Por: Circe Vargón
Nos sumergimos en las aguas verdosas del gran pozo maya, un rincón místico donde los ecos de los antiguos sacrificios y el poder de Chaac aún desafían al tiempo.
Hay lugares en la península de Yucatán que poseen una energía tan densa y majestuosa que es imposible no guardar silencio al contemplarlos.
Al caminar unos cuantos metros fuera de la gran pirámide de Kukulcán, un sendero de tierra blanca conduce al borde de un acantilado circular perfecto. Es el Cenote Sagrado, una gigantesca garganta de piedra caliza cubierta por aguas de un color verde jade que no se mueve con el viento.
Este pozo no es una maravilla natural común; es uno de los espacios rituales más importantes de Chichén Itzá, el sitio donde los antiguos mayas depositaron ofrendas, plegarias y vidas humanas como parte de ceremonias vinculadas con lo divino.
Arqueología Mexicana señala que el Cenote Sagrado, también conocido como Cenote de los Sacrificios o Chenkú, fue el cenote ceremonial más importante de Chichén Itzá y se ubica al final de la Calzada 1, aproximadamente 300 metros al norte de El Castillo.
El Cenote Sagrado mide aproximadamente 60 metros de diámetro y está rodeado por paredes de roca caliza que forman un círculo casi perfecto. Mientras que el espejo de agua se encuentra unos 22 metros por debajo del borde y su profundidad máxima ronda los 13.5 metros.
La tradición oral maya cuenta que el cenote se formó cuando los dioses arrancaron un pedazo del inframundo para tener un espejo donde contemplar el cielo.
Aunque esta imagen pertenece al terreno del mito, refleja la importancia simbólica que los cenotes tuvieron como conexiones entre el mundo humano, el agua subterránea y el universo sagrado maya.

En México Travel Channel también viajamos entre las leyendas que describen la magia de lugares bellos del país. Sigue leyendo para conocer la que rodea al Cenote Sagrado de Chichen Itza.
Las ofrendas de oro y los enviados ante el dios de la lluvia
Para los antiguos mayas, los cenotes representaban portales de comunicación directa con el inframundo, asociado en la tradición mesoamericana con regiones profundas, acuáticas y sagradas.
El Cenote Sagrado estaba consagrado específicamente a Chaac, el dios de la lluvia y el relámpago, a quien se le ofrendaban vidas humanas y tesoros materiales durante las épocas de sequía extrema para asegurar la fertilidad de las tierras de cultivo.
Cuando las sequías amenazaban la supervivencia de la región, los sacerdotes preparaban procesiones solemnes hacia el borde del cenote.
Con cánticos, arrojaban valiosísimas piezas de oro, textiles finos, joyas de jade y, en los momentos más desesperados, personas seleccionadas para cumplir funciones rituales ligadas al culto de Chaac.
Algunas tradiciones posteriores interpretan estos sacrificios como ofrendas destinadas a establecer comunicación simbólica con Chaac y solicitar lluvia para la comunidad.
Las víctimas, antes de ser arrojadas al agua, pasaban por un proceso de purificación espiritual llevado a cabo por los sumos sacerdotes en la plataforma superior del recinto.
Las fuentes históricas y arqueológicas indican que los rituales estaban dirigidos por sacerdotes y formaban parte de ceremonias religiosas complejas vinculadas al culto a Chaac.
Algunas investigaciones señalan la existencia de estructuras rituales cercanas al cenote, incluido un posible temazcal o baño de vapor utilizado en ceremonias preparatorias. Sin embargo, los especialistas advierten que no se conoce con certeza cómo se desarrollaba cada etapa del ritual ni si todas las víctimas participaban voluntariamente.
La evidencia arqueológica confirma la presencia de restos humanos, así como objetos rituales arrojados al cenote; se ha documentado que los sacrificios eran ofrendas al dios de la lluvia y que las víctimas eran de todas las edades y condiciones sociales.
Espectro de rayo de sol en un cenote en #Yucatán, ¡#BuenosDías! @YucatanTurismo pic.twitter.com/tVeyWhLZSC
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Los tesoros rescatados del fondo del cenote
La arqueología moderna logró rescatar del fango del cenote gran parte de estas riquezas.
La primera exploración sistemática fue realizada en 1904 por el arqueólogo estadounidense Edward H. Thompson, quien utilizó un artefacto de su invención para dragar el fondo del pozo.
El Museo Nacional de Antropología señala que Thompson dragó (extraer sedimentos del fondo del agua mediante una draga) la porción sur del Cenote Sagrado entre 1904 y 1907, y que exportó ilegalmente muchos objetos al Museo Peabody de Harvard.
Thompson recuperó miles de objetos, incluyendo ornamentos de oro, jade, concha, cobre, herramientas de obsidiana, puntas de lanza, cabezas de hacha, cerámica y textiles, además de restos óseos y dientes humanos que confirmaron la práctica de sacrificios humanos.
Estudios históricos han señalado que el dragado continuó con interrupciones hasta 1909 y que el saqueo de materiales terminó de forma accidental hacia 1914, en medio del contexto revolucionario.
