Por: Circe Vargón
Mucho antes de las grandes obras hidráulicas modernas, una ciudad maya en Campeche logró controlar inundaciones. Su hazaña fue tan extraordinaria que aún hoy sorprende a arqueólogos e ingenieros.
Antes de que existieran presas, canales de concreto o sistemas modernos de control hidráulico, una ciudad maya en Campeche logró resolver un problema que había desafiado a generaciones enteras: cómo aprovechar el agua de lluvia a su favor.
Edzná es una antigua ciudad maya ubicada al sureste de San Francisco de Campeche y es reconocida por haber desarrollado uno de los sistemas hidráulicos más sofisticados del mundo prehispánico.
Porque mientras otras civilizaciones luchaban por sobrevivir a las sequías, los antiguos mayas transformaron todo un valle en una gigantesca máquina hidráulica capaz de captar, almacenar, distribuir y aprovechar cada gota de lluvia que caía sobre la selva campechana.
En medio de la selva campechana, Edzná parece levantarse desde el silencio.
Desde lo alto del Edificio de los Cinco Pisos, la antigua ciudad se revela como una sucesión de plazas, basamentos, templos y acrópolis que alguna vez estuvieron rodeados por canales, depósitos y reservorios.
A simple vista, el sitio impresiona por su arquitectura monumental. Pero su verdadera grandeza no está solo en la piedra. Está en el agua.
Los antiguos habitantes de Edzná fundaron su ciudad en un valle que durante las fuertes lluvias podía inundarse y que, durante la sequía, podía quedarse sin agua suficiente.
Lejos de abandonar el lugar, transformaron el paisaje completo mediante un sistema de captación, almacenamiento y desecho de agua pluvial que permitió sostener agricultura, población y arquitectura monumental durante siglos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Edzná, cuyo nombre se interpreta como “Casa de los Itzáes”, se localiza a unos 55 kilómetros al sureste de la ciudad de Campeche y llegó a convertirse en una poderosa capital regional entre los años 400 y 1000 d.C.

Foto: SECTUR
En México Travel Channel exploramos la genialidad arquitectónica y tecnológica de las culturas prehispánicas. Hoy viajamos a Campeche para descubrir cómo Edzná convirtió el agua en poder.
La ciudad maya que nació entre inundaciones y sequías
Hace más de dos mil años, el valle donde surgió Edzná no parecía el lugar ideal para levantar una gran ciudad.
Durante las lluvias, amplias zonas quedaban anegadas. En la temporada seca, la disponibilidad de agua se volvía incierta. Sin embargo, alrededor del 600 a.C., una comunidad maya se asentó en este valle y comenzó a modificarlo con una visión extraordinaria del territorio.
Como ya lo mencionamos, el INAH señala que los primeros pobladores diseñaron un sistema de captación, traslado, almacenamiento y desecho de agua pluvial, además de rellenar desniveles para crear superficies llanas donde después levantarían edificios.
Con el tiempo, aquella comunidad se volvió una ciudad organizada, con gobierno centralizado, arquitectura monumental y dominio sobre poblaciones cercanas. Edzná llegó a tener una extensión aproximada de 25 kilómetros cuadrados y en su apogeo pudo alcanzar unos 25 mil habitantes.
La clave no fue solamente construir templos. Fue entender el agua, controlarla, conducirla, guardarla y convertirla en el motor de una ciudad.
Gracias a este control del agua, los habitantes de Edzná lograron desarrollar agricultura intensiva y sostener durante siglos una población numerosa en un entorno donde las variaciones estacionales podían representar un riesgo constante.
El sistema hidráulico que hizo poderosa a Edzná
La verdadera maravilla de Edzná corre alrededor de sus plazas.
Los mayas de esta ciudad construyeron canales, depósitos y desniveles para controlar el agua que bajaba por el valle, lo que garantizaba el suministro durante distintas temporadas del año.
La descripción oficial de Lugares INAH detalla la escala de esta obra: 10 grandes canales en la parte norte del valle, 31 canales alimentadores en el sector cercano a la arquitectura monumental, 84 depósitos de distintas dimensiones y un sistema de desniveles que conducía el agua de norte a sur.
El arqueólogo Antonio Benavides C., en Arqueología Mexicana, también subraya la importancia del sistema hidráulico de Edzná y lo describe como una obra admirable que permitió captar agua pluvial, drenar zonas inundables y favorecer una mayor producción agrícola.
