Por: Circe Vargón
Del encierro de Juan Gabriel a las leyendas de fantasmas que aún recorren sus pasillos, descubrimos las historias reales y los relatos sobrenaturales que sobreviven detrás de los muros centenarios del “Palacio Negro de Lecumberri”.
Caminar por el oriente de la Ciudad de México es encontrarse frente a uno de los edificios más intimidantes y fascinantes de la historia nacional.
Considerada durante décadas la cárcel más temida de México, Lecumberri fue escenario de algunos de los casos criminales, políticos y culturales más importantes del siglo XX.
Hoy sus muros custodian millones de documentos fundamentales para comprender el pasado de México. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, detrás de esas paredes de cantera se desarrollaron historias de encierro, persecución política, tragedias humanas y personajes que marcaron para siempre la memoria colectiva del país.
El Palacio de Lecumberri fue concebido durante el Porfiriato como una penitenciaría moderna inspirada en el sistema panóptico, un modelo arquitectónico que permitía vigilar diversos pabellones desde una torre central sin que éstos supieran cuándo estaban siendo observados.
El proyecto retomó ideas del panóptico del filósofo y teórico Jeremy Bentham (considerado uno de los principales representantes del utilitarismo) y fue diseñado por Antonio Torres Torija, Antonio M. Anza y Miguel Quintana.
Inaugurada el 29 de septiembre de 1900 durante el gobierno de Porfirio Díaz, la penitenciaría fue planeada para albergar cerca de 700 hombres y 80 mujeres.

Con el tiempo, esa capacidad quedó rebasada y, hacia sus últimos años (alrededor de 1970)), el inmueble llegó a concentrar alrededor de 3 mil 500 internos, de acuerdo con registros del Archivo General de la Nación (AGN) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Las celdas, concebidas para uno o dos internos, llegaron a albergar grupos numerosos en condiciones precarias. La violencia, enfermedades, los castigos disciplinarios, la corrupción y el hacinamiento contribuyeron a que el recinto recibiera el nombre con el que aún es recordado: El “Palacio Negro de Lecumberri”.
Diversos testimonios de exinternos, periodistas e investigadores coinciden en que los abusos físicos eran frecuentes. Entre las denuncias históricas aparecen golpizas, aislamiento prolongado y métodos de castigo que incluían descargas eléctricas aplicadas en interrogatorios o medidas disciplinarias.
Estas prácticas contribuyeron a forjar la reputación de Lecumberri como una de las prisiones más duras de América Latina durante buena parte del siglo XX.
Décadas más tarde, el edificio viviría una transformación radical.
El 26 de agosto de 1976 salieron los últimos internos de Lecumberri y, un día después, la penitenciaría quedó oficialmente clausurada.
El cierre se aceleró tras la fuga del narcotraficante Alberto Sicilia Falcón (cubano considerado una de las figuras más importantes del tráfico de drogas en México durante la década de 1970)
Su espectacular fuga mediante un túnel construido con la complicidad de funcionarios penitenciarios provocó un enorme escándalo nacional y aceleró la decisión de cerrar definitivamente Lecumberri.
Parte de la población penitenciaria fue canalizada hacia los nuevos reclusorios preventivos de la capital, entre ellos el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, inaugurado el mismo 26 de agosto de 1976.
En 1982, el antiguo penal abrió sus puertas como sede del Archivo General de la Nación, institución responsable de resguardar una parte fundamental de la memoria documental mexicana.
Pero para muchos, las historias de Lecumberri jamás abandonaron sus pasillos.

En México Travel Channel exploramos los lugares donde la historia documentada y la tradición oral convergen para construir algunos de los relatos más fascinantes del país. Acompáñanos a recorrer los misterios que todavía sobreviven en el antiguo Palacio Negro.
Juan Gabriel, Siqueiros y los presos más famosos de Lecumberri
Mucho antes de convertirse en la sede del Archivo General de la Nación, Lecumberri fue una prisión donde convivieron algunos de los personajes más polémicos, influyentes y célebres del siglo XX.
Artistas, escritores, activistas políticos y criminales de renombre compartieron los mismos corredores, convirtiendo al Palacio Negro en un reflejo de las tensiones sociales, culturales y políticas de su tiempo.
Las crujías (pabellones) estaban organizadas bajo distintos criterios que variaron con el tiempo, incluyendo tipo de delito, situación jurídica, comportamiento y peligrosidad.
La vida cotidiana dentro del penal también estaba marcada por sistemas informales de intercambio. Diversos relatos históricos describen la existencia de una economía interna en la que dinero, favores, alimentos, cigarrillos y otros bienes funcionaban como mecanismos para obtener mejores condiciones de vida, protección o privilegios dentro de las crujías.
La corrupción era otro de los rasgos asociados al Palacio Negro. Testimonios de distintos periodos describen largas filas de familiares durante los días de visita y pagos extraoficiales a custodios para agilizar trámites, acceder a determinados espacios o mejorar las condiciones de convivencia dentro del penal.

