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Por: Circe Vargón

La historia oficial del Mundial de México 1970 suele contarse a través de las imágenes que dieron la vuelta al planeta: Pelé levantando la Copa Jules Rimet en el Estadio Azteca, las primeras transmisiones a color y una selección mexicana que alcanzó los cuartos de final por primera vez en una Copa del Mundo.

México terminó invicto en la fase de grupos tras empatar con la Unión Soviética, vencer a El Salvador y derrotar a Bélgica, antes de caer frente a Italia en Toluca.

Pero detrás de aquella fiesta futbolística existe una historia marcada por la tragedia.

La de un joven mediocampista que llegaba al Mundial como una de las mayores promesas del fútbol mexicano y que, a solo unos días de la inauguración del torneo, sufrió una lesión que lo dejó fuera de la competencia más importante de su vida.

Su nombre era Alberto Onofre.

A los 22 años, era considerado uno de los futbolistas con más talento de su generación. Figura de las Chivas del Guadalajara y pieza clave de la Selección Mexicana dirigida por Raúl Cárdenas.

Periodistas y comentaristas deportivos de la época destacaban su talento. El célebre cronista Fernando Marcos llegó a describirlo como un futbolista de “calidad de exportación”, mientras que décadas después el escritor Juan Villoro lo recordaría como uno de los mediocampistas más talentosos de su generación.

Foto: Wikimedia Commons
Estampa albún Panini México 1970/ Foto: Wikimedia Commons

La gran promesa de la Selección Mexicana antes de México 70

Cuando México se preparaba para organizar la primera Copa del Mundo celebrada en suelo latinoamericano, Alberto Onofre atravesaba el mejor momento de su carrera.

Había sido uno de los protagonistas del Guadalajara campeón de la temporada 1969-1970 y también formó parte del equipo que conquistó la Copa México y el Campeón de Campeones, logros que consolidaron su figura antes del Mundial.

Su visión de juego, técnica y capacidad para manejar el ritmo de los partidos lo habían convertido en una de las principales esperanzas de la afición nacional.

Diversos cronistas deportivos de la época lo describían como un mediocampista creativo, dueño de una extraordinaria visión de juego y considerado una de las principales esperanzas ofensivas de la Selección Mexicana rumbo al Mundial de 1970.

La expectativa era enorme.

México contaba con varios jugadores experimentados, pero muchos observadores coincidían en que Onofre representaba el talento capaz de marcar una diferencia dentro del torneo.

Sin embargo, el Mundial aún no comenzaba.

Y el momento más difícil de su vida estaba a punto de llegar.

La lesión que dejó fuera a Alberto Onofre

A veces las grandes tragedias deportivas no ocurren frente a miles de aficionados ni bajo los reflectores de un estadio lleno.

A veces suceden en silencio, sin cámaras, sin narradores y sin que nadie imagine que está presenciando un momento que permanecerá en la memoria durante generaciones.

A pocos días del partido inaugural contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la Selección Mexicana realizaba una práctica en la Ciudad de México.

Algunas crónicas ubican el accidente el 27 de mayo de 1970, mientras que Mediotiempo, a partir de una entrevista con el propio Onofre, lo fechó como 28 de mayo.

El ambiente dentro de la concentración era de entusiasmo. Los futbolistas afinaban detalles tácticos mientras el país entero contaba las horas para el comienzo de la Copa del Mundo, cuya inauguración estaba programada para el 31 de mayo de 1970 en el Estadio Azteca.

Nadie imaginaba que el sueño de uno de los jugadores terminaría en cuestión de segundos.

Lo que parecía un entrenamiento rutinario terminó convirtiéndose en una tragedia.

De acuerdo con el testimonio que el propio Onofre dio a Mediotiempo, aquella práctica se desarrolló bajo lluvia y él decidió cambiarse los zapatos de seis tacos por unos de hule poco antes de la lesión.

Incluso recordó que ese día no tenía ganas de entrenar y que nunca entendió por qué tomó esa decisión de cambiar el calzado.

“Inclusive antes de la fractura como estaba lloviendo yo traía zapatos de 6 ‘tacos’, y al ‘Chico’ (Francisco) Larios que era el utilero le dije ‘pásame los zapatos de hule’. Me dijo ‘Alberto, está lloviendo, cómo te vas a poner esos’. Me los cambié 10 minutos antes de la fractura, ¿por qué?, no sé”, narró a Mediotiempo.

En varias reconstrucciones periodísticas se relata que Onofre intentó avanzar con el balón durante una práctica cuando pasó el choque que lo dejó tendido en el campo.

El periódico el ESTO señala que resbaló por lo mojado de la cancha y chocó con Juan Manuel Alejándrez durante un interescuadras; el diario Vanguardia también menciona la colisión con Alejándrez y la fractura múltiple de tibia y peroné.

