Por: Circe Vargón
Descubre la historia del Castillo Douglas, la singular residencia de inspiración escocesa que hoy permanece como una de las obras arquitectónicas más sorprendentes de Aguascalientes.
Quien camina por el centro de Aguascalientes difícilmente espera encontrar un castillo.
A unas calles del Templo de San Antonio, detrás de los árboles y del movimiento cotidiano de la avenida Vázquez del Mercado, aparece una construcción de piedra con torres almenadas, murallas, vitrales y un antiguo puente levadizo.
Su silueta parece pertenecer a una fortaleza europea, no a una ciudad del centro de México.
En la entrada puede leerse una frase en latín que revela el origen de todo: Amore, non vanitate (Por amor, no por vanidad).
El conocido Castillo Douglas, también llamado Castillo Ortega-Douglas, fue construido entre 1923 y 1926 como residencia particular de Edmundo Ortega Douglas y su esposa Carmen Llaguno Cansino.
La Secretaría de Turismo de Aguascalientes lo identifica como una construcción inspirada en la arquitectura escocesa y uno de los edificios más singulares del estado.
Más de cien años después, el castillo continúa despertando preguntas. ¿Por qué una familia de Aguascalientes decidió vivir entre murallas, almenas y vitrales? ¿Qué relación tenía con Escocia? ¿Quiénes consiguieron levantar una construcción tan distinta a todo lo que la rodeaba?
Para encontrar las respuestas hay que retroceder hasta la llegada de un empresario británico que ayudó a transformar la vida económica de la ciudad.
El Castillo Douglas, una fortaleza de estilo escocés ubicada en el centro de la ciudad de Aguascalientes.
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En México Travel Channel nos fascina descubrir aquellos lugares donde la arquitectura cuenta historias. Hoy visitamos una construcción única que combina romanticismo, herencia europea y patrimonio cultural en pleno corazón de Aguascalientes.
John Douglas: El empresario británico que encontró un nuevo hogar en Aguascalientes
La historia familiar comenzó con John Douglas, nacido el 6 de febrero de 1840 en Bury, Lancashire, Inglaterra. Después de emigrar a Estados Unidos y recorrer el norte de México, se estableció en Aguascalientes, donde participó en diversos proyectos empresariales e industriales.
En 1895 fundó el molino de trigo La Perla, antecedente de una fábrica de almidón que llevó el mismo nombre.
Diez años después creó la Compañía Eléctrica de Aguascalientes, empresa relacionada con el suministro de energía y la operación de los tranvías urbanos.
Su actividad lo convirtió en una figura vinculada con la modernización de la ciudad durante el cambio del siglo XIX al XX.
John Douglas construyó además una residencia conocida como Chalet Douglas, inmueble distinto del castillo levantado posteriormente.
El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del Instituto Nacional de Antropología e Historia identifica el chalet como una casa habitación vinculada con el empresario y con el desarrollo industrial de Aguascalientes.
Su nombre quedó asociado al proceso de modernización que experimentó la ciudad durante el cambio de siglo.
Su hija Adela Douglas Valencia contrajo matrimonio con José Guadalupe Ortega. De aquella unión nació Edmundo Ortega Douglas, heredero de los apellidos que terminarían dando identidad a la construcción más singular de la familia.
Edmundo creció rodeado por la memoria del abuelo, por los relatos sobre los orígenes europeos de la familia y por una ciudad que comenzaba a cambiar gracias a la electricidad, los tranvías, la industria y el ferrocarril.
Años después transformó aquella herencia en piedra.

/Foto: IA
Edmundo Ortega Douglas y Carmen Llaguno: Una casa construida como promesa
En 1923, Edmundo Ortega Douglas y Carmen Llaguno Cansino emprendieron la construcción de la residencia donde deseaban compartir su vida.
No eligieron la forma habitual de las casas señoriales de Aguascalientes. El proyecto debía evocar una fortaleza medieval, con torres, murallas y elementos asociados con la tradición arquitectónica europea.
La Secretaría de Turismo estatal registra que el Castillo Douglas fue construido entre 1923 y 1926 y lo describe como un edificio inspirado en la tradición escocesa.
En la entrada fueron colocadas las iniciales de Edmundo Ortega y Carmen Llaguno, acompañadas por la inscripción latina vinculada con la historia del inmueble. La frase suele reproducirse como “Amore, non vanitate” o mediante la variante visible atribuida al edificio, y se traduce como “Por amor, no por vanidad”.
