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Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)

Basta con escuchar las primeras notas de un organillo para imaginar las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, una plaza llena de familias o un parque donde el ritmo de la vida parece en calma. 

Para muchos mexicanos, ese característico sonido forma parte de la infancia; para otros, es una de las primeras imágenes que descubren al visitar el país.

Los organilleros son más que músicos callejeros. 

Detrás de ese uniforme color caqui, del pesado instrumento de madera y de las melodías que parecen venir de otra época existe una historia que comenzó hace más de un siglo y que, contra todo pronóstico, continúa viva.

Aunque hoy forman parte del paisaje urbano mexicano, pocos saben que los organillos no nacieron en nuestro país. 

Su historia comenzó al otro lado del Atlántico y terminó convirtiéndose en una de las tradiciones más entrañables de México.

Descubre el origen de los organilleros de México, cómo llegaron al país, cuál es la historia de sus emblemáticos organillos y por qué este tradicional oficio sigue siendo parte de la identidad cultural mexicana.

¿Qué es un organillero?

Un organillero es la persona encargada de tocar un organillo, es decir, un instrumento mecánico que funciona mediante un sistema de fuelles, engranes y cilindros con púas. 

Al girar una manivela, el mecanismo hace sonar melodías previamente programadas, sin necesidad de partituras o conocimientos musicales tradicionales.

Aunque el funcionamiento parece sencillo, cargar un organillo no lo es. 

¡Estos instrumentos pueden pesar hasta 50 kilogramos!, imagínate cargarlo todo el día

Pero eso no es todo, muchos organilleros recorren largas distancias durante varias horas al día para encontrar plazas, calles y parques donde compartir su música.

Con el tiempo, el sonido del organillo se convirtió en uno de los elementos más representativos del paisaje sonoro de ciudades como la Ciudad de México, Puebla, Querétaro, Guadalajara y otras localidades del país.

Descubre el origen de los organilleros de México, cómo llegaron al país, cuál es la historia de sus emblemáticos organillos y por qué este tradicional oficio sigue siendo parte de la identidad cultural mexicana.

¿Dónde nació este oficio? 

Aunque muchas personas creen que el organillo es un invento mexicano, la realidad es diferente.

Los primeros organillos portátiles aparecieron en Europa durante el siglo XIX, especialmente en Alemania y Francia. 

En esa época, el organillo era un instrumento popular utilizado en la música callejera y en las fiestas populares. 

Los organilleros viajaban de ciudad en ciudad con sus organillos, tocando canciones y melodías populares para entretener a la gente.

Sin embargo, el surgimiento de los organilleros está relacionado con el desarrollo de los órganos de iglesia y de los instrumentos mecánicos de música. 

Los organillos fueron una evolución de los órganos portátiles utilizados en los siglos anteriores. Estos instrumentos eran más pequeños y podían ser transportados con facilidad, lo que permitía a los músicos callejeros llevar su música a diferentes lugares.

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¿Cómo llegaron los organilleros a México?

La historia de los organilleros en México tiene sus raíces en la influencia española durante la época colonial. 

En el siglo XVI, los colonizadores españoles trajeron consigo la música y los instrumentos europeos, incluido el organillo. 

A finales del siglo XIX y principios del XX, el entonces presidente Porfirio Díaz impulsó un proceso de modernización inspirado en distintas ciudades europeas. 

Durante ese periodo comenzaron a llegar algunas familias de migrantes alemanes se instalaron aquí, entre ellas, los dueños de la casa de instrumentos musicales Wagner y Levien.

Velka Duncan, historiadora e investigadora, de la Universidad Nacional Autónoma de México señala que inicialmente estos instrumentos fueron utilizados para amenizar espacios públicos y establecimientos comerciales. 

Con el paso del tiempo, personas dedicadas al comercio ambulante comenzaron a recorrer las calles interpretando melodías a cambio de una cooperación voluntaria.

Poco a poco, el oficio fue encontrando un lugar dentro de la vida cotidiana de la capital y terminó convirtiéndose en una tradición profundamente arraigada.

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¿Cómo funciona? 

