Por: Circe Vargón
Una de las postales más impactantes del turismo cultural en México resguarda una crónica de fe, asombro geológico y el día en que la tierra ardió en Michoacán. Conoce la historia de este altar que sobrevivió la furia de la naturaleza.
La tarde del 20 de febrero de 1943, el campesino Dionisio Pulido trabajaba su tierra en Michoacán cuando vio cómo el suelo comenzaba a abrirse, exhalando un espeso humo gris y ruidos ensordecedores.
Se trataba del nacimiento de un coloso que impactaría a los pobladores, en cuestión de horas, nació un volcán frente a los habitantes de la zona: El Paricutín, uno de los fenómenos volcánicos más extraordinarios y mejor documentados del siglo XX.
De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el nacimiento del Paricutín ocurrió en un campo de maíz cercano al poblado del mismo nombre, en el municipio de Parangaricutiro, y su aparición permitió registrar científicamente el ciclo de vida de un volcán desde su origen, convirtiéndose en un caso clave para la vulcanología moderna.
Durante los siguientes nueve años y once días, el coloso emitió fuego y lava y transformó un valle que era fértil en un paisaje de roca negra.
La lava recorrió varios kilómetros. Las comunidades vecinas tuvieron que abandonar sus hogares para siempre, viendo a la distancia cómo un río de material incandescente avanzaba implacable, devorando todo a su paso.
El volcán sepultó dos pueblos enteros: Paricutín y San Juan Parangaricutiro. El primero quedó borrado del mapa. Del segundo, solo una estructura desafió el embate de la naturaleza.

En México Travel Channel creemos que viajar es descubrir aquellos rincones donde la naturaleza y la fe humana se entrelazan de formas asombrosas. Acompáñanos a explorar uno de los monumentos más impactantes de la geografía mexicana.
La supervivencia del templo de San Juan Parangaricutiro
Mientras geólogos, fotógrafos y periodistas analizaban la trayectoria de la lava, los habitantes observaban algo completamente distinto.
Para los científicos se trataba de un fenómeno volcánico excepcional; para la comunidad era una prueba de resistencia espiritual.
Ambos grupos presenciaron exactamente el mismo acontecimiento, pero lo interpretaron desde lenguajes diferentes: Unos hablaban de flujos magmáticos y topografía; otros, de protección divina y esperanza. Quizá por eso la historia sigue fascinando a más de ochenta años después.
La lava avanzaba de forma lenta pero devastadora, cubriendo viviendas, parcelas agrícolas y calles de San Juan Parangaricutiro.
Cuando el material incandescente llegó a las puertas del majestuoso templo del Señor de los Milagros, los pobladores temieron lo peor.
Sin embargo, ocurrió un fenómeno que con el paso del tiempo dio origen a una de las historias más sorprendentes de México.
Desde una perspectiva geológica, la lava del Paricutín no avanzó como una ola uniforme. Los especialistas explican que los flujos volcánicos pueden dividirse, perder velocidad o rodear obstáculos dependiendo de la topografía, la temperatura y la composición del terreno.
La erupción del Paricutín fue ampliamente estudiada por científicos nacionales e internacionales, incluido personal del Smithsonian Institution (uno de los complejos de investigación, educación y divulgación científica más importantes del mundo, con sede en Estados Unidos) que documentó su crecimiento mediante fotografías, video y trabajo de campo.
Aun así, para los habitantes de la época, el resultado fue asombroso.
La Comunidad Indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro en Michoacán es un ejemplo en materia de desarrollo forestal sustentable. El pueblo San Juan se reconstruyó después de la erupción del volcán Paricutín en 1943, por lo que se les conoce como “El pueblo que se negó a morir”. pic.twitter.com/bV8NmT1YVN
— CONAFOR (@CONAFOR) December 29, 2018
La roca volcánica rodeó gran parte del complejo religioso y penetró algunas áreas del templo, pero el altar principal y parte de la estructura sobrevivieron. Además, diversos elementos religiosos fueron rescatados por los habitantes antes del abandono definitivo, mientras que parte de la estructura vinculada al altar permaneció visible entre los flujos volcánicos.
Por esta razón, algunos visitantes suelen hablar del “milagro del altar”. Sin embargo, es importante precisar que la preservación de ciertas secciones del templo ha sido explicada por factores geológicos y arquitectónicos, mientras que la interpretación religiosa forma parte de la tradición y la fe de la comunidad.
Los geólogos explican que la preservación parcial del templo se relaciona con varios factores.
La topografía del terreno obligó a que algunos flujos de lava cambiaran de dirección o perdieran velocidad, mientras que la solidez de la construcción de piedra permitió que ciertas secciones resistieran mejor la presión y el calor.
Además, los flujos volcánicos no suelen avanzar de manera uniforme, por lo que pueden rodear estructuras elevadas o encontrar rutas de menor resistencia.
En la actualidad, la imagen del santuario parcialmente sepultado se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Michoacán.
A diferencia de las ruinas arqueológicas antiguas, este sitio representa la memoria de un acontecimiento ocurrido en tiempos modernos, documentado mediante fotografías, películas, estudios científicos y testimonios de quienes vivieron la erupción.
Una noche estrellada en las ruinas de San Juan Parangaricutiro.
— Michoacán (@Michoacan) August 25, 2023
No cabe duda que #Michoacán es #elAlmadeMéxico
📸Cega Pixel pic.twitter.com/O1RRDqsUL6
Las ruinas del Paricutín: Un paisaje volcánico único en México
Hoy en día, visitar este sitio es una experiencia mística que transporta a los viajeros a un mundo completamente distinto.
