Por: Circe Vargón
De los pueblos western de Durango a las calles de Tlayacapan que representaron Bolivia, descubre cinco destinos mexicanos transformados por la cámara en escenarios de películas inolvidables.
Hay lugares en México que quizá conociste primero en una pantalla, como una calle polvorienta que aparece en un western, una cascada que se convierte en una selva del mundo maya o un antiguo pueblo minero que representa un rincón perdido de México.
Durante décadas, directores nacionales y extranjeros encontraron en neustro país algo difícil de reproducir dentro de un estudio: paisajes capaces de transformarse sin perder autenticidad.
Durango proporcionó desiertos y montañas para el western; Morelos ofreció pueblos, conventos y arquitectura tradicional; Veracruz puso selvas y cascadas frente a las cámaras; y, San Luis Potosí aportó pueblos mineros suspendidos en el tiempo.
Algunas locaciones continúan prácticamente intactas. Otras fueron construidas para filmar y después se convirtieron en atracciones turísticas. En todas, el viaje cambia cuando descubrimos dónde estuvo la cámara.

En México Travel Channel nos apasiona el Séptimo Arte. Hoy no vamos a entrar a un estudio cinematográfico. Recorreremos México buscando lugares reales que Hollywood y el cine nacional convirtieron alguna vez en ficción.
¿Dónde se filmaron películas famosas de Hollywood en México?
No todas las locaciones sobreviven igual.
Algunos escenarios fueron construidos específicamente para filmar y después se transformaron en atracciones turísticas. Otros nunca necesitaron escenografía: eran pueblos, haciendas, selvas o cascadas cuyo aspecto resultó suficiente para convencer a la cámara.
Seleccionamos cinco destinos donde el vínculo cinematográfico está documentado y que actualmente permiten construir una auténtica ruta de cine por México.
Luces, cámara…
Vámonos de viaje.
Durango: caminar dentro de un western
Si existe un territorio inevitablemente asociado al cine de vaqueros mexicano, es Durango.
Su combinación de tierra árida, cielos despejados, montañas y grandes extensiones abiertas llamó la atención de producciones cinematográficas desde mediados del siglo XX. Con el tiempo comenzaron a construirse sets que simulaban pueblos del Viejo Oeste.
La vocación cinematográfica de Durango está documentada por el propio Gobierno estatal, que contabiliza más de 400 proyectos audiovisuales a lo largo de su historia, entre ellos alrededor de 200 películas. Esa trayectoria convirtió al estado en uno de los territorios mexicanos más estrechamente asociados con el western.
Uno de los escenarios supervivientes es el Paseo del Viejo Oeste, ubicado sobre la carretera Durango-Parral. El antiguo set conserva calles de tierra, fachadas de madera, una cantina estilo western, banco, cárcel y otros elementos construidos para recrear el imaginario del Viejo Oeste.
El lugar continúa presentándose oficialmente como set cinematográfico donde se realizaron producciones nacionales e internacionales. Actualmente funciona también como parque temático con espectáculos de vaqueros.
Entre las películas vinculadas con los antiguos escenarios cinematográficos de Durango figuran “La Máscara del Zorro” (1998) con Antonio Banderas, y Buck and the Preacher (1972), protagonizada por Harry Belafonte y Ruby Dee.
Por Durango pasaron figuras como John Wayne, Clark Gable, Sean Connery, Charles Bronson y Audrey Hepburn. La primera película de Hollywood filmada en Durango fue “White Feather” (“La ley del bravo”) en 1954, con Robert Wagner y Debra Paget.
La experiencia: entrar hoy en estas calles significa caminar por un paisaje construido originalmente para engañar a la cámara y que terminó convertido en patrimonio turístico de la historia cinematográfica duranguense.

Tlayacapan: el pueblo de Morelos que Hollywood convirtió en Bolivia
Aquí no hicieron falta fachadas falsas, las calles ya estaban ahí.}
El libro académico Tlayacapan. Cine y patrimonio, publicado en 2025 por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y el Gobierno del Estado de Morelos, documenta la presencia del municipio en más de 80 producciones audiovisuales realizadas durante cerca de ocho décadas.
Por sus escenarios pasaron figuras como Luis Buñuel, María Félix, Emilio “el Indio” Fernández, Brigitte Bardot, Clint Eastwood, Paul Newman y Robert Redford.
Entre las películas documentadas figuran:
- Nazarín (1959) | Protagonistas: Francisco Rabal, Marga López y Rita Macedo | Dirección: Luis Buñuel.
- ¡Viva María! (1965) | Protagonistas: Brigitte Bardot y Jeanne Moreau | Dirección: Louis Malle.
- Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969) | Protagonistas: Paul Newman y Robert Redford | Dirección: George Roy Hill.
- Two Mules for Sister Sara / Dos mulas para la hermana Sara (1970) | Protