Por: Circe Vargón
Descubre la historia real de las momias del Museo de El Carmen, los cuerpos encontrados en criptas del antiguo convento carmelita que siguen intrigando a investigadores y visitantes.
El Ex Convento del Carmen alberga uno de los hallazgos funerarios más singulares de la Ciudad de México, pues al descender por las escaleras que conducen al sótano, entre penumbra y silencio, reposan cuerpos conservados de manera natural durante más de dos siglos.
El Museo de El Carmen, ubicado en el antiguo Colegio de San Ángelo Mártir del siglo XVII, es el único recinto en la Ciudad de México, ubicado en la alcaldía Álvaro Obregón, en el tradicional barrio de San Ángel, que alberga cuerpos momificados expuestos al público.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reconoce que el museo, antiguo colegio de la Orden de los Carmelitas Descalzos, conserva 12 cuerpos momificados, además de una notable colección de pintura y escultura novohispana.
Esta colección ha fascinado a visitantes durante décadas, convirtiéndose en uno de los atractivos más enigmáticos de la capital. Pero ¿qué secretos guardan estos restos humanos conservados en las criptas?
En México Travel Channel sabemos que los rincones históricos de nuestro país guardan crónicas que desafían la lógica del tiempo. Acompáñanos en este recorrido subterráneo hacia uno de los secretos coloniales mejor guardados de la capital mexicana.
De la Revolución al descubrimiento: El hallazgo en el subsuelo
El gran secreto que los frailes carmelitas descalzos custodiaron durante siglos salió a la luz de la manera más inesperada.
A principios del siglo XX, cuando México atravesaba los años más intensos de la Revolución Mexicana, el antiguo Colegio de San Ángelo Mártir había quedado prácticamente abandonado después de décadas marcadas por las Leyes de Reforma, la exclaustración de las órdenes religiosas y diversos usos civiles y militares del inmueble.
El INAH señala que, tras la instauración de las Leyes de Reforma, el antiguo colegio dejó de funcionar como convento y con el tiempo fue utilizado como cárcel, bodega y cuartel.
Fue precisamente en ese contexto, hacia 1916, cuando integrantes de las fuerzas zapatistas ingresaron al inmueble convencidos de que en las criptas se ocultaban joyas, dinero y objetos de valor pertenecientes al clero.
La tradición recuperada por la Mediateca del INAH señala que, durante la búsqueda de esos presuntos tesoros, los soldados descubrieron accidentalmente las momias al remover parte del piso de la capilla mortuoria.
Al remover parte del piso de la capilla mortuoria descubrieron varios ataúdes de madera. Lo que encontraron no fue un tesoro material, sino algo mucho más inesperado: Cuerpos extraordinariamente conservados por el paso del tiempo.
Estudios realizados por especialistas del museo indican que los cuerpos corresponden principalmente a entierros efectuados entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, periodo en el que se habría producido el proceso natural de momificación dentro de las criptas.”
Los cadáveres mantenían parte de su vestimenta, cabello, piel y rasgos faciales reconocibles, una situación sorprendente para una época en la que los procesos de momificación natural eran poco comprendidos por la mayoría de la población.
Según investigaciones posteriores del Museo de El Carmen y especialistas del Instituto los cuerpos fueron extraídos de las criptas y durante años permanecieron resguardados y exhibidos dentro del propio recinto, hasta integrarse definitivamente en urnas y vitrinas de protección instaladas en la cripta que actualmente forma parte del recorrido museográfico.
Diversos recuentos periodísticos señalan que, tras el hallazgo, los vecinos acudieron al recinto movidos por la sorpresa y la curiosidad.
Con el paso de los años, las momias se integraron al discurso histórico del recinto y terminaron convirtiéndose en uno de los elementos más emblemáticos del museo.
Lo que inició como una búsqueda de riquezas terminó revelando uno de los descubrimientos arqueológicos e históricos más singulares de la Ciudad de México.
Entre el 4 y 6 de junio de 1585 se otorgó el permiso para la primera expedición de los carmelitas descalzos a la Nueva España.
— Museo de El Carmen (@museodeelcarmen) June 4, 2025
30 años después, en 1615 iniciaron la construcción del Colegio de San Ángel, hoy museo de El Carmen, el cual cumple 410 años el 29 de junio.#MuseosINAH pic.twitter.com/b1pcujLT77
La ciencia detrás de la momificación natural
¿Qué fenómeno permitió que estos cuerpos resistieran el paso de los siglos?
A diferencia de las famosas momias egipcias, los cuerpos de San Ángel nunca fueron sometidos a procesos artificiales de preservación. No se utilizaron resinas, vendajes ni técnicas de embalsamamiento.
El secreto se encuentra en las condiciones ambientales de las criptas subterráneas construidas por los carmelitas descalzos. El inmueble fue construido entre 1615 y 1617 y abrió formalmente como museo el 9 de octubre de 1929, convirtiéndose en uno de los recintos históricos más importantes del sur de la Ciudad de México.
Los especialistas señalan que la combinación entre la ventilación de los espacios funerarios, la escasa humedad, la composición mineral del subsuelo y la rápida deshidratación de los tejidos generó un entorno ideal para la momificación natural.
Explicaciones difundidas por especialistas del recinto indican que las condiciones de la cripta y de los enterramientos redujeron la acción del oxígeno y favorecieron la deshidratación de los cuerpos, inhibiendo la descomposición de los tejidos.
Además, la presencia de terrenos ricos en tepetate favoreció la absorción de líquidos corporales y dificultó la proliferación de microorganismos responsables de la descomposición.
Este fenómeno permitió la conservación parcial de piel, cabello, vestimenta y estructuras anatómicas, convirtiendo a las momias del Carmen en uno de los ejemplos más notables de momificación natural en México.

