Loading_frases

Por: Circe Vargón

Antes de ser una ciudad de fachadas color pastel, calles tranquilas y atardeceres frente al Golfo, Campeche fue una presa codiciada.

Durante el siglo XVII, San Francisco de Campeche era uno de los puertos más valiosos de la Nueva España. Por sus muelles salía el palo de Campeche o palo de tinte, madera altamente cotizada en Europa para fabricar tintes usados en textiles. Esa riqueza convirtió al puerto en blanco frecuente de piratas y corsarios ingleses, franceses y holandeses.

El mar que hoy parece calmo fue, durante décadas, una amenaza.

Desde sus aguas podían aparecer velas enemigas en cualquier momento.

Y en julio de 1685, el peor miedo de los campechanos se hizo realidad.

Una flota corsaria apareció frente a la villa. Al mando venían dos nombres capaces de provocar pánico en todo el Caribe: Laurens de Graaf, conocido como Lorencillo, y Michel de Grammont, también llamado Agramont. El sitio Relatos e Historias en México identifica este episodio como el asalto de Lorencillo y Agramont a Campeche en 1685.

Foto: Wikimedia Commons
Las antiguas fortificaciones de Campeche son testimonio de los ataques piratas que azotaron las costas del Golfo de México durante la época virreinal./Foto: Wikimedia Commons

El ataque pirata que conquistó Campeche en 1685

La noche del 6 de julio de 1685, los vigías creyeron que el peligro se alejaba.

Las naves piratas parecían retirarse mar adentro y muchos defensores bajaron la guardia. Pero aquello era parte de la estrategia. De pronto, las embarcaciones corrigieron el rumbo hacia el paraje de Beque, cerca del actual barrio de San Román, y los filibusteros comenzaron a desembarcar.

Lorencillo avanzó por la franja costera.

Agramont descendió por el camino de los montes.

La villa quedó atrapada entre dos frentes.

La defensa campechana era insuficiente. Algunas reconstrucciones retomadas por diversos medios, como El Despertador,  hablan de una fuerza pirata superior a mil hombres, mientras la población local y sus defensores apenas pudieron organizar una resistencia fragmentada.

Durante los primeros combates, los campechanos intentaron contener el avance. Pero la marea de hombres armados, la sorpresa del ataque y la falta de municiones inclinaron la balanza.

El puerto cayó.

Y entonces comenzó el horror.

Saqueo, incendios y rehenes: El terror de Lorencillo

Los piratas buscaban oro, pero también buscaban castigar, intimidar y obtener rescate.

Entraron en casas, almacenes, iglesias y estancias cercanas. Saquearon bienes, tomaron prisioneros y se internaron en los alrededores para conseguir maíz, ganado y provisiones. El sitio K’ajlay señala que el saqueo afectó también barrios extramuros y poblaciones indígenas mayas, como San Román, San Francisco y Santa Lucía.

Diversas crónicas señalan que los corsarios exigieron un rescate de 80 mil pesos y 400 reses para liberar a los cautivos tomados durante el ataque.

Muchos habitantes fueron retenidos como rehenes mientras continuaban las negociaciones. Algunos consiguieron recuperar su libertad mediante rescates, mientras que otros fueron trasladados temporalmente junto con los piratas durante su retirada.

El cautiverio se convirtió en una de las experiencias más traumáticas para los sobrevivientes del saqueo, ya que muchas familias permanecieron semanas sin saber el destino de sus parientes.

El gobernador de Yucatán, Juan Bruno Téllez de Guzmán, se negó a pagarlo. Ante la negativa, los piratas incendiaron edificios y aumentaron la presión sobre los habitantes.

La ocupación no fue un episodio breve.

Algunas fuentes -ya mencionadas- hablan de más de 40 días; otras reconstrucciones señalan que el saqueo y la presencia corsaria se extendieron durante semanas hasta dejar un paisaje de ruina.

Los habitantes huyeron al monte, buscaron refugio y escondieron lo poco que pudieron.

