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Por: Circe Vargón

La tarde cae sobre la capital mexicana.

Los cafés de la Zona Rosa y la Roma están llenos de estudiantes, artistas, diplomáticos y extranjeros. A simple vista parece una ciudad cosmopolita que vive su propia normalidad.

Pero detrás de las embajadas, los edificios diplomáticos y los departamentos discretos de la colonia Condesa, se desarrolla otra historia.

Una historia de vigilancia, de dobles identidades y agentes secretos…

En aquellos años, la Ciudad de México era mucho más que la capital de un país latinoamericano. También era uno de los tableros silenciosos donde se enfrentaban Estados Unidos y la Unión Soviética.

En restaurantes, cafés, museos y recepciones diplomáticas coexistían funcionarios, informantes, periodistas, estudiantes extranjeros y agentes encubiertos que observaban cada movimiento.

Mientras la mayoría de los habitantes vivía su rutina cotidiana, una guerra invisible se desarrollaba entre expedientes clasificados, seguimientos discretos y operaciones de inteligencia.

En medio de ese escenario apareció una mujer que terminaría provocando un conflicto diplomático entre México y la Unión Soviética.

Durante la Guerra Fría, México fue un punto estratégico para las redes de inteligencia internacionales. Documentos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, consultados por El Universal en el Archivo General de la Nación, revelan que agentes del KGB operaban en México bajo cobertura diplomática durante las décadas de 1960 y 1970.

En ese mundo cerrado y vigilado vivía Raya Kiselnikova, una traductora soviética que llegó a México el 4 de julio de 1968 como parte del personal vinculado a la representación soviética.

Aunque los documentos disponibles la identifican como traductora y no como agente operativa, su historia quedó entrelazada con el universo del espionaje soviético en México.

Según los reportes consultados por El Universal, al concluir sus trámites de llegada, su pasaporte fue recogido por las autoridades soviéticas como medida de control interno para empleados de la embajada.

El 9 de febrero de 1970, Raya Kiselnikova llegó a las oficinas de la Secretaría de Gobernación para pedir asilo político. Temía ser perseguida por funcionarios de la embajada de la Unión Soviética y aseguraba que su libertad, e incluso su vida, corrían peligro.

Lo que parecía un asunto consular terminó convirtiéndose en uno de los episodios de espionaje más sorprendentes ocurridos en México durante la Guerra Fría.

En medio de la Guerra Fria, México tuvo un papel relevante/Foto: Envato

¿Por qué la Ciudad de México era clave para la KGB durante la Guerra Fría?

México no fue un actor secundario durante la Guerra Fría.

A diferencia de otros países latinoamericanos, nuestra nación mantuvo relaciones diplomáticas tanto con Estados Unidos como con la Unión Soviética, situación que convirtió al entonces Distrito Federal, en un espacio privilegiado para operaciones de observación, contacto y seguimiento internacional.

El exagente de la CIA E. Howard Hunt describió a la Ciudad de México como una especie de “Casablanca latinoamericana”, una gran ciudad llena de ideologías en conflicto, agentes de distintos países, tráfico de armas, lavado de dinero y operaciones de poder internacional.

Esa descripción ha sido retomada por Infobae al reconstruir el caso de Raya Kiselnikova a partir de documentos del Archivo General de la Nación y bibliografía sobre espionaje estadounidense en México.

La presencia soviética era especialmente relevante.

De acuerdo con investigaciones citadas por Infobae, la CIA mantuvo en la capital mexicana una de sus oficinas más importantes, mientras que los soviéticos convirtieron su embajada en México en uno de los centros de espionaje más relevantes del KGB en América Latina.

Muchos de sus agentes operaban bajo cobertura diplomática.

Oficialmente se desempeñaban como traductores, agregados culturales, funcionarios consulares o empleados comerciales. Sin embargo, diversas investigaciones posteriores sostienen que parte del personal acreditado ante la embajada soviética también desarrollaba tareas de inteligencia bajo cobertura diplomática.

Se dice que la CIA mantuvo en la capital mexicana una de sus oficinas más importantes/Foto: Pexels

¿Quién fue Raya Kiselnikova y por qué pidió asilo en México?

Raya Kiselnikova tenía 32 años cuando pidió asilo en México. Había nacido en Moscú y trabajaba como traductora asignada a la oficina comercial soviética. Según El Universal, los empleados de la embajada tenían prohibido relacionarse con personas no soviéticas.

Pero Raya desobedeció.

De acuerdo con informes de la Dirección Federal de Seguridad citados por El Universal, durante visitas a museos conoció a Francisco Lurueña, un mexicano de origen español. La relación avanzó hasta que él la invitó a pasar un fin de semana en Cuernavaca.

El 13 de diciembre de 1969 marcó un antes y un después en su vida.

Al regresar a la capital, fue reprendida en la embajada soviética e interrogada para que confesara con quién había estado.

Según los reportes, el interrogatorio habría sido encabezado por Oleg Netchiporenko, segundo secretario consular, a quien la DFS ya identificaba como agente de inteligencia encubierto bajo estatus diplomático.

