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Por: Circe Vargón

Nacido en Cuba y arraigado en Veracruz desde finales del siglo XIX, el danzón cruzó el Golfo de México hasta convertirse en una tradición que todavía reúne a parejas en las plazas del puerto jarocho.

Al caer la tarde, el Zócalo de Veracruz comienza a cambiar.

Las conversaciones continúan en los portales, el calor disminuye lentamente y algunas parejas se acercan al espacio abierto de la plaza. Cuando suenan los primeros compases, los cuerpos adoptan otra postura, las manos se encuentran y los pies comienzan a marcar el ritmo.

No hace falta construir un escenario, la ciudad se convierte en salón de baile.

El Gobierno de Veracruz describe esta escena como uno de los rasgos culturales del puerto: parejas de distintas edades se reúnen en el Zócalo durante el atardecer para bailar danzón, mientras residentes y visitantes observan o se incorporan a la pista.

Detrás de aquellos pasos existe una historia transatlántica. El danzón nació en Cuba, atravesó el Golfo de México y llegó a una ciudad portuaria acostumbrada a recibir personas, mercancías, ideas y sonidos procedentes del Caribe.

Veracruz no olvidó su origen cubano. Lo escuchó, lo transformó y terminó convirtiéndolo también en parte de su propia identidad.

Foto: Wikimedia Commons
El danzón nació en Cuba, cruzó el Golfo de México y encontró en Veracruz una segunda casa/Foto: Wikimedia Commons

¿Dónde nació el danzón?

Para encontrar su origen hay que viajar hasta Matanzas, Cuba, en la segunda mitad del siglo XIX.

Allí, el músico y director de orquesta Miguel Faílde participó en la transformación de las formas de baile que circulaban en la isla. El danzón surgió a partir de una larga evolución relacionada con la contradanza europea, la danza cubana y los ritmos desarrollados dentro de la compleja sociedad afrocaribeña.

Una de las piezas fundamentales de aquella transformación fue Las alturas de Simpson. Su nombre hacía referencia a Simpson, un barrio y calle de Matanzas, y la obra es considerada tradicionalmente el primer danzón identificado como tal.

El 1 de enero de 1879, la orquesta dirigida por Faílde la interpretó públicamente en el Liceo Artístico y Literario de Matanzas. Aquella fecha quedó asociada con el nacimiento formal del género.

La nueva forma introducía algo especialmente importante para los bailarines: la alternancia entre momentos de baile y pausas instrumentales. Durante determinadas secciones, las parejas podían detenerse, conversar o escuchar antes de volver a ocupar la pista.

El danzón exigía entonces algo más que aprender pasos.

Había que aprender a escuchar cuándo bailar y cuándo esperar.

La nueva música comenzó a circular por Cuba y posteriormente atravesó el Golfo de México.

Foto: Pixabay
Más de un siglo después de su llegada, las parejas todavía se levantan a bailar cuando comienzan los primeros compases./ Foto: Pixabay

¿Cuándo llegó el danzón a Veracruz?

El danzón llegó al puerto durante el último cuarto del siglo XIX (aproximadamente entre 1875 y 1900), favorecido por las conexiones marítimas y culturales entre Veracruz y Cuba.

El Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), sitúa su llegada en ese periodo y señala que, desde entonces, el género desarrolló una trayectoria profundamente vinculada con la identidad porteña.

Una tesis resguardada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) estudia precisamente la historia del danzón en los parques públicos del Puerto de Veracruz y de la Ciudad de México.

La investigación muestra que el género no permaneció limitado a espacios privados, sino que encontró continuidad en plazas y lugares de convivencia urbana.

Veracruz era el territorio ideal para recibirlo.

Durante siglos, su puerto había mantenido relaciones comerciales y humanas con distintas regiones del Caribe. En sus calles convergieron tradiciones europeas, africanas, mexicanas y antillanas que produjeron una cultura musical particularmente abierta al intercambio.

El danzón no llegó a una ciudad silenciosa, si no a un puerto acostumbrado a escuchar el mundo.

El baile ofrecía una forma de convivencia. Permitía reunirse en salones y plazas, escuchar a las orquestas, observar a los bailadores y participar en una práctica donde la música, la postura, la vestimenta y la relación con la pareja formaban parte de una misma experiencia.

El libro Danzoneros del Puerto de Veracruz: Testimonios de una tradición viva, del investigador Rafael Figueroa Hernández, reconstruye la trayectoria del género desde el siglo XIX hasta la época contemporánea. El IVEC describe esa presencia como una tradición insertada en el propio tejido de la identidad porteña.

