Una fachada cubierta de rostros de piedra distingue a esta casona del siglo XVIII en la antigua calzada de San Cosme. Conoce su origen como residencia campestre, su transformación en recinto educativo y las leyendas que crecieron alrededor de sus pasillos.
Desde la avenida Ribera de San Cosme, la fachada parece observar a quienes pasan frente a ella.
Entre balcones, relieves, pilastras y formas vegetales aparecen rostros esculpidos en la piedra. Son figuras grotescas de ojos profundos y expresiones difíciles de descifrar, conocidas como mascarones.
Detrás de esa portada barroca se encuentra un inmueble que comenzó como residencia campestre de una de las familias más poderosas de la Nueva España, permaneció inconcluso durante décadas y terminó convertido en colegio, escuela de música, preparatoria y sede de diferentes instituciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Sus patios y corredores también han alimentado historias sobre pasos sin dueño, sombras en habitaciones vacías y apariciones nocturnas. Estos relatos pertenecen a la tradición oral y al imaginario urbano surgido alrededor del edificio. La historia documentada, sin embargo, resulta tan fascinante como las leyendas.

En México Travel Channel nos apasionan las construcciones donde la arquitectura conserva varias capas de la ciudad. Hoy recorremos la antigua calzada de San Cosme para descubrir una casa observada por rostros de piedra y rodeada por más de dos siglos de historia.
Una residencia campestre fuera de la ciudad virreinal
Antes de que existiera la Casa de los Mascarones, el terreno formaba parte del paisaje agrícola situado a los costados de la antigua calzada México-Tacuba.
El expediente histórico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) rastrea la propiedad hasta 1562, cuando los solares fueron concedidos y utilizados para una huerta. Dos siglos después, en 1766, el terreno fue adquirido por José Vivero Hurtado de Mendoza, conde del Valle de Orizaba, quien comenzó a levantar allí una casa de campo.
La familia del conde estaba relacionada también con otro de los palacios más reconocibles de la Ciudad de México: la Casa de los Azulejos, perteneciente históricamente a los condes del Valle de Orizaba.
Actualmente se encuentra junto a la calle peatonal Francisco I. Madero, en pleno Centro Histórico, y desde 1919 alberga un establecimiento de Sanborns, por lo que gran parte de su interior continúa abierta al público.
La conexión permite dimensionar el poder económico de la familia: los Mascarones era su proyecto de residencia campestre; la Casa de los Azulejos, uno de los palacios asociados con el mismo linaje dentro del corazón urbano.
El proyecto resultó ambicioso. El dictamen histórico conservado por el INAH señala que se habían invertido más de 100 mil pesos de la época cuando el conde murió en 1771. La residencia seguía sin concluir y permaneció así hasta mediados del siglo XIX, cuando fue terminada por su entonces propietario, el doctor Moreno Jove.
La autoría arquitectónica no está establecida con certeza en los registros institucionales consultados. Por ello, el inmueble aparece catalogado por la UNAM como una obra de autor desconocido.
#HistoriaUrbana #SabíasQue La Casa de los Mascarones, ubicada en la Ciudad de México, fue concebida como una finca de descanso de los condes del Valle de Orizaba.
— INEHRM (@INEHRM) July 18, 2026
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¿Por qué se llama Casa de los Mascarones?
La respuesta está sobre las cabezas de quienes caminan por San Cosme.
En la fachada principal, seis ventanas se distribuyen alrededor del acceso. Sobre ellas aparecen guardapolvos ornamentados y pequeños mascarones tallados en cantera. Entre los vanos se levantan estípites decorados con motivos vegetales y, sobre ellos, figuras de atlantes sostienen gárgolas.
El nombre popular de la casa acabó concentrándose precisamente en aquellos rostros.
El INAH considera el inmueble uno de los ejemplos importantes del barroco mexicano conservado en la capital, mientras que la UNAM destaca la exuberancia churrigueresca de su composición.
