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Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx

En la actualidad, al contemplar la majestuosa Bahía de Santa Lucía en Acapulco, la mente evoca playas de arena dorada, atardeceres deslumbrantes y décadas de glamour turístico. Pero, ¿sabías que siglos antes de convertirse en el paraíso vacacional por excelencia de México, este puerto novohispano fue el escenario de una encarnizada guerra geopolítica marítima?

Acapulco no era un simple pueblo costero. De hecho, representaba la garganta comercial del Imperio Español en el Océano Pacífico, la puerta de entrada a riquezas fabulosas que despertaban la codicia de imperios rivales y corsarios sanguinarios. ¡Oh sí!… ¡Piratas!

Para proteger las incalculables fortunas que cruzaban el mar en las bodegas del célebre Galeón de Manila, la Corona española tuvo que levantar una fortaleza inexpugnable (que no se puede conquistar, vencer o persuadir).

Es por eso que el Fuerte de San Diego no nació por un capricho arquitectónico, sino como una respuesta militar desesperada ante el fuego de los cañones corsarios que amenazaban con saquear el tesoro más codiciado del continente.


¿Te imaginas esas batallas?

¡Sigamos descubriendo esto!

La Nao de China y las riquezas que atrajeron a los corsarios

Para entender la necesidad de erigir una fortaleza militar en Acapulco, es indispensable comprender el fenómeno económico del Galeón de Manila, también conocido popularmente como la Nao de China.

A partir de 1565, tras el hallazgo de la ruta de regreso (el tornaviaje) por el fraile y marinero Andrés de Urdaneta, Acapulco se transformó en el único puerto del virreinato de la Nueva España autorizado para comerciar directamente con el continente asiático.

Una vez al año, tras una travesía oceánica de más de cinco meses cargada de peligros, el galeón arribaba a las costas guerrerenses atiborrado de mercancías de lujo, entre ellas:

  • Seda china y porcelanas finas de la dinastía Ming.
  • Especias valiosas como canela, pimienta y clavo de olor.
  • Marfiles tallados, lacas japonesas y pedrería preciosa.

En sentido inverso, el barco regresaba a Filipinas cargado con toneladas de plata mexicana extraída de las minas de Taxco, Pachuca y Zacatecas.

De acuerdo con Manuel Garcés Manuel, en su obra El Galeón de Manila y la defensa del Pacífico novohispano -un repositorio de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)-, esta concentración masiva de riqueza en la bahía de Acapulco convirtió al puerto, como decíamos, en un blanco irresistible para las potencias navales enemigas de España, principalmente Inglaterra y Holanda, que enviaron a sus marinos más temibles a patrullar las aguas del Pacífico americano.

La Nao de China y las riquezas que atrajeron a los corsarios
La Nao de China viajaba una vez al año.

El ataque de Francis Drake y la orden real de fortificación

La vulnerabilidad de Acapulco quedó trágicamente al descubierto en el siglo XVI. En 1579, el legendario corsario inglés Francis Drake, a bordo del Golden Hind, irrumpió sorpresivamente en el puerto de Acapulco tras saquear las costas del Perú.

Aunque Drake no destruyó la villa por completo, la facilidad con la que dominó la bahía encendió todas las alarmas en la corte del rey Felipe II.

Años más tarde, en 1587, el también corsario inglés Thomas Cavendish interceptó y capturó frente a las costas de Baja California al galeón Santa Ana, robando un botín colosal de oro y seda. 

Pero la gota que derramó el vaso ocurrió en 1615, cuando una flota holandesa al mando del almirante Joris van Spilbergen penetró en la bahía de Acapulco y entabló un feroz duelo de artillería con las escasas defensas en tierra.

Ante la amenaza inminente de perder el control del comercio asiático, el virrey Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, ordenó la construcción de una fortaleza permanente.

El diseño original fue encomendado al reconocido ingeniero militar neerlandés Adrián Boot, quien proyectó una estructura capaz de resistir el impacto de la artillería pesada naval.

La construcción comenzó formalmente en 1616 y concluyó en 1617, bautizándose como el Fuerte de San Diego en honor al santo patrono del virrey.

El ataque de Francis Drake y la orden real de fortificación. Fuerte de San Diego en Acapulco
La facilidad con la que el legendario corsario inglés Francis Drake dominó la bahía encendió las alarmas en la corte del rey Felipe II.

La arquitectura en estrella de cinco picos: Una obra de ingeniería militar

El Fuerte de San Diego que podemos admirar en la actualidad no es exactamente el trazado de 1616. En abril de 1776, un catastrófico terremoto de gran magnitud destruyó casi por completo las murallas originales de la fortaleza.