La ciudad quedó marcada, no solamente por las pérdidas materiales, sino por el trauma de haber descubierto que el puerto más rico de la región estaba prácticamente indefenso.

¿Cómo el ataque de Lorencillo llevó a construir las murallas de Campeche?

El ataque de Lorencillo cambió la historia urbana de Campeche.

La Corona española entendió que la villa necesitaba algo más que guardias, vigías y cañones dispersos. Requería convertirse en una plaza fuerte.

De acuerdo con la Dirección de Patrimonio Mundial del INAH, ya desde 1680 el capitán general de Yucatán, Antonio de Layseca y Alvarado, había propuesto al rey Carlos II construir una muralla que rodeara la ciudad, tomando como referencia modelos defensivos del Caribe como Cartagena de Indias. Pero fue el ataque devastador de Lorencillo en 1685 el que volvió urgente la obra.

La construcción inició en 1686, apenas un año después del saqueo.

Durante años, la ciudad comenzó a cerrarse poco a poco con piedra, cal, mano de obra y miedo.

La construcción no fue rápida. El proyecto se extendió durante casi dos décadas y requirió enormes inversiones de la Corona española, así como el trabajo constante de albañiles, canteros, artesanos y trabajadores locales.

Las obras avanzaron por etapas, levantando primero sectores considerados prioritarios y después completando los baluartes y accesos.

Mientras las murallas crecían, la amenaza pirata seguía presente en el Golfo de México. Por ello, además de las fortificaciones urbanas, se reforzaron las defensas costeras y los sistemas de vigilancia marítima. El objetivo era evitar que se repitiera una tragedia como la de 1685.

Cuando el último baluarte fue concluido en 1704, Campeche se había transformado en una de las ciudades mejor defendidas de la Nueva España.

Las murallas alcanzaron una longitud aproximada de 2 mil 500 metros, con una altura promedio de 8 metros y un grosor cercano a 2 metros, según el registro del INAH sobre la Ciudad Histórica Fortificada de Campeche.

El sistema defensivo incluía cuatro accesos principales: Puerta de Mar, Puerta de Tierra, Puerta de San Román y Puerta de Guadalupe. Además, contaba con ocho baluartes o puntos de vigilancia: San Juan, San Francisco, San Pedro, Santa Rosa, San Carlos, Nuestra Señora de la Soledad, Santiago y San José.

La obra se concluyó en julio de 1704, con la terminación del último baluarte.

Para entonces, Campeche ya no era la misma. Era una ciudad amurallada que había aprendido a defenderse del mar.

Cada baluarte tenía una función.

Desde sus ángulos podían vigilarse las entradas, las calles, la costa y los alrededores de la ciudad. No eran simples adornos militares. Eran puntos estratégicos de defensa en una época en la que una vela enemiga en el horizonte podía anunciar muerte, incendio o esclavitud.

El Baluarte de la Soledad es uno de los más importantes y hoy alberga el Museo de Arquitectura Maya, con piezas procedentes de sitios arqueológicos de Campeche. La guía Casonas MX lo destaca como uno de los espacios más representativos del circuito amurallado.

El Baluarte de San Carlos, considerado uno de los más antiguos, conserva espacios vinculados con la historia defensiva de la ciudad. Otros baluartes, como Santiago, San Pedro, San Francisco y San Juan forman parte del recorrido patrimonial que permite entender cómo Campeche se pensó como una fortaleza completa.

Las puertas funcionaban como umbrales entre dos mundos. Dentro, la vida cotidiana. Fuera, el peligro.

Hoy cruzarlas es una experiencia turística. En el siglo XVII, significaba entrar o salir de una ciudad que vivía mirando el mar con desconfianza.

¿Por qué Campeche es Patrimonio Mundial de la UNESCO?

El tiempo transformó aquella arquitectura del miedo en uno de los mayores tesoros patrimoniales de México.