La expresión determina la manera en que el castillo ha sido recordado. Sus torres podían mostrar la posición económica de sus propietarios, pero la inscripción invitaba a contemplarlo como una obra concebida para una familia y no únicamente como una exhibición de fortuna.
Así, el Castillo Douglas quedó unido para siempre con una historia de amor. No porque exista una tragedia escondida en sus habitaciones, sino porque sus propietarios decidieron declarar, desde la entrada, la intención con la que había sido construido.
“Amore ne vanitate” es la inscripción que puede leerse en la entrada de el Castillo Douglas: una fortaleza inspirada en el medievo ubicada en la bella ciudad de #Aguascalientes. Lee la nota en https://t.co/fcl2ua7vFG pic.twitter.com/VKh8HxmrRm
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Federico E. Mariscal: el arquitecto detrás del Castillo Douglas
Para diseñar la residencia, Edmundo Ortega Douglas recurrió al arquitecto Federico E. Mariscal, una figura relevante dentro de la arquitectura mexicana de la primera mitad del siglo XX.
Mariscal fue arquitecto, historiador, profesor y teórico de la arquitectura. Participó en proyectos de enorme relevancia nacional, entre ellos los trabajos de conclusión y adecuación del Palacio de Bellas Artes, además de diversas obras públicas, religiosas y educativas.
Su trayectoria combinó el estudio de la arquitectura histórica con las necesidades del México moderno, lo que le permitió moverse con soltura entre distintos lenguajes estilísticos.
Precisamente esa experiencia resultó útil para el Castillo Douglas, una obra que exigía reinterpretar formas medievales europeas dentro de una residencia mexicana construida en el siglo XX.
En el Castillo Douglas tuvo que resolver un desafío poco común: Crear una casa habitable que comunicara la apariencia de una fortaleza medieval sin perder su función como residencia familiar.
El proyecto comenzó en 1923 y fue concluido tres años más tarde.
Refugio Reyes Rivas y la construcción de una fortaleza inesperada
Aunque el diseño correspondió a Federico E. Mariscal, la ejecución de la obra involucró también a Refugio Reyes Rivas, uno de los constructores más importantes de Aguascalientes.
Reyes Rivas dejó una huella profunda en la arquitectura de Aguascalientes. Su nombre está relacionado con templos, residencias y edificios civiles que ayudaron a formar la imagen de la ciudad durante finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
En el Castillo Douglas, su participación consistió en ejecutar una obra completamente distinta a las iglesias y viviendas que dominaban el paisaje urbano.
Los constructores tuvieron que levantar muros revestidos de piedra, arcos, torres, almenas, chimeneas y espacios interiores distribuidos en varios niveles. La construcción incorporó además un sótano y zonas destinadas a la convivencia, los servicios y las habitaciones de la familia.
El resultado fue una residencia que parecía rechazar el tiempo y la geografía. Mientras Aguascalientes avanzaba hacia la modernidad industrial, Edmundo Ortega Douglas levantaba una casa inspirada en formas medievales.
El castillo no buscaba reproducir científicamente una fortaleza escocesa concreta. Se trataba de una interpretación romántica que reunía elementos medievales europeos dentro de una residencia mexicana del siglo XX.
Una fortaleza medieval en pleno centro de Aguascalientes
El Castillo Douglas fue concebido con apariencia defensiva, aunque nunca tuvo una función militar.
El inmueble incorporó elementos propios del imaginario medieval, entre ellos torres almenadas, murallas de piedra, un foso perimetral, puente levadizo, vitrales, chimeneas y una capilla privada.
Estas características producen la ilusión de una fortaleza, pero detrás de los muros se encontraba una casa equipada para la vida cotidiana.
En el sótano se ubicaban espacios de servicio. La planta baja reunía áreas de convivencia como la sala, la cocina y el comedor, mientras las habitaciones privadas ocupaban los niveles superiores. Una referencia cultural de Aguascalientes señala que hacia 1930 el inmueble estaba integrado por cuatro plantas y 32 piezas.
Los jardines originales incluían áreas verdes y un lago artificial que reforzaba el ambiente romántico. Algunas descripciones señalan que en aquel cuerpo de agua llegaron a mantenerse cisnes, completando la imagen de un pequeño castillo europeo dentro de la capital hidrocálida.

Una casa habitada durante varias décadas
El castillo cumplió durante años la función para la que había sido construido. Edmundo Ortega Douglas y Carmen Llaguno lo habitaron hasta la segunda mitad del siglo XX.
La vida cotidiana fue ocupando espacios que desde la calle parecían escenarios de una novela. Las salas recibieron visitas, las chimeneas acompañaron temporadas frías y los jardines funcionaron como extensión de la residencia.
