Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)
Conoce la leyenda del Chom, el relato maya que explica por qué los zopilotes tienen plumaje negro y se alimentan de restos. Descubre su historia en Uxmal, su simbolismo cultural y la verdadera importancia de estas aves.
Entre los mayas hay leyendas relacionadas con grandes ciudades, como la del enano de Uxmal que cuenta cómo se construyó este sitio en una sola noche; así como de animales de la región, como la del maquech (escarabajo) que fue convertido en un insecto para estar siempre cerca de su amada, o la del pájaro dziú y la semilla del maíz, entre muchas otras.
Hay animales que solemos admirar por sus colores, su canto o la elegancia de su vuelo.
El zopilote, en cambio, casi nunca recibe esa clase de reconocimiento. Su plumaje oscuro, su cabeza desnuda y su costumbre de alimentarse de restos han provocado que muchas personas lo relacionen con la suciedad, la muerte o los malos presagios.
Sin embargo, en la cultura maya esta ave ocupa un lugar mucho más complejo.
En Yucatán sobrevive una leyenda que cuenta que los zopilotes no siempre fueron negros ni se alimentaron de animales muertos. Según la tradición, alguna vez tuvieron plumas de vivos colores, una hermosa cresta y una apariencia tan llamativa que podían considerarse entre las aves más elegantes de la región.
Todo cambió el día en que una bandada descendió sobre un gran banquete preparado en Uxmal y, dominada por la gula, cometió una ofensa que terminaría transformando para siempre su apariencia y su destino.
Así comienza la leyenda del Chom, uno de esos relatos del Mayab (nombre ancestral de la península de Yucatán) capaces de entretener, explicar la naturaleza y transmitir una enseñanza al mismo tiempo.
Su valor está en la manera en que conserva la memoria, la imaginación y la relación de los pueblos mayas con los animales de su entorno.

¿Qué significa Chom en Yucatán?
Chom, escrito también como ch’oom en algunas transcripciones del maya yucateco, significa zopilote.
La Universidad Autónoma de Yucatán registra la voz ch’om con esa traducción y la identifica como uno de los nombres mayas de la fauna que todavía se emplean en la región.
En el relato popular, la palabra suele utilizarse en plural para referirse a una bandada de estas aves.
El término no describe a una criatura fantástica distinta del zopilote que conocemos en la actualidad.
Se refiere al ave carroñera que puede observarse planeando sobre campos, carreteras, zonas rurales y espacios abiertos de la península de Yucatán.
La leyenda, por supuesto, imagina un tiempo remoto en el que su apariencia era muy diferente.

Uxmal, el escenario de la leyenda del Chom
La historia comienza en Uxmal, una de las ciudades más impresionantes de la antigua civilización maya y uno de los destinos arqueológicos imprescindibles de Yucatán.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señala que la ciudad fue fundada en el año 700 d.C y que llegó a contar con cerca de 25 mil habitantes.
Sus principales edificios, levantados aproximadamente entre los años 700 y 1000 d.C, muestran los conocimientos arquitectónicos y astronómicos alcanzados por sus habitantes.
Uxmal también es considerada una de las mayores expresiones del estilo arquitectónico Puuc.
Sus fachadas están decoradas con mosaicos de piedra, figuras geométricas y numerosas representaciones de Chaac, la divinidad maya asociada con la lluvia.
La antigua ciudad y los sitios relacionados de Kabah, Labná y Sayil fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial en 1996 por su extraordinario valor cultural.
Es importante aclarar que la leyenda no debe tomarse como un registro de algún episodio ocurrido durante una fecha específica de la historia de Uxmal.
La ciudad funciona como un escenario simbólico: un lugar asociado con gobernantes, ceremonias, palacios, divinidades y grandes celebraciones.
Esa mezcla de un sitio real con sucesos maravillosos es una de las características que hacen tan atractivas las leyendas del Mayab.

El gran banquete que preparó el rey de Uxmal
Y ahora si te contaremos la historia.
Cuenta la leyenda que un día el rey de Uxmal decidió dar una gran fiesta para su dios, Hunab Ku (“El señor que nos da la vida”) .
Ordenó a los cocineros del palacio preparar una lista de exquisitos platillos: carnes, pescados, frutas, verduras y aguas frescas.
Como era un día muy bonito, fresco y soleado, el rey ordenó que se sirviera el banquete en la terraza de su palacio. Desde ahí, se podía admirar la hermosa ciudad de Uxmal. Mientras cumplían sus órdenes, se retiró a sus aposentos para ponerse sus mejores galas.
En los árboles que rodeaban la ciudad vivían unos pájaros muy bellos conocidos como choms.
Tenían un plumaje multicolor y una cresta ondulada en la cabeza. Además de ser hermosos; les encantaba comer.
Al ver que nadie vigilaba, aterrizaron en la terraza y, en un abrir y cerrar de ojos, no contentos con acabarse el banquete, provocaron un espantoso tiradero de cazuelas, jícaras y adornos florales: un verdadero desastre.
Cuando el rey salió a la terraza, el espectáculo era tal, que se puso rojo de furia.
“¡Maten a esos pájaros!” gritó a sus soldados.
Pero los choms se echaron a volar, y lo hacían tan alto que ni flechas ni cerbatanas los alcanzaban.
“Esto no puede quedar sin castigo”, dijo el rey.
Y ordenó a sus sacerdotes y hechiceros buscar la manera de hacerles pagar a los pájaros la fechoría cometida. Éstos, revoloteando en lo alto del cielo de Uxmal, se burlaban del rey y de su pueblo.