La Ciudad Histórica Fortificada de Campeche fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999. El Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO la describe como un ejemplo típico de ciudad portuaria colonial española, cuyo centro histórico conserva sus murallas y sistema de fortificaciones diseñados para protegerla de ataques provenientes del mar Caribe.

El INAH también destaca que Campeche conserva una traza urbana en damero y un sistema defensivo que refleja la influencia de la arquitectura militar caribeña en la Nueva España.

Aquello que nació del miedo terminó convirtiéndose en belleza.

Las murallas que alguna vez separaron a los habitantes del peligro hoy protegen la memoria de una ciudad única.

¿Qué pasó con Lorencillo después del ataque?

Lejos de ser capturado tras el saqueo de Campeche, Laurens de Graaf continuó operando durante varios años en el Caribe.

Considerado uno de los corsarios y bucaneros más exitosos de su época, participó en diversos ataques contra posesiones españolas y llegó a convertirse en una figura legendaria dentro de la llamada Edad de Oro de la Piratería.

A diferencia de muchos piratas que murieron en combate o en la horca, el destino final de Lorencillo permanece rodeado de incertidumbre.

Algunas versiones sostienen que murió hacia 1704 en la costa de Luisiana, mientras que otras fuentes ofrecen fechas y circunstancias distintas.

Lo cierto es que su nombre quedó ligado para siempre a Campeche, donde protagonizó uno de los ataques más devastadores de la historia colonial mexicana.

¿Cómo recorrer hoy la ciudad amurallada de Campeche?

Caminar por Campeche es seguir las huellas de una ciudad que convirtió su tragedia en identidad.

Puedes iniciar en la Puerta de Tierra, uno de los accesos más emblemáticos del recinto amurallado. Desde ahí, el visitante puede imaginar cómo era entrar a una ciudad cerrada por piedra, vigilada por cañones y marcada por el recuerdo de los ataques corsarios.

Después vale la pena recorrer los baluartes. El de Nuestra Señora de la Soledad permite acercarse a la historia maya y colonial de la región; el de San Carlos conserva la memoria defensiva de la ciudad; y otros espacios del sistema amurallado permiten observar cómo el casco antiguo dialoga con el Golfo, el malecón y las calles de colores.

También puedes visitar museos vinculados con la historia militar y marítima de Campeche, caminar por la Calle 59, recorrer las plazas, mirar el atardecer desde el malecón y cerrar el día frente a las murallas iluminadas. Casonas MX destaca que caminar el perímetro del recinto amurallado permite leer la ciudad baluarte por baluarte, puerta por puerta.

Y si quieres sentir la leyenda de forma más viva, la figura de Lorencillo sigue presente en la cultura popular campechana. Su nombre ha sido utilizado en atracciones turísticas, recorridos narrados y hasta como inspiración para la mascota del equipo de béisbol Piratas de Campeche.

El legado de Lorencillo en Campeche

Lorencillo llegó para destruir, pero, sin quererlo, ayudó a definir el rostro de Campeche.

Su ataque dejó casas quemadas, familias desplazadas, rehenes, miedo y ruina. Pero también obligó a construir las murallas que hoy hacen de San Francisco de Campeche una de las ciudades históricas más fascinantes de México.

Por eso, cuando camines sobre sus piedras, recuerda que no estás recorriendo un decorado colonial.

Estás caminando sobre la respuesta al miedo, la violencia del Caribe y contra los piratas que llegaron atraídos por la riqueza del palo de tinte y dejaron una cicatriz que aún permanece en la memoria de la ciudad.

Campeche no olvidó aquel ataque y lo convirtió en arquitectura. En una ciudad amurallada que aún mira al Golfo como quien recuerda una amenaza antigua, pero ya no le teme.

¿Te gustaría caminar sobre las murallas que alguna vez intentaron detener a los piratas? Campeche te espera con sus baluartes, sus puertas históricas, sus leyendas del Golfo y una historia que se escucha mejor al atardecer, cuando el mar vuelve a ponerse dorado frente a la ciudad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SIGUE LEYENDO