Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
Descubre si es real la maldición del Estadio Azteca. Analizamos las tres ocasiones históricas en que la Selección Mexicana quedó fuera de su propio Mundial.
El Estadio Azteca -Estadio Banorte y, “Ciudad de México” durante el Mundial de Fútbol) es considerado un templo sagrado del balompié internacional y una fortaleza teóricamente impenetrable para la Selección Mexicana -sí… “teóricamente”-
Sobre su césped, leyendas de la magnitud de Pelé y Diego Maradona alcanzaron la gloria eterna, consolidando la reputación de este inmueble como un escenario donde los sueños deportivos se vuelven realidad.
No obstante, para el selectivo anfitrión, la historia guarda un matiz considerablemente más oscuro. Existe una persistente línea de pensamiento entre nosotros los aficionados que sugiere la existencia de una especie de presión desmedida o “maldición” doméstica, donde el peso de ser locales termina por convertirse en un obstáculo psicológico y deportivo insuperable, aunque sí, lo vivido en el encuentro contra Inglaterra pareció diferente. Nuestro tricolor salió con todo y dio lo mejor; se puso al tú por tú y demostró por qué los mexicanos nos pintamos solos.
Lejos de los mitos esotéricos, la revisión de los datos duros y registros cronológicos del fútbol exponen una realidad innegable: en las ocasiones en que el territorio nacional ha fungido como la sede principal del torneo de fútbol más importante del planeta, el representativo local ha visto truncado su camino de formas dramáticas y desgarradoras.
Y no se trata de una falta de apoyo en las tribunas, sino de una combinación de factores reglamentarios, decisiones logísticas y dolorosas derrotas en momentos cumbre.
En México Travel Channel escribimos para ti las tres ocasiones históricas en las que el sueño de coronarse en casa se desvaneció por completo, dejando a toda una nación con la frustración de quedar fuera de su propia competencia.
La moneda al aire de 1970: Cuando el azar expulsó a México de Santa Úrsula
La primera Copa del Mundo organizada en territorio mexicano estaba proyectada para ser la vitrina perfecta donde el fútbol local demostraría su evolución táctica ante los ojos de la comunidad internacional.
De acuerdo con los anales históricos de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA), la Selección Mexicana completó una fase de grupos sumamente destacada en el Estadio Azteca, acumulando victorias consecutivas y un empate que desataron el entusiasmo desbordado de la afición capitalina.
No obstante, al concluir la primera etapa, el panorama sufrió un revés completamente imprevisto debido a los estatutos vigentes de la época. México y la Unión Soviética finalizaron el Grupo 1 en un empate absoluto de puntos y diferencia de goles.
Al no existir en ese momento los criterios modernos de desempate por tarjetas o juego limpio, las autoridades de la competencia determinaron el liderato mediante un sorteo físico: un volado.
La fortuna favoreció a los soviéticos, quienes ganaron el derecho de permanecer en el búnker de Santa Úrsula, mientras que la escuadra azteca fue relegada a jugar los cuartos de final en la cancha de Toluca, donde finalmente cayó eliminada de forma contundente con un marcador de 4-1 ante Italia, abortando la fiesta en su propio torneo.

El drama de Monterrey en 1986: La fortaleza que se quedó vacía en cuartos de final
Dieciséis años después de la experiencia de 1970, el país asumió la responsabilidad de emergencia de organizar el Mundial de 1986, convirtiéndose en la primera nación en albergar dos justas mundialistas.
De acuerdo con la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut), el representativo nacional, bajo la dirección técnica de Bora Milutinović, logró establecer un paso perfecto y un idilio absoluto con la tribuna del Estadio Azteca durante la fase inicial y los octavos de final, etapa recordada por el histórico gol de tijera de Manuel Negrete contra Bulgaria.
El optimismo se encontraba en su punto más álgido, pero la planeación y organigrama geográfico del torneo obligaban al equipo de casa a abandonar su fortaleza de la Ciudad de México si avanzaba a la ronda de los ocho mejores.
El conjunto nacional tuvo que trasladarse al Estadio Universitario de Monterrey para hacer frente a la poderosa escuadra de Alemania Occidental.
Bajo un calor extremo, los jugadores locales sostuvieron un extenuante empate 0-0 durante el tiempo regular y los tiempos extras; sin embargo, la definición por penales favoreció de manera inapelable a los teutones por 4-1, obligando a nuestro país a despedirse de la competencia y dejando el Coloso de Santa Úrsula sin la presencia del anfitrión para las fases definitivas.

El subcampeonato invisible de 1971: El doloroso colapso ante un Azteca repleto
Existe un tercer episodio de enorme trascendencia en el balompié nacional que, a pesar de haber sido relegado por las instituciones oficiales durante décadas, representa el golpe más directo de esta tendencia dentro de la capital.
La Hemeroteca Nacional de México documentan de forma pormenorizada el Campeonato Mundial Femenil de 1971, un torneo que, si bien se disputó de manera independiente antes de que la FIFA absorbiera formalmente la categoría, paralizó por completo las calles de la Ciudad de México.
El conjunto femenil mexicano, liderado por figuras legendarias de la época como Alicia “Pelé” Vargas y Alicia “Pelé” Vargas, desplegó un juego sumamente vistoso que abarrotó el Estadio Azteca en cada una de sus presentaciones, registrando asistencias históricas que superaban las 110,000 personas por encuentro.
El equipo avanzó con autoridad hasta la gran final, donde se mediría ante el representativo de Dinamarca sobre la cancha del Coloso de Santa Úrsula.
A pesar de contar con las condiciones climáticas a su favor y el rugido ensordecedor de un estadio al límite de su capacidad, la presión del entorno y disciplina del cuadro europeo terminaron por sepultar las aspiraciones locales.
Dinamarca se impuso con un contundente 3-0, obligando a México a ver cómo el trofeo se marchaba de su propia cancha.

El veredicto sobre el mito de la localía
La denominada maldición del Estadio Azteca encuentra sus verdaderas explicaciones en la combinación de la alta presión psicológica de los escenarios masivos, las determinaciones logísticas de los comités organizadores y los imponderables propios del desarrollo deportivo.
Ese “miedo escénico”, término popularizado por Jorge Valdano para el Estadio Santiago Bernabéu, ha sido usado por periodistas y cronistas deportivos en el mundo.
Ya sea por el azar de un sorteo, la frialdad de una definición por penales en territorio ajeno o una final disputada ante un lleno monumental, la historia demuestra con absoluta claridad que la condición de anfitrión en los torneos mundiales no garantiza en ningún momento el éxito deportivo definitivo… ¡Y justo lo acabamos de ver hace unos días cuando perdimos contra Inglaterra!
Estas amargas experiencias forman parte fundamental de la memoria colectiva de una afición que comprende perfectamente que, en el fútbol de alta competencia, la gloria requiere mucho más que la ventaja de jugar en casa. ¿A poco no?
¿Consideras que más allá de ser locales y tener una afición verdaderamente entregada, la presión de jugar ante su público es el factor principal que ha afectado a la Selección Mexicana?
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