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Por: Circe Vargón

Cancún suele asociarse con playas de arena blanca, hoteles de talla internacional y una de las infraestructuras turísticas más importantes de América Latina.

Cada año millones de viajeros recorren sus avenidas, cruzan sus puentes y disfrutan de un destino que parece diseñado para mirar hacia el futuro.

Sin embargo, bajo esa imagen moderna sobrevive una realidad mucho más antigua.

Antes de los complejos hoteleros, las marinas y carreteras, esta región formaba parte del territorio de los antiguos mayas, una civilización que desarrolló una profunda relación espiritual con la selva, el agua, los cenotes y las fuerzas de la naturaleza.

Muchas de esas creencias continúan vivas en la memoria colectiva de Quintana Roo y siguen transmitiéndose de generación en generación.

Entre ellas destaca la de los aluxes, pequeños seres sobrenaturales que, según la tradición maya, habitan el monte y actúan como guardianes de determinados espacios naturales.

De acuerdo con UNAM Global, en comunidades mayas de Yucatán y Guatemala los aluxes son considerados seres sagrados, asociados con la protección de milpas, cenotes y territorios específicos.

Traviesos, impredecibles y profundamente territoriales, los aluxes son descritos como protectores capaces de ayudar a quienes les muestran respeto, pero también de causar problemas a quienes alteran su entorno sin permiso.

La tradición señala que pueden colocarse en cuevas naturales o pequeñas casas construidas dentro del terreno que resguardarán, donde se les ofrecen alimentos y plegarias.

Quizá por eso los aluxes siguen ocupando un lugar tan importante en la tradición popular de la península.

En Cancún, incluso existe una leyenda que vincula a estos pequeños guardianes mayas con una de las obras de infraestructura más conocidas de la ciudad.

Habla de una gran construcción que, según cuentan los relatos locales, no pudo avanzar con normalidad hasta que sus responsables mostraron respeto a los antiguos guardianes del territorio.

Ocultos entre la vegetación y las aguas sagradas de la península, los aluxes continúan ocupando un lugar especial en la memoria y las leyendas del mundo maya./Foto: IA

El puente de Cancún que, según la leyenda, desafió a los ingenieros

Como ocurre con muchas leyendas populares, resulta difícil determinar dónde termina la realidad y dónde comienza la tradición oral. Lo cierto es que esta historia sigue contándose entre habitantes, trabajadores de la construcción y guías turísticos de Quintana Roo.

La leyenda nos transporta a las décadas en que Cancún comenzaba a transformarse en el gran destino turístico que conocemos actualmente.

Mientras la ciudad crecía aceleradamente durante los años setenta y ochenta, ingenieros, arquitectos y obreros trabajaban en la construcción de nuevas vialidades destinadas a conectar la zona urbana con los desarrollos turísticos del Caribe mexicano.

Todo parecía avanzar con normalidad.

Durante el día, la maquinaria trabajaba sin descanso y los equipos técnicos seguían cuidadosamente los planos de construcción.

Pero al llegar la mañana siguiente, comenzaron a surgir problemas difíciles de explicar.

Según la versión más difundida, algunas estructuras aparecían dañadas, herramientas cambiaban de lugar y determinados trabajos debían repetirse una y otra vez.

Varios relatos locales ubican el episodio en torno al llamado puente del Aeropuerto Cancún-Nizuc o puente de entrada a Cancún, cuya “casa de los aluxes” se volvió parte del imaginario popular de la ciudad.

Los retrasos comenzaron a acumularse.

Los responsables revisaron cálculos, materiales y procedimientos.

Nada parecía justificar completamente los contratiempos.

Entre los trabajadores mayas comenzó entonces a circular una explicación distinta.

Según ellos, la obra se había levantado sobre territorio perteneciente a los aluxes.

Y los aluxes no estaban contentos.

La Casa de los Aluxes y el pacto con los guardianes mayas

La cultura maya enseña que los aluxes pueden convertirse en aliados cuando reciben respeto y reconocimiento. En varias comunidades de la península todavía existen prácticas vinculadas con pequeñas casas ceremoniales, ofrendas y rezos para solicitar protección sobre milpas, terrenos, cenotes o espacios de trabajo.

Según la tradición, a los aluxes se les puede dedicar una pequeña casa ceremonial o altar construido dentro del terreno que protegerán, donde se colocan ofrendas y se establece simbólicamente su papel como guardianes del lugar, de acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con la leyenda, fueron precisamente algunos trabajadores de origen maya quienes sugirieron una solución inesperada.

Si los aluxes estaban molestos, era necesario pedir permiso.

Al principio, los encargados de la obra habrían recibido la propuesta con escepticismo.

Después de todo, estaban construyendo con tecnología moderna, maquinaria pesada y criterios de ingeniería.

No obstante, conforme los retrasos continuaban, la idea comenzó a ganar terreno.

La historia cuenta que finalmente se realizó una ceremonia tradicional encabezada por conocedores de las costumbres mayas y que, como parte del ritual, se construyó una pequeña casa de piedra destinada a los aluxes.

También se colocaron ofrendas, miel, alimentos y palabras de respeto, además de una promesa simbólica de convivencia entre la obra humana y los guardianes espirituales del lugar.

Y una promesa simbólica de convivencia entre la obra humana y los guardianes espirituales del lugar.

