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Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )

Cuando pensamos en la identidad de México ante el mundo, una de las primeras imágenes que cruza nuestra mente es la de un jinete portando un sombrero de ala ancha y un traje elegantemente botonado, o la de un grupo de valientes mujeres ejecutando cruces a toda velocidad sobre un caballo.

La charrería, además de ser un maravilloso espectáculo visual lleno de adrenalina, es el hilo conductor de nuestra historia, una herencia viva que transformó las labores cotidianas del campo en una de las disciplinas artísticas y deportivas más respetadas del planeta.

Por cierto. ¿Sabías que detrás del folclor y la música de mariachi que hoy acompañan los lienzos charros, se esconde un largo proceso de adaptación, mestizaje y rebelión cultural que pocos conocen a profundidad?

Entender dónde surgieron estas figuras míticas requiere realizar un viaje en el tiempo hacia la época en que el caballo no existía en el territorio americano.

Lo que comenzó como una estricta restricción de las autoridades coloniales terminó convirtiéndose en un símbolo de libertad y destreza para el pueblo mexicano.

Y tal es la increíble historia al respecto, que en México Travel Channel preparamos para ti esta información en la que comentamos hechos históricos, las leyes virreinales y la evolución social que dieron vida tanto al charro como a la escaramuza, consolidando una tradición que hoy en día es considerada orgullo nacional y patrimonio de la humanidad. ¡Oh sí!

Escaramuzas
Escaramuzas. Fotos INAH.

El origen colonial de la charrería y el nacimiento del charro mexicano

El nacimiento del charro está profundamente ligado a la llegada de los conquistadores españoles y a la necesidad económica de gestionar el ganado en los vastos terrenos del Nuevo Mundo.

De acuerdo con los archivos históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante los primeros años del Virreinato de la Nueva España (desde el año 1535 hasta 1550 -aunque también se dice que hasta 1560-, la corona española prohibió estrictamente a los indígenas y mestizos montar a caballo, un privilegio reservado exclusivamente para los colonizadores como símbolo de estatus y poder militar.

No obstante, a medida que la ganadería se expandió de manera masiva en regiones como el actual estado de Hidalgo -considerado unánimemente como la cuna de la charrería-, los hacendados se vieron obligados a solicitar permisos especiales para que sus trabajadores nativos pudieran montar y controlar los rebaños.

Pero, para diferenciarse de los caballeros españoles, los vaqueros de las haciendas mexicanas modificaron las sillas de montar, los frenos y su propia vestimenta, adaptándolos a las rudas condiciones del terreno y dando origen a las primeras suertes ganaderas, que eran los antecedentes directos de las actuales “suertes charras”.

El origen colonial de la charrería y el nacimiento del charro mexicano. Escaramuzas.
El charro y la escaramuza no son personajes estáticos del pasado; son atletas de alto rendimiento. Fotos INAH.

Las escaramuzas charras: La revolución femenina a caballo

La inclusión de las mujeres en el lienzo charro no ocurrió de forma inmediata, sino que representó una auténtica revolución deportiva y cultural a mediados del siglo pasado.

Durante décadas, la charrería fue un ámbito predominantemente masculino enfocado en demostrar la fuerza física en el control del ganado.

No fue sino hasta la década de 1950 cuando el panorama cambió radicalmente. Según registros de la Federación Mexicana de Charrería (FMCH), la primera escaramuza charra se presentó formalmente en el año de 1953 en la Ciudad de México, integrada inicialmente por niños y jóvenes, entre los que destacaron audaces mujeres decididas a reclamar su propio espacio en el deporte nacional.

Ese primer grupo histórico que cambió el rumbo de la charrería en 1953 nació bajo el nombre de “Escaramuza Charra Pedagógica” en el Rancho del Charro de la Ciudad de México (impulsada por la Asociación de Charros de México).

Las dos mujeres que abrieron la brecha para lo que hoy conocemos como escaramuza fueron María Eugenia Ruiz Loredo -una de las niñas pioneras que montó en ese debut histórico- y Guadalupe Camacho, quien según relatos de la FMCH ejecutó los primeros cruces y giros coordinados a caballo.

A partir de ese momento, la escaramuza se definió como una disciplina ecuestre de alta competencia donde equipos de ocho integrantes ejecutan coreografías sincronizadas a galope continuo.

La dificultad técnica es monumental, ya que las mujeres montan al estilo de las amazonas, es decir, con ambas piernas del mismo lado sobre una montura especial llamada albardón, portando además el tradicional y pesado vestido de “Adelita” o de charra con estrictas especificaciones reglamentarias.

Las escaramuzas charras: La revolución femenina a caballo
La inclusión de las mujeres en el lienzo charro no ocurrió de forma inmediata. Foto: Lugares INAH.

De las haciendas rurales a patrimonio cultural de la humanidad

La desaparición de las grandes extensiones de tierra tras la Revolución Mexicana, en 1917, obligó a que esta práctica rural se mudara a las ciudades, transformándose en un deporte formalmente organizado.

Cuando el sistema de haciendas se disolvió a principios del siglo XX, muchos terratenientes y vaqueros emigraron a los centros urbanos, llevándose consigo sus tradiciones ecuestres.

Con el fin de evitar que estas destrezas se perdieran en el olvido, en 1921 se fundó la primera asociación de charros (Asociación Nacional de Charros), y para 1933 el presidente Abelardo L. Rodríguez decretó formalmente a la charrería como el Único Deporte Nacional de México.

El reconocimiento de esta disciplina alcanzó su cúspide internacional en el año 2016, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) la inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociéndola como un elemento esencial de la identidad y la memoria colectiva de las comunidades que la practican.

Preservar el orgullo de nuestras raíces

El charro y la escaramuza no son personajes estáticos del pasado. Se trata de atletas de alto rendimiento y guardianes de una tradición que sigue latiendo con fuerza en cada lienzo del país.

Conocer su origen nos permite valorar la complejidad de un deporte que nació del trabajo duro en el campo y floreció gracias a la creatividad, elegancia y valentía de nuestro pueblo mexicano.

Mantener viva esta herencia es una responsabilidad compartida para seguir celebrando la riqueza de nuestra cultura ante el mundo.

Cuéntanos tu experiencia aquí abajo, en los comentarios, y sgue disfrutando todo el contenido que tenemos para ti en www.mexicotravelchannel.com.mx, como Tips de viaje, El Top de los Pueblos Mágicos, Playas secretas, Gastronomía, etc. 

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