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Por: Circe Vargón

Hace aproximadamente 66 millones de años, al final del periodo Cretácico, un asteroide de más de 10 kilómetros de diámetro impactó contra la superficie terrestre en lo que hoy es la Península de Yucatán.

Este evento catastrófico provocó una extinción masiva que eliminó al 75% de las especies del planeta, incluyendo a los dinosaurios no aviares, y abrió una cavidad capaz de afectar toda la corteza terrestre de la región formando una estructura cercana a 200 kilómetros de diámetro, con una mitad bajo tierra firme y la otra extendida debajo del Golfo de México.

Aquel lugar recibe hoy el nombre de cráter de Chicxulub.

Pero hay algo desconcertante. Si el cráter es gigantesco, ¿por qué ningún viajero puede pararse en Yucatán y contemplarlo?

La respuesta se encuentra bajo nuestros pies.

Durante millones de años, la estructura quedó cubierta por sedimentos carbonatados hasta permanecer sepultada a cerca de un kilómetro de profundidad.

En la superficie no existe una enorme depresión visible, pero el agua conserva una pista: una alineación semicircular de cenotes que reproduce parte de los límites del cráter.

El asteroide desapareció, el cráter quedó sepultado y la vida volvió a ocupar Yucatán; 66 millones de años después, el agua ayuda a revelar sobre la superficie la cicatriz de uno de los días más extraordinarios de la historia del planeta./Foto: IA
El asteroide desapareció, el cráter quedó sepultado y la vida volvió a ocupar Yucatán; 66 millones de años después, el agua ayuda a revelar sobre la superficie la cicatriz de uno de los días más extraordinarios de la historia del planeta./Foto: IA

¿Dónde está exactamente el cráter de Chicxulub?

El enorme cráter se localiza en el noroeste de la península de Yucatán, con una parte bajo tierra firme y otra extendiéndose debajo del Golfo de México.

Su centro geométrico se encuentra próximo a Chicxulub Puerto, población costera de la que tomó su nombre. La estructura ocupa una superficie terrestre y otra marina, por lo que ha sido estudiada mediante exploraciones geofísicas desde tierra, mar y aire.

Las primeras evidencias aparecieron durante los programas de exploración petrolera de Petróleos Mexicanos, Pemex. Los estudios detectaron anomalías gravitacionales y magnéticas que dibujaban estructuras circulares bajo la plataforma de Yucatán.

Investigadores como Antonio Camargo Zanoguera, vinculado con Pemex, y especialistas posteriores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participaron en el estudio de perforaciones, núcleos de roca y datos geofísicos que permitieron reconstruir la forma del cráter.

El impacto ocurrió en cuestión de segundos. La sedimentación tardó millones de años en ocultarlo.

Bajo el aparentemente plano territorio yucateco existe un complejo mundo de cuevas, fracturas, conductos y depósitos de agua dulce./Foto: Sectur

El Anillo de Cenotes: la huella visible del impacto

Al observar un mapa de los cenotes del norte de Yucatán aparece una forma sorprendente.

Numerosas cavidades se distribuyen sobre un arco que coincide con la estructura subterránea de Chicxulub. Esta formación es conocida como Anillo de Cenotes.

La investigación publicada por especialistas del Instituto de Geofísica de la UNAM relaciona el anillo con la compactación diferencial y el fracturamiento de los materiales que rellenaron el cráter.

Las rocas fragmentadas durante el impacto respondieron de manera distinta al peso de los sedimentos depositados encima, favoreciendo fracturas y vías por donde circula el agua subterránea.

Con el paso del tiempo, el agua de lluvia penetró en esas zonas, disolvió progresivamente la roca caliza y formó cavernas. Cuando parte del techo de una cavidad perdió estabilidad y colapsó, apareció un cenote.

Así surge la gran paradoja de Chicxulub: El cráter permanece enterrado, pero el agua terminó dibujando una parte de su contorno sobre la superficie.

Foto: Sectur
Asteroide, cráter y cenotes aparecen reunidos simbólicamente en una imagen que resume 66 millones de años de transformaciones geológicas./Foto: Sectur

¿El meteorito creó directamente los cenotes?

Aquí la geología se vuelve todavía más interesante.

Los cenotes que actualmente vemos no son agujeros abiertos directamente por el impacto hace 66 millones de años, son pozos naturales de agua dulce que se forman cuando el techo de una cueva subterránea colapsa, exponiendo el agua freática.

En la Península de Yucatán, el suelo es una especie de esponja de roca caliza porosa que absorbe toda la humedad.

El proceso de formación puede durar cientos de miles de años. Cuando el agua de lluvia se filtra a través del suelo, comienza a disolver la roca caliza, dando paso a cavernas que pueden estar parcial o totalmente inundadas. Cuando una de esas cavernas colapsa debido a la erosión, se forma un cenote.

En la actualidad, la Península de Yucatán alberga al menos 8,000 cenotes registrados, aunque muchos más pueden permanecer ocultos.

Foto: Sectur
El cráter no puede contemplarse como una enorme depresión desde la superficie: millones de años de sedimentación terminaron ocultándolo bajo Yucatán y el Golfo de México./ Foto: Sectur

Un sistema de agua protegido por Yucatán

El Anillo de Cenotes no posee únicamente importancia geológica.

