Por: Circe Vargón
De la península de Yucatán al subsuelo maya, conoce el origen geológico de estas maravillas naturales y su papel vital en el ecosistema.
Bajo la superficie de la Península de Yucatán existe una red de ríos invisibles que durante millones de años ha modelado cavernas, túneles y depósitos naturales de agua dulce.
En algunos puntos, el techo de esas cavernas colapsó y dejó al descubierto espejos de agua cristalina que hoy conocemos como cenotes.
Estas formaciones no solo son algunas de las maravillas naturales más impresionantes de México; también constituyen una parte esencial del sistema hídrico de toda la región.
El Gobierno de Yucatán explica que los cenotes son cuerpos de agua subterránea expuestos que forman parte de una red de cavidades y conductos interconectados.
Su belleza suele acaparar la atención de viajeros y fotógrafos, pero detrás de sus aguas transparentes existe una historia geológica que comenzó hace millones de años.
Comprender cómo se forman los cenotes también permite entender por qué son tan importantes para el abastecimiento de agua, la biodiversidad y el patrimonio cultural de México.

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El origen geológico: una esponja de piedra caliza
El suelo de la Península de Yucatán está compuesto casi en su totalidad por roca caliza, un tipo de roca sedimentaria porosa y blanda.
A diferencia de otras regiones de México, aquí existen muy pocos ríos superficiales. En lugar de correr por la superficie, el agua se filtra lentamente entre las capas de piedra y comienza un proceso de erosión natural.
El Gobierno de Yucatán documenta la presencia de una red de cavidades, fracturas, conductos y cavernas que permite el almacenamiento y el movimiento del agua subterránea.
Con el paso del tiempo, el agua de lluvia, ligeramente ácida, comienza a disolver la roca caliza, creando cavernas subterráneas que pueden estar parcial o totalmente inundadas.
Cuando una de esas cavernas colapsa debido a la erosión, el techo se derrumba y deja al descubierto el agua cristalina de los ríos subterráneos.
Así se forman los cenotes, tal como lo explica la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), que señala que la naturaleza kárstica de la península favorece la infiltración del agua hacia el subsuelo, donde se desarrollan sistemas de cavernas y acuíferos que constituyen la principal reserva de agua dulce de la región.
Este proceso ocurre a lo largo de extensos periodos geológicos. Por su morfología, los cenotes pueden describirse como cerrados o de caverna, semiabiertos y abiertos, aunque su clasificación puede variar según los criterios utilizados para estudiarlos.

La importancia vital, el agua dulce de una región sin ríos
Más allá de su enorme valor paisajístico y turístico, los cenotes son fundamentales para el equilibrio ecológico de la península.
En el estado de Yucatán no existen grandes ríos superficiales como los de otras regiones del país. Por las características del terreno, el agua circula principalmente bajo tierra. Los cenotes son puntos en los que ese sistema subterráneo queda expuesto, pero no son los únicos espacios de infiltración ni actúan todos como filtros naturales.
El agua de lluvia se filtra en el subsuelo y contribuye a recargar el acuífero. Esta red subterránea constituye una fuente fundamental de abastecimiento para la población y sostiene numerosos ecosistemas de la península.
La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) explica que el agua subterránea es la fuente de abastecimiento para distintas actividades en Yucatán y advierte sobre su vulnerabilidad ante contaminantes que llegan por filtración.

El Anillo de Cenotes, una reserva creada para proteger el agua
El Anillo de Cenotes es una zona importante para la conservación del agua subterránea.
La Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán (SDS) documenta que la Reserva Estatal Geohidrológica Anillo de Cenotes fue decretada como área natural protegida el 19 de octubre de 2013 y abarca 219 mil 207.83 hectáreas distribuidas en varios municipios de Yucatán.
La reserva coincide con una formación geológica relacionada con el impacto del meteorito que originó el cráter de Chicxulub hace aproximadamente 66 millones de años.
Por eso, la protección de estos ecosistemas es crucial. Debido a la permeabilidad del terreno y a la conexión entre las cavidades subterráneas, los contaminantes pueden infiltrarse y desplazarse por el acuífero.
La CONAGUA identifica entre las fuentes de contaminación las aguas residuales, los residuos sólidos y el uso de agroquímicos. Cuidar el agua subterránea es indispensable para mantener su calidad y proteger a las comunidades que dependen de ella.

Los cenotes en la cosmovisión maya
Para los antiguos mayas, los cenotes eran mucho más que fuentes de agua.
Eran lugares sagrados vinculados con la creación, la fertilidad y la comunicación con el mundo espiritual.
En cuevas y cenotes de la península se han encontrado ofrendas arqueológicas prehispánicas, cerámica y restos humanos y animales.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explica que, en la cultura maya, las cuevas y los cenotes inundados o semiinundados se asociaron con el inframundo y con el camino de las almas hacia Xibalbá.
Un ejemplo documentado por el INAH es el cenote Balamkú, en el sistema de Chichén Itzá, donde se identificaron al menos siete ofrendas con 200 incensarios, muchos representando a Tláloc, depositados durante una época de sequía para atraer lluvias.
Algunos cenotes destacados que puedes visitar en Yucatán
La península alberga miles de cenotes, cada uno con características distintas. Algunos de los más conocidos son:
- Cenote Ik Kil (Tinum, Yucatán): ubicado cerca de Chichén Itzá, es uno de los cenotes más fotografiados del país gracias a sus paredes cubiertas de vegetación y lianas.
- Cenote Suytun (Valladolid, Yucatán): famoso por su plataforma circular de piedra y los efectos de luz que se producen cuando los rayos solares penetran en la cavidad.
- Cenote X’Canché (Ek Balam, Yucatán): rodeado de selva, combina naturaleza y arqueología, ya que se encuentra cerca de la zona arqueológica de Ek Balam.
- Cenote Zací (Valladolid, Yucatán): uno de los pocos cenotes semiabiertos localizados dentro de una ciudad, lo que lo convierte en una parada accesible para los viajeros.
- Cenote Yokdzonot (Yokdzonot, Yucatán): administrado por una cooperativa comunitaria, es un ejemplo de turismo sustentable vinculado con la conservación del entorno.
- Cenote San Lorenzo Oxman (Valladolid, Yucatán): conocido por sus raíces colgantes y por encontrarse dentro de una antigua hacienda.
- Cenote Azul (Puerto Aventuras, Quintana Roo): uno de los cenotes abiertos más populares de la Riviera Maya, ideal para nadar y observar la claridad del agua.

Foto: Archivo
Un ecosistema tan bello como frágil
Los cenotes son el latido invisible de la selva y el tesoro hídrico que da sustento a toda la región.
Visitar un cenote es asomarse a un ecosistema frágil y extraordinario que merece nuestro respeto y cuidado ya que muchas de ellas existen exclusivamente en esta región del mundo.
Sin embargo, también enfrentan amenazas importantes:
- Contaminación del acuífero.
- Crecimiento urbano desordenado.
- Uso excesivo de productos químicos.
- Turismo sin medidas de conservación.
Por ello, la protección de estos sistemas requiere un manejo adecuado de las aguas residuales, los residuos sólidos y las actividades que se desarrollan en sus alrededores.
Proteger los cenotes significa conservar tanto los cuerpos de agua visibles como el sistema subterráneo que los conecta y del que depende buena parte del abastecimiento de agua de la región.
¿Cuál ha sido el cenote más impresionante que has visitado en México?
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