Pancho Villa: El revolucionario que pasó por Lecumberri
Uno de los internos más famosos fue Francisco Villa. En junio de 1912 fue encarcelado por órdenes del general Victoriano Huerta tras un conflicto surgido durante la campaña contra la rebelión orozquista. Villa permaneció varios meses en Lecumberri antes de ser trasladado a la prisión militar de Santiago Tlatelolco.
Durante su estancia fortaleció su formación como lector y estudió historia de México. Meses después lograría escapar de prisión y regresar a la lucha revolucionaria, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes de la Revolución Mexicana.

David Alfaro Siqueiros: El muralista que convirtió la prisión en taller
Otro personaje que pasó por la celdas de esta prisión fue David Alfaro Siqueiros, uno de los tres grandes muralistas mexicanos.
Su paso por Lecumberri no fue un episodio menor, sino una extensión de su vida política. En 1960 fue detenido acusado del delito de disolución social, una figura jurídica utilizada durante décadas para perseguir a opositores, sindicalistas, estudiantes y militantes de izquierda.
Siqueiros fue encarcelado en Lecumberri entre 1960 y 1964. Para entonces ya era un artista reconocido internacionalmente, pero también un militante comunista vigilado por el Estado mexicano. Su apoyo a movimientos obreros, estudiantiles y a comités de presos políticos lo colocó en el centro de la persecución gubernamental.
Lejos de apagar su producción, la cárcel la intensificó. Durante su reclusión realizó más de 200 pinturas y cientos de dibujos; además, varias ideas que desarrolló en Lecumberri serían base para proyectos posteriores, entre ellos conceptos vinculados a La marcha de la humanidad, una de sus obras monumentales más ambiciosas.
Durante su encarcelamiento, Siqueiros mantuvo una intensa producción artística que continuó desarrollando sus ideas estéticas y políticas.

José Revueltas y el nacimiento de ‘El Apando‘
Otro nombre fundamental es José Revueltas, escritor, militante y una de las voces críticas más importantes del México moderno. Tras el Movimiento Estudiantil de 1968, fue encarcelado en Lecumberri acusado de delitos políticos como incitación a la rebelión.
Revueltas llegó al penal como preso político, pero salió convertido en una de las conciencias literarias más duras del sistema penitenciario mexicano. En 1969 publicó El Apando, una novela breve, violenta y profundamente crítica, inspirada en su experiencia dentro de Lecumberri.
La obra retrata una cárcel dentro de la cárcel: El apando, una zona de castigo asociada al aislamiento, la degradación y la pérdida de humanidad.
Más que narrar una anécdota carcelaria, Revueltas convirtió Lecumberri en metáfora de un país donde la represión política, la pobreza y el encierro mental parecían formar parte de una misma estructura.
Revueltas permaneció encarcelado entre 1968 y 1971, convirtiéndose en uno de los presos políticos más emblemáticos del periodo posterior al Movimiento Estudiantil de 1968.
Interesante entrevista que le realizaron al activista, intelectual y escritor José Revueltas en 1971 después de recuperar su libertad al haber estado encerrado en el Palacio de Lecumberri por su participación en el movimiento estudiantil de 1968. En este breve fragmento comparte… pic.twitter.com/r4PC3wybs6
— Tlatoani_Cuauhtemoc (@Cuauhtemoc_1521) September 28, 2023
Juan Gabriel: Del Palacio Negro al estrellato internacional
También estuvo ahí Alberto Aguilera Valadez, el joven que años después conquistaría la música en español bajo el nombre de Juan Gabriel.
En 1970, antes de ser conocido como “El Divo de Juárez”, fue acusado de presunto robo y enviado a Lecumberri. Diversas versiones periodísticas señalan que permaneció aproximadamente 18 meses privado de la libertad, en un proceso rodeado de irregularidades y señalamientos de injusticia.
La historia de Juan Gabriel en Lecumberri se ha convertido en una de las más buscadas por los admiradores del cantante, ya que representa uno de los episodios más difíciles de la vida del artista antes de convertirse en una de las figuras más exitosas de la música mexicana.
Durante su encierro, Juan Gabriel no soltó la música. Diversos relatos sostienen que siguió componiendo y que su talento llamó la atención de otros internos y visitantes.
Durante su proceso judicial, la cantante Enriqueta Jiménez “La Prieta Linda” conoció su caso y contribuyó a conseguir apoyo legal para demostrar su inocencia. Tras recuperar la libertad, también le brindó respaldo en sus primeros pasos dentro de la industria musical, convirtiéndose en una de las personas clave para el inicio de su carrera artística.
Lecumberri fue para Juan Gabriel una herida, pero también un punto de quiebre. El Palacio Negro encerró a Alberto Aguilera; la música liberó a Juan Gabriel.

