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Por: Circe Vargón

La Huasteca Potosina es conocida por sus cascadas, ríos de tonalidades turquesa y paisajes cubiertos por vegetación. Sin embargo, bajo las montañas de la región existe otro mundo: una geografía de roca caliza donde el agua abrió cuevas, conductos y cavidades de dimensiones monumentales.

Una de ellas se encuentra en el municipio de Aquismón, San Luis Potosí.

Para llegar hay que caminar poco más de un kilómetro desde la comunidad de San Isidro Tampaxal. El sendero atraviesa cafetales, plantíos de palmilla, árboles antiguos, andadores de piedra y escalinatas rústicas.

Al terminar el recorrido, la vegetación se abre y aparece una cavidad de aproximadamente 60 metros de diámetro y 478 metros de profundidad.

Es la Hoya de las Huahuas, también conocida en el ámbito turístico como Sótano de las Huahuas.

Su magnitud resulta impresionante, pero el momento más esperado no ocurre al mirar hacia el fondo. Sucede en el cielo, cuando pericos y vencejos vuelan alrededor de la abertura antes de entrar o abandonar su refugio.

La Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental de San Luis Potosí (Segam), identifica el lugar como espacio de anidación y resguardo de aves y murciélagos. Su importancia geológica y biológica llevó al Gobierno estatal a protegerlo como Monumento Natural.

¿Qué es la Hoya de las Huahuas?

La Hoya de las Huahuas es una gran cavidad desarrollada en las rocas calizas características de la Sierra Madre Oriental.

El agua actuó durante largos periodos sobre las fracturas del terreno, disolviendo progresivamente la roca y favoreciendo la formación del complejo espacio subterráneo que hoy caracteriza al sitio.

El 15 de marzo de 2001, el Gobierno del Estado de San Luis Potosí publicó el decreto que reconoció la zona como Área Natural Protegida estatal bajo la categoría de Monumento Natural La Hoya de las Huahuas. La superficie protegida comprende 409 hectáreas en el barrio de San Isidro, ejido de Tampaxal.

De acuerdo con la Dirección de Turismo de Aquismón, las principales dimensiones del abismo son:

  • Profundidad total: 478 metros.
  • Diámetro de la abertura: aproximadamente 60 metros.

La declaratoria de protección destaca que la cavidad contiene uno de los grandes salones subterráneos del mundo y reconoce su importancia como espacio de anidación y refugio para la fauna silvestre.

De sitio comunitario a desafío para espeleólogos

Los habitantes de San Isidro Tampaxal conocían la cavidad mucho antes de que apareciera en los registros científicos y deportivos del siglo XX.

Su incorporación a la historia de la exploración espeleológica moderna ocurrió en abril de 1967, cuando integrantes de la Association for Mexican Cave Studies (AMCS) realizaron trabajos en el sitio. El primer descenso documentado por aquellas expediciones se efectuó en 1968.

Desde entonces, sus dimensiones han atraído a exploradores especializados. Descender significa internarse verticalmente en una cavidad donde el control del miedo, el manejo de cuerdas y la planeación técnica son indispensables.

Para la mayoría de los visitantes, el gran espectáculo no exige descender. Ocurre arriba, cuando pericos y vencejos comienzan a cruzar sobre la boca de la cavidad.

Pericos y vencejos: el espectáculo de la Hoya

El principal atractivo de la Hoya de las Huahuas es el espectáculo natural que ocurre cada mañana y atardecer.

La Segam identifica dos aves particularmente representativas del Monumento Natural.

Los pericos verdes, registrados en la documentación estatal como Aratinga holochlora, producen una de las imágenes más llamativas cuando sus cuerpos verdes pasan sobre la vegetación.

Y los vencejos de collar blanco, Streptoprocne zonaris. En la región suelen ser llamados golondrinas, aunque zoológicamente pertenecen al grupo de los vencejo sy  la presencia de murciélagos.

El fenómeno puede contemplarse en dos momentos:

  • Al amanecer: las aves ascienden desde la cavidad y se alejan en busca de alimento.
  • Al atardecer: regresan progresivamente, sobrevuelan la abertura y descienden hacia su refugio.

Las aves habitan y utilizan la Hoya como sitio de refugio, pero ninguna visita permite garantizar una cantidad determinada de individuos. El movimiento visible de las parvadas depende de factores como clima, luz y comportamiento natural.

Las autoridades locales recomiendan especialmente acudir alrededor del amanecer o el atardecer, cuando ocurre la salida o regreso de las aves y señalan los meses de marzo a octubre como una temporada particularmente favorable para la experiencia, aunque no constituye una garantía oficial de avistamiento.

Foto: Envato
El verdadero espectáculo comienza sobre nuestras cabezas: las aves giran alrededor de la abertura antes de descender hacia la montaña. Foto: Envato

Un bosque vivo alrededor del abismo

Concentrarse únicamente en las aves sería dejar fuera la mitad de la experiencia.

El Área Natural Protegida resguarda una combinación de selva alta perennifolia y selva mediana subperennifolia.