En 1967, la Secretaría de Marina de México llevó a cabo una expedición que rescató más de 4 mil objetos del fondo del cenote. Las investigaciones de 1967-1968 fueron encabezadas por el arqueólogo Román Piña Chán y forman parte de una etapa de exploración arqueológica sistemática registrada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Los trabajos de arqueología subacuática han continuado hasta la actualidad, arrojando luz sobre la importancia de este lugar para la civilización maya.
El cenote no era utilizado para el consumo humano, sino estrictamente para fines rituales y ceremoniales. En Chichén Itzá, el Cenote Xtoloc habría tenido mayor relación con el abastecimiento de agua, mientras que el Cenote Sagrado estuvo vinculado principalmente con prácticas rituales dedicadas a Chaac.
Diversas investigaciones, como las de Diego de Landa, fraile franciscano y obispo de Yucatán del siglo XVI que documentó diversos aspectos de la sociedad maya, señalan que en el Cenote Sagrado se recuperaron restos humanos, además de piezas de jade, cobre, oro, cerámica, concha, obsidiana y otros materiales procedentes de distintas regiones de Mesoamérica y Centroamérica.
En 1923 el periódico The New York Times publicó la desafortunada noticia de que Edward H. Thompson, ex cónsul de Estados Unidos en Mérida, había dragado y sustraído los tesoros del cenote sagrado de Chichén Itzá. pic.twitter.com/s3AOKKSIsm
— Oswaldo Matú 💀 (@edificiosmayas) July 5, 2022
El eco de los siglos que los buzos afirman escuchar
Quienes realizan inmersiones de investigación o cuidan el recinto al caer la tarde narran experiencias que erizan la piel.
Aseguran que cuando la selva se queda en completo silencio, la superficie del agua, desde la profundidad del abismo emerge un sonido sibilante, similar a un murmullo colectivo en lengua maya o al lamento sutil de un viento atrapado bajo la tierra.
Algunas narraciones populares atribuyen estos sonidos a los antiguos rituales vinculados al cenote.
Lo que sí puede afirmarse es que el Cenote Sagrado conserva una carga simbólica excepcional. Durante siglos fue un punto de peregrinación, sacrificio y depósito de ofrendas, lo que explica por qué su silencio sigue provocando una sensación de respeto profundo entre visitantes, custodios e investigadores.
¿Ya conoces al ícono de #Yucatán?
— SECTUR México (@SECTUR_mx) November 29, 2017
No puedes dejar de admirar el famoso Templo de Kukulcán en Chichen Itzá, una de las siete nuevas maravillas del mundo.#BuenasNoches🌙@YucatanTurismo pic.twitter.com/vdlPQ03yUQ
Un santuario de respeto en el corazón del Mundo Maya
Visitar Chichén Itzá y detenerse ante el Cenote Sagrado es una experiencia que trasciende el turismo convencional.
Es confrontar la grandeza de una civilización que entendía la naturaleza como un ser vivo y sagrado.
Mientras contemplas la quietud de sus aguas verdosas, es inevitable sentir un profundo respeto por las almas y los mitos que habitan en este rincón de Yucatán, un lugar eterno donde la historia de México se sigue escribiendo con los hilos del misterio y la devoción ancestral.
Si visitas Chichén Itzá, camina más allá de la Pirámide de Kukulkán y toma el sendero que conduce al Cenote Sagrado. El recorrido cambia de ritmo: El ruido de los grupos queda atrás, la vegetación se vuelve más densa y el aire parece guardar otra temperatura.
Al llegar, no encontrarás un cenote para nadar, sino un espacio ceremonial que durante siglos tuvo un profundo significado ritual para los mayas.
Dragado del Cenote Sagrado de Chichén Itzá #Yucatan pic.twitter.com/uJPTO9qhsF
— Oswaldo Matú 💀 (@edificiosmayas) December 23, 2015
El Cenote Sagrado forma parte del recorrido dentro de la zona arqueológica, ubicada en el municipio de Tinum, Yucatán, sobre la Carretera Federal 180 Mérida–Cancún, km 120, cerca del poblado de Pisté.
Desde Mérida o Cancún se llega por esa misma carretera y, al aproximarse a Pisté, basta seguir la desviación hacia la zona arqueológica.
Desde Valladolid, el trayecto es mucho más corto, por lo que muchos viajeros lo usan como base para visitar el sitio temprano.
El acceso a Chichén Itzá contempla una cuota federal del INAH de $105 pesos, más una cuota estatal de CULTUR: $548 pesos para extranjeros y $190 pesos para visitantes nacionales. En total, el costo ronda los $653 pesos para extranjeros y $295 pesos para nacionales, aunque las tarifas pueden actualizarse, por lo que conviene verificarlas antes del viaje.
Recuerda que el Cenote Sagrado es un sitio arqueológico protegido, su visita debe realizarse desde las áreas permitidas, con respeto por su valor histórico, ritual y patrimonial.
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