Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
Descubre la historia de la gran inundación de 1629, la catástrofe que dejó a la Ciudad de México bajo el agua durante 5 años. ¡Conoce cómo sobrevivió la capital virreinal!
Caminar hoy en día por las calles de asfalto del Centro Histórico de la Ciudad de México, entre el ruido del tráfico moderno y los imponentes palacios coloniales, hace que parezca imposible imaginar que este mismo suelo estuvo sepultado bajo el agua durante media década… ¿¡No sabías!?
Quienes habitamos o visitamos la capital estamos acostumbrados a los encharcamientos temporales provocados por las tormentas de verano, pero la memoria histórica resguarda un episodio de tintes apocalípticos que casi borra de la faz de la tierra a la metrópoli más importante del virreinato.
¿Sabías que hubo un tiempo en que la capital de la Nueva España se transformó por completo en una Venecia involuntaria y trágica, donde el tejido social se desmoronó y las canoas se convirtieron en el único medio de transporte disponible para cruzar de un edificio a otro?
La magnitud de este desastre va mucho más allá de un simple dato curioso de las crónicas antiguas. Se trata de una de las crisis humanitarias y urbanísticas más severas registradas en el continente americano.
Durante cinco años ininterrumpidos, la vida cotidiana de miles de personas se reconfiguró por completo entre epidemias, hambrunas y el colapso de las plantas bajas de las viviendas familiares.
En México Travel Channel nos sumergimos en los documentos de la época, las crónicas de los testigos presenciales y las investigaciones históricas para narrar a detalle cómo ocurrió la gran inundación de 1629, el momento exacto en el que el agua reclamó su antiguo territorio y la increíble resistencia de una población que se negó a abandonar su ciudad.
¿Estás listo para este viaje?
El origen del desastre: La tromba de San Mateo y el error de tapar el desagüe
La tragedia que sumergió a la capital no fue únicamente un capricho de la naturaleza, sino la consecuencia directa de una pésima planeación urbana que ignoró la geografía lacustre de la cuenca.
Registros históricos recopilados por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) apuntan al 21 de septiembre de 1629 como el día en que inició el desastre, fecha en que una tormenta colosal conocida como la “Tromba de San Mateo” azotó el Valle de México durante más de 36 horas continuas.
Pero el agua no habría alcanzado niveles tan destructivos de no haber sido por una negligencia administrativa previa.
Pocos años antes, ante el temor de que las obras del naciente ”Tajo de Nochistongo” secaran los lagos y afectaran la navegación, las autoridades virreinales -como el Virrey Rodrigo Pacheco y Osorio (Marqués de Cerralbo)- ordenaron tapar los canales de desagüe.
Cuando los ríos de la cuenca se desbordaron y el lago de Texcoco rompió sus diques, el agua no encontró salida alguna, inundando las calles principales en cuestión de horas y alcanzando una altura de más de dos metros en el corazón de la plaza mayor.
Y si te preguntas “¡Ah! ¿Y cuál es ese ”Tajo de Nochistongo”?
¡Aquí te respondemos!
El Tajo de Nochistongo fue la obra de ingeniería hidráulica más colosal, ambiciosa y desesperada de la época colonial en México (1521 hasta 1821). Consistió en una gigantesca trinchera o canal a cielo abierto excavado a mano en el noroeste del Valle de México (en el actual municipio de Huehuetoca, Estado de México) con el objetivo de drenar el exceso de agua de la cuenca y evitar que la capital se inundara.

La vida en los segundos pisos: El día a día de una sociedad flotante
La prolongación de la inundación obligó a los sobrevivientes a adaptar su arquitectura y su movilidad cotidiana a una realidad completamente acuática.
De acuerdo con información que guarda el Archivo General de la Nación (AGN), se describe un panorama desolador y fascinante a la vez: la Ciudad de México se convirtió en un lago donde las plantas bajas de los palacios, iglesias y casas quedaron completamente inhabitables, cubiertas de lodo y aguas negras.
Las familias de la alta sociedad y los comerciantes se vieron obligados a trasladar sus recámaras, cocinas y pertenencias a los segundos pisos y azoteas de los inmuebles.
El transporte terrestre desapareció por completo; los carruajes y caballos fueron sustituidos por miles de canoas e improvisadas balsas de madera que navegaban entre los balcones superiores.
Para asistir a misa, los feligreses ataban sus embarcaciones a las ventanas altas de los templos, mientras que el abasto de alimentos dependía enteramente de los indígenas de las zonas periféricas como Xochimilco, quienes ingresaban a la zona urbana flotando para vender legumbres y maíz a precios estratosféricos.
