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Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)

Todos hemos estado en una situación como esta: 

Empiezas una conversación con tu mejor amigo y se escucha un inocente “¿ya supiste?” y, sin darnos cuenta, terminamos escuchando una historia completa sobre un vecino, un compañero de trabajo, un familiar o incluso un famoso. 

El chisme forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y, en México, parece estar presente en casi cualquier reunión: durante la comida, en la oficina, en el mercado, en el transporte público o mientras se toma un café.

Aunque durante mucho tiempo ha tenido una fama negativa, la ciencia ha comenzado a mirar este fenómeno desde otra perspectiva. 

Investigadores en psicología, antropología y sociología coinciden en que el chisme no siempre responde a la mala intención. 

En realidad, puede cumplir funciones importantes para la convivencia humana, fortalecer los vínculos sociales e incluso ayudarnos a comprender mejor las normas de una comunidad.

Entonces, ¿por qué disfrutamos tanto escuchar o contar un chisme? La respuesta es mucho más compleja e interesante de lo que parece.

¿Por qué nos gusta tanto el chisme? Descubre la explicación psicológica, antropológica y social detrás de una de las costumbres más comunes en México, ¿eres chismos@?
Experta de la UNAM explica por qué amamos el chisme

El chisme existe desde mucho antes que las redes sociales

Mucho antes de que existieran Facebook, WhatsApp, TikTok o X, las personas ya compartían historias sobre otros miembros de su comunidad. 

El chisme es prácticamente tan antiguo como la humanidad.

Desde la antropología, se considera que hablar sobre terceros permitió a los primeros grupos humanos fortalecer la cooperación y detectar comportamientos que podían beneficiar o perjudicar al grupo. 

En otras palabras, el intercambio de información ayudaba a saber en quién confiar, quién rompía las reglas o quién era digno de reconocimiento.

Diversos antropólogos, entre ellos el británico Robin Dunbar, han señalado que el lenguaje evolucionó, en parte, para facilitar este intercambio de información social. 

Así como otros primates dedican tiempo a acicalarse mutuamente para fortalecer vínculos, los seres humanos desarrollaron las conversaciones como una forma de mantener unidas comunidades cada vez más grandes.

Por eso, lejos de ser una costumbre moderna, el chisme ha acompañado prácticamente toda la historia de la civilización.

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El chisme existe desde que las personas comenzaron a relacionarse en grupos / Foto: Cortesía | Pixabay

¿Qué dice la UNAM sobre el chisme?

Desde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialistas han explicado que el chisme es un fenómeno social mucho más complejo de lo que solemos pensar.

De acuerdo con María Angélica Galicia, investigadora de la UNAM, el chisme constituye una forma de intercambio de información que permite interpretar el comportamiento de otras personas y comprender las reglas no escritas de una comunidad.

En otras palabras, cuando alguien cuenta una historia sobre otra persona, también transmite información sobre aquello que considera correcto, incorrecto, admirable o reprobable.

Por ello, el chisme funciona como un mecanismo que ayuda a reforzar normas sociales y construir identidad dentro de un grupo.

La investigadora María, menciona que no todo chisme busca dañar. En numerosas ocasiones simplemente satisface nuestra curiosidad natural por conocer lo que sucede alrededor.

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El chisme es un placer de la vida y motivación para muchos en su día a día / Foto: Cortesía | Pixabay

El cerebro también encuentra recompensa al escuchar un buen chisme

Nuestro interés por conocer historias personales también tiene una explicación desde la psicología.

Las personas somos seres profundamente sociales. El cerebro presta especial atención a cualquier información relacionada con otros individuos porque esa información puede resultar útil para la convivencia.

Cuando escuchamos una historia interesante, especialmente si involucra emociones, conflictos, logros o sorpresas, diferentes áreas cerebrales relacionadas con la atención, la memoria y la recompensa aumentan su actividad.

Además, las historias generan empatía. Sin darnos cuenta, imaginamos cómo reaccionaríamos si estuviéramos en el lugar de los protagonistas, lo que hace que la conversación resulte aún más atractiva.

Esto explica por qué una charla cotidiana suele captar mucho más nuestra atención que una lista de datos o cifras como cuando estudias. 

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Por qué nos gusta el chisme / Especial

El chisme también ayuda a fortalecer relaciones

Una de las conclusiones más interesantes de los estudios antropológicos es que compartir información personal puede fortalecer los vínculos entre quienes conversan.