Tras la muerte de sus propietarios, ocurrida hacia finales de la década de 1960, el inmueble dejó de utilizarse como hogar familiar. A partir de los años setenta atravesó una etapa de desocupación que afectó gradualmente su conservación.
Las ventanas cerradas, la vegetación y la dificultad para observar el interior alimentaron el misterio. El castillo seguía en pie, pero ya no podía contemplarse como una casa activa. Desde el exterior parecía haberse quedado detenido en otra época.
Del abandono a la restauración
Tras la muerte de sus propietarios originales, el castillo comenzó una etapa complicada.
A partir de los años setenta permaneció largos periodos sin uso, situación que provocó deterioro en diversas áreas de la construcción.
En la década de 1990 se intentó darle una nueva vida como restaurante y centro de eventos bajo el nombre de La Corte, aunque el proyecto tuvo una duración limitada.
Posteriormente, nuevos propietarios emprendieron diversas labores de restauración destinadas a preservar la estructura y devolverle parte de su antiguo esplendor.
Gracias a estos esfuerzos, el Castillo Douglas continúa siendo uno de los monumentos arquitectónicos más reconocibles de Aguascalientes.

Foto: Wikimedia Commons
Un inmueble reconocido por su valor cultural
El Castillo Douglas aparece registrado por el INAH como un bien inmueble con valor cultural, bajo la tipología original de casa habitación. Su ficha forma parte del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, herramienta utilizada para la identificación, documentación y protección del patrimonio edificado.
La Secretaría de Turismo de Aguascalientes lo incorpora también a su oferta cultural bajo el nombre de Castillo Douglas u Ortega Llaguno, destacando su inspiración escocesa y su construcción entre 1923 y 1926.
Su importancia radica en la manera en que reinterpretó la arquitectura medieval europea dentro de una residencia mexicana de principios del siglo XX.
El castillo muestra cómo las familias de aquel periodo utilizaron la arquitectura para expresar identidad, memoria, aspiraciones culturales y vínculos personales.
¿Se puede visitar el Castillo Douglas?
El Castillo Douglas puede observarse desde el exterior y forma parte de algunos recorridos turísticos por la ciudad. El Gobierno de Aguascalientes lo incluye, por ejemplo, en la ruta Antigua del tranvía turístico, junto con el Templo de San Antonio, la Plaza Fundadores y el complejo ferrocarrilero Tres Centurias.
Sin embargo, el inmueble no debe considerarse un museo de acceso interior permanente. Las condiciones de entrada pueden depender de trabajos, eventos o decisiones de la administración.
Antes de acudir con la intención de recorrer sus salones, conviene consultar información actualizada en la Secretaría de Turismo de Aguascalientes. La ubicación turística oficial se encuentra en la calle Vázquez del Mercado 105, dentro de la zona centro.
Desde la vía pública pueden apreciarse las murallas, torres, accesos y parte del conjunto. También es posible integrarlo a un recorrido por el cercano Templo de San Antonio y otros edificios relacionados con la arquitectura histórica de la ciudad.
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El castillo que convirtió una promesa en piedra
Más de un siglo ha pasado desde que las primeras piedras comenzaron a levantarse sobre la avenida Vázquez del Mercado.
Los tranvías vinculados con la familia Douglas desaparecieron. Los talleres, comercios y calles de Aguascalientes se transformaron, y la ciudad creció mucho más allá de los límites que conocieron sus primeros habitantes.
El castillo, en cambio, permanece.
Sus torres siguen sobresaliendo entre los árboles. Las iniciales de Edmundo y Carmen continúan en la entrada, y la frase elegida por la pareja todavía explica el origen de aquella residencia imposible.
La construcción ha enfrentado el abandono, el deterioro y los intentos por encontrar una nueva función. Sin embargo, conserva intacta su capacidad para sorprender a quien la descubre por primera vez.
No es una fortaleza medieval ni fue diseñada para resistir ejércitos. Fue una casa familiar vestida de castillo, que mantuvo una promesa, “por amor”.
Hoy, en pleno centro de Aguascalientes, sigue contando la misma historia que comenzó en 1923. Una historia donde la herencia británica de los Douglas, el talento de arquitectos y constructores mexicanos, y el deseo de crear un hogar se unieron para dar forma a uno de los edificios más singulares del país.
Si visitas Aguascalientes, incluye el Castillo Douglas en tu recorrido por el centro histórico y contempla su arquitectura desde los espacios permitidos.
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