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Por Jasiel E. Angeles Marin (j.angeles@mexicotravelchannel.com.mx)

Ya estamos en los primeros días de octubre y algo cambió.

Los días comienzan a sentirse diferentes, las noches ganan terreno, algunas mañanas amanecen más frescas y en determinados bosques aparecen esos tonos amarillos, naranjas y rojizos que prácticamente nos obligan a sacar el celular y tomar alguna fotografía del paisaje. 

Pero detrás de la postal otoñal ocurren fenómenos mucho más interesantes.

¿Por qué las hojas dejan de ser verdes? ¿Realmente durante el equinoccio tenemos exactamente 12 horas de día y 12 de noche? ¿El otoño comienza el mismo día en todo el planeta?

Prepárate un cafecito, porque aquí en México Travel Channel te mencionaremos 10 curiosidades sobre el otoño que probablemente no conocías.

Toma nota porque seguramente alguna de la lista no tenías ni idea.                                                                                         

¿Estás listo?

Días más cortos, paisajes que cambian de color y noches que poco a poco le ganan terreno al Sol. Detrás de esta temporada ocurren fenómenos naturales y astronómicos mucho más interesantes de lo que parece. ¿Ya lo sabías?

1. Existen dos maneras de decidir cuándo comienza el otoño

Sí, técnicamente el otoño puede tener dos fechas de inicio.

El otoño astronómico del hemisferio norte comienza con el equinoccio de septiembre, mientras que la meteorología utiliza periodos completos de tres meses para facilitar el análisis climático: septiembre, octubre y noviembre corresponden al otoño meteorológico.

Por eso puedes escuchar que el otoño empezó el 1 de septiembre y después volver a escuchar semanas más tarde que “hoy comienza el otoño”.

Ninguno necesariamente está equivocado.

Simplemente están utilizando definiciones diferentes. 

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica conocida como NOAA, por sus siglas en inglés, distingue precisamente entre las estaciones astronómicas, determinadas por la posición de la Tierra respecto al Sol, y las meteorológicas, organizadas según el ciclo anual de temperaturas.

Días más cortos, paisajes que cambian de color y noches que poco a poco le ganan terreno al Sol. Detrás de esta temporada ocurren fenómenos naturales y astronómicos mucho más interesantes de lo que parece. ¿Ya lo sabías?

2. El equinoccio no ocurre exactamente el mismo día todos los años

Estamos acostumbrados a relacionar el comienzo del otoño con el 22 o 23 de septiembre, pero la fecha y hora exactas pueden variar.

¿La razón?

Nuestro calendario y el tiempo que tarda realmente la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol no coinciden de manera perfecta. 

La Universidad Nacional Autónoma de México explica que el año solar dura aproximadamente 365 días y seis horas, diferencia que ayuda a entender tanto los años bisiestos como las variaciones en las fechas de estos fenómenos astronómicos.

Así que el otoño no tiene una cita absolutamente fija en el calendario.

Días más cortos, paisajes que cambian de color y noches que poco a poco le ganan terreno al Sol. Detrás de esta temporada ocurren fenómenos naturales y astronómicos mucho más interesantes de lo que parece. ¿Ya lo sabías?

3. Día y noche NO duran exactamente lo mismo durante el equinoccio

Aquí tenemos uno de los grandes mitos otoñales.

La palabra equinoccio procede del latín y hace referencia a una “noche igual”, y durante este fenómeno las horas de luz y oscuridad son aproximadamente equivalentes.

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) explica que la refracción atmosférica hace que podamos ver al Sol cuando geométricamente todavía está ligeramente debajo del horizonte. 

Ese efecto, junto con la manera en que definimos el amanecer y el atardecer, provoca que el día y la noche no duren exactamente lo mismo.

Así que aquello de “12 horas exactas de luz y 12 de oscuridad” funciona como simplificación, no como una regla perfecta.

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4. El otoño no ocurre porque la Tierra se aleje del Sol

Parece lógico: hace más frío, entonces debemos estar más lejos del Sol, pero no.

Las estaciones existen principalmente debido a la inclinación del eje terrestre, de aproximadamente 23.5 grados, combinada con el movimiento de nuestro planeta alrededor del Sol.

La NASA explica que esa inclinación modifica durante el año el ángulo con el que llega la radiación solar y la duración del día en cada hemisferio.

Por eso cuando el hemisferio norte entra al otoño, recibe progresivamente menos horas de luz hasta llegar al solsticio de invierno.

La distancia al Sol no es la responsable de que saquemos la chamarra.

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5. Mientras México vive el otoño, otro hemisferio celebra la primavera

¡Nuestro otoño no es universal!