La vegetación combina elementos de selva alta perennifolia y selva mediana subperennifolia. SEGAM registra especies como chaca, copalillo, higuerón, jonote y ojite, entre otras.

En sus alrededores también existen registros de mamíferos mucho más difíciles de observar, como el tigrillo (Leopardus wiedii), el puma (Puma concolor) y el pecarí registrado en la documentación institucional como Tayassu tajacu.

Eso no significa que un visitante vaya a encontrarlos. Aquí la fauna no está en exhibición, está en su hábitat.

Foto: Wikimedia Commons
Visitar la Hoya también significa recorrer un territorio comunitario donde el cuidado de los senderos y la regulación del acceso forman parte de su conservación./Foto: Wikimedia Commons

Una reserva protegida junto con la comunidad

El decreto establece que la administración, conservación y vigilancia del Monumento Natural corresponden a la Segam, con participación del Ayuntamiento de Aquismón, organizaciones interesadas y habitantes de San Isidro. La comunidad tiene una intervención preferente dentro del modelo de gestión.

Este componente resulta fundamental porque las visitas atraviesan el territorio comunitario y dependen del mantenimiento de senderos, la orientación local y la regulación del acceso.

Conocer la Hoya no significa únicamente llegar a un atractivo natural.

También supone ingresar respetuosamente en un paisaje cuidado por la comunidad tének de San Isidro Tampaxal.

Foto: Wikimedia Commons
La vegetación prácticamente envuelve la entrada de la Hoya, creando un extraordinario contraste entre el verde del bosque y la oscuridad del abismo./Foto: Wikimedia Commons

¿Cómo visitar la Hoya de las Huahuas?

El acceso se realiza desde San Isidro Tampaxal, en el municipio de Aquismón, donde existe una caseta comunitaria para gestionar el ingreso. Desde allí comienza una caminata de poco más de un kilómetro entre cafetales, cultivos de palmilla, vegetación tropical, andadores de piedra y escalinatas rústicas.

El Ayuntamiento recomienda especialmente llevar calzado cómodo y lámpara si se realiza el trayecto antes del amanecer. La proximidad con el borde exige máxima precaución, pues la propia autoridad municipal advierte que una caída tendría consecuencias fatales.

Costo: se paga un boleto en la caseta. La página municipal no mantiene publicada una tarifa actual; como referencia, prestadores turísticos de 2026 mencionan aproximadamente $60 pesos por persona para el acceso independiente.

Guía: la información oficial consultada no establece que sea obligatorio para la caminata convencional, aunque contratar acompañamiento local resulta aconsejable en visitas nocturnas o de madrugada.

Mejor momento: llegar antes del amanecer para esperar la salida de las aves o acudir antes del ocaso para contemplar su regreso. La hora exacta cambia durante el año.

¿Qué llevar para realizar la caminata?

Si realizas el ascenso antes del amanecer, el Ayuntamiento recomienda llevar calzado cómodo y buena iluminación. También conviene transportar agua, impermeable ligero durante temporada de lluvias y una bolsa para regresar con todos los residuos.

Durante los meses húmedos, los andadores de piedra y las escalinatas pueden volverse resbalosos.

Al aproximarse a la cavidad es indispensable permanecer en las áreas seguras. La Dirección de Turismo municipal advierte expresamente sobre las consecuencias de una caída y la necesidad de extremar precauciones alrededor del abismo.

¿Se puede descender a la Hoya?

Existe una diferencia fundamental entre visitar el Monumento Natural y realizar una expedición espeleológica.

El descenso vertical requiere conocimientos técnicos, equipo especializado, cuerdas, permisos, planeación y manejo profesional de riesgos. No forma parte de una visita turística, ni se trata de una actividad incluida.

Para la mayoría de los viajeros, la experiencia consiste en caminar hasta el área de observación y contemplar el bosque, la cavidad y el movimiento de las aves desde las zonas autorizadas.

El decreto establece que los visitantes deben cumplir las disposiciones de conservación y evitar cualquier alteración significativa de las comunidades biológicas.

Gritar, arrojar objetos, utilizar drones o luces intensas y acercarse fuera de las áreas permitidas puede perturbar a la fauna y poner al visitante en peligro.

El momento en que solamente queda escuchar

Después de caminar entre cafetales y subir los últimos escalones, la Hoya aparece casi sin aviso.

Una abertura. Vegetación. Un vacío que parece no terminar.

Pero el mejor momento llega cuando dejamos de mirar hacia abajo.

Los pericos se acercan. Los vencejos cruzan sobre nuestras cabezas. Las parvadas giran sobre la entrada y finalmente desaparecen dentro de una montaña que continuará funcionando como refugio mucho después de que emprendamos el regreso.

Quizá por eso la Hoya de las Huahuas no debería visitarse con la intención de conquistar un abismo, pero sí con la intención de llegar hasta su borde, guardar silencio y contemplar cómo sus verdaderos habitantes vuelven a casa.

¿Te gustaría presenciar el regreso de las aves?

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