Loading_frases

Por: Circe Vargón

Mucho antes del fútbol, el béisbol o el basquetbol, una pelota de hule ya recorría las canchas de Mesoamérica.

Era un juego sagrado ligado a los dioses, al movimiento del Sol y a la creación del universo.

Para algunos pueblos antiguos, el juego de pelota evocaba el tránsito de los astros, la lucha entre fuerzas opuestas, la fertilidad de la tierra y el vínculo entre el mundo de los vivos y el inframundo.

En el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas quichés, los héroes gemelos Hunahpú e Ixbalanqué desafían a los señores del inframundo precisamente mediante el juego de pelota, lo que revela la enorme carga simbólica que tuvo esta práctica en el mundo mesoamericano.

Contra todo pronóstico, esa tradición logró sobrevivir durante más de 500 años en Sinaloa bajo un nombre que todavía resuena entre sus comunidades: Ulama.

El nombre proviene de la palabra náhuatl ōllamaliztli, utilizada para referirse al antiguo juego de pelota practicado en Mesoamérica. Con el paso de los siglos, el término evolucionó hasta convertirse en “Ulama”.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Centro INAH Sinaloa, señala que el Ulama es un juego tradicional de origen prehispánico que desapareció en gran parte del territorio tras la Conquista, pero que en el actual Sinaloa se conservó como continuación del ritual mesoamericano, transformado con el tiempo en una práctica comunitaria y popular.

Foto: Gobierno de México
El ulama es un juego tradicional de origen prehispánico que despareció en el proceso de conquista/Foto: Gobierno de México

El juego de pelota que ha sobrevivido más de 3 mil años

El sol comienza a ocultarse sobre la costa sinaloense.

Un grupo de jugadores ocupa posiciones sobre una cancha de tierra conocida como taste, nombre que reciben los espacios tradicionales donde se practica el Ulama en Sinaloa.

No hay estadios modernos, uniformes tecnológicos ni marcadores electrónicos. Solo tierra, silencio, concentración y una pesada pelota de hule.

De pronto, el golpe.

La pelota impacta contra la cadera de uno de los jugadores y el sonido retumba como un eco antiguo.

No es una recreación turística. Es Ulama.

Una de las expresiones vivas más cercanas al antiguo juego de pelota mesoamericano.

El INAH registra que el juego de pelota tiene una historia aproximada de 3 mil 500 años y que se han identificado cerca de 2  mil canchas en un territorio que se extiende desde el suroeste de Estados Unidos hasta El Salvador, lo que demuestra la enorme importancia cultural que tuvo esta práctica en Mesoamérica.

Tras la Conquista, muchas expresiones rituales indígenas fueron modificadas, prohibidas o abandonadas. Sin embargo, en Sinaloa el Ulama logró mantenerse como tradición comunitaria, transmitida de generación en generación.

En gran parte de Mesoamérica, el juego desapareció o sobrevivió únicamente en registros arqueológicos. En Sinaloa, en cambio, continuó practicándose de manera ininterrumpida en ciertas comunidades.

Foto: Wikimedia Commons
Jugadores de Ulama en Culiacán/Foto: Wikimedia Commons

El significado sagrado del juego de pelota en Mesoamérica

Para las culturas mesoamericanas, el juego de pelota era mucho más que una competencia deportiva.

Era una representación simbólica de la lucha entre las fuerzas cósmicas.

La trayectoria de la pelota evocaba el recorrido de los astros, mientras que el enfrentamiento entre jugadores recreaba antiguas narraciones vinculadas al inframundo, la fertilidad y la renovación de la vida.

Con el paso de los siglos, aquella dimensión ritual se transformó. En Sinaloa, el Ulama dejó de ser una ceremonia religiosa como en el mundo prehispánico y se convirtió en una práctica popular, familiar y comunitaria, sin perder su vínculo profundo con la memoria ancestral.

El INAH describe esta continuidad como el paso de un ritual mesoamericano a una actividad de diversión popular conservada en territorio sinaloense.

Por eso, cada partido de ulama no solo enfrenta a dos equipos.

También enfrenta al olvido.

Cada golpe a la pelota afirma que una parte del México antiguo sigue viva.

Foto: Wikimedia Commons
Sinaloa conserva este juego tradicional/Foto: Wikimedia Commons

La esfera de hule que desafió a los siglos

Uno de los elementos más impresionantes del Ulama es su pelota.

A diferencia de los balones modernos, la pelota tradicional se elabora con hule natural. Dependiendo de la modalidad, puede pesar desde 500 gramos hasta 4 kilogramos, lo que exige fuerza, técnica y resistencia extraordinarias.

Para ponerlo en perspectiva, algunas pelotas tradicionales pesan varias veces más que un balón de fútbol moderno.

No cualquiera puede jugarlo.

En la modalidad de cadera, el cuerpo recibe impactos intensos. El jugador debe aprender a colocarse, resistir el golpe, devolver la pelota y mantener el ritmo del juego sin usar manos ni pies.

En otras variantes, el antebrazo o el mazo sustituyen a la cadera como punto de contacto.

El Ulama es deporte, sí. Pero también es disciplina corporal heredada, una técnica aprendida mirando a los mayores y una memoria que se transmite con el cuerpo.

Foto: Facebook/Ullama Sierra Tonantzin Tlalli - Xochitecpatl
Golpear esta pelota implica fuerza y determianción/Foto: Facebook/Ullama Sierra Tonantzin Tlalli – Xochitecpatl

¿Cómo se juega el Ulama?

Una de las grandes sorpresas para quienes conocen el Ulama es que no existe una sola forma de jugarlo.