Cuando ocurre el equinoccio de septiembre, comienza el otoño astronómico en el hemisferio norte, donde se encuentra México, pero al mismo tiempo arranca la primavera en el hemisferio sur.

La NASA explica que durante los equinoccios ninguno de los hemisferios se encuentra inclinado predominantemente hacia el Sol. Después, las condiciones evolucionan en direcciones opuestas.

Así que mientras nosotros empezamos a pensar en bosques otoñales y bebidas calientes, en países del hemisferio sur ocurre exactamente la transición contraria.

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Las flores resplandecen en los jardínes

6. Las hojas amarillas no se “pintan” necesariamente de amarillo

Ésta está buenísima.

Durante primavera y verano, la clorofila domina visualmente las hojas y les proporciona su característico color verde mientras participa en la fotosíntesis.

Cuando los días se acortan, los árboles caducifolios reducen la producción de clorofila. Conforme ésta se degrada, comienzan a hacerse visibles otros pigmentos que ya estaban presentes, como los carotenoides responsables de tonos amarillos y anaranjados.

El Servicio Forestal de Estados Unidos explica precisamente que esos pigmentos permanecían ocultos por la abundancia de clorofila.

Es decir: parte del espectáculo otoñal llevaba meses escondido debajo del verde.

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7. Los colores rojos tienen otra historia

Aquí la naturaleza complica un poquito más las cosas.

Los amarillos y naranjas pueden provenir de carotenoides que ya estaban presentes en las hojas, mientras que algunos tonos rojos y púrpuras están relacionados con antocianinas.

Las condiciones meteorológicas también influyen en la intensidad del espectáculo. 

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos señala que días soleados y noches frescas pueden favorecer determinados colores otoñales, mientras que temperatura y humedad modifican su duración e intensidad.

Por eso un bosque no necesariamente luce idéntico cada otoño.

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8. Los árboles no tiran sus hojas sólo porque “se secaron”

La caída de las hojas es mucho más organizada de lo que parece.

Los árboles caducifolios comienzan a prepararse para condiciones menos favorables y recuperan parte de los nutrientes de las hojas antes de desprenderse de ellas.

Al mismo tiempo se desarrolla una zona de separación en la base del pecíolo que debilita progresivamente la unión entre la hoja y la rama. Finalmente, el viento o la gravedad hacen el resto.

El Servicio de Parques Nacionales explica que este mecanismo ayuda al árbol a afrontar el invierno y conservar recursos.

Así que ese montón de hojas en el suelo forma parte de una estrategia de supervivencia.

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9. Durante el equinoccio, el Sol nos regala una brújula natural bastante buena

Aquí tienes un dato para sacar durante el próximo viaje.

Alrededor de los equinoccios, el Sol sale aproximadamente por el este y se oculta aproximadamente por el oeste para la mayor parte del planeta.

Durante el equinoccio el Sol se encuentra sobre el ecuador terrestre y su recorrido produce esta particular orientación.

No significa que puedas tirar Google Maps y aventarte al bosque sin brújula .

Pero sí permite observar de manera muy clara cómo cambia la trayectoria aparente del Sol a lo largo del año.

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10. El otoño también pone a millones de animales en movimiento

Mientras nosotros sacamos la chamarra, numerosas especies están ocupadisimas.

El cambio en las horas de luz, la disponibilidad de alimento y las condiciones ambientales forma parte de las señales asociadas con comportamientos estacionales como la migración.

Millones de aves realizan enormes desplazamientos entre sus zonas de reproducción y aquellas donde pasarán los meses siguientes. 

Investigaciones del Smithsonian Migratory Bird Center han documentado rutas que conectan Canadá y Estados Unidos con México, Centroamérica y Sudamérica.

Y para México esto resulta especialmente interesante.

Nuestra ubicación convierte al territorio nacional en parte fundamental de las rutas y áreas de descanso o invernación de numerosas especies migratorias.

Así que el otoño no solamente transforma los paisajes.

También pone al planeta en movimiento.

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El otoño es mucho más que hojas naranjas

Quizá después de leer esto mires la temporada un poquito diferente.

Detrás de una hoja amarilla hay química; detrás de los días cada vez más cortos existe astronomía y detrás de ese bosque que parece simplemente estar cambiando de color hay árboles preparándose para sobrevivir los meses siguientes.

Y ésa es una de las mejores cosas de viajar durante otoño.

Así que aprovecha la temporada para salir a caminar, fotografiar bosques, descubrir destinos de montaña y mirar con un poquito más de atención todo aquello que está ocurriendo alrededor.

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