben consultar previamente a un profesional de la salud.
  • Atiende las indicaciones de guardaparques, ejidatarios y Protección Civil.
  • No ingresar con mascotas al cráter
  • No abandones los senderos ni ingreses a zonas cerradas.

La elevada altitud, el frío y los cambios repentinos del clima convierten esta visita en una actividad exigente. Llegar al cráter no debe considerarse una caminata urbana ni una excursión improvisada.

Las lagunas del Sol y de la Luna son cuerpos de agua de alta montaña y espacios de enorme valor natural y arqueológico; no deben utilizarse con fines recreativos como nadar o ingresar al agua.

Está prohibido arrojar monedas, copal, alimentos, flores u otros objetos. Repetir una supuesta “ofrenda” contemporánea no preserva la tradición, sino que contamina el agua y altera el contexto arqueológico.

Tampoco deben extraerse piedras, plantas o materiales del fondo. El patrimonio arqueológico pertenece a la nación y solamente puede ser investigado por especialistas autorizados.

El agua conservó durante siglos objetos capaces de explicar una parte de la historia mesoamericana. La responsabilidad actual consiste en permitir que ese patrimonio permanezca intacto.

El agua y los sedimentos de las lagunas ayudaron a conservar materiales relacionados con las antiguas prácticas rituales realizadas en el Nevado de Toluca./Foto: Magnific

Lo que las aguas del Xinantécatl decidieron conservar

Quizá el Nevado de Toluca se vuelve todavía más impresionante cuando dejamos de mirarlo exclusivamente como escenario para fotografías.

Entonces comprendemos que aquellas lagunas fueron contempladas con reverencia mucho antes de nuestra llegada.

Alguien subió hasta el cráter llevando un objeto de madera o una pieza de copal. Soportó el frío, el viento y la falta de oxígeno hasta alcanzar la orilla. Después entregó aquel objeto al agua, convencido de que el acto podía establecer un vínculo con las fuerzas de la montaña.

La ofrenda permaneció sumergida mientras desaparecían ciudades, cambiaban gobiernos y se transformaba el paisaje del Valle de Toluca.

Siglos después, los arqueólogos descendieron a buscarla y por un instante, las aguas heladas del Xinantécatl comenzaron a devolver su memoria.

¿Te gustaría contemplar las lagunas del Nevado de Toluca sabiendo ahora lo que permaneció oculto bajo ellas?

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