Entonces ocurrió el accidente.

El resbalón en una cancha mojada y la colisión con Juan Manuel Alejándrez provocaron una fractura de tibia y peroné que cambió para siempre el rumbo de su carrera.

Los gritos interrumpieron de inmediato la práctica.

Alberto Onofre quedó tendido sobre el césped mientras sus compañeros corrían hacia él. El dolor era evidente y el silencio comenzó a apoderarse del entrenamiento.

Los médicos ingresaron rápidamente.

Los jugadores observaban con preocupación.

Y poco a poco una realidad devastadora empezó a instalarse en la concentración mexicana. La lesión era grave.

Las primeras valoraciones confirmaron lo peor: Una fractura de tibia y peroné acababa de dejar fuera de combate al futbolista que muchos consideraban la gran esperanza del equipo anfitrión.

¿Cómo vivió Alberto Onofre el Mundial desde el hospital?

Tras la lesión, Onofre fue trasladado de inmediato al hospital.

El sueño de disputar una Copa del Mundo en casa había terminado incluso antes de comenzar.

La escena resultaba especialmente cruel. Mientras los periódicos dedicaban portadas enteras a la fiesta mundialista y los estadios ultimaban detalles para recibir a las mejores selecciones del planeta, uno de los futbolistas más talentosos del país enfrentaba una realidad completamente distinta.

La historia guarda incluso una imagen simbólica: distintas crónicas recuerdan que, al momento de la cirugía, Onofre pidió ser operado con la camiseta verde de la Selección Mexicana puesta, un gesto que se convirtió en una muestra de su dolor, orgullo y vínculo con el equipo nacional.

México logró avanzar a los cuartos de final y firmó una de las actuaciones más destacadas de su historia mundialista. Sin embargo, muchos aficionados se preguntaron durante años qué habría ocurrido si Onofre hubiera podido formar parte de aquel equipo.

Cada victoria alimentaba inevitablemente una pregunta imposible de responder.

¿Qué papel habría desempeñado Onofre en aquel equipo? ¿Habría cambiado el rumbo de algún partido? ¿Habría alcanzado la consolidación internacional que muchos especialistas pronosticaban para él? El fútbol nunca ofreció una respuesta definitiva.

La recuperación fue larga.

“Me fui completamente para abajo, fue muy difícil para mí la recuperación, me costó mucho tiempo para recuperarme y no había los adelantos de este tiempo”, narró.

Aunque regresó a las canchas tiempo después, diversos testimonios coinciden en que nunca volvió a recuperar completamente el nivel que lo había convertido en una de las grandes promesas del fútbol mexicano.

Onofre logró volver al futbol profesional tras un largo proceso de rehabilitación, pero las secuelas físicas y emocionales de la lesión marcaron el resto de su carrera.

Finalmente se retiró en 1974, con apenas 27 años, mucho antes de lo que muchos imaginaban para un jugador que había sido considerado una de las grandes figuras emergentes del futbol mexicano.

Después de alejarse de las canchas regresó a Guadalajara y retomó el oficio de tornero, actividad que ya conocía desde joven. Durante años se mantuvo vinculado a su comunidad y al recuerdo de aquella generación que soñó con hacer historia en México 70.

Alberto Onofre falleció el 9 de enero de 2025 en Guadalajara, a los 77 años, dejando una huella imborrable en la memoria del futbol mexicano.

La ausencia que sigue doliendo más de medio siglo después

Pocas historias resumen tan bien la fragilidad del deporte como la de Alberto Onofre.

Durante años trabajó para llegar a una Copa del Mundo disputada en su propio país. Formó parte de una generación que soñaba con hacer historia frente a su afición y llegó al momento más importante de su carrera convertido en una de las grandes figuras del fútbol mexicano.

Estaba listo.

El país también.

El Mundial estaba a punto de comenzar, pero el destino tenía otros planes.

Una sola jugada en un entrenamiento fue suficiente para alterar para siempre el rumbo de su historia.

Más de cinco décadas después, su nombre sigue apareciendo cada vez que se recuerdan las grandes tragedias deportivas de México. No porque haya levantado trofeos ni porque haya protagonizado una actuación memorable en una Copa del Mundo, sino precisamente porque nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.

Quizá ahí radica la fuerza de su historia.

Mientras Pelé construía su inmortalidad en las canchas de México 70 y millones de aficionados celebraban uno de los Mundiales más recordados de todos los tiempos, Alberto Onofre observaba desde fuera el torneo que estaba destinado a jugar.

Y esa imagen sigue siendo, para muchos aficionados mexicanos, una de las escenas más dolorosas que ha dejado la historia del fútbol nacional.

Porque a veces las historias más memorables de una Copa del Mundo no pertenecen a quienes jugaron el torneo, si no a quienes estuvieron a solo cuatro días de hacerlo.

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