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Por: Circe Vargón

A pocos kilómetros de la Ciudad de México existe un lugar donde los muros de piedra, las antiguas capillas y los senderos arbolados cuentan historias que se remontan a varios siglos.

Se trata del Parque Nacional Molino de Flores Nezahualcóyotl, ubicado en Texcoco, Estado de México, un destino que combina patrimonio arquitectónico, naturaleza y actividades recreativas.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), el sitio conserva construcciones vinculadas con una antigua hacienda dedicada a diferentes actividades productivas, entre ellas la elaboración de pulque.

Hoy, caminar por sus patios, descubrir sus capillas y observar los vestigios de sus instalaciones permite imaginar cómo era la vida en uno de los complejos históricos más representativos de la región.

Además, su cercanía con Texcoco lo convierte en una alternativa para quienes desean organizar una escapada cultural sin alejarse demasiado de la capital.

A pocos kilómetros de la capital, este parque nacional ofrece una experiencia donde el pasado sigue presente entre ruinas y jardines. Foto: Sectur

Un origen que se remonta a los tiempos de Nezahualcóyotl

La importancia histórica del sitio radica en que ocupa una zona estrechamente vinculada con el antiguo señorío de Nezahualcóyotl, gobernante de Texcoco reconocido por su legado político, cultural e hidráulico en el México prehispánico.

El territorio formó parte de la región histórica de Texcoco, vinculada con el gobernante Nezahualcóyotl (1402-1472), gobernante de Texcoco, poeta, filósofo y estratega político, es considerado una de las figuras más importantes del México prehispánico.

En esta zona se encontraba el antiguo asentamiento de Cuxcacuahco, cuyo nombre se ha interpretado como lugar del águila de collar.

La presencia del río Coxcacuaco fue fundamental para el desarrollo de actividades agrícolas, ganaderas y manufactureras, ya que sus aguas permitían mover molinos, abastecer cultivos y sostener los procesos productivos que posteriormente caracterizarían a la hacienda.

El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH documenta que los recursos hidráulicos de la zona fueron aprovechados durante la época colonial para establecer instalaciones productivas que dieron origen al desarrollo de la hacienda.

Con el paso de los siglos, aquel paisaje se transformó en una hacienda cuyos vestigios todavía pueden recorrerse.

Foto: INAH
La historia del pulque sigue presente en los rincones que formaron parte de la vida cotidiana de la propiedad./Foto: INAH

De un molino colonial a una de las haciendas históricas de Texcoco

La historia colonial del Molino de Flores se remonta al siglo XVI.

En 1567, el empresario y propietario colonial Juan Vázquez estableció un batán destinado al procesamiento de textiles, aprovechando la fuerza hidráulica del lugar.

Posteriormente, en 1585, el propietario colonial Pedro de Dueñas instaló un molino de trigo que utilizaba el mismo sistema hidráulico.

La investigación El Molino de Tuzcacuaco. Antecedentes de la hacienda Molino de Flores, Texcoco, Estado de México, 1567-1667, publicada en el Boletín de Monumentos Históricos del INAH, documenta el desarrollo de estas instalaciones y su importancia para la actividad económica de la región.

El nombre actual apareció posteriormente.

En 1667, la propiedad quedó vinculada con Alfonso Flores de Valdés, integrante de una familia cuyo apellido terminó identificando al conjunto.

Así, el antiguo Molino de Tuzcacuaco comenzó a ser conocido como Molino de Flores.

Con el paso del tiempo, la hacienda incorporó diferentes construcciones destinadas a la producción, el almacenamiento y la vida cotidiana de sus habitantes.

El Molino de Flores conserva algunos de los testimonios arquitectónicos más importantes del pasado histórico de Texcoco./Foto: Wikimedia Commons

Cuando el pulque formaba parte de la riqueza de la hacienda

Durante el desarrollo de la propiedad, la producción agrícola y otras actividades económicas transformaron el lugar en un importante complejo regional.

La CONANP señala que una de las actividades por las que llegó a ser reconocido fue la elaboración de pulque, bebida tradicional obtenida mediante la fermentación del aguamiel del maguey.

Todavía pueden observarse construcciones relacionadas con aquella época, como el tinacal, espacio utilizado tradicionalmente para la fermentación del pulque, además de la tienda de raya, el horno de pan, la cochera y otras dependencias.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) documenta la conservación de estos espacios y su importancia dentro del conjunto histórico.

Recorrerlos permite imaginar una época en la que el movimiento de trabajadores, animales, mercancías y productos agrícolas formaba parte de la vida cotidiana de la hacienda.

La elaboración de pulque fue una de las actividades económicas que marcaron la historia del Molino de Flores./Foto: Archivo

¿Por qué el Molino de Flores se convirtió en Parque Nacional?

Después de la Revolución Mexicana (1910-1920), el antiguo complejo productivo atravesó una etapa de transformación.

El deterioro de algunas construcciones y los cambios en el uso de las tierras modificaron el paisaje que había caracterizado a la hacienda durante siglos.

Sin embargo, su valor histórico y natural motivó una decisión fundamental para su conservación.

El 5 de noviembre de 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decretó la creación del Parque Nacional Molino de Flores Netzahualcóyotl.

El documento publicado en el Diario Oficial de la Federación reconoció la importancia de proteger el entorno natural, los monumentos históricos y las construcciones que formaban parte del lugar.