El organillo tradicional consiste en una caja portátil con una manivela que, al ser hueca, tiene unas puntillas de bronce que dan las notas de cada melodía.

Cada melodía está grabada en 1,200 puntillas y un cilindro puede tocar ocho piezas, es decir, tiene aproximadamente 9,600 puntillas. 

Así, al girar la manivela se reproduce un sonido melancólico y dulce.

Las cajas suelen tener un fino trabajo artesanal, ya que están chapadas y barnizadas, e incluso decoradas con flores en la parte inferior de la carátula. Además, llevas un paño en la parte superior y detalles de latón.

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¿Por qué los organilleros usan uniforme?

Uno de los aspectos que más llama la atención es su vestimenta.

El tradicional uniforme color caqui suele asociarse con el antiguo ejército porfiriano. Sin embargo, Velka comenta que no existe evidencia histórica definitiva que confirme que ese haya sido su origen exacto.

Lo que sí se sabe es que, con el paso de los años, ese uniforme se convirtió en un distintivo del gremio y terminó formando parte de la identidad visual de los organilleros.

Actualmente, verlo acompañado del pesado organillo resulta casi inseparable de la imagen tradicional de las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

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El sonido que forma parte de la memoria de los mexicanos

Cada organillo guarda en su interior un repertorio limitado de melodías grabadas en cilindros metálicos.

Entre las piezas más conocidas destacan valses, marchas, polkas y canciones populares que durante décadas acompañaron la vida cotidiana de distintas generaciones.

Quizá esa sea una de las razones por las que escuchar un organillo provoca tanta nostalgia. Su sonido no solo recuerda una época; también conecta con momentos familiares, paseos por el centro de una ciudad o visitas a plazas tradicionales.

En un mundo donde la música suele escucharse mediante plataformas digitales, el organillo mantiene viva una experiencia completamente distinta: la música interpretada directamente en el espacio público.

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Un oficio que lucha por sobrevivir

Ser organillero nunca ha sido una profesión sencilla.

Además del esfuerzo físico que implica trasladar un instrumento tan pesado, muchos enfrentan el desgaste natural de organillos con más de un siglo de antigüedad. Conseguir refacciones resulta complicado y las personas capaces de repararlos son cada vez menos.

A ello se suma la transformación de las ciudades, los cambios en los hábitos de consumo cultural y la competencia con nuevas formas de entretenimiento.

Pese a ello, diversas organizaciones de organilleros han trabajado para preservar este oficio, capacitando a nuevas generaciones interesadas en mantener viva una tradición que forma parte del patrimonio cultural de México.

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Un legado que sigue sonando

Pocas tradiciones han logrado sobrevivir tantos cambios como la de los organilleros.

Aunque el paso del tiempo ha transformado las ciudades, las formas de entretenimiento y la manera en que escuchamos música, el organillo continúa encontrando espacio entre el bullicio urbano.

Quizá ese sea su mayor mérito.

Cada vez que una persona gira la manivela de uno de estos antiguos instrumentos, no solo interpreta una melodía. También pone en marcha una historia que comenzó hace más de un siglo y que sigue emocionando a quienes la escuchan.

Un dato curiosos que debes saber es que en 1975 se formó la Unión de Organilleros la República Mexicana, y en la década de los noventa, el Gobierno de Ciudad de México impulsó un programa para preservar esta tradición en el Centro Histórico, sin embargo, es una de las profesiones que se ha visto mermada por el paso de los años.

Actualmente, solo existen tres países en Latinoamérica que continúan con esta tradición: Chile, Argentina y México, siendo nuestro país el lugar donde se tiene más arraigada esta profesión.

La próxima vez que visites el Centro Histórico de la Ciudad de México o cualquier otra ciudad donde aún permanezca esta tradición, tómate unos minutos para escucharla. Detrás de esas notas hay memoria, identidad y uno de los oficios más entrañables que todavía sobreviven en México.

Descubre el origen de los organilleros de México, cómo llegaron al país, cuál es la historia de sus emblemáticos organillos y por qué este tradicional oficio sigue siendo parte de la identidad cultural mexicana.

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