El INAH reconoce tres modalidades conservadas en Sinaloa: Ulama de cadera, de antebrazo y con mazo. Estas variantes usan pelotas de hule natural y forman parte del proceso de documentación y salvaguardia que impulsa el Centro INAH Sinaloa.

Ulama de Cadera

Es la modalidad más conocida y la imagen más emblemática del ulama contemporáneo.

Los jugadores golpean la pelota con la cadera o la parte superior del muslo, protegidos con cinturones y vendajes especiales. En distintos registros turísticos y culturales se describe el taste como una cancha larga y angosta, donde los equipos buscan mantener la pelota en juego y obligar al contrario a cometer errores.

Ulama de Antebrazo

En esta variante, la pelota se impulsa con la parte interior del antebrazo.

El Centro INAH Sinaloa ha documentado esta modalidad en comunidades como El Castillo, Navolato, donde especialistas realizaron visitas de seguimiento para registrar reglas, portadores y estrategias de salvaguardia cultural.

Ulama de Mazo

Es una de las modalidades menos comunes, pero sigue formando parte del universo vivo del Ulama sinaloense. En ella, los jugadores utilizan un mazo de madera para golpear la pelota.

El INAH la incluye entre las tres variantes tradicionales que se conservan actualmente en Sinaloa.

Foto: UNAM
Según se cuenta en el Popol Vuh, el mundo fue creado a partir de un juego de pelota/Foto: UNAM

Los guardianes de una tradición única

La supervivencia del Ulama no ha sido sencilla.

Durante décadas dependió de familias, jugadores y comunidades que conservaron de manera oral las reglas, la técnica, la elaboración de pelotas y el sentido comunitario del juego.

El proyecto de investigación del INAH sobre Ulama documenta su continuidad en municipios del sur de Sinaloa como San Ignacio, Mazatlán, Concordia, Rosario y Escuinapa, así como en la zona centro-norte del estado, incluyendo Mocorito, Angostura, Guamúchil, Sinaloa de Leyva, Guasave y Culiacán.

Para los portadores, el Ulama no es únicamente deporte, es identidad, orgullo y pertenencia.

Es una manera de recordar que Sinaloa resguarda uno de los legados culturales más antiguos del continente.

El INAH también ha señalado que los portadores distinguen entre quienes heredaron directamente la tradición y quienes la aprenden de manera externa, diferencia importante para asegurar que la enseñanza permanezca en manos de las comunidades que han mantenido vivo el juego.

Antes de que llegara a los mexicanos la pasión por el fútbol, el básquetbol o el voleibol, existía el Ulama/Foto: Facebook Ullama Sierra Tonantzin Tlalli – Xochitecpatl

El esfuerzo para convertir al Ulama en Patrimonio Cultural

El Ulama vive hoy un momento crucial.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia, a través del Centro INAH Sinaloa, da seguimiento al proceso para concluir su inscripción en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México (IPCIM) y posteriormente trabajar en una posible postulación a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Como parte de este proceso, especialistas han documentado reglas, modalidades, jugadores, comunidades portadoras y estrategias de protección jurídica y cultural.

Uno de los objetivos es crear un registro oficial de jugadores para evitar apropiaciones externas y asegurar que cualquier esfuerzo de difusión reconozca a Sinaloa como núcleo de origen y custodia de esta tradición.

La meta es clara:

Que el Ulama no se convierta en una postal vacía, que siga perteneciendo a quienes lo han mantenido vivo y que las nuevas generaciones lo aprendan no como espectáculo, sino como herencia.

¿Dónde ver una partida de Ulama en Sinaloa?

Para quienes desean acercarse a esta tradición ancestral, Sinaloa ofrece distintos puntos donde se realizan encuentros, torneos, talleres o exhibiciones culturales.

Conviene consultar previamente con oficinas de turismo municipales o promotores culturales locales, ya que muchas partidas están asociadas a fiestas, encuentros comunitarios o actividades patrimoniales.

Escuinapa y El Rosario

Son considerados parte de los bastiones históricos del Ulama en el sur de Sinaloa. El proyecto del INAH identifica esta región como una de las zonas donde se ha mantenido la continuidad de la práctica.

Mazatlán

Además de su oferta de playa y malecón, Mazatlán ha sido mencionado en registros recientes como uno de los puntos donde se promueven encuentros y actividades vinculadas al Ulama.

Mocorito

Este Pueblo Mágico forma parte de la zona centro-norte donde el INAH documenta continuidad del ulama, especialmente dentro de los esfuerzos por registrar y preservar las modalidades tradicionales.

Navolato

La comunidad de El Castillo, en Navolato, es clave para el Ulama de antebrazo. Ahí, especialistas del Centro INAH Sinaloa han realizado trabajos de documentación y seguimiento con la comunidad portadora.

El legado del Ulama en el México contemporáneo

Ver un encuentro de Ulama es contemplar una tradición que ha sobrevivido a imperios, conquistas, prohibiciones y cambios culturales.

Cada golpe a la pelota contiene siglos de memoria.

Cada jugador se convierte en heredero de una práctica que alguna vez fue común en toda Mesoamérica.

Y cada partido demuestra que algunas tradiciones son tan poderosas que pueden resistir incluso el paso del tiempo.

Porque mientras este juego siga vivo en Sinaloa, una parte del México prehispánico seguirá jugando.

No en museos ni en reproducciones arqueológicas, sino sobre una cancha de tierra, con jugadores reales y una tradición transmitida de generación en generación.

Presenciar un partido de Ulama en Sinaloa es conectar directamente con la memoria del México antiguo. Planea tu próxima ruta cultural por el estado y descubre una tradición que aún late al ritmo de una pelota de hule.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SIGUE LEYENDO