Al llegar, los visitantes encuentran una enorme extensión de roca volcánica oscura de la que emergen la torre del campanario, fragmentos de los muros del templo y parte de la estructura religiosa original.
Caminar entre estos vestigios permite dimensionar la magnitud de una de las erupciones volcánicas más importantes registradas en México durante el siglo XX.
Las ruinas de San Juan Parangaricutiro pueden visitarse desde la comunidad purépecha de Angahuan, en Michoacán. Esta localidad funciona como uno de los principales puntos de partida para llegar al antiguo templo sepultado por la lava.
Los recorridos suelen realizarse a pie o a caballo atravesando el llamado malpaís, término geológico utilizado para describir extensos terrenos formados por antiguos flujos de lava endurecida. Estas superficies se caracterizan por ser irregulares, accidentadas y de difícil tránsito, resultado directo de la actividad volcánica.
El lugar se ha convertido en una referencia internacional para especialistas, estudiantes y viajeros interesados en la geología, ya que permite observar de forma directa cómo una erupción transformó completamente el entorno.
Ruinas del Templo de San Juan Viejo El Nuevo San Juan Parangaricutiro, así conocido debido a que en esta zona nació el volcán más joven del continente americano, el Paricutín, en el año 1943.
— Visit México (@VisitMex) January 29, 2021
📸 @feernando_gc
📍 Ubicación: San Juan Viejo Parangaricutiro, Michoacán pic.twitter.com/o6vV8WEmQL
El Smithsonian también identifica al Paricutín como un caso excepcional para entender el nacimiento y desarrollo de un volcán en tiempo real.
Además de las ruinas, el recorrido ofrece una inmersión en la cultura purépecha. En Angahuan todavía se conservan tradiciones gastronómicas, artesanales y comunitarias que permiten comprender cómo las poblaciones locales reconstruyeron su vida después de la erupción.
La experiencia se complementa con la posibilidad de degustar alimentos tradicionales preparados en comal de barro, adquirir artesanías regionales y conocer relatos transmitidos por generaciones sobre el nacimiento del volcán.
Frecuentemente se describe la zona como un “paisaje lunar”. Aunque se trata de una expresión turística y no científica, se utiliza para transmitir la impresión visual que generan las enormes extensiones de roca volcánica negra, prácticamente desprovistas de vegetación en algunos sectores y con una apariencia radicalmente distinta a la del entorno boscoso circundante.
Este escenario se ha convertido en un atractivo para fotógrafos, excursionistas y viajeros de todo el mundo.
La forma más común de llegar es desde Uruapan, considerada la principal puerta de acceso al Paricutín. Desde ahí se puede viajar por carretera hacia Angahuan, comunidad ubicada a aproximadamente 47 kilómetros.
Una vez en Angahuan, los visitantes pueden contratar recorridos guiados a pie o a caballo para llegar a las ruinas de San Juan Parangaricutiro y, si lo desean, continuar hasta el cráter del volcán.
La actividad turística se concentra principalmente en Angahuan y Nuevo San Juan Parangaricutiro.
Además de visitar las ruinas y el volcán, es posible contratar guías locales, rentar caballos, hospedarse en cabañas, visitar pequeños museos comunitarios, consumir gastronomía purépecha y adquirir artesanías elaboradas por habitantes de la región.
El turismo se ha convertido en una fuente importante de ingresos para varias familias locales.
Emprende la aventura en el pueblo engullido por el volcán: Nuevo San Juan Parangaricutiro. #SomosMichoacán 🌋 pic.twitter.com/wlFnaY3QRw
— Michoacán (@Michoacan) May 24, 2017
***TE PUEDE INTERESAR: El pueblo de Michoacán que inspiró “Coco”: La resistencia Purépecha frente al mito de Hollywood***
La reconstrucción de la comunidad después de la erupción
Más allá de su relevancia geológica, el sitio permanece como un monumento a la capacidad de adaptación de las comunidades que tuvieron que abandonar sus hogares para comenzar de nuevo.
Los habitantes fundaron posteriormente el actual Nuevo San Juan Parangaricutiro, localidad que conserva gran parte de la identidad cultural, religiosa y lingüística de la antigua comunidad sepultada por la erupción.
El traslado de la población y la permanencia del culto al Señor de los Milagros forman parte de la memoria colectiva vinculada al nacimiento del Paricutín.
Nuevo San Juan Parangaricutiro se encuentra a unos 30 kilómetros de Angahuan y forma parte de las rutas utilizadas para visitar el Paricutín y las ruinas del antiguo San Juan Parangaricutiro.
Dependiendo del trayecto utilizado, el recorrido por carretera suele tomar alrededor de 40 minutos a una hora.
Nuevo San Juan Parangaricutiro ✨😍
— Michoacán (@Michoacan) August 24, 2023
¡Y éntrenle a San Juan bailando!#Michoacán #elAlmadeMéxico
📸 Foto 1. Alfonso Silva Pacheco pic.twitter.com/PoVSVrLeyu
La iglesia de San Juan Parangaricutiro es el testimonio de uno de los fenómenos naturales más extraordinarios documentados en América del Norte y un símbolo de la relación entre naturaleza, memoria y patrimonio cultural.
Más de ocho décadas después del nacimiento del Paricutín, las ruinas continúan siendo uno de los sitios turísticos más emblemáticos de Michoacán y una parada obligada para quienes desean conocer una de las historias más extraordinarias del México contemporáneo.
¿Ya conoces este lugar? Sigue descubriendo los tesoros en México Travel Channel.
Visita www.mexicotravelchannel.com y síguenos en redes sociales: @MexicoTravelChannel en Facebook, Instagram y TikTok.





