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Hay partidos de fútbol que trascienden el terreno de juego para convertirse en piezas de la cultura popular global, y el de Argentina contra Inglaterra de 1986 es el ejemplo perfecto.

Bajo el intenso sol de la Ciudad de México, el Estadio Azteca fue escenario de uno de los encuentros más recordados en la historia de la Copa Mundial de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación).

Esa tarde, la afición reunida en el Coloso de Santa Úrsula presenció dos jugadas que transformaron para siempre la narrativa del fútbol mundial: La llamada “Mano de Dios” y el posteriormente bautizado “Gol del Siglo”.

El partido, correspondiente a los cuartos de final de la Copa Mundial de México 1986, estaba cargado de simbolismo.

Apenas cuatro años antes, en 1982, Argentina y el Reino Unido habían protagonizado la Guerra de las Malvinas, conflicto que dejó profundas secuelas políticas y sociales en ambos países.

Aunque los futbolistas insistieron en separar deporte y política, para numerosos aficionados y medios internacionales el encuentro adquirió una dimensión emocional que iba mucho más allá del resultado deportivo.

Aquel 22 de junio de 1986, más de 114 mil espectadores acudieron al Estadio Azteca para presenciar uno de los partidos más emblemáticos en la historia de los Mundiales.

El Estadio Azteca alberga historias dignas de contar/ Foto: Wikimedia Commons

La jugada que dio origen a la “Mano de Dios”

La tensión era evidente desde el arranque del segundo tiempo. Ninguno de los equipos había logrado abrir el marcador y cada jugada parecía capaz de definir el destino del encuentro.

Corría el minuto 51 del partido cuando un despeje involuntario del inglés Steve Hodge elevó el balón dentro del área británica.

El esférico cayó justo donde se encontraban Diego Armando Maradona y el portero Peter Shilton.

Con apenas 1.65 metros de estatura, el argentino tenía pocas posibilidades de imponerse en un duelo aéreo frente al guardameta inglés, quien superaba ampliamente su alcance.

Sin embargo, en una acción que permanecería para siempre en la memoria colectiva del fútbol, Maradona elevó discretamente su brazo izquierdo y golpeó el balón antes de que Shilton pudiera despejarlo.

La pelota terminó en la red.

Los jugadores ingleses reclamaron inmediatamente una mano evidente.

Pero la jugada fue tan rápida que el árbitro tunecino Ali Bennaceur y su asistente no detectaron la infracción.

Tras una breve consulta visual entre ambos oficiales, el tanto fue validado.

En una época sin tecnología de revisión por video (VAR, Video Assistant Referee), la decisión arbitral resultó definitiva e irreversible.

El marcador favorecía a Argentina y el partido acababa de entrar en la historia.

El nacimiento de una leyenda y el gol que cambió para siempre los Mundiales

Lo verdaderamente extraordinario es que la polémica apenas era el comienzo.

Mientras los jugadores ingleses protestaban, Maradona celebró con intensidad junto a sus compañeros.

Décadas después reconocería públicamente que el balón había sido impulsado parcialmente con la mano.

Tras el encuentro, una declaración ofrecida por el futbolista ayudó a bautizar la jugada para siempre.

Maradona explicó que el gol había sido convertido “un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios”, una frase que terminó por convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de la historia deportiva mundial.

Sin embargo, la grandeza del encuentro no se explica únicamente por la polémica.

Cuatro minutos después ocurrió una acción que muchos analistas consideran la mejor jugada individual registrada en una Copa del Mundo. ¡Sí! El partido continúa. Fue así que…

Maradona recibió el balón en campo propio.

A partir de ese momento inició una carrera extraordinaria, dejando atrás a Peter Beardsley, Peter Reid, Terry Butcher, Terry Fenwick y otros defensores ingleses antes de eludir al portero Shilton.

Finalmente empujó el balón al fondo de la portería.

El recorrido duró apenas unos segundos en una jugada que, de acuerdo con la FIFA combinó aceleración, equilibrio y control por parte del 10.

Su impacto permanece vigente cuatro décadas después.

En 2002, una votación organizada por la FIFA reconoció esta anotación como el “Gol del Siglo”, consolidándolo como una de las jugadas más admiradas en la historia del fútbol internacional.

La combinación de ambas acciones -una basada en la picardía y otra en la genialidad absoluta- convirtió a Maradona en el protagonista indiscutible de México 1986.

Argentina terminaría imponiéndose 2-1.

Posteriormente derrotó a Bélgica en semifinales y venció a Alemania Federal en la final disputada también en el Estadio Azteca, conquistando su segundo campeonato mundial.

Aquella tarde, el Coloso de Santa Úrsula fue escenario de uno de los episodios más recordados en la historia de los Mundiales.

Pocas veces un deportista construyó su leyenda en apenas cuatro minutos. Primero apareció el Maradona pícaro, capaz de engañar a un árbitro y a millones de espectadores. Después emergió el genio absoluto que recorrió medio campo para firmar una de las jugadas más extraordinarias jamás vistas en una Copa del Mundo.

Ambas acciones continúan formando parte del debate histórico sobre el legado futbolístico de Diego Maradona.

La ruta de la nostalgia futbolística en la capital

Casi cuatro décadas después, el Estadio Azteca (actualmente el inmueble opera comercialmente como Estadio Banorte y durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 utiliza una denominación neutral conforme a las reglas de patrocinio de la Federación: Estadio Ciudad de México) continúa siendo uno de los recintos deportivos más emblemáticos del planeta.

El estadio ha sido testigo de las consagraciones de Pelé en 1970 y de Diego Armando Maradona en 1986, convirtiéndose en uno de los pocos escenarios capaces de presumir la presencia de dos de las figuras más importantes en la historia del fútbol.

Además, como bien sabes, forma parte de la Copa Mundial de la FIFA 2026, consolidando un legado único como el primer estadio en albergar partidos de tres Mundiales diferentes: 1970, 1986 y 2026.

Viajeros de todos los rincones del planeta visitan el coloso del sur de la Ciudad de México con una sola intención: Conocer el lugar donde ocurrieron algunos de los momentos más icónicos del deporte mundial.

Aunque resulta imposible determinar con precisión la ubicación exacta de ambas jugadas dentro de las remodelaciones realizadas al estadio a lo largo de las décadas, la memoria colectiva continúa asociando la portería donde se marcaron aquellos goles con uno de los sitios más emblemáticos del turismo deportivo internacional.

El Azteca guarda una de las historias más populares de un Mundial/Foto: Wikimedia Commons

La historia de la “Mano de Dios” demuestra que el fútbol es capaz de generar debates eternos.

La del “Gol del Siglo” recuerda que también puede producir momentos de belleza irrepetible.

Juntas conforman una de las narrativas más poderosas que han pasado por el Estadio Azteca y que quedarán grabadas en sus gradas para siempre.

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