Sigue las antiguas vías Decauville que transportaron pencas y fibras de henequén entre plantaciones, haciendas, estaciones y puertos, y descubre dónde abordar actualmente los tradicionales trucks de Yucatán.
Primero avanzaba la mula y detrás, las ruedas metálicas producían un sonido repetitivo sobre dos estrechos rieles de acero.
La plataforma iba cargada de pencas recién cortadas. Su destino era la casa de máquinas, donde serían raspadas para extraer la fibra que terminaría viajando hacia estaciones ferroviarias, puertos y mercados internacionales.
Esta escena se repitió miles de veces en las haciendas de Yucatán durante el gran auge del henequén (Agave fourcroydes), la planta que terminó siendo conocida como el “Oro Verde”.
Entre 1901 y 1916, Yucatán llegó a ocupar el primer lugar mundial en la producción de fibras duras naturales. La riqueza generada por su cultivo, procesamiento y exportación modificó profundamente la economía de la península y creó la necesidad de transportar enormes cantidades de materia prima con rapidez.
La solución llegó desde Francia, era un ferrocarril pequeño, barato y extraordinariamente adaptable: el sistema Decauville.
La historiadora Juana María Rangel Vargas documenta en una investigación publicada por Mirada Ferroviaria, revista de la Secretaría de Cultura, que la red peninsular superó los dos mil kilómetros. Aquellos rieles comunicaron plantaciones, haciendas, colonias, pueblos, estaciones, ciudades y puertos.

En México Travel Channel nos apasiona viajar siguiendo las huellas que dejaron las grandes transformaciones de nuestro país. Hoy recorremos los antiguos rieles del henequén para descubrir cómo un pequeño tren agrícola ayudó a mover la riqueza de Yucatán y cómo algunas de aquellas vías todavía conducen hacia haciendas y cenotes.
¿Qué eran los ferrocarriles Decauville?
El principio era ingenioso. Los ferrocarriles portátiles Decauville, de tecnología francesa, utilizaban tramos prefabricados de vía que podían instalarse con relativa rapidez y adaptarse a las necesidades de una explotación agrícola.
El ferrocarril portátil Decauville fue diseñado en 1875 por el ingeniero francés Paul Decauville. Su innovación consistía en secciones prefabricadas donde los rieles quedaban unidos a durmientes metálicos, las piezas transversales que mantienen separados y sujetos los dos rieles, formando módulos que podían colocarse rápidamente sobre terrenos previamente nivelados.
En México comenzaron a incorporarse intensamente a las actividades agroindustriales alrededor de la década de 1880. Su bajo costo, facilidad de instalación y capacidad para movilizar carga los volvieron especialmente atractivos para las grandes haciendas.
Yucatán adoptó aquella tecnología a una escala extraordinaria. Los más de 2,000 kilómetros documentados no correspondían a una sola línea que atravesara la península, sino a la suma de centenares de ramales privados levantados por haciendas, empresas agrícolas y otras explotaciones.
Algunos comunicaban los henequenales con las casas de máquinas; otros enlazaban las haciendas con pueblos, estaciones del ferrocarril de vía ancha, ciudades y puertos.
De esta manera, los pequeños trenes Decauville funcionaban como los capilares de una red de transporte mucho mayor: recogían la producción en el campo y la acercaban a las rutas ferroviarias y marítimas que podían llevarla fuera de Yucatán.
Las pequeñas plataformas que circulaban sobre aquellos rieles terminaron siendo conocidas regionalmente como trucks, adaptación del término inglés truck, utilizado para referirse a carros o plataformas de transporte.
En Yucatán, la palabra adquirió un significado muy concreto: una plataforma montada sobre ruedas metálicas que circulaba por las estrechas vías de las haciendas.
Eran plataformas de madera colocadas sobre chasises de cuatro ruedas metálicas, eran tiradas inicialmente por mulas (de 4 a 5 animales para los trenes cargados) y posteriormente por pequeñas locomotoras de vapor.
Cada plataforma básica tenía 1.25 metros de largo por 80 centímetros de ancho, con capacidad para 2,000 kilogramos.

De una penca a los mercados internacionales
Las líneas Decauville no formaban un único ferrocarril que atravesara toda la península.
Eran redes privadas y locales dedicadas principalmente a mover productos dentro de las haciendas o llevarlos hacia estaciones conectadas con los ferrocarriles regionales.
El viaje de una fibra comenzaba en el campo:
- Los trabajadores cortaban las pencas.
