Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
Descubre por qué la Plaza de la Constitución de la CDMX se llama Zócalo. Conoce la historia real del monumento olvidado de 1843 que dio origen a su nombre.
Si has caminado por el corazón geopolítico y cultural de México, rodeado por los imponentes Palacio Nacional, la Catedral Metropolitana y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, es casi seguro que hayas llamado a ese inmenso espacio público por su nombre más célebre: el Zócalo. ¿Verdad?
Pero déjame decirte algo, aunque casi todo mundo lo llama de esa manera, así como “zócalo capitalino”, la realidad es que ése no es su nombre formal.
Su denominación oficial es Plaza de la Constitución, bautizada así en 1812 en honor a la Constitución española de Cádiz.
¿Pero cómo fue entonces que una de las plazas urbanas más grandes del mundo adoptó un término arquitectónico tan técnico como su apodo universal?
La respuesta no reside en una tradición prehispánica ni en un decreto virreinal, sino en un ambicioso proyecto arquitectónico del siglo XIX que quedó trunco, un presidente extravagante y la ironía cotidiana de nosotros, el pueblo mexicano, que convirtió un pedestal de piedra abandonado en el referente de toda una nación.
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El sueño de Santa Anna: La columna de la Independencia que nunca se levantó
Para comprender el origen de esta paradoja lingüística, debemos trasladarnos al año de 1843.
Nuestro México atravesaba una época de profunda inestabilidad política, marcada por constantes cuartelazos y la omnipresente figura del general Antonio López de Santa Anna, quien ocupaba la presidencia por octava ocasión.
Buscando consolidar su régimen y congraciarse con el fervor patriótico de la población, Santa Anna convocó a un concurso nacional de arquitectura para erigir un majestuoso monumento en el centro de la plaza dedicada a los héroes de la Independencia.
El certamen lo ganó el prestigioso arquitecto español Lorenzo de la Hidalga, radicado en México y responsable de varias de las obras monumentales de la época como El Gran Teatro Nacional (Teatro Santa Anna -ya no existe; fue demolido-) y la Plaza del Reloj en el Castillo de Chapultepec.
De acuerdo con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México (Cultura CDMX), en su Archivo Histórico y planos urbanísticos del siglo XIX, el diseño proyectado por De la Hidalga era extraordinario. Imagina esto: una colosal columna corintia de más de 50 metros de altura, rematada por la estatua de un ángel de la victoria y rodeada por estatuas de bronce de los insurgentes como Miguel Hidalgo, José María Morelos e Ignacio Allende.
El 16 de septiembre de 1843, en medio de ceremonias militares, discursos encendidos y salva de cañones, Santa Anna colocó la primera piedra del monumento. No obstante, las arcas del Estado mexicano se encontraban completamente exhaustas debido a las deudas de guerra y cuestiones administrativos.
En 1844 la construcción se paralizó, logrando únicamente la edificación de la base circular de mampostería sobre la cual descansaría la enorme columna.

La base abandonada: De término técnico a modismo popular
Durante años, la plaza principal de la capital albergó en su centro un zócalo de piedra solitario.
En terminología arquitectónica, un zócalo (palabra que proviene del latín socculus, que significa “calzado bajo” o “pedestal”) es la estructura inferior, plataforma o basamento sobre el que se apoya un edificio, una estatua o una columna.
A medida que pasaba el tiempo sin que los gobiernos posteriores retomaran el proyecto -especialmente tras el desastre de la guerra con Estados Unidos en 1847-, la estructura circular de piedra de varios metros de diámetro se convirtió en un obstáculo cotidiano y en un punto de referencia inevitable para los habitantes de la Ciudad de México.
Los capitalinos, haciendo gala de nuestro característico humor e ingenio mexicano, comenzaron a citarse “en el zócalo del monumento”.
Con el paso del tiempo y la constante repetición en el lenguaje coloquial, la palabra perdió su significado técnico especializado. La gente dejó de referirse al basamento de piedra para nombrar así a la plaza entera.
El modismo arraigó de tal manera en la psique colectiva que, para mediados del siglo XIX, la prensa y los viajeros ya utilizaban la palabra “Zócalo” como sinónimo de la plaza principal.
En 1875, la base de piedra abandonada es finalmente enterrada y demolida bajo la remodelación del espacio.
Redescubrimiento arqueológico: Las pruebas físicas bajo el asfalto
Durante décadas, la historia del basamento abandonado bordeó los límites entre el mito urbano y la anécdota histórica. Y fue la ciencia y la arqueología moderna quienes se encargaron de aportar la prueba definitiva que confirmó la veracidad del relato.
En abril de 2017, durante los trabajos de remodelación y nivelación de la superficie de la Plaza de la Constitución emprendidos por el gobierno de la ciudad, un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó un hallazgo extraordinario. Apenas a 30 centímetros por debajo del pavimento actual, los arqueólogos desenterraron la estructura circular de mampostería construida por Lorenzo de la Hidalga en 1843.
El hallazgo arqueológico reveló un zócalo con un diámetro exacto de 8 metros y una altura de 28 centímetros, rodeado por una banqueta de alineamiento que coincidía perfectamente con los planos originales conservados en los archivos históricos.
La evidencia física validó que los relatos escritos en el siglo XIX eran completamente ciertos y no un simple chisme o leyenda urbana, al tiempo que demostró que millones de personas habían caminado durante más de un siglo sobre los cimientos exactos que le dieron nombre al corazón de la República.
Dato histórico:El impacto cultural de esta palabra fue tan poderoso que traspasó los límites de la capital. Actualmente, en prácticamente todos los estados y municipios de la República Mexicana, la plaza principal de un pueblo o ciudad es llamada popularmente “Zócalo”, convirtiéndose en un mexicanismo de alcance nacional.

El Zócalo hoy: De plaza republicana a corazón cultural de México
El basamento de Lorenzo de la Hidalga fue eventualmente removido y enterrado a finales del siglo XIX para dar paso a jardines, kioscos, rieles de tranvías y, finalmente, a la enorme explanada de concreto que conocemos en la actualidad. No obstante, el nombre improvisado sobrevivió a las transformaciones urbanas, a los gobiernos y a los siglos.
Hoy en día, el Zócalo abarca una superficie de casi 46,800 metros cuadrados, siendo escenario de los eventos políticos, culturales, sociales y religiosos más importantes de la nación.
La próxima vez que te encuentres parado en el centro de esta colosal explanada mirando hacia el asta bandera, recuerda que estás pisando el lugar exacto donde la frustración de un proyecto arquitectónico inconcluso se transformó en la identidad lingüística de todo un país.
¿Conocías la verdadera historia detrás del nombre del Zócalo?
La Ciudad de México está repleta de secretos escondidos bajo sus calles que transforman por completo nuestra manera de recorrerla.
Saber que un monumento inconcluso bautizó al espacio público más importante del país hace que cada caminata por el Centro Histórico se sienta como una auténtica travesía en el tiempo.
Te invitamos a planear tu próximo paseo por el Centro Histórico, buscar el punto central de la plaza y compartir esta fascinante crónica con tus acompañantes.
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