Cuando dos personas intercambian historias, opiniones o experiencias, se genera confianza, cercanía y sentido de pertenencia.

Por supuesto, esto no significa que difundir rumores falsos o hablar mal de otras personas sea positivo. La diferencia está en la intención y en el contenido.

Mientras un rumor malicioso busca perjudicar la reputación de alguien, muchas conversaciones cotidianas simplemente sirven para ponerse al día, compartir experiencias o interpretar situaciones sociales.

En ese sentido, el chisme puede convertirse en una herramienta de cohesión dentro de familias, grupos de amigos o comunidades enteras.

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¿Por qué en México el chisme forma parte de la cultura popular?

En México, la convivencia ocupa un lugar muy importante en la vida cotidiana.

Las reuniones familiares, las sobremesas, los mercados, las plazas, las oficinas y hasta el transporte público suelen convertirse en escenarios donde las conversaciones fluyen con naturalidad.

Nuestra cultura valora la cercanía, la conversación espontánea y el interés por la vida de quienes nos rodean. Eso hace que compartir anécdotas personales resulte una práctica frecuente.

Además, el humor mexicano ha incorporado el chisme como parte de su identidad cultural. 

Programas de televisión, películas, memes, redes sociales y personajes populares suelen retratar situaciones donde alguien “anda de chismoso”, generalmente con un tono cómico que todos reconocen.

Esta normalización explica por qué muchas personas utilizan la palabra “chisme” incluso para referirse a noticias curiosas o simples novedades, sin que necesariamente exista una intención negativa.

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Cuando el chisme deja de ser inofensivo

Aunque el chisme puede cumplir funciones sociales positivas, también tiene un lado que merece atención.

Cuando la información es falsa, se comparte sin verificar o busca desacreditar deliberadamente a una persona, deja de ser una simple conversación y puede convertirse en una forma de violencia. 

Los rumores pueden afectar reputaciones, romper relaciones familiares, generar conflictos laborales e incluso provocar consecuencias emocionales importantes para quienes son objeto de ellos.

En la actualidad, las redes sociales han multiplicado el alcance de este fenómeno. Lo que antes se comentaba entre unas cuantas personas ahora puede difundirse en cuestión de minutos y llegar a miles o millones de usuarios. 

Por ello, especialistas insisten en la importancia de desarrollar un pensamiento crítico antes de compartir información cuya veracidad no ha sido comprobada.

La curiosidad forma parte de la naturaleza humana, pero la responsabilidad también. Saber distinguir entre una conversación cotidiana y la difusión de información falsa es fundamental para construir una convivencia más sana.

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En la mayoría de los casos el chisme es información que se prohíbe compartir

Entonces… ¿nos gusta el chisme por naturaleza?

La respuesta corta es sí, pero con varios matices.

En este estudio titulado “Aproximación antropológica al chisme” de la investigadora de la UNAM, María Angélica Galicia coincide en que el interés por conocer la vida de otras personas es una característica profundamente humana. 

Desde tiempos prehistóricos, esta información ayudó a nuestros antepasados a identificar aliados, comprender normas sociales y fortalecer la cooperación dentro de los grupos.

Lo interesante es que el chisme no siempre gira alrededor de conflictos. También compartimos buenas noticias, logros, romances, nacimientos, cambios de trabajo o historias que simplemente despiertan nuestra curiosidad. 

En ese sentido, el chisme funciona como una forma de narrar la vida cotidiana y de mantenernos conectados con nuestro entorno.

Quizá por eso resulta tan difícil imaginar una reunión familiar, una sobremesa o una plática entre amigos donde, tarde o temprano, alguien no pregunte: “¿Y ahora qué pasó?”.

El chisme ha acompañado a la humanidad durante miles de años y, lejos de ser únicamente un mal hábito, representa una herramienta de comunicación que ha ayudado a construir comunidades, transmitir normas sociales y fortalecer relaciones. 

La ciencia demuestra que nuestro interés por conocer historias sobre otras personas tiene raíces evolutivas, psicológicas y culturales mucho más profundas de lo que solemos imaginar.

La próxima vez que escuches un “¿ya supiste?”, quizá descubras que detrás de esa frase hay una historia interesante, pero también un fenómeno social que lleva miles de años acompañando a la humanidad.

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