- Los trucks las llevaban a la casa de máquinas.
- La desfibradora separaba la fibra de la pulpa.
- La fibra se lavaba, secaba y prensaba.
- Las pacas eran trasladadas hacia estaciones y puertos.
- Finalmente, salían al mercado nacional o internacional.
El henequén impulsó la construcción de vías, caminos e infraestructura portuaria. El sistema permitió enlazar las zonas productoras con Mérida y con los puertos de exportación.
Antes del desarrollo de Progreso, las primeras exportaciones de henequén salieron por Sisal. El producto adquirió internacionalmente el nombre comercial del puerto. Cuando Progreso se consolidó como puerto de altura, concentró gran parte del movimiento comercial asociado con la fibra.
Corte de pencas de henequén, marzo de 1982, #Yucatán
— Fototeca Nacional (@FototecaINAH) May 5, 2021
Autoría de #NachoLópez, inv. 401232 #INAH @INAHmx pic.twitter.com/kPhWFCEJIu
Las haciendas: fábricas rodeadas de henequenales
La infraestructura conectaba las imponentes casas principales de las haciendas con los campos de cultivo y los cenotes subterráneos que abastecían de agua a las plantas agroindustriales.
De esta forma funcionaban como complejos agroindustriales que podían incluir campos de cultivo, casa principal, viviendas, capilla, talleres, bodegas, tendederos, prensas, desfibradoras y vías ferroviarias.
La riqueza generada por el henequén tuvo también un costo social. En numerosas haciendas, los trabajadores estuvieron sujetos a salarios bajos, deudas con la propia finca, tiendas de raya y mecanismos laborales que dificultaban abandonar la propiedad.
Esa realidad contrastaba con la prosperidad de los grandes propietarios, algunas de cuyas residencias y haciendas todavía muestran la enorme riqueza acumulada durante el auge henequenero.
Por eso los antiguos rieles cuentan dos historias al mismo tiempo: una de innovación tecnológica y comercio mundial, y otra sobre las personas cuyo trabajo sostuvo aquella prosperidad.
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El henequén antes y después del “Oro Verde”
La investigación de Patricia Colunga-García Marín, del Centro de Investigación Científica de Yucatán, documenta que el henequén ya había sido domesticado y utilizado por las poblaciones mayas antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI, a partir de poblaciones de Agave angustifolia.
Su cultivo masivo para la industria cordelera provocó una reducción de la diversidad genética preservada anteriormente. El estudio documentó tres variedades cultivadas: Sak ki, Yaax ki y Kitam ki. Las dos últimas se encontraban en poblaciones muy pequeñas y Kitam ki estaba próxima a desaparecer en Yucatán.
La gran transformación llegó durante la segunda mitad del siglo XIX.
La demanda internacional de fibras para sogas, cordeles y textiles convirtió enormes extensiones del territorio yucateco en plantaciones especializadas. Entre aproximadamente 1870 y 1910, Yucatán tuvo un papel dominante como proveedor de esta fibra.
La búsqueda de productividad transformó así no solamente la economía, sino la diversidad biológica de la planta. El agave antiguo se convirtió entonces en industria moderna y necesitó rieles para moverse.

¿Existe actualmente una Ruta del Tren del Henequén?
En la actualidad, la Ruta del Tren del Henequén se ha reconvertido en un atractivo de turismo histórico y comunitario.
Es decir, no existe un tren turístico continuo que conecte Mérida, Progreso, las haciendas y los cenotes.
La ruta debe construirse mediante distintas paradas donde se conservan rieles, maquinaria, edificios y experiencias relacionadas con los antiguos trucks.
1. Sotuta de Peón: abordar nuevamente un truck
La Hacienda Sotuta de Peón, en el municipio de Tecoh, comenzó a operar en 1858. Tras permanecer activa alrededor de un siglo y pasar tres décadas cerrada, fue restaurada como una “hacienda viva”.
El recorrido muestra la casa principal, la desfibradora, la prensa, la elaboración de cuerdas y los plantíos. También incluye un paseo en una plataforma de madera arrastrada por una mula y una visita al cenote Dzul Ha.
Esta parada permite comprender para qué servían los rieles y cómo las pencas se convertían en fibra.
2. Yaxcopoil: conocer la escala de una hacienda
La Hacienda Yaxcopoil fue fundada en el siglo XVII. Su nombre significa “lugar de los álamos verdes” y, durante su mayor extensión, ocupó más de 11 mil hectáreas.
