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Por: Circe Vargón

Hubo un tiempo en que las noches previas a la Guelaguetza (los lunes de cerro, este 2026, el lunes 20 y 27 de julio) no eran de calma en la ciudad de Oaxaca.

Mucho antes de que las delegaciones de las ocho regiones de Oaxaca tomaran el escenario del Cerro del Fortín, existía un ritual que marcaba el verdadero inicio de la fiesta.

Cuando el sol desaparecía detrás de las montañas y la oscuridad comenzaba a envolver la ciudad, miles de personas dirigían la mirada hacia el auditorio el Auditorio Guelaguetza, enclavado en las laderas del Cerro del Fortín. Entonces aparecían las primeras antorchas.

El humo del copal ascendía lentamente hacia el cielo, los tambores comenzaban a resonar y la historia de Oaxaca despertaba.

No era una función teatral cualquiera ni una exhibición folclórica destinada al entretenimiento, se trataba del Bani Stui Gulal, expresión zapoteca que suele traducirse como “repetición de lo antiguo” o “repetición de la antigüedad”, una ceremonia escénica concebida para recordar el largo camino que dio origen a una de las fiestas más importantes de México.

Su primera representación se realizó en 1969, de acuerdo con registros difundidos por el Gobierno de Oaxaca, Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca, el Grupo Folklórico de Oaxaca A.C y medios como NVInoticias; con el paso de los años, la obra creció hasta convertirse en una de las presentaciones más esperadas en el marco de la Guelaguetza.

Año tras año, el espectáculo se consolidó como una cita obligada para quienes deseaban comprender el origen profundo de la fiesta oaxaqueña.

Porque antes de la danza existía la memoria.

Y el Bani Stui Gulal era, precisamente, una forma de poner esa memoria sobre el escenario.

Foto: Gobierno de Oaxaca.
El origen y la evolución de las fiestas de los Lunes del Cerro de la Guelaguetza, fueron narradas en el Bani Stui Gulal Repetición de lo Antiguo/Foto: Gobierno de Oaxaca.

¿Qué es el Bani Stui Gulal y cómo cuenta la historia de Oaxaca?

Presenciar el Bani Stui Gulal era como abrir un enorme libro de historia cuyas páginas cobraban vida sobre el escenario.

La representación avanzaba a través de distintas épocas, mostrando cómo Oaxaca transformó sus celebraciones sin perder la raíz comunitaria que sostiene a la Guelaguetza.

La primera escena transportaba al público hasta el mundo prehispánico.

Las luces disminuían y el sonido de los caracoles ceremoniales rompía el silencio.

Entre columnas de copal aparecían sacerdotes, guerreros y danzantes que recreaban la antigua festividad conocida como Huey Tecuílhuitl, la Gran Fiesta de los Señores, vinculada con ofrendas y ceremonias en honor a Centéotl, deidad asociada al maíz.

Después llegaba la Colonia.

La transformación era inmediata.

Los antiguos rituales se mezclaban con nuevas expresiones religiosas introducidas durante el periodo virreinal (1521-1821). Sobre el escenario aparecían procesiones, imágenes devocionales, marmotas, monos de calenda, zancudos de Zaachila y la enorme Sierpe, una serpiente festiva que causaba expectación entre el público.

La historia continuaba avanzando y llegaba el México independiente.

Los espectadores observaban calles llenas de comerciantes, charros, catrinas y personajes populares que representaban una sociedad en construcción. Los mercados, la convivencia cotidiana y los intercambios entre comunidades comenzaban a dibujar el Oaxaca moderno que hoy conocemos.

Finalmente aparecía el presente.

Las ocho regiones de Oaxaca desfilaban orgullosas con sus trajes tradicionales, música, color y danzas que condensaban siglos de historia compartida.

En versiones recientes, el cierre incluyó el poema “¡Yo soy Oaxaca!”, Francisco Hernández Domínguez,  una declaración escénica de identidad, orgullo y pertenencia.

Era el momento más emotivo porque demostraba que ese pasado seguía vivo.

Y cuando los fuegos artificiales iluminaban el cielo, el público entendía que acababa de presenciar mucho más que un espectáculo; habían visto la historia de Oaxaca contada por los propios oaxaqueños.

¿Por qué desapareció el Bani Stui Gulal de la Guelaguetza durante 14 años?

Parecía imposible imaginar una Guelaguetza sin el Bani Stui Gulal.

Sin embargo, ocurrió.

A pesar de su enorme popularidad y de registrar llenos constantes, el espectáculo desapareció de los festejos oficiales en 2009.

Detrás de aquella ausencia no existió una pérdida de interés por parte del público. Según medios locales como NVINoticias existieron desacuerdos, disputas jurídicas y conflictos relacionados con los derechos de autor del guión, la música, la puesta en escena y la propiedad intelectual del proyecto,

Lo que para los espectadores representaba una tradición profundamente arraigada terminó atrapado en una compleja batalla administrativa.

Y así llegó el silencio.

Durante años, las antorchas dejaron de encenderse, los vestuarios permanecieron guardados, las coreografías dejaron de ejecutarse y las voces que habían narrado la historia de Oaxaca desaparecieron del escenario.

Mientras la Guelaguetza continuaba celebrándose, muchos visitantes y habitantes sentían que faltaba algo.

Como si una pieza de la memoria colectiva hubiera quedado suspendida en el tiempo.

Durante 15 largos años, el gigante permaneció dormido.

El regreso del Bani Stui Gulal a la Guelaguetza después de 15 años

Cuando el Bani Stui Gulal regresó en 2024, el sentimiento fue muy distinto al de una simple reapertura cultural.

Fue un reencuentro.

La obra volvió al Auditorio Guelaguetza después de 15 años de ausencia, con funciones programadas para el 20 y 27 de julio de 2024, como parte de las festividades de Julio, Mes de la Guelaguetza.

El regreso se dio luego de una revisión jurídica en torno a los registros ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR) y la participación del Grupo Folklórico de Oaxaca A.C., asociación ligada históricamente a la representación.

Aquella noche no solo regresaron los músicos, danzantes y las coreografías, también los recuerdos.

En 2025, la representación volvió a presentarse con más de 300 personas en escena, música en vivo, danzas, escenografías detalladas y vestuarios de época.

El retorno del espectáculo dejó una lección importante: Las tradiciones sobreviven porque las comunidades deciden protegerlas.

Quizá por eso el Bani Stui Gulal sigue siendo una de las expresiones culturales más conmovedoras de Oaxaca. Porque nos recuerda que la Guelaguetza comienza cuando un pueblo decide volver a contar su propia historia.

Bani Stui Gulal: Una tradición de Oaxaca que mantiene viva la Guelaguetza

El Bani Stui Gulal explica el origen de la Guelaguetza y también muestra cómo una celebración puede transformarse sin romper sus raíces.

En su recorrido escénico conviven lo prehispánico, virreinal, lo independiente y contemporáneo. Cada etapa revela una capa distinta de Oaxaca: La devoción agrícola, la evangelización, la vida comunitaria, los mercados, las calendas, la música, el traje regional y el orgullo de pertenecer a una tierra profundamente diversa.

Por eso su ausencia dolió tanto y su regreso fue celebrado como una recuperación de la memoria.

La Guelaguetza es una de las fiestas más importantes de México por su increíble despliegue de historia y tradición.

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