La furia del rey y la huida de los choms
Los hombres sabios recogieron unas cuantas plumas que los choms dejaron caer y las quemaron en un brasero: poco a poco se volvieron negras como la noche más tétrica.
Al quedar reducidas a cenizas, uno de los hechiceros las arrojó a una vasija llena de agua mágica, convirtiéndolo en una sopa sombría más oscurecida que un caldo de frijol.
“Preparen otra vez el banquete” ordenaron los sacerdotes a los sirvientes del rey. Y así lo hicieron.
En cuanto la terraza quedó sola, la bandada de choms volvió a descender sobre ella, dispuesta a acabar con toda la comida otra vez. Mientras las aves se hartaban, los sacerdotes, que se habían escondido, aparecieron de repente, arrojando el agua oscura sobre los pájaros.
“Han profanado el banquete en honor a nuestro dios. Por eso, jamás volverán a probar alimentos deliciosos. Desde hoy, solo se alimentarán de animales muertos y basura”. Los hechizaron.
Y como si el castigo fuera poco, el agua negra, al caer sobre los pájaros, tiñó su plumaje de este color. Chorreando agua negra, los choms alzaron el vuelo hacia el sol, esperando que éste los secara.
Pero el señor Hunab Ku dispuso que el sol les calcinara la elegante cresta.
Los pájaros sintieron que sus cabezas echaban humo y bajaron rápidamente a un cenote para refrescarse. Los pobres se sorprendieron al ver que el agua sólo reflejaba la imagen de unos grandes pájaros negros, de plumaje opaco y reseco, con la cabeza pelona.
Se dice que, desde entonces, los choms vuelan muy alto para que nadie se burle de ellos… Y son los últimos en bajar a comer para que no los vean.
Por eso llegan cuando sólo quedan restos y basura.

El zopilote en la cultura maya: muerte, limpieza y regeneración
Las investigaciones sobre las aves dentro de la cultura maya muestran que el zopilote tuvo una presencia simbólica relevante.
Las investigadoras Francisca Amelia Zalaquett, investigadora del Centro de Estudios Mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM y Martha Ilia Nájera investigadora del mismo centro, explican que aves carroñeras como el zopilote negro y el zopilote rey aparecen representadas en códices y objetos arqueológicos.
Podían relacionarse con la muerte, la Luna, las lluvias destructivas o el consumo de cadáveres, pero también con una función regeneradora: al retirar del mundo los restos asociados con la muerte, el zopilote actuaba como una especie de protector de la renovación.
Esta doble condición es importante.
En muchas culturas, la muerte no se interpreta solamente como el final de la vida, sino como una etapa dentro de un ciclo de transformación. El animal que consume lo muerto también contribuye a devolver la materia al entorno y a mantener el equilibrio natural.
Por eso, el zopilote podía producir rechazo y, al mismo tiempo, ser considerado necesario o sagrado.
La leyenda del Chom es una versión popular que privilegia el castigo moral. Sin embargo, el significado cultural del ave dentro del mundo maya es más amplio que el relato por sí solo.

Una leyenda que conserva la memoria del Mayab
La leyenda del Chom forma parte de un amplio conjunto de relatos vinculados con animales, plantas, cenotes y antiguas ciudades de la península de Yucatán.
Estas narraciones no deben confundirse con crónicas históricas ni con descripciones científicas.
Su importancia se encuentra en otro sitio: ayudan a comprender cómo diferentes generaciones observaron su entorno, expresaron sus valores y encontraron explicaciones para aquello que despertaba su curiosidad.
También permiten que palabras mayas como ch’om sigan circulando entre hablantes, viajeros y nuevas generaciones.
Al escuchar la historia, el visitante conoce un cuento sobre un zopilote, pero también se aproxima a Uxmal, a la lengua maya yucateca y a una tradición oral que transforma el paisaje en un territorio lleno de significados.
La leyenda del Chom nos lleva hasta un Uxmal imaginado, lleno de banquetes, gobernantes, sacerdotes y aves de colores. Nos cuenta cómo la gula y la falta de respeto provocaron que los zopilotes perdieran su belleza y quedaran condenados a buscar los restos que otros animales despreciaban.
Pero la historia también nos invita a mirar más allá de las apariencias.
El chom que hoy vuela sobre Yucatán no es únicamente el personaje castigado de un relato. Es un ave vinculada con antiguos símbolos mayas y una pieza necesaria dentro del equilibrio natural. Su presencia nos recuerda que incluso aquellos animales que suelen provocar rechazo pueden cumplir una tarea indispensable.
Durante tu próximo viaje por Yucatán, levanta la mirada cuando recorras Uxmal o atravieses los caminos del Mayab.
Tal vez descubras a uno de estos grandes pájaros describiendo círculos en el cielo. En ese momento podrás recordar la antigua leyenda, pero también reconocer al silencioso guardián que ayuda a limpiar y renovar el mundo.

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