Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)
¿Sabes por qué pedimos calaverita en México? Descubre su origen, qué relación tiene con el Día de Muertos y cómo cambió con el Halloween. ¿Lo hiciste alguna vez?
“¿Me da mi calaverita?”.
Seguramente has escuchado esta frase cientos de veces durante los últimos días de octubre y los primeros de noviembre. Niños disfrazados de catrinas, fantasmas, brujas o personajes de películas recorren las calles con una bolsa o una calabaza de plástico esperando regresar a casa con muchos dulces.
Es una escena tan familiar que pocas veces nos detenemos a pensar de dónde surgió esta costumbre. ¿Siempre se pidieron golosinas? ¿Tiene raíces prehispánicas? ¿O llegó a México por influencia del Halloween?
Lo curioso es que la respuesta reúne varios momentos de nuestra historia, desde las prácticas de caridad durante la época colonial hasta las transformaciones culturales del siglo XX.
En México Travel Channel te contamos cómo nació esta tradición y por qué continúa formando parte de las celebraciones de Día de Muertos.

¿Cuál es el verdadero origen de pedir calaverita en México?
Aunque existen distintas versiones sobre el origen de pedir calaverita, los especialistas coinciden en que no puede explicarse mediante una sola historia.
El antropólogo Claudio Lomnitz, estudioso de las prácticas mexicanas relacionadas con la muerte, ha vinculado esta costumbre con la llamada caridad funeraria, una práctica mediante la cual se entregaban limosnas o alimentos a personas necesitadas en contextos de duelo y conmemoración de los difuntos.
Esta relación entre los vivos, los muertos y los actos de caridad ayuda a comprender por qué pedir algo durante estas fechas llegó a adquirir un significado especial.
Por su parte, el antropólogo Erik Mendoza, identifica antecedentes importantes durante la época novohispana, particularmente alrededor del siglo XVIII.
En aquel periodo, las celebraciones católicas de Todos los Santos y Fieles Difuntos incluían prácticas religiosas y visitas a los templos. Con el tiempo, la conmemoración de los muertos también adquirió un carácter familiar.
Una de las explicaciones históricas recogidas por el investigador señala que las familias con mayores recursos preparaban ofrendas abundantes, mientras que algunas personas de escasos recursos solicitaban alimentos para recordar a sus propios difuntos.
Sin embargo, esto no significa que la costumbre actual de salir disfrazado a pedir dulces existiera exactamente como la conocemos desde entonces.
La tradición fue cambiando durante generaciones.

¿Es verdad que pedir calaverita comenzó con un niño huérfano?
Una de las historias más difundidas asegura que, antes de la llegada de los españoles, un niño huérfano no tenía suficientes recursos para preparar una ofrenda dedicada a sus familiares fallecidos.
Según el relato, decidió pintarse el rostro como una calavera y salir a pedir alimentos para honrar a sus muertos.
Aunque es una historia conmovedora, no existen pruebas históricas suficientes para considerarla el origen de esta tradición.
Erik Mendoza ha cuestionado esta versión porque las ceremonias mortuorias de los pueblos mesoamericanos tenían características y calendarios diferentes a los del Día de Muertos actual.
Además, algunos alimentos mencionados en la leyenda, como el pan elaborado con trigo, llegaron a México después de la conquista española.
Por eso, aunque la relación de los pueblos originarios con la muerte es fundamental para comprender las celebraciones mexicanas, no sería correcto afirmar que pedir calaverita surgió exactamente de aquel relato.

Antes de los dulces, los niños pedían calaverita con chilacayotes
Mucho antes de las calabazas de plástico y las bolsas repletas de chocolates, algunos niños mexicanos utilizaban recipientes elaborados con frutos naturales.
Un ejemplo particularmente interesante aparece en los testimonios históricos de Santa Anita, en la actual alcaldía Iztacalco de la Ciudad de México.
Durante la década de 1930, los niños de aquella comunidad salían con chilacayotes ahuecados, a los que les tallaban ojos y boca y colocaban una pequeña vela en su interior.
En lugar de recibir las golosinas comerciales que conocemos actualmente, pedían dulce de calabaza preparado con piloncillo, conocido como chacualole.
Los pequeños recorrían las casas cantando versos y, al terminar, compartían lo que habían reunido.
Este testimonio, recuperado por El Universal en su investigación Pedir calaverita no es sólo tradición gringa, muestra que la costumbre tenía expresiones locales mucho antes de que los disfraces modernos y las golosinas empaquetadas dominaran la celebración.