Esta infraestructura tenía varias funciones:
- Captar agua de lluvia.
- Evitar inundaciones en sectores bajos del valle.
- Almacenar agua para la temporada seca.
- Irrigar campos agrícolas.
- Facilitar la producción de alimentos.
- Conducir excedentes hacia zonas de desagüe.
- Mantener humedad adecuada para el cultivo.
- Lo que hoy puede parecer un conjunto de canales cubiertos por vegetación fue, en su momento, el sistema circulatorio de toda una ciudad.

Cuando el agua reflejaba los templos
Para imaginar Edzná durante su esplendor, hay que borrar por un momento la imagen actual del sitio.
Donde hoy vemos plazas secas y senderos para visitantes, alguna vez hubo canales activos, depósitos de agua, campos cultivados y zonas donde el líquido circulaba como parte del diseño urbano.
El repositorio del INAH describe que el agua era conducida hacia una laguna transformada en represa mediante muros de contención, mientras otros canales servían para irrigar campos y propiciar humedad óptima para el cultivo intensivo.
El mismo registro señala que los canales también proporcionaban pesca, podían funcionar como vías de comunicación y, en algunos casos, servían como elementos defensivos.
Esto cambia la forma de mirar Edzná, pues se trataba de una ciudad de piedra y agua.
Sus plazas ceremoniales, sus edificios y sus acrópolis formaban parte de un paisaje diseñado para aprovechar cada lluvia y sobrevivir a cada sequía.
En esa ciudad, controlar el agua era también controlar la agricultura, la alimentación, la fuerza de trabajo y el poder político.
El Edificio de los Cinco Pisos: el rascacielos ceremonial de la selva maya
Si existe una imagen capaz de resumir la grandeza de Edzná, es el Edificio de los Cinco Pisos.
La estructura se levanta en la parte central del costado oriente de la Gran Acrópolis y debe su nombre a los cinco niveles visibles de su fachada poniente, todos con cuartos abovedados.
El INAH señala que alcanza 31.50 metros de altura y que su fachada poniente corresponde al siglo IX, siendo lo último que se agregó al basamento.
Su diseño es extraordinario porque combina templo, basamento y espacios abovedados. En su base se observan bloques con jeroglíficos reutilizados de edificios anteriores, y algunos textos fechados en los años 649 y 830 mencionan gobernantes de Edzná y muestran el glifo emblema del sitio.
La Gran Acrópolis, donde se ubica este edificio, fue uno de los centros políticos, religiosos y astronómicos de la ciudad. El INAH explica que su posición al oriente de la Plaza Principal tiene un profundo simbolismo relacionado con el Sol naciente y la cosmovisión mesoamericana.
Desde ahí, los gobernantes podían mirar el valle, las plazas y el sistema hidráulico que sostenía la vida de Edzná.
Era una arquitectura de poder, de observación, cálculo y control del paisaje.

Foto: Secretaria de Cultura
Una ciudad donde se mezclaron estilos mayas
Edzná no fue una ciudad aislada.
Su arquitectura revela contactos, influencias y transformaciones a lo largo de más de quince siglos.
El INAH señala que las primeras construcciones muestran rasgos de la arquitectura Petén, mientras que en el Clásico Tardío, entre 600 y 900 d.C., se levantaron edificios con características Chenes.
Posteriormente, el sitio incorporó otros estilos arquitectónicos como Puuc y estilos tardíos.
El Edificio de los Cinco Pisos también muestra esa evolución. Lugares INAH señala que su lado norte conserva arquitectura de estilo Petén, cubierta después con amplios taludes convexos durante el Clásico Terminal, periodo que en esta ficha se ubica entre 800 y 1200 d.C.
Eso convierte a Edzná en una especie de archivo arquitectónico.
Cada edificio conserva una etapa, su fachada habla de contactos regionales y su ampliación revela una ciudad que se reinventó durante siglos.
La “Fortaleza” de Edzná: Defensa, control y poder
Además de templos y plazas, Edzná tuvo sectores que han sido interpretados como espacios de control estratégico.
Uno de los casos más interesantes es el grupo conocido como La Fortaleza, ubicado al sur de la zona monumental. Un estudio de la Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) documenta que, en 2012, el proyecto “Estudio de factibilidad para la restauración y rehabilitación del sistema hidráulico del Valle de Edzná”, dirigido por la Dra. Lorraine Williams-Beck, realizó levantamientos topográficos y prospección arqueológica en el grupo de La Fortaleza y su entorno.