También constituye un extraordinario sistema hidrológico.

El Gobierno de Yucatán estableció el 28 de octubre de 2013 la Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes, destinada a proteger sus ecosistemas y especialmente los servicios hidrológicos relacionados con el agua subterránea.

Su protección fue modificada mediante decreto estatal en 2025, confirmando la importancia estratégica que posee este territorio para el patrimonio natural y los recursos hídricos de Yucatán.

Existe una razón fundamental, ya que en buena parte de la península prácticamente no hay grandes ríos superficiales, el verdadero río de Yucatán está debajo de la tierra.

Cuevas y conductos subterráneos almacenan y transportan el agua. Los cenotes son nuestras ventanas hacia ese mundo invisible.

Chicxulub y la extinción que cambió la historia de la vida

Lo ocurrido después del impacto fue muchísimo más grave que la formación del cráter.

La colisión lanzó enormes cantidades de material a la atmósfera y desencadenó procesos capaces de alterar radicalmente el clima y los ecosistemas planetarios.

La extinción que marca la frontera Cretácico-Paleógeno eliminó aproximadamente tres cuartas partes de las formas de vida, produciendo una reorganización biológica que abrió nuevas oportunidades evolutivas para los grupos supervivientes.

Por eso el Museo de Ciencias Chicxulub describe el evento como el paso de la era de los dinosaurios hacia la expansión de los mamíferos.

Existe cierta poesía geológica en este proceso.

La roca que guarda la evidencia de una de las mayores extinciones conocidas se encuentra debajo de un territorio que hoy posee selvas, manglares, cenotes y una extraordinaria biodiversidad.

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La extinción del final del Cretácico eliminó a los dinosaurios no aviares

Expedición 364: perforar el cráter para reconstruir el día del impacto

Entre abril y mayo de 2016, la Expedición 364 del Programa Internacional para el Descubrimiento de los Océanos, IODP, y el Programa Internacional de Perforación Científica Continental, ICDP, perforó el anillo de picos del cráter desde una plataforma instalada en el Golfo de México.

Los científicos recuperaron 829 metros de núcleos de roca, obtenidos entre aproximadamente 506 y 1,335 metros bajo el fondo marino. Las muestras permitieron estudiar:

  • La formación del anillo de picos.
  • Las rocas deformadas por presiones extremas.
  • Los depósitos producidos inmediatamente después del impacto.
  • La recuperación de la vida.
  • El sistema hidrotermal generado dentro del cráter.
  • Las posibilidades de vida microbiana en el subsuelo.

Esas muestras se convirtieron en un archivo geológico extraordinario.

Desde entonces han permitido estudiar la dinámica del impacto, las rocas sometidas a presiones extremas, el sistema hidrotermal generado después de la colisión e incluso la posterior presencia de vida microbiana en las profundidades.

La investigación continúa. Los estudios derivados de aquella expedición siguen produciendo publicaciones científicas incluso en 2026, prueba de que Chicxulub continúa funcionando como un gigantesco laboratorio natural para comprender impactos planetarios, extinciones y recuperación de ecosistemas.

El Museo de Ciencias del Cráter de Chicxulub: viajar 66 millones de años sin salir de Yucatán

Para acercarse a esta historia puede visitarse el Museo de Ciencias Chicxulub, ubicado dentro del Parque Científico y Tecnológico de Yucatán, en conjunto con el Parque Científico y Tecnológico de la UNAM (PCYTY), ofrece una experiencia interactiva para comprender la física del impacto, la evolución de las especies y la formación de la red hidráulica subterránea de Yucatán.

Quien quiera comprender esta historia sin duda este es el lugar ideal. El museo aborda temas como:

  • El Universo y el Sistema Solar.
  • Cráteres de impacto.
  • Chicxulub.
  • Evolución de la vida.
  • Extinción de los dinosaurios.
  • Biodiversidad.
  • Manto acuífero de Yucatán.
  • Cenotes.
  • Cultura maya.

La visita requiere registro previo porque el museo se encuentra dentro de un complejo científico con acceso controlado. Las convocatorias para público general se publican en sus redes sociales, normalmente los lunes o martes, mediante un formulario acompañado por un código QR. Los grupos escolares pueden gestionar su visita por correo electrónico.

  • Ubicación: carretera Sierra Papacal-Chuburná Puerto, kilómetro 5, Sierra Papacal, Yucatán.

Conviene consultar directamente la página oficial del Museo de Ciencias Chicxulub antes de desplazarse, pues los días, modalidades y cupos pueden cambiar.

El día en que terminó un mundo y comenzó otro

Chicxulub no posee una montaña, un acantilado o una enorme depresión que permita contemplar su verdadera escala, para verlo necesitamos imaginar una estructura sepultada que se extiende bajo tierra y mar. Debemos seguir las anomalías geofísicas, estudiar núcleos de roca y observar el arco formado por los cenotes.

Esa invisibilidad vuelve al cráter todavía más fascinante.

Ese contraste hace de Yucatán uno de los territorios geológicos más extraordinarios del planeta.

Porque el asteroide desapareció, el cráter quedó enterrado, pero la Tierra conservó la cicatriz y millones de años después, el agua terminó dibujando parte de su contorno sobre Yucatán.

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