¿Qué relación tiene pedir calaverita con el Halloween?
Aquí es donde la historia se vuelve todavía más interesante.
Aunque pedir calaverita tiene antecedentes propios en México, su forma actual también recibió influencia del Halloween estadounidense, especialmente por la popularización de los disfraces y la costumbre de recorrer casas para recibir dulces.
El Halloween, a su vez, reúne influencias de antiguas festividades europeas, como el Samhain, y de tradiciones cristianas relacionadas con la víspera de Todos los Santos.
En Estados Unidos se popularizó el trick-or-treating, conocido en español como “dulce o truco”, durante el siglo XX.
Con la circulación de películas, programas de televisión, productos comerciales y otras expresiones culturales, esta práctica comenzó a convivir cada vez más con las costumbres mexicanas.
El resultado fue una transformación: en muchas ciudades, los niños empezaron a salir disfrazados y a recibir caramelos, chocolates o pequeños regalos, pero conservaron una expresión muy mexicana: “¿Me da mi calaverita?”.
Esto demuestra que las tradiciones no permanecen inmóviles. Se adaptan, incorporan elementos de otras culturas y adquieren nuevos significados sin necesariamente perder sus raíces.

¿Cuándo se pide calaverita en México?
Aunque muchas personas relacionan esta costumbre con el 31 de octubre, no existe una fecha única que se respete en todo el país.
En numerosas comunidades, los niños salen a pedir calaverita el 1 de noviembre, fecha asociada con Todos los Santos y, en distintas tradiciones mexicanas, con el recuerdo de los niños fallecidos.
Sin embargo, también es habitual que lo hagan el 31 de octubre, coincidiendo con Halloween, y en algunos lugares la costumbre continúa hasta el 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos.
Estas diferencias reflejan la diversidad regional de México, donde cada comunidad conserva su propia manera de celebrar.

¿Por qué se llama calaverita si ahora se regalan dulces?
La palabra calaverita forma parte de un universo simbólico muy importante en México, donde la representación de los cráneos aparece en artesanías, ilustraciones, dulces y ofrendas.
El Archivo General de la Nación explica que la imagen de la calavera ha adquirido distintos significados a lo largo de nuestra historia, desde las representaciones rituales del México antiguo hasta las expresiones artísticas contemporáneas.
Las tradicionales calaveritas de azúcar, por ejemplo, se desarrollaron mediante técnicas de confitería como el alfeñique, introducidas durante el período colonial.
Pero hay otro detalle interesante: en algunas comunidades, el nombre de la costumbre se relaciona con los chilacayotes tallados en forma de calavera que utilizaban los niños para recibir sus regalos.
Una investigación etnográfica publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documenta que, en La Candelaria, Coyoacán, se pedía originalmente dinero para la calavera. Con el paso de las décadas aparecieron otros recipientes, como cajas de cartón y calabazas de plástico, y se incorporaron los dulces comerciales.
Así, una expresión que en distintos lugares estuvo asociada con la muerte, la caridad y los recipientes tradicionales terminó convirtiéndose en una de las frases más reconocibles de esta temporada.

Pedir calaverita: una tradición que sigue cambiando sin perder su historia
La próxima vez que escuches a un niño preguntar “¿me das mi calaverita?”, recuerda que detrás de esa sencilla frase existe mucho más que una petición de dulces.
Hay historias de familias que compartían alimentos, comunidades que recorrían sus calles con chilacayotes iluminados y generaciones que fueron incorporando nuevas costumbres a una celebración profundamente mexicana.
El Día de Muertos es precisamente una muestra de cómo las tradiciones pueden transformarse y continuar transmitiendo identidad.
La UNESCO reconoce las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2008, destacando su importancia para la memoria y la vida comunitaria.
¿Tú cómo pedías calaverita cuando eras niño? ¿Con una bolsa, una calabaza o un chilacayote?
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