Ramón Mercader: El asesino de Trotsky que pasó dos décadas en Lecumberri
Otro preso célebre fue Ramón Mercader, el agente español vinculado al Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética y antecesora de la KGB) soviética que asesinó a León Trotsky en Coyoacán el 20 de agosto de 1940. Trotsky murió al día siguiente, el 21 de agosto, tras el ataque con un piolet (herramienta metálica utilizada en alpinismo para escalar hielo y montañas).
Mercader fue detenido, procesado y enviado a Lecumberri, donde permaneció casi 20 años. Tras cumplir su condena, salió en libertad en 1960 y posteriormente vivió entre países socialistas como la Unión Soviética y Cuba.
Su caso convirtió a Lecumberri en escenario de una historia internacional de espionaje, revolución y guerra ideológica. Mientras otros presos cargaban delitos comunes o persecuciones políticas nacionales, Mercader llevaba consigo uno de los asesinatos políticos más famosos del siglo XX.
Estas historias demuestran que Lecumberri fue un espejo oscuro de México y del mundo. En sus crujías convivieron arte, literatura, represión, crimen, política y destino.

Los fantasmas de Lecumberri: Las leyendas que sobreviven en el Archivo General de la Nación
Aunque los presos abandonaron definitivamente el penal en 1976, las historias asociadas al Palacio Negro continuaron creciendo.
Entre trabajadores, investigadores y visitantes comenzaron a circular relatos sobre apariciones, sonidos extraños y figuras que parecen resistirse a abandonar uno de los edificios más cargados de memoria de la Ciudad de México.
Cuando el último interno abandonó la cárcel, en agosto de 1976, muchos pensaron que el edificio dejaría atrás los episodios más oscuros de su historia. Sin embargo, las leyendas crecieron conforme avanzó su transformación en centro documental.
El cierre no ocurrió de un día para otro. La prisión ya era considerada inviable por sus condiciones de hacinamiento, deterioro y violencia. Además, el nuevo sistema penitenciario capitalino comenzó a distribuir a los internos en reclusorios ubicados en distintos puntos de la ciudad.
Desde entonces, el inmueble inició una nueva etapa dedicada a la conservación documental, investigación histórica y difusión cultural.

