Por: Circe Vargón
Antes de la llegada masiva del cine de horror digital, las abuelas mexicanas utilizaban un folclore de personajes míticos para inculcar obediencia y prudencia en la infancia. ¿Cuántas de estas historias te contaron?
Durante generaciones, las noches mexicanas estuvieron acompañadas por historias contadas al pie de la cama, durante una reunión familiar o mientras la luz de una lámpara apenas iluminaba la habitación.
Bastaba que un niño se negara a dormir, quisiera salir solo a la calle o ignorara las recomendaciones de sus mayores para que apareciera el nombre de algún personaje legendario dispuesto a corregir su conducta.
Lejos de ser simples historias para asustar, estos relatos formaban parte de una tradición cultural profundamente arraigada.
En una época donde la educación y la convivencia familiar dependían en gran medida de la transmisión oral, figuras como el Coco, la Llorona o el Ropavejero funcionaban como herramientas narrativas que ayudaban a explicar peligros reales a través de personajes extraordinarios.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha documentado, por ejemplo, cómo la figura del robachicos, relacionada con el viejo del costal, fue utilizada durante generaciones por padres y abuelos para provocar temor en los niños y conseguir que obedecieran.
Hoy, estas leyendas siguen despertando nostalgia porque forman parte de la memoria compartida de millones de mexicanos.

En México Travel Channel valoramos las historias y tradiciones populares que han acompañado a distintas generaciones y que forman parte del patrimonio cultural de nuestra vida cotidiana.
El Ropavejero, el hombre del costal que recorría las calles
Pocas figuras provocaban tanto temor entre los niños como el Ropavejero.
Las historias familiares podían describirlo como un hombre que recorría las calles con un enorme costal al hombro, dispuesto a llevarse a los pequeños que desobedecían a sus padres o se alejaban demasiado de casa.
En México, esta figura terminó vinculándose con otros personajes de advertencia infantil, como el robachicos o el viejo del costal.
La UNAM señala que el miedo al robachicos fue utilizado durante generaciones para que los niños obedecieran a sus padres y evitaran permanecer en la calle, mientras que la cultura popular terminó incorporando estas imágenes a canciones, grabados y películas.
Con el tiempo, la imaginación popular transformó aquella figura cotidiana en un personaje misterioso que pasó a formar parte del repertorio de advertencias familiares.
Su popularidad fue tal que Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, lo llevó a la música con El Ropavejero.
En la canción, el personaje aparece como un vendedor ambulante que recorre las calles con su costal y amenaza, dentro del juego infantil, con llevarse a los niños malcriados.
La propia UNAM incluye El Ropavejero entre las obras más representativas de Cri-Cri y documenta su permanencia en la memoria colectiva.
Así, el personaje pasó de las advertencias familiares a convertirse también en una figura de la cultura popular mexicana.
El Coco, el habitante de los rincones oscuros
Si existió un personaje verdaderamente universal dentro de los hogares mexicanos, ese fue el Coco, conocido también en algunas regiones como el Cucuy.
A diferencia de otras leyendas, el Coco no tenía una apariencia definida. Precisamente esa ausencia de forma concreta lo hacía más inquietante.
Podía esconderse debajo de la cama, dentro de un armario o en cualquier rincón oscuro de la casa.
Su función era clara, convencer a los niños de dormir temprano y permanecer seguros dentro del hogar.
La figura tiene raíces en antiguas tradiciones de la península ibérica y llegó a América durante la época virreinal, (aproximadamente entre 1521 y 1821 en el territorio de la Nueva España) donde se mezcló con narraciones locales hasta convertirse en uno de los personajes más persistentes del imaginario infantil mexicano.
La frase:
“Duérmete porque viene el Coco”
ha acompañado a generaciones enteras y sigue siendo reconocida en numerosos hogares del mundo hispano.
La Llorona, el lamento que helaba la sangre
Si existía una historia capaz de provocar escalofríos incluso a los adultos, era la de La Llorona.
Su famoso grito de:
“¡Ay, mis hijos!”
forma parte de una de las leyendas más conocidas de México.
En muchas familias, la historia era utilizada para advertir a los niños sobre los peligros de salir solos durante la noche o acercarse a ríos, canales y cuerpos de agua.
Aunque existen numerosas versiones, investigadores del folclore mexicano de la UNAM han señalado que algunas de sus raíces pueden encontrarse en antiguas tradiciones mesoamericanas asociadas con figuras femeninas sobrenaturales como Cihuacóatl, mientras que otras versiones incorporan elementos desarrollados durante la época colonial.
Esa mezcla de influencias explica por qué la leyenda continúa vigente siglos después.
El Cadejo y el Sombrerón, los guardianes de la noche
En diversas regiones del sur de México y Centroamérica también era frecuente escuchar historias sobre el Cadejo.
La tradición describe dos versiones de esta criatura:
- El Cadejo blanco, protector de viajeros y caminantes nocturnos.
- El Cadejo negro, asociado con el peligro y las malas decisiones.
Su apariencia suele representarse como la de un gran perro de ojos brillantes que aparece en caminos solitarios durante la noche.
En muchas comunidades rurales, estas historias ayudaban a transmitir precauciones relacionadas con los riesgos de caminar solo después del anochecer.
El Sombrerón, el visitante de las madrugadas
Otra figura frecuente dentro de la tradición oral es El Sombrerón.
Se le describe como un personaje de pequeña estatura que porta un enorme sombrero y aparece durante la noche para inquietar a quienes permanecen despiertos hasta altas horas.
La leyenda presenta numerosas variantes según la región, pero generalmente mantiene la idea de una presencia misteriosa vinculada con la oscuridad y los caminos poco transitados.
Su historia forma parte de un conjunto de relatos compartidos por distintos países de América Latina y que, con el tiempo, encontraron también un espacio dentro del imaginario popular mexicano.
Cuando el miedo era una forma de enseñanza
Más allá de los detalles sobrenaturales, estos personajes cumplían una función importante dentro de la vida familiar.
El Coco enseñaba a dormir temprano.
La Llorona advertía sobre los peligros de alejarse de casa.
El Cadejo invitaba a ser prudente durante la noche.
El Ropavejero recordaba la importancia de obedecer a los mayores.
A través de estas historias, las comunidades transmitían reglas de convivencia, consejos de seguridad y enseñanzas cotidianas utilizando un lenguaje accesible para los niños.
Con el paso del tiempo, muchas de estas figuras trascendieron la tradición oral para integrarse a la música, la literatura, el cine, la televisión y las plataformas digitales.
Personajes como La Llorona o el Coco continúan apareciendo en películas, series y producciones contemporáneas, mientras que canciones como El Ropavejero siguen formando parte de la memoria afectiva de millones de personas.
Aunque los métodos para entretener y educar a los niños han cambiado con el tiempo, estas historias conservan un lugar especial dentro de la cultura mexicana porque evocan una época en la que las noches estaban llenas de relatos contados por padres, abuelos y vecinos.
Y quizá por eso siguen siendo tan entrañables: porque detrás de cada susto siempre terminaba apareciendo la misma escena… una cobija, una lámpara apagada y la voz de alguien asegurando que todo estaba bien.
¿Qué personaje temías más cuando eras pequeño?
Visita nuestro sitio web México Travel Channel y síguenos en nuestras redes sociales para descubrir más historias, leyendas y tradiciones que forman parte de la memoria colectiva de México.