El decreto presidencial de convirtió al lugar en uno de los parques nacionales históricos más cercanos a la Ciudad de México, permitiendo conservar tanto los vestigios arquitectónicos de la hacienda como el entorno natural asociado al antiguo cauce del río Coxcacuaco.

Actualmente, la CONANP registra una superficie protegida de 45.66 hectáreas, donde se combinan áreas naturales y vestigios históricos.

El sitio permite comprender la transformación de un antiguo complejo productivo en un espacio de conservación histórica y natural. Foto: Wikimedia Commons

¿Qué hacer en el Molino de Flores?

Una de las mayores ventajas de visitar el Molino de Flores es que no existe una sola manera de disfrutarlo.

Puedes dedicar la mañana a conocer la historia de la antigua hacienda, caminar entre sus construcciones, descubrir sus capillas o simplemente buscar un espacio tranquilo para descansar bajo los árboles, disfruta:

El parque reúne atractivos arquitectónicos, espacios recreativos como áreas para caminatas, zonas de descanso, espacios para convivencia familiar y amplias explanadas utilizadas por visitantes durante fines de semana y temporadas vacacionales

Estos son algunos de los lugares que vale la pena incluir en tu recorrido.

La Iglesia de San Joaquín y la Capilla del Señor de la Presa

Entre las construcciones más representativas destacan la Iglesia de San Joaquín y la Capilla del Señor de la Presa.

Ambas forman parte del patrimonio arquitectónico de la antigua hacienda y permiten observar expresiones religiosas y artísticas de la época colonial y de periodos posteriores.

La Capilla del Señor de la Presa resulta especialmente llamativa por su integración con el entorno rocoso.

Por su parte, la Iglesia de San Joaquín destaca por su arquitectura religiosa vinculada al desarrollo de la hacienda y por los elementos de cantera que todavía pueden apreciarse en su fachada y espacios interiores.

La CONANP señala que buena parte de las edificaciones conservadas, incluida la residencia principal y estos recintos religiosos, están vinculadas con las obras realizadas por Miguel de Cervantes y su esposa.

Contemplar sus fachadas, recorrer sus alrededores y observar los detalles de cantera es una de las experiencias más interesantes del parque.

El parque resguarda tanto patrimonio arquitectónico como espacios naturales de gran relevancia para la región.
Foto: Wikimedia Commons

Camina entre los vestigios de la antigua hacienda

Los patios, arcos, corredores y muros de piedra son parte esencial de la experiencia.

En diferentes puntos del recorrido todavía pueden identificarse espacios que alguna vez estuvieron destinados a la producción y al funcionamiento de la hacienda.

Entre ellos se encuentran el antiguo molino, el tinacal, la tienda de raya, el horno de pan y la cochera.

Cada construcción cuenta una parte de la historia económica y social del lugar.

Lo interesante es que el recorrido no ocurre dentro de un museo convencional: los vestigios forman parte del paisaje y permiten observar cómo la arquitectura histórica convive con la vegetación.

Foto: INAH
Caminar entre los muros del Molino de Flores es viajar a otra época. /Foto: INAH

¿Dónde está el Molino de Flores y cómo llegar desde la CDMX?

El Parque Nacional Molino de Flores Nezahualcóyotl se encuentra en el municipio de Texcoco, Estado de México, a unos cuatro kilómetros de la cabecera municipal.

Su acceso se localiza en la zona de Xocotlán, sobre la carretera que conecta Texcoco con San Miguel Tlaixpan.

Para quienes viajan desde la Ciudad de México, una de las opciones es utilizar la autopista Peñón-Texcoco y continuar hacia el parque siguiendo las indicaciones locales.

La CONANP señala que el trayecto desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México comprende aproximadamente 40 kilómetros por esta vía.

El tiempo total de traslado dependerá del punto de salida, el tránsito y las condiciones del camino.

También es posible llegar a Texcoco en transporte público y buscar una conexión local hacia el parque.

Una vez allí, lo recomendable es llevar calzado cómodo, agua y tiempo suficiente para caminar entre las construcciones históricas y las áreas naturales.

En su ficha oficial, el Parque Nacional Molino de Flores Netzahualcóyotl aparece con un horario de lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas y una cuota de entrada de 95 pesos por persona.

Un rincón con historia para redescubrir cerca de la CDMX

Hay lugares que sorprenden por sus paisajes y otros que permanecen en la memoria por las historias que guardan.

El Molino de Flores reúne ambas experiencias.

Entre sus antiguos muros todavía es posible imaginar el movimiento de los molinos, la vida de los trabajadores de la hacienda y las transformaciones que marcaron al territorio de Texcoco.

Sus capillas recuerdan el pasado religioso del conjunto, mientras que los senderos arbolados permiten disfrutar de un espacio natural que ha acompañado su historia durante generaciones.

Lo que alguna vez fue un importante centro productivo hoy ofrece la posibilidad de descubrir una parte del patrimonio mexicano sin alejarse demasiado de la capital.

Y quizá ésa sea su mayor riqueza: demostrar que no siempre es necesario viajar cientos de kilómetros para encontrar lugares extraordinarios.

¿Has visitado el Parque Nacional Molino de Flores en Texcoco o te gustaría conocer esta antigua hacienda?

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