El edificio cuenta además con un patio central, corredores, escaleras enfrentadas y espacios interiores que fueron adaptándose conforme cambiaron sus usos.
Vista desde la banqueta, la fachada parece permanecer en movimiento: volutas, flores, relieves, figuras humanas y rostros alteran su expresión conforme cambia la luz.
Esa expresividad explica por qué el inmueble puede resultar imponente incluso para quienes desconocen su historia.

La casa que encontró su destino en la educación
Aunque fue concebida como residencia campestre, la Casa de los Mascarones quedó vinculada definitivamente con la enseñanza.
En 1850 albergó el Colegio de San Luis. Hacia 1871 se convirtió en sede del Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe y, en 1885, recibió al Liceo Franco-Mexicano. A partir de 1893 funcionó allí el Instituto Científico de México, administrado por los jesuitas.
En 1914, durante el gobierno de Venustiano Carranza, se ordenó la nacionalización de la propiedad. En los años siguientes funcionaron en ella la Escuela Nacional de Maestras y otros proyectos educativos.
La UNAM instaló su Escuela de Verano en una parte del conjunto desde 1921. Cuatro años después, la Secretaría de Educación Pública entregó la casa a la Universidad Nacional. En 1929 comenzó a compartir el inmueble con la Escuela de Música.
Después llegaron otras instituciones universitarias:
- La Facultad de Filosofía y Estudios Superiores.
- La Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.
- La Escuela Nacional Preparatoria número 6.
- La Escuela Nacional de Música.
- Talleres universitarios de restauración.
- Dependencias dedicadas al cómputo y la enseñanza de lenguas.
La residencia que nunca cumplió por completo su función doméstica terminó convertida en un espacio de formación para distintas generaciones.
La protección de un monumento histórico
La ficha del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH establece que la Casa de los Mascarones fue declarada Monumento Histórico el 9 de febrero de 1931.
El dictamen valoró su importancia como ejemplo de arquitectura churrigueresca y uno de los grandes testimonios del barroco civil conservados en la Ciudad de México.
Décadas después, en 1940, un decreto presidencial ratificó la utilidad pública del inmueble y su pertenencia a la Universidad Nacional.
Esta protección fue fundamental para que la fachada, los patios y una parte importante de su estructura sobrevivieran a la transformación de la calzada de San Cosme, el crecimiento urbano y la construcción del Metro.
La Casa de los Mascarones actualmente
El inmueble es identificado oficialmente como Centro Mascarones de Extensión Académica en Tecnologías de la Información y Comunicación de la UNAM. También ha estado asociado con dependencias universitarias dedicadas a la enseñanza de lenguas y servicios tecnológicos.
- Ubicación: avenida Ribera de San Cosme 71, Santa María la Ribera, alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México.
- Transporte cercano: estación San Cosme de la Línea 2 del Metro.
- Tipo de inmueble: recinto universitario y monumento histórico, no museo de acceso turístico permanente.
La fachada puede observarse desde la vía pública. El ingreso al interior depende de actividades académicas, convocatorias o visitas autorizadas por la UNAM, por lo que no debe asumirse que existe acceso libre todos los días.
Los rostros que continúan observando San Cosme
La antigua calzada dejó de estar rodeada por huertas. Los carruajes desaparecieron, llegaron los automóviles y debajo de la avenida comenzó a circular el Metro.
La Casa de los Mascarones permaneció.
Sus habitaciones cambiaron de función y sus patios recibieron a colegios, músicos, filósofos, estudiantes de preparatoria, especialistas en lenguas y trabajadores universitarios.
Los relatos de espectros añaden misterio, pero la auténtica historia del inmueble ya posee algo extraordinario: una residencia inconclusa del siglo XVIII encontró su destino al convertirse en casa de la educación.
Mientras la ciudad continúa transformándose, los mascarones de piedra siguen observando la antigua calzada de San Cosme.
¿Has contemplado su fachada desde Ribera de San Cosme?
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