Pero la memoria del lugar no desapareció.
Quienes han trabajado o visitado el antiguo Palacio Negro cuentan que, al caer la tarde, cuando los pasillos quedan casi desiertos, se perciben ecos de pasos, puertas que parecen cerrarse solas y sombras que cruzan las antiguas áreas de reclusión.
Entre las leyendas más conocidas está la del Charro Negro, una figura vestida de negro que, según relatos urbanos, aparece en corredores y zonas cercanas al auditorio.
La tradición oral asegura que su presencia suele estar acompañada de lamentos, ruidos extraños o una sensación de frío repentino.
También circulan historias sobre el Torreón Sur, una zona asociada en el imaginario popular con los presos más castigados o abandonados. Algunos relatos afirman que ahí se escuchan gritos y lamentos durante la noche, como si el edificio conservara el eco de quienes pasaron por sus espacios más duros.
Otra versión habla de la misteriosa Puerta 8, donde, según narraciones urbanas, se reúnen gatos durante la noche y los sonidos del lugar parecen transformarse en una especie de advertencia. Aunque estas historias no tienen comprobación documental, forman parte del folclor que rodea a Lecumberri como edificio maldito, archivo histórico y antiguo espacio de castigo.
La fascinación por estos relatos radica en el contraste: el mismo inmueble que hoy preserva la memoria nacional también carga con recuerdos de dolor, soledad y encierro.
Curiosidades de Lecumberri. Conoce más de su historia en https://t.co/3YDAN92qGO pic.twitter.com/RdpRNJ9LFJ
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El fantasma de Jacinto: La leyenda más famosa
Entre todas las historias sobrenaturales relacionadas con Lecumberri, ninguna ha alcanzado tanta difusión como la de Jacinto. Su relato combina abandono, tragedia y esperanza frustrada, elementos que explican por qué sigue formando parte del imaginario colectivo del antiguo Palacio Negro.
La versión más difundida cuenta que un empleado de limpieza del Archivo General de la Nación realizaba labores nocturnas cuando vio a un hombre demacrado, vestido con un antiguo uniforme de preso, sentado en silencio cerca de la recepción.
El trabajador se acercó y preguntó qué hacía ahí. Entonces, el extraño respondió con una frase que, según la leyenda, se volvió inseparable del mito de Lecumberri:
“¿Amelia tampoco vino hoy?”
De acuerdo con el relato, Jacinto habría sido un interno de la década de 1940. Su apodo, “El Venado”, provenía de una traición amorosa: Su esposa Amelia lo habría engañado con un amigo cercano. La leyenda sostiene que ambos cometieron un delito y que Jacinto, por amor o por culpa mal entendida, terminó cargando con la responsabilidad.
Amelia le habría prometido visitarlo cada viernes. Jacinto esperó una semana, luego otra, luego meses. Pero Amelia nunca volvió.
El relato concluye de forma trágica: Consumido por el abandono, Jacinto habría terminado con su vida dentro del penal. Desde entonces, según la tradición oral, su espíritu continúa recorriendo Lecumberri en busca de aquella visita que jamás llegó.
No existe documentación histórica verificable que confirme la existencia de Jacinto ni los hechos descritos por la leyenda. No obstante, el relato ha sido difundido durante años en publicaciones dedicadas a la historia, el turismo cultural y las leyendas urbanas de la Ciudad de México (México Desconocido, El Universal Destinos y Chilango han retomado distintas versiones de esta narración).
Verdad, mito o simple tradición oral, la historia de Jacinto sigue siendo la leyenda más conocida del antiguo Palacio Negro.
El término Joto se acuñó en la prisión de Lecumberri, ya que en la crujía J era en donde purgaban condena los homosexuales, por tanto los moradores de dicha área eran conocidos como los jotos.via @napoleon_mex #EXTRAEXTRA pic.twitter.com/ctLD42Oe1L
— Tlatoani_Cuauhtemoc (@Cuauhtemoc_1521) February 16, 2018
¿Cómo visitar hoy el Palacio Negro de Lecumberri?
Hoy, donde antes hubo celdas y torres de vigilancia, se conserva uno de los acervos documentales más importantes de América Latina.
El Palacio Negro de Lecumberri ha sabido transformar su pasado penitenciario en un espacio destinado a la investigación, cultura y preservación de la memoria histórica.
El edificio resguarda millones de documentos coloniales, mapas, expedientes judiciales, registros presidenciales y actas fundamentales para comprender la evolución del Estado mexicano.
Las visitas guiadas permiten apreciar la arquitectura panóptica original y conocer algunos de los episodios que marcaron la historia del inmueble.
Para muchos visitantes, recorrer sus antiguos pabellones significa enfrentarse al pasado de una institución que fue símbolo de castigo y control social.
Para otros, representa una oportunidad de conocer uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad de México.
🏢 En el Palacio de Lecumberri se encuentra el Archivo General de la Nación, institución encargada de gestionar y preservar gran parte del patrimonio documental de 🇲🇽.
— STPS México (@STPS_mx) August 23, 2025
🗓️En el marco de los 202 años de su fundación, en la #STPS felicitamos a sus #Trabajadoras y #Trabajadores. pic.twitter.com/l4cFLHIbti
El Archivo General de la Nación se ubica en Eduardo Molina 113, colonia Penitenciaría Ampliación, alcaldía Venustiano Carranza, Ciudad de México.
La entrada al inmueble es gratuita para consulta documental y actividades culturales autorizadas. Además, periódicamente se realizan visitas guiadas y recorridos especiales sujetos a disponibilidad y programación del AGN.
Si quieres conocer uno de los recintos más enigmáticos de la capital, el Palacio de Lecumberri te espera.
📜 La historia no solo se lee, también se recorre. Acompáñanos en una visita guiada y conoce los espacios, documentos y relatos que han dado forma a nuestro país.
— AGNMéxico (@AGNMex) July 10, 2026
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Entre documentos, historias de personajes célebres y leyendas que sobreviven al paso del tiempo, el antiguo Palacio Negro continúa siendo uno de los espacios más fascinantes para quienes disfrutan del turismo histórico y cultural.
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