Descubre la historia de Oztotéotl, la aparición del Señor de Chalma y la tradición que transformó una antigua peregrinación en uno de los dichos más populares del país.
Hay problemas tan difíciles que, según una conocida expresión mexicana, no podrían resolverse “ni yendo a bailar a Chalma”.
La frase suele pronunciarse cuando alguien necesita un milagro, enfrenta una situación casi imposible.
No obstante, detrás del dicho existe una peregrinación verdadera, formada por caminos montañosos, manantiales, coronas de flores y danzas que continúan reuniendo a comunidades del centro de México.
Para quienes llegan por primera vez, la tradición comienza antes de entrar al santuario. El peregrino se detiene en El Ahuehuete, paraje de Ocuilan donde brota un manantial.
Allí se lava o sumerge en el agua como acto de purificación, recibe una corona de flores y baila para expresar la alegría de encontrarse cerca de su destino.
El Gobierno del Estado de México relaciona directamente este ritual con el origen del refrán.
La danza no es una ocurrencia turística. Forma parte de una tradición religiosa cuya historia se remonta a un antiguo santuario indígena establecido entre cuevas, riscos y barrancas mucho antes de la llegada de los españoles.
¡Ni yendo a bailar a Chalma!
— México Travel Channel (@MexicoTravelCh) March 1, 2016
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En México Travel Channel nos fascina descubrir las historias escondidas en las expresiones cotidianas. Hoy seguimos el camino de los peregrinos hacia Chalma, donde una frase popular conserva más de cinco siglos de fe, memoria y continuidad cultural.
Antes del Cristo: La cueva sagrada de Oztotéotl
Mucho antes de la construcción del templo cristiano, Chalma ya era un destino de peregrinación.
Las cuevas de la región eran consideradas espacios sagrados y una de ellas albergaba el culto a Oztotéotl, cuyo nombre puede traducirse como “dios de la cueva”.
La tradición vinculaba a Oztotéotl con las cuevas, los manantiales y las fuerzas que habitaban el interior de la tierra. Diversos investigadores han relacionado esta deidad con manifestaciones regionales de Tezcatlipoca y con antiguas concepciones mesoamericanas que consideraban las cuevas como lugares de origen, comunicación con lo sagrado y acceso a poderes relacionados con la fertilidad, el agua, la salud y el destino humano.
Por ello, acudir a la cueva no significaba únicamente visitar un santuario. Era entrar en un espacio considerado especialmente cercano al mundo sobrenatural.
La investigadora Barbara Konieczna documentó para el Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH que habitantes de Ocuela y otras comunidades acudían al lugar antes de la Conquista (1521).
Su estudio recupera la Relación histórica y moral escrita en 1810 por el agustino Joaquín Sardo, una de las fuentes esenciales sobre el origen del santuario.
La tradición vinculaba la cueva con fuerzas relacionadas con la naturaleza, la oscuridad, el agua y el destino humano.
Por su parte, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través del Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, señala que el culto a Oztotéotl era uno de los más importantes de la región y que esta deidad ha sido relacionada por diversos investigadores con manifestaciones de Tezcatlipoca y otras divinidades vinculadas con las cuevas y la purificación.
Llegar implicaba recorrer montañas, descender por barrancas y acercarse a manantiales considerados sagrados. Los peregrinos acudían para realizar ofrendas, buscar alivio y solicitar la intervención de la divinidad.
Desde entonces, el camino formaba parte de la experiencia espiritual.

El Cristo que apareció en una antigua cueva
Durante siglos, los peregrinos acudieron a Chalma para rendir culto a Oztotéotl dentro de una cueva considerada sagrada. Cuando los agustinos llegaron a la región en el siglo XVI encontraron una tradición profundamente arraigada.
En lugar de eliminar completamente el papel ceremonial del lugar, impulsaron una nueva devoción cristiana que terminó ocupando el mismo espacio físico y espiritual.
La tradición agustina sitúa en 1539 la aparición de una imagen de Cristo crucificado. Según el relato conservado por la orden, el antiguo ídolo apareció destruido y en su lugar se encontró la figura que sería venerada como el Señor de Chalma.
El santuario cristiano no borró por completo las formas anteriores de relacionarse con el territorio. Permanecieron la peregrinación, la cueva, el agua, las caminatas y las expresiones corporales de agradecimiento.
Con el paso de los siglos, estos elementos se integraron al culto católico y convirtieron a Chalma en uno de los ejemplos más representativos de continuidad y transformación religiosa en México.