Las identidades perdidas en las criptas de San Ángel
La identidad exacta de los cuerpos momificados continúa siendo uno de los grandes misterios del Museo de El Carmen.
Hasta la fecha, ninguno de los doce cuerpos conservados ha podido ser identificado con absoluta certeza mediante documentación histórica concluyente.
El propio discurso del museo y diversas entrevistas con personal del recinto señalan que el origen preciso de las momias sigue sin resolverse por completo.
Los estudios realizados indican que se trata de hombres y mujeres sepultados entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX, aunque los registros funerarios que permitirían conocer sus nombres no han sobrevivido completos al paso del tiempo.
Las hipótesis más aceptadas sugieren que podrían corresponder a benefactores de la orden carmelita, integrantes de familias acomodadas de San Ángel, religiosos vinculados al convento o incluso habitantes de la región enterrados después de la exclaustración de los frailes tras las Leyes de Reforma.
Entre las posibilidades mencionadas por especialistas se encuentran familiares de Juan de Ortega y Valdivia, benefactor del complejo, así como pobladores cercanos al antiguo colegio sepultados tras 1861.
La cripta donde fueron hallados funcionó durante décadas como espacio funerario de la comunidad relacionada con el convento.
Mientras los religiosos eran enterrados en espacios caracterizados por la austeridad propia de la orden carmelita, algunos benefactores contaban con criptas decoradas con pintura mural, escudos heráldicos, retablos y elementos artísticos que aún pueden apreciarse durante el recorrido por el museo.
Uno de los ejemplos más destacados es el relieve policromado con el escudo de armas de Juan de Ortega y Valdivia, considerado una de las piezas funerarias más importantes conservadas en el recinto.

Las personas enterradas en las criptas del Carmen
Hoy en día, las momias de San Ángel descansan en urnas de cristal dentro de la misma cripta que las resguardó por siglos.
Aunque sus nombres se perdieron en los archivos de la historia, sus cuerpos continúan ofreciendo información valiosa sobre las costumbres funerarias, la salud, la alimentación y las condiciones de vida de la sociedad novohispana y decimonónica.
Especialistas del museo han señalado que estos restos permiten aproximarse a características físicas, enfermedades y prácticas mortuorias de otros periodos de la Ciudad de México.
Durante más de nueve décadas, las momias han despertado la curiosidad tanto de investigadores como de visitantes nacionales y extranjeros. Su presencia ha contribuido a posicionar al Museo de El Carmen como uno de los espacios culturales más singulares de la Ciudad de México.
El impacto visual y simbólico de las criptas también ha llamado la atención de cineastas y creadores.
El antiguo convento, por su arquitectura virreinal, sus claustros, criptas y atmósfera de recogimiento, ha sido utilizado como referencia visual para contenidos relacionados con el misterio, la historia colonial y las leyendas urbanas de la capital.
El INAH destaca que el edificio conserva espacios como el claustro, la sacristía, la capilla doméstica y las criptas, elementos que explican su poderosa carga visual e histórica.
Aunque suele asociarse con el cine de terror mexicano, lo verdaderamente fascinante del sitio es que no necesita efectos especiales: Su propia historia basta para cautivar a quienes lo visitan.
Las momias de San Ángel constituyen un patrimonio histórico y antropológico que ayuda a entender cómo vivían y cómo enfrentaban la muerte los habitantes de la Ciudad de México hace más de dos siglos.
Un recordatorio de que bajo las calles, plazas y monumentos de la gran metrópoli mexicana todavía sobreviven capítulos enteros de nuestro pasado.
A diferencia de otros espacios históricos donde los vestigios permanecen ocultos bajo tierra, en El Carmen los visitantes pueden observar directamente vestigios humanos de otros periodos históricos.
Las doce momias no son personajes legendarios ni recreaciones museográficas. Son personas reales que habitaron la Ciudad de México hace más de dos siglos y cuya presencia convierte a este antiguo colegio carmelita en uno de los lugares más inquietantes y fascinantes de la capital.

El Museo de El Carmen se encuentra en Avenida Revolución No. 4 y 6, colonia San Ángel, alcaldía Álvaro Obregón, Ciudad de México, a un costado de la Plaza de San Jacinto y muy cerca del Parque de la Bombilla.
Y es una parada obligatoria para los amantes del misterio y la historia colonial. Si buscas una experiencia fuera de lo común en la Ciudad de México, las momias de San Ángel forman parte de uno de los recorridos históricos más singulares de la CDMX.
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