Actualmente funciona como museo privado y conserva mobiliario, documentos, jardines, casa principal, capilla y maquinaria henequenera.
La visita permite entender cómo una estancia ganadera se transformó en una gran unidad agroindustrial. No cuenta con cenote abierto al público ni servicio de alimentos.
3. Mucuyché: historia henequenera entre dos cenotes
La Hacienda Mucuyché, en Abalá, conserva parte de su arquitectura productiva y ofrece acceso a dos formaciones naturales: el cenote Carlota, de tipo semiabierto, y el cenote Azul Maya, ubicado dentro de una caverna. Ambos se comunican por un canal.
El nombre del primero recuerda la visita de la emperatriz Carlota de México a Yucatán en 1865. El recorrido actual combina el casco histórico, un trayecto en truck y la visita a los cenotes.
4. Cuzamá: los rieles que encontraron una segunda vida
En Cuzamá, antiguos terrenos vinculados con la explotación henequenera conservan vías angostas que actualmente se utilizan para llegar a cenotes.
Los trucks fueron adaptados con asientos y continúan desplazándose mediante tracción animal. En lugar de transportar pencas hacia las desfibradoras, hoy llevan visitantes a través del monte.
La zona cuenta con diferentes paradores y circuitos, por lo que el número de cenotes, punto de salida, duración y condiciones del recorrido dependen del operador elegido. Es indispensable confirmar previamente el itinerario y verificar que el prestador mantenga buenas prácticas de seguridad, conservación y cuidado de los animales.

¿Por qué terminó la época del “Oro Verde”?
El dominio económico del henequén no desapareció de un día para otro.
Su gran auge exportador comenzó durante la segunda mitad del siglo XIX y alcanzó uno de sus momentos más importantes entre finales de ese siglo y las primeras décadas del XX.
La mecanización agrícola internacional había creado una enorme demanda de cordeles resistentes, y Yucatán encontró en el henequén uno de sus productos más rentables.
Con el paso del siglo XX, sin embargo, el mercado comenzó a cambiar. Otros territorios productores aumentaron la competencia y, sobre todo, la aparición y expansión de fibras sintéticas ofreció materiales sustitutos más baratos para fabricar sogas, cordeles y otros productos industriales. La demanda internacional del henequén disminuyó progresivamente
El cultivo no desapareció, pero dejó de ocupar la posición dominante que había tenido en la economía regional. Muchas haciendas redujeron operaciones, cerraron o fueron transformadas para otros usos.
Y con ellas dejaron de ser necesarios miles de kilómetros de pequeños ferrocarriles.
La fibra perdió su imperio y los rieles comenzaron a quedarse sin carga.
La tradición artesanal que se hereda generación tras generación en la cultura maya es un valor familiar sagrado. En Valladolid, se enseña de padres a hijos la labor para tejer hamacas, huipiles, sombreros, tallar madera o trenzar henequén.#Yucatán #TianguisPueblosMágicos pic.twitter.com/PVvHwk0GA8
— SECTUR México (@SECTUR_mx) August 20, 2019
El pequeño tren que movió una enorme industria
Hoy resulta difícil imaginar Yucatán cubierto por miles de kilómetros de pequeños rieles, hace más de cien años, esos mismo llevaban pencas hacia las desfibradoras y fibras hacia los mercados internacionales.
Pero todavía quedan pistas y actualmente algunos transportan turistas.
En Sotuta de Peón el paseo en truck forma parte de los recorridos henequeneros de la hacienda y no se comercializa necesariamente como un boleto independiente. Los precios cambian según modalidad, alimentos y transporte, por lo que conviene consultar directamente la tarifa vigente antes de reservar, puedes verificar aquí.
También está Cuzamá que cuenta con diferentes precios dependiendo del parador, circuito y servicios incluidos. El recorrido tradicional en truck continúa operando hacia distintos cenotes, pero conviene confirmar directamente la tarifa con el prestador elegido, ya que los paquetes turísticos con transporte desde Mérida tienen costos muy diferentes a la contratación local, infórmate en al gunas des estas opciones: Tours Yucatán y Cenote Cuzamá.
Escuchar el golpeteo de las ruedas sobre las vías permite imaginar por unos minutos aquella época en que buena parte de la economía de Yucatán avanzaba sobre dos estrechas líneas de acero.
El “Oro Verde” dejó de dominar la península; sin embargo, sus pequeños trenes, todavía tienen historias que contar.
Esta red ferroviaria histórica es un testimonio de la transformación social, económica y arquitectónica que definió la identidad del estado de Yucatán.
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