El Gobierno estatal reconoce actualmente al danzón, junto con el son jarocho y la salsa, como una de las expresiones musicales que animan calles, plazas y malecones de Veracruz.

Así ocurrió algo extraordinario: el puerto conservó la memoria cubana del ritmo mientras desarrollaba una manera propia de interpretarlo, bailarlo y compartirlo.

Foto: SECTUR
Cae la tarde, disminuye el calor y comienzan los primeros compases./Foto: SECTUR

El secreto del baile está también en las pausas

Quien observa por primera vez puede creer que el danzón es sencillo.

Las parejas parecen deslizarse, pues no existen movimientos excesivamente bruscos, pero basta intentar seguirlas para descubrir la precisión.

El danzón construye su elegancia alrededor de:

  • Compases marcados.
  • Desplazamientos coordinados.
  • Giros.
  • Posturas cuidadas.
  • Pausas musicales.

Esas pausas son parte esencial del lenguaje corporal.

Cuando determinados fragmentos instrumentales aparecen, las parejas pueden detener el desplazamiento, conversar brevemente o simplemente permanecer juntas esperando el momento de regresar a la pista.

Por eso no se trata únicamente de seguir la música, hay que aprender a escucharla.

Foto: Magnific
Los pies comienzan a marcar el compás: así continúa escribiéndose, pareja tras pareja, la historia del danzón en Veracruz./Foto: Magnific

Las danzoneras: la orquesta detrás de cada paso

El danzón también evolucionó musicalmente después de llegar a México.

Las danzoneras desarrollaron un sonido propio que permitió que el género siguiera creciendo durante el siglo XX. En Veracruz todavía existen agrupaciones dedicadas específicamente a conservar ese repertorio.

Un ejemplo contemporáneo es la Danzonera Alma de Veracruz, cuyas actuaciones forman parte de los programas culturales públicos del Ayuntamiento. Los informes municipales documentan presentaciones regulares de la agrupación y artistas locales en espacios públicos de la ciudad.

Y existe un repertorio sin el cual sería difícil imaginar una pista tradicional.

Entre las composiciones que forman parte del universo danzonero mexicano destaca “Nereidas”, del compositor oaxaqueño Amador Pérez “Dimas”, una de las piezas que trascendieron generaciones hasta convertirse prácticamente en referencia obligada del género en México.

Pero la tradición nunca dependió de una única obra, cada danzonera construye la noche pieza por pieza.

Foto: SECTUR
Las conversaciones se detienen y algunas parejas se levantan: el Zócalo de Veracruz acaba de convertirse nuevamente en salón de baile./Foto: SECTUR

¿Dónde bailar danzón en Veracruz?

El espacio más representativo es el Zócalo de Veracruz, también llamado Plaza de Armas.

La Secretaría de Turismo de Veracruz documenta las reuniones de parejas al atardecer, mientras el Ayuntamiento de Veracruz mantiene actividades culturales que incluyen tardes de danzón en este espacio público.

El portal oficial del Centro Histórico lo define como un lugar de encuentro para disfrutar danzón y marimba, mientras la Secretaría de Turismo estatal describe las parejas que se reúnen allí al atardecer.

La Macroplaza del Malecón también es otro gran espacio cultural del puerto.

Foto: Gobierno de Veracruz
En Veracruz, el danzón salió de los salones para ocupar plazas y espacios públicos donde todavía puede encontrarse con nuevos públicos./Foto: Gobierno de Veracruz

Vestirse para bailar también forma parte de la fiesta

El atuendo es parte fundamental de la elegancia del danzón veracruzano:

  • Caballeros: Guayabera blanca impecable, pantalón de vestir, zapatos de charol y sombrero jipi (en algunos casos)
  • Damas: Vestidos coloridos, abanicos, zapatillas de ante y trabillas, y accesorios que complementan la elegancia del baile

Esta vestimenta no solo es estética; representa el respeto por una tradición que se ha mantenido viva por más de un siglo en el puerto jarocho.

El baile social admite variaciones y la indumentaria cambia entre agrupaciones, presentaciones escénicas y personas que simplemente llegan a la plaza.

El verdadero salón de baile está en la ciudad

Quizá esa sea la imagen más poderosa del danzón veracruzano.

No necesita permanecer encerrado en un salón antiguo, sale a la calle, ocupa la plaza y se mezcla con el sonido de las conversaciones y con el calor húmedo del puerto.

El danzón llegó desde Cuba en el siglo XIX. Veracruz lo escuchó, lo bailó y decidió conservarlo.

Más de cien años después, cuando los primeros compases vuelven a sonar al caer la tarde, aparece la prueba definitiva de que la tradición sigue viva, pues las parejas todavía se levantan a bailar.

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