Este estudio señala que el sistema hidráulico rodeaba por completo el núcleo urbano y continuaba hacia el sur, atravesando el Valle de Edzná rumbo al área donde nace el río Champotón.
Por eso, más que imaginar defensas aisladas, conviene entender Edzná como una ciudad donde arquitectura, hidráulica y control territorial estaban conectados. Algunos canales pudieron servir no solo para conducir agua, sino también para organizar accesos, delimitar sectores y proteger áreas clave.
El agua era recurso, pero también frontera, ruta, defensa y símbolo de autoridad.

El abandono de la ciudad maya de Edzná
Durante siglos, Edzná prosperó. Las alianzas políticas, el comercio y la agricultura fortalecieron su influencia regional.
El INAH señala que fue una poderosa capital regional del occidente peninsular entre los años 400 y 1000 d.C., con relaciones con ciudades como Calakmul y Piedras Negras durante su apogeo.
Sin embargo, como ocurrió con numerosos centros mayas, la ciudad comenzó a perder fuerza entre los siglos X y XV. El INAH registra que durante los cuatro siglos posteriores a su esplendor Edzná fue decayendo hasta quedar abandonada alrededor del año 1450 d.C.
La construcción monumental disminuyó, la población se redujo y finalmente el sitio fue abandonado.
La selva hizo el resto. Poco a poco cubrió edificios, plazas y canales.
Durante siglos la naturaleza reclamó lo que había sido una de las grandes capitales del mundo maya y dejó en silencio a una ciudad que durante siglos había controlado el agua.
Hasta que arqueólogos e investigadores comenzaron a rescatarla del olvido.
Las primeras noticias modernas sobre el Edificio de los Cinco Pisos datan de 1927, atribuidas a Nazario Quintana Bello, inspector de monumentos arqueológicos, y después llegaron registros de especialistas como Federico Mariscal, José Reygadas Vértiz y Sylvanus Morley.
Las investigaciones continuaron en la década de 1960 con Alberto Ruz, Raúl Pavón, César Sáenz y George F. Andrews, y después con proyectos del INAH y de la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo encabezada por Ray Matheny, según el proyecto arqueológico Ibero Amerikanisches Institut.
Poco a poco, Edzná volvió a emerger. No como la ciudad viva que fue, pero sí como una lección de ingeniería, poder y adaptación.
¿Cómo visitar Edzná? Un viaje a la ciudad del agua
Recorrer Edzná es descubrir una ciudad que dominó tanto la arquitectura como el agua.
Mientras algunos visitantes dirigen la mirada hacia el Edificio de los Cinco Pisos y las plazas monumentales, otros descubren que la verdadera maravilla se encuentra en los canales, depósitos y desniveles que hicieron posible la vida en este valle durante siglos.
La Zona Arqueológica de Edzná se localiza en la Carretera Federal Campeche-Edzná, km 55, en el municipio de Campeche. Desde la ciudad de San Francisco de Campeche se toma la carretera estatal que une Pocyaxum, Nohacal y Tixmucuy; al llegar al entronque con la Carretera Federal 188, se dobla hacia el oriente y se avanza 10 kilómetros hasta el sitio.
El horario oficial es de lunes a domingo, de 08:00 a 17:00 horas, con último acceso a las 16:30 horas. Lugares INAH registra una tarifa de $210 pesos para entrada general y $105 pesos para nacionales y extranjeros con residencia en México; también señala descuentos para estudiantes, profesores e INAPAM, así como entrada gratuita los domingos para visitantes mexicanos.
Durante la visita, no te pierdas:
- El Edificio de los Cinco Pisos, emblema arquitectónico de Edzná.
- La Gran Acrópolis, corazón ceremonial y político de la ciudad.
- Los canales y depósitos hidráulicos, clave para comprender el poder de Edzná.
- La Plaza Principal, rodeada de edificios monumentales.
- Los mascarones y elementos decorativos, ligados a la arquitectura Petén, Chenes y Puuc.
Edzná se mantiene como un monumento a la sabiduría de los mayas, que transformaron la selva en una joya de piedra y agua. Si visitas Campeche, no dejes de explorar el Edificio de los Cinco Pisos y descubrir la ingeniería hidráulica de una de las ciudades más avanzadas del mundo antiguo.
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