La leyenda afirma que después de aquello los problemas desaparecieron y el puente pudo terminarse. Medios locales y turísticos han documentado que esta “casa de los aluxes” se convirtió durante años en una referencia visible bajo el puente, aunque la historia pertenece al terreno de la tradición oral y no a un expediente técnico de construcción.

Naturalmente, no existe evidencia técnica que permita demostrar una relación entre la construcción de la casita y la solución de los problemas de obra.

Pero para muchos habitantes de Quintana Roo esa explicación nunca ha sido necesaria.

Más allá de su comprobación histórica, la leyenda ha conservado un fuerte valor simbólico para las comunidades locales.

La casita que desapareció y volvió a encender la leyenda

Con el paso del tiempo, la pequeña estructura dedicada a los aluxes dejó de ser solo un detalle bajo el puente.

Se convirtió en una postal extraña, casi secreta, para quienes sabían mirar.

Miles de viajeros cruzaban la vialidad sin notarla. Otros, en cambio, la buscaban como si fuera una clave escondida del Cancún antiguo: una pequeña construcción de piedra recordando que, incluso en una ciudad turística levantada sobre avenidas, hoteles y concreto, la tradición maya seguía reclamando un lugar.

En 2022, durante las obras de ampliación y modernización del bulevar Luis Donaldo Colosio, la conocida “Casa de los Aluxes” fue retirada del sitio, lo que provocó inconformidad entre diversos habitantes que consideraron la acción una falta de respeto hacia una creencia profundamente arraigada en la región.

La reacción fue inmediata.

Para algunos se trataba únicamente de una estructura decorativa; para otros, era una ofrenda, una señal de pacto y una memoria espiritual del territorio.

Tras la polémica generada por su retiro, diversos medios documentaron que la estructura sería reubicada e incluso reinstalada en las inmediaciones del distribuidor vial Cancún-Nizuc.

Publicaciones como Quinta Fuerza, Diario Presente y posteriormente La i Noticias reportaron que la llamada Casa de los Aluxes fue retirada debido a las obras de modernización del bulevar Luis Donaldo Colosio, colocada temporalmente en una zona cercana y posteriormente reconstruida en un nuevo espacio junto al acceso carretero.

Actualmente, la llamada Casa de los Aluxes continúa siendo identificada por numerosos habitantes y visitantes en las inmediaciones del distribuidor vial Cancún-Nizuc, aunque la estructura ha pasado por modificaciones y reubicaciones derivadas de distintas obras urbanas realizadas en la zona.

La zona se localiza en el acceso que conecta el aeropuerto internacional con la zona hotelera y el área urbana de Cancún. Quienes circulan por el bulevar Luis Donaldo Colosio rumbo al distribuidor vial Cancún-Nizuc pueden identificar el punto donde tradicionalmente se ha ubicado la llamada Casa de los Aluxes.

¿Por qué los aluxes siguen presentes en Quintana Roo?

Con el paso de los años, la historia dejó de pertenecer únicamente a Cancún.

La leyenda comenzó a reproducirse en otras construcciones de la región.

Diversos relatos populares sostienen que historias similares han acompañado distintas obras de construcción realizadas en la península de Yucatán.

En prácticamente todas las versiones aparece un patrón semejante: una obra enfrenta dificultades, surgen advertencias vinculadas a los aluxes y finalmente se realiza algún acto simbólico de respeto hacia el lugar. A partir de entonces, cuenta la tradición, los problemas desaparecen.

Más allá de que estos relatos puedan verificarse o no, reflejan una realidad cultural importante: muchas comunidades continúan considerando que el desarrollo moderno debe convivir con las creencias tradicionales y con el respeto hacia el territorio.

Por eso, para numerosos habitantes de Quintana Roo, los aluxes no forman parte únicamente del pasado.

Siguen siendo parte del presente.

Incluso en contextos turísticos y urbanos, la figura del alux (singular de aluxes) funciona como recordatorio de una relación antigua con la tierra: antes de construir, modificar o invadir un espacio, hay que reconocer que ese lugar ya tiene memoria.

El respeto eterno al suelo del Caribe mexicano

Hoy miles de personas cruzan diariamente las vialidades y puentes de Cancún sin imaginar que algunas de sus estructuras están rodeadas por historias transmitidas desde hace décadas.

Entre el concreto, acero y el intenso movimiento turístico del Caribe mexicano, sobreviven relatos que recuerdan un tiempo en el que la selva, los cenotes y caminos pertenecían a otros guardianes.

Quizá la verdadera importancia de la leyenda de los aluxes no radique en determinar si realmente provocaron retrasos en una construcción.

Su valor está en mostrar cómo una región profundamente moderna sigue conservando vínculos con su herencia cultural maya.

Porque en Quintana Roo el progreso no borró las historias antiguas. Las incorporó a su identidad.

Y quizá por eso, cuando alguien observa una pequeña casita de piedra escondida cerca de una gran obra del Caribe mexicano, ve algo más que una curiosidad folclórica.

Ve el recordatorio de que, para muchos habitantes de la región, todavía existen guardianes invisibles que merecen respeto.

Si visitas Cancún y circulas por el distribuidor vial Cancún-Nizuc, en las inmediaciones del bulevar Luis Donaldo Colosio, podrás identificar la llamada Casa de los Aluxes, una pequeña construcción vinculada a una de las leyendas urbanas más conocidas del Caribe mexicano.

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