El santuario que sigue reuniendo miles de peregrinos
La devoción creció alrededor de la imagen del Cristo y dio origen al actual Santuario del Señor de Chalma, fundado por agustinos en el siglo XVI y reconstruido en diferentes etapas.
El Gobierno del Estado de México lo identifica como uno de los centros de peregrinación católica más visitados del país, después de la Basílica de Guadalupe. Su templo conserva un altar de madera policromada y recibe grupos procedentes de distintas regiones del centro y sur de México.
Algunas peregrinaciones mantienen una organización comunitaria mediante mayordomías. Las personas caminan durante varios días, llevan imágenes, estandartes, música y alimentos, mientras otras se encargan de preparar descansos y coordinar la llegada.
El INAH ha documentado, por ejemplo, la peregrinación de Culhuacán a Chalma como una de las tradiciones más importantes del patrimonio cultural de esa comunidad. Cada agosto participan hombres y mujeres de distintas generaciones que recorren el trayecto a pie y a caballo.

El Ahuehuete de Chalma: Agua, flores y purificación
Antes de llegar al santuario, numerosos peregrinos se detienen en el paraje conocido como El Ahuehuete, ubicado dentro del municipio de Ocuilan, en el Estado de México.
Del árbol brota agua que alimenta un manantial al que la tradición atribuye propiedades curativas. El Gobierno mexiquense señala que el ahuehuete mide más de 40 metros y forma parte de los árboles más representativos de la entidad.
Quien visita Chalma por primera vez debe lavarse o sumergirse en el agua como señal de purificación. Después recibe una corona elaborada con flores naturales.
El agua marca el final de una etapa del trayecto. La corona anuncia que el visitante está listo para continuar y, entonces llega el baile.
¿Por qué los peregrinos bailan en Chalma?
La danza expresa agradecimiento, alegría y esperanza ante la proximidad del santuario.
El peregrino coronado baila acompañado por familiares, músicos y otros integrantes de su comunidad. El movimiento puede realizarse en El Ahuehuete, durante el trayecto o antes de ingresar al recinto religioso.
De acuerdo con la explicación turística oficial del Estado de México, el ritual debe cumplirse con voluntad y devoción. Bañarse, coronarse de flores y bailar forman parte de la preparación espiritual de quien llega por primera vez.
La música cambia según el origen de los grupos. Pueden escucharse bandas de viento, tambores, mariachis y conjuntos tradicionales. Algunas peregrinaciones incorporan danzas organizadas, mientras otras bailan espontáneamente.
El cansancio del camino se convierte así en celebración.

¿Por qué se dice “ni yendo a bailar a Chalma”?
La fama milagrosa del Señor de Chalma convirtió al santuario en uno de los destinos religiosos más importantes del centro de México.
Como visitarlo implicaba cumplir una promesa, peregrinar y participar en rituales como el baño purificador y la danza, surgió la idea de que incluso los problemas más difíciles podían encontrar alivio allí.
De esa reputación nació la expresión “ni yendo a bailar a Chalma”, utilizada cuando algo parece prácticamente imposible de resolver.
No existe una fecha documentada que permita determinar exactamente cuándo comenzó a utilizarse la expresión “ni yendo a bailar a Chalma”. Sin embargo, su difusión está relacionada con la enorme fama milagrosa alcanzada por el santuario durante los siglos virreinales y posteriores.
A medida que Chalma se consolidó como uno de los principales destinos de peregrinación del centro de México, también creció la idea popular de que allí podían obtenerse favores extraordinarios. De esa reputación terminó naciendo el dicho.
La Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México reconoce esta relación entre el baile de los peregrinos primerizos y el origen del refrán.

Foto:IA
¿Dónde está Chalma?
Chalma se localiza en el municipio de Ocuilan, al sur del Estado de México, entre zonas montañosas cercanas a Malinalco.
Su santuario recibe anualmente miles de peregrinos procedentes de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Guerrero y distintas regiones mexiquenses.
El significado de Chalma no se encuentra únicamente dentro del templo.
Está en los caminos recorridos desde pueblos de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Guerrero y el Estado de México. Vive en quienes cargan imágenes, preparan alimentos, transmiten cantos y enseñan a las nuevas generaciones cómo organizar la peregrinación.
El INAH considera estos recorridos parte del patrimonio cultural inmaterial de las comunidades que los mantienen vivos. Su importancia radica en la memoria, la cooperación y los conocimientos transmitidos durante el viaje.
Por eso, bailar en Chalma es mucho más que cumplir con una costumbre pintoresca.
Es agradecer después del camino, presentarse ante el santuario y repetir un ritual que une la antigua sacralidad de las cuevas y el agua con la devoción cristiana desarrollada durante cinco siglos.
Cada vez que alguien dice “ni yendo a bailar a Chalma”, tal vez lo haga en tono de broma.
Pero detrás de esas palabras todavía caminan miles de peregrinos. Llevan flores sobre la cabeza, agua del manantial sobre el cuerpo y la esperanza de que ningún problema sea verdaderamente imposible.
Si visitas Chalma, acércate con respeto a sus prácticas religiosas, evita interrumpir las peregrinaciones y recuerda que El Ahuehuete, el manantial, las coronas y la danza forman parte de una tradición viva, no de una representación turística.
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