El colapso demográfico y el proyecto fallido de mudar la capital del país
La crisis sanitaria y económica provocada por el estancamiento del agua puso en jaque la continuidad de la Ciudad de México como el epicentro político de la Nueva España.
Estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) detallan que la permanencia del agua durante cinco años propició brotes masivos de enfermedades como el tifus y paludismo, sumado a una hambruna generalizada por la pérdida de los cultivos de la región.
Se calcula que más de 30,000 indígenas fallecieron en las zonas marginadas y cerca de 20,000 familias españolas empacaron lo poco que les quedaba para emigrar de forma definitiva hacia ciudades vecinas como Puebla o Querétaro.
La desesperación llegó a tal punto que el propio rey de España, Felipe IV, emitió una orden oficial para evaluar la mudanza completa de la capital hacia las llanuras firmes de Tacubaya. No obstante, el enorme valor económico de las propiedades e iglesias ya construidas en el centro de la ciudad y el costo astronómico de erigir una nueva urbe desde cero inclinaron la balanza para que los sectores de poder decidieran resistir hasta que los niveles del agua finalmente bajaran en 1634.
Pero… ¿Cómo es que los niveles del agua bajaron?
Los niveles de agua de la gran inundación finalmente bajaron en 1634 debido a una combinación de tres factores críticos: el clima, la reactivación forzada de la ingeniería hidráulica y el propio colapso del terreno.
¡Aquí el detalle!
1. Una sequía severa y evaporación natural
El factor más determinante no fue la ingeniería humana, sino un cambio radical en el clima. Después de cinco años de lluvias atípicas y constantes, el año 1634 trajo consigo una de las sequías más intensas registradas en el siglo XVII en el Valle de México.
La ausencia de precipitaciones detuvo el flujo de los ríos que alimentaban la cuenca, mientras que las altas temperaturas aceleraron el proceso de evaporación del agua estancada y provocaron que el suelo sediento absorbiera gran parte de la humedad restante.
2. La reapertura y ampliación del Tajo de Nochistongo
Tras el fracaso inicial y el encarcelamiento temporal del ingeniero Enrico Martínez (a quien el virrey culpó de la inundación por haber cerrado el desagüe), las autoridades virreinales se vieron obligadas a liberarlo y exigirle que pusiera a funcionar el sistema a cualquier costo.
Con el apoyo financiero del Real Tribunal del Consulado, se emplearon de forma masiva a miles de trabajadores indígenas para limpiar los derrumbes del túnel, ensanchar las zanjas y convertir formalmente la obra en un canal abierto (el Tajo). Esto permitió que el agua acumulada en las partes altas de la cuenca comenzara a desviarse de manera constante hacia el río Tula, aliviando la presión sobre los lagos centrales.
3. Las grietas geológicas provocadas por los sismos
Durante el periodo de inundación, el Valle de México registró varios sismos de mediana intensidad. Estos movimientos telúricos, combinados con la tremenda presión hidrostática que ejercían millones de toneladas de agua sobre el lecho del lago, agrietaron el subsuelo de la cuenca.
El suelo de la ciudad funcionó literalmente como el drenaje de una bañera. Grandes volúmenes de agua comenzaron a filtrarse de manera subterránea a través de estas nuevas fracturas geológicas, acelerando el descenso de los niveles en la superficie.
Para el verano de 1634, las calles principales del Centro Histórico volvieron a quedar descubiertas, permitiendo que las autoridades iniciaran las labores de limpieza de lodo, reconstrucción de las plantas bajas y el retorno de las miles de familias que habían huido a Puebla y Querétaro.

La huella de un pasado lacustre que aún define a la CDMX
La gran inundación de 1629 nos recuerda que, a pesar de los esfuerzos humanos por pavimentar e imponer el cemento sobre la naturaleza, la Ciudad de México nació de un lago y conserva esa memoria viva en sus entrañas.
Los cinco años que la capital pasó bajo el agua transformaron la fisonomía urbana, obligando a replantear por completo la ingeniería hidráulica del valle y dejando una marca imborrable en el carácter de sus habitantes.
Conocer este pasaje de supervivencia nos invita a mirar con mayor respeto y conciencia ecológica el suelo que pisamos cotidianamente en el corazón del país. ¿Estás de acuerdo?
¿Te imaginas tener que salir en canoa desde la ventana de tu recámara para poder ir a trabajar o comprar comida?
¡Déjanos saber en los comentarios qué opinas de esta increíble historia!
Si te sorprendió descubrir este impactante y olvidado pasaje de nuestra capital, comparte este artículo con tus amigos y familiares para que más personas conozcan el secreto de la inundación de 5 años.
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