La Corona española aprovechó este desastre para encargar una reconstrucción total al ingeniero militar Ramón de Panés, quien diseñó una traza urbana e ingobernable adaptada a las nuevas tecnologías de artillería del siglo XVIII, de acuerdo con la Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Panés adoptó el modelo de traza italiana o traza en estrella, un sistema de fortificación abaluartada popularizado por el mariscal francés Sébastien Le Prestre de Vauban. La estructura destaca por elementos de ingeniería militar de vanguardia, como por ejemplo:

  1. Planta pentagonal regular: El castillo fue diseñado como una estrella perfecta de cinco picos o baluartes (bautizados como San Carlos, San Antonio, San José, San Luis y Santa Bárbara).
  2. Eliminación de ángulos muertos: El trazado angular permitía que los cañones colocados en un baluarte protegieran los muros laterales del baluarte vecino, cubriendo el 100% del perímetro sin dejar puntos ciegos para el enemigo.
  3. Foso seco y parapetos inclinados: Rodeado por un foso profundo y muros gruesos hechos de mampostería, talud y piedra volcánica, la fortaleza amortiguaba la fuerza de los impactos de bala rasa de cañón.

Dato técnico clave: La geometría del Fuerte de San Diego no buscaba únicamente resistir bombardeos navales desde el mar, sino también defenderse de posibles asaltos por tierra procedentes del interior del virreinato, convirtiéndolo en la fortaleza militar más importante de toda la costa del Pacífico americano.

Fuerte de San Diego en Acapulco?
El diseño original del Fuerte de San Diego fue encomendado al reconocido ingeniero militar neerlandés Adrián Boot.

De baluarte novohispano a bastión insurgente: El sitio de José María Morelos

Aunque el fuerte fue diseñado para combatir piratas extranjeros, su prueba de fuego histórica más dramática ocurrió durante la Guerra de Independencia de México (1810-1821). 

En 1813, el general insurgente José María Morelos y Pavón comprendió que para dominar el sur del país y asfixiar económicamente al gobierno virreinal era estratégico capturar el puerto de Acapulco.

En abril de 1813, las tropas insurgentes tomaron la plaza de Acapulco, pero el ejército realista se atrincheró en el Fuerte de San Diego bajo el mando del Pedro Antonio Vélez.

Lo que siguió fue un cruento sitio militar de cuatro meses. A pesar de la superioridad de la artillería española encerrada tras los muros inexpugnables del fuerte, Morelos mantuvo un cerco implacable que cortó el suministro de agua y víveres a los defensores.

El 20 de agosto de 1813, exhaustos por la hambruna y las enfermedades, los realistas firmaron la capitulación. La toma del Fuerte de San Diego por Morelos significó una de las victorias militares más brillantes y simbólicas del movimiento insurgente, demostrando que la fortaleza militar levantada por el imperio podía ser doblegada por el coraje de una nación en búsqueda de su libertad.

De baluarte novohispano a bastión insurgente: El sitio de José María Morelos. Fuerte de San Diego.
En 1813, el general insurgente José María Morelos y Pavón sabía lo imoprtante que sería tomar el Fuerte de San Diego.

Un tesoro cultural vivo: El Museo Histórico de Acapulco

En la actualidad, el Fuerte de San Diego ha cambiado los cañones y la pólvora por el conocimiento y la preservación del patrimonio.

Bajo el resguardo del INAH, la fortaleza alberga el Museo Histórico de Acapulco, considerado el recinto museográfico más importante del estado de Guerrero.

Sus 15 salas de exposición permanente permiten a los visitantes viajar en el tiempo a través de:

  • Piezas arqueológicas de las culturas mezcala y maya encontradas en la región.
  • Objetos originales rescatados de galeones hundidos, como monedas de plata, tibores de porcelana china y armaduras de la época.
  • Exposiciones detalladas sobre el intercambio cultural entre México, Filipinas y España a lo largo de 250 años de navegación.

Visitar esta fortaleza es caminar sobre las piedras que presenciaron batallas marítimas, intrigas comerciales y el nacimiento de nuestro México independiente, recordando que Acapulco es, antes que nada, un pilar fundamental de la historia universal.

¡Descubre los secretos de la historia de Acapulco!

El Fuerte de San Diego te espera en tu próxima visita a las costas de Guerrero para ofrecerte una perspectiva fascinante que combina la brisa marina con siglos de aventura y cultura.

Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y comparte este artículo con tus amigos viajeros para que juntos se lancen a vivir una gran aventura en el Fuerte de San Diego.

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