La presión aumentó.

Raya estaba a punto de ser enviada de regreso a Moscú.

/Foto: Pexels
Raya Kiselnikova tenía 32 años evitó a toda costa regresar a Moscú/Foto: Pexels

La fuga de la traductora soviética

Entonces tomó una decisión que ningún funcionario soviético esperaba.

Sabía que el tiempo jugaba en su contra. Si era obligada a abordar un vuelo rumbo a Moscú, sus posibilidades de decidir su futuro desaparecerían. Por eso optó por acudir directamente ante las autoridades mexicanas antes de que la embajada pudiera concretar su regreso.

Salió de su departamento en el número 133 de la calle Montes de Oca, en la colonia Condesa, burló la vigilancia a la que estaba sometida y acudió a la Secretaría de Gobernación para pedir asilo político.

Horas después, Netchiporenko y otros funcionarios soviéticos se presentaron ante las autoridades mexicanas para denunciar lo que llamaron un “secuestro”.

Foto: Pexels
La traductora decidió escapar y tomar el rumbo de su destino en sus manos/Foto: Pexels

El caso Raya Kiselnikova y la expulsión de agentes soviéticos de México

La deserción de Raya ocurrió en el peor momento posible para la Unión Soviética.

Los servicios de inteligencia mexicanos ya seguían de cerca a funcionarios soviéticos acreditados en el país. Según El Universal, los archivos de la DFS contenían informes sobre actividades del KGB en México incluso antes de que Kiselnikova solicitara asilo.

En marzo, el gobierno mexicano tomó una decisión poco común.

El 18 de marzo de 1970, el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Emilio O. Rabasa, anunció que funcionarios soviéticos debían abandonar el país porque su presencia no era “grata o aceptable” en la República Mexicana.

El caso ya había dejado de ser un asunto personal. La solicitud de asilo terminó provocando una de las acciones más contundentes de México frente al espionaje soviético durante la Guerra Fría.

Entre el 21 y 22 de marzo de 1970, cinco agentes del KGB encubiertos como diplomáticos fueron expulsados de México, según la reconstrucción de El Universal basada en documentos del Archivo General de la Nación.

Entre ellos se encontraba Oleg Netchiporenko, una de las figuras más importantes de la inteligencia soviética en México. Distintas reconstrucciones periodísticas como la de La Vanguardia, lo presentan como responsable de tareas de contrainteligencia y seguridad dentro del personal soviético, además de alguien que tuvo vínculos con episodios históricos como el paso de Lee Harvey Oswald por la embajada soviética en México.

Para muchos historiadores, fue uno de los episodios más delicados en la relación bilateral durante la Guerra Fría.

Foto: Pexels
Un episodio que generó tensión en la epoca/Foto: Pexels

El romance que desafió a la KGB en la Ciudad de México

Medio siglo después, el caso de Raya Kiselnikova sigue pareciendo el argumento de una película.

Una mujer enviada por el aparato diplomático soviético a uno de los principales escenarios de espionaje del continente.

Un romance prohibido, la vigilancia de la KGB, una fuga por las calles de la Condesa y una crisis diplomática internacional.

Lo más fascinante del caso es que no comenzó con documentos secretos ni con una operación militar.

Comenzó con una mujer que no quería volver a la Unión Soviética y que, de acuerdo con fuentes periodísticas (Infobae) que recuperan su expediente, había encontrado en México una razón personal para quedarse.

Un romance que pudo más que el poder/Foto: Pexels

Los escenarios de una historia de espionaje en la Ciudad de México

Aunque gran parte de los documentos permanecieron durante años en archivos gubernamentales, varios de los escenarios relacionados con el caso Raya Kiselnikova aún forman parte de la vida cotidiana de la Ciudad de México.

Entre ellos destacan:

  • La colonia Condesa, donde vivía la traductora soviética.
  • La colonia Roma y la Zona Rosa, frecuentadas por diplomáticos extranjeros durante la Guerra Fría.
  • El Archivo General de la Nación, donde se conservan expedientes de la antigua Dirección Federal de Seguridad.
  • El Centro Histórico, donde se localizaban diversas oficinas gubernamentales vinculadas con el caso.

Estos barrios son conocidos por su vida cultural, gastronómica y arquitectónica, aunque también fueron escenario de algunos de los momentos de espionaje más fascinantes del siglo XX mexicano.

Hoy, quienes caminan por las calles de la Roma, la Condesa o la Zona Rosa difícilmente imaginan que esos barrios alguna vez formaron parte del mapa informal del espionaje internacional.

Pero ocurrió de verdad.

Lo que comenzó como un romance prohibido terminó convirtiéndose en un episodio diplomático que involucró a servicios de inteligencia, funcionarios soviéticos y autoridades mexicanas.

Medio siglo después, el caso de Raya Kiselnikova recuerda que incluso en los años más tensos de la Guerra Fría las decisiones personales podían desencadenar consecuencias diplomáticas inesperadas.

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