Por: Circe Vargón
Las calaveritas literarias son un pilar del ingenio mexicano durante el Día de Muertos; conoce cuándo surgieron, quiénes fueron sus pioneros y cómo se convirtieron en patrimonio popular.
Cada noviembre, la Muerte sale de paseo por México. Visita políticos, artistas, deportistas, profesores, estudiantes y celebridades.
A veces aparece en una cantina, otras en un salón de clases o en un despacho gubernamental.
Siempre llega en verso.
Así funcionan las calaveritas literarias, una de las tradiciones más ingeniosas del Día de Muertos y una costumbre cuya historia comenzó mucho antes de que existieran los concursos escolares o las redes sociales.
Las calaveritas literarias han logrado algo extraordinario: transformar uno de los temas más universales de la humanidad en motivo de creatividad, reflexión y sátira.
Aunque hoy forman parte de concursos escolares, periódicos, instituciones culturales y redes sociales, su origen está ligado a la prensa, la crítica pública y una larga tradición literaria que comenzó mucho antes del México independiente.

En México Travel Channel nos fascinan las tradiciones que revelan la creatividad de nuestro país. La próxima vez que leas una calaverita, recuerda que detrás de esos versos divertidos existe una historia de más de dos siglos de literatura, crítica social y cultura popular mexicana.
El antecedente novohispano: cuando la muerte comenzó a hablar
La respuesta corta es que no existe un autor identificado como creador de la primera calaverita literaria moderna.
Sin embargo, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ubican sus antecedentes en la literatura novohispana y sitúan su desarrollo dentro de la prensa mexicana del siglo XIX, donde comenzaron a publicarse versos satíricos relacionados con la muerte.
Pero, para comprender el origen de las calaveritas literarias es necesario retroceder hasta finales del siglo XVIII.
En 1792, el franciscano Fray Joaquín Bolaños publicó la obra “La portentosa vida de la muerte”, considerada uno de los antecedentes más importantes de la tradición. En este texto, la muerte aparece personificada y participa activamente en la narración, combinando elementos religiosos, satíricos y populares.
La importancia de este texto radica en que presenta una idea que posteriormente sería fundamental para las calaveritas: la posibilidad de dialogar con la muerte, representarla como un personaje cercano y utilizarla como recurso para reflexionar sobre la sociedad y las conductas humanas.
Mucho antes de que existieran las calaveritas modernas, la muerte ya comenzaba a ocupar un lugar destacado dentro de la literatura popular novohispana.
El nacimiento de las calaveritas en la prensa mexicana
Las investigaciones difundidas por la Dirección General de Divulgación de las Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sitúan el surgimiento de las calaveritas literarias en la prensa mexicana del siglo XIX.
Durante ese periodo, escritores y periodistas comenzaron a publicar versos satíricos que simulaban epitafios, testamentos o noticias sobre la supuesta muerte de personajes públicos. Estas composiciones permitían criticar costumbres sociales, cuestionar abusos de poder y comentar acontecimientos políticos mediante el humor.
De acuerdo con Cultura Histórica algunas de estas primeras manifestaciones aparecieron en periódicos como El Socialista, editado en Guadalajara por el médico y periodista italiano José Indelicato, donde la sátira relacionada con la muerte comenzó a adquirir popularidad entre los lectores.
Más que simples textos festivos, aquellas primeras calaveritas funcionaban como una forma de crítica social. Su tono irreverente permitía decir cosas que en otros contextos podían resultar incómodas o incluso peligrosas.
Precisamente esa mezcla de humor, ingenio y comentario político explica por qué lograron sobrevivir y expandirse con tanta fuerza.
#NuestrasTradiciones💀📝🕯️🌺
— SEP México (@SEP_mx) November 2, 2022
La calaveritas literarias son una costumbre propia del #DíaDeMuertos; versos rítmicos que enfatizan la muerte desde la sátira, la ironía y la picardía.
¿Alguna vez te has preguntado cómo surgieron?
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Los “panteones literarios”: los antecesores de las calaveritas modernas
Antes de recibir el nombre con el que hoy las conocemos, muchas de estas composiciones eran llamadas “panteones literarios”.
Se imprimían en hojas de colores llamativos y circulaban entre la población durante las festividades de noviembre. Su contenido mezclaba humor, crítica política, referencias locales y comentarios sobre personajes públicos.
La popularidad de estas publicaciones fue tan grande que ayudó a consolidar una tradición que continúa vigente más de siglo y medio después.
En algunos periodos históricos, publicar textos satíricos contra autoridades o personajes influyentes podía generar problemas para autores, impresores y periodistas. Precisamente por ello, las calaveritas adquirieron fama como una forma ingeniosa y valiente de expresión popular.
¿Qué relación tienen José Guadalupe Posada y las calaveritas literarias?
Si bien José Guadalupe Posada no fue el creador de las calaveritas literarias, sí fue la figura que ayudó a convertirlas en un fenómeno cultural de alcance nacional.
Nacido en Aguascalientes en 1852, Posada revolucionó la cultura visual mexicana mediante miles de grabados publicados entre finales del siglo XIX y principios del XX. Muchas de esas ilustraciones acompañaban hojas volantes y publicaciones populares donde aparecían versos satíricos relacionados con la muerte.
Trabajando para la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, Posada creó esqueletos vestidos como políticos, aristócratas, músicos, vendedores ambulantes y personajes cotidianos. Con ello convirtió a la muerte en una figura cercana, crítica y profundamente mexicana.
Gracias a sus imágenes, las calaveritas dejaron de existir únicamente como versos impresos y adquirieron una identidad visual que sigue vigente más de un siglo después.
Actualmente, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reconoce la importancia de Posada como uno de los artistas fundamentales en la construcción del imaginario visual asociado al Día de Muertos.

La Catrina y el nacimiento de un ícono nacional
Entre las creaciones más célebres de Posada destaca la Calavera Garbancera, personaje que más tarde sería conocido mundialmente como La Catrina.
Originalmente, Posada la concibió como una crítica a ciertos sectores sociales que renegaban de sus raíces indígenas para adoptar costumbres europeas. La figura aparecía representada como un elegante esqueleto con sombrero afrancesado, símbolo de la aspiración social de la época.
La transformación definitiva ocurrió en 1947, cuando Diego Rivera la incorporó a su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.
En la obra, La Catrina aparece tomada de la mano del propio Rivera y acompañada por Posada, consolidándose como uno de los grandes íconos de la cultura mexicana. El mural se encuentra actualmente resguardado en el Museo Mural Diego Rivera.
A partir de entonces, La Catrina se volvió inseparable del imaginario del Día de Muertos y de las propias calaveritas literarias.
Una tradición que sigue evolucionando
Más de dos siglos después, las calaveritas siguen permitiendo algo excepcional: reír, cuestionar y observar críticamente la realidad a través de la figura de la muerte.
Cambiaron los personajes, los formatos y las plataformas, pero permanece el ingenio que las convirtió en una de las expresiones más originales de la cultura popular mexicana.
Después de todo, pocas tradiciones permiten reírse de la muerte mientras celebran la creatividad, la crítica social y el ingenio colectivo de todo un país.
¿A qué personaje histórico, artista o figura pública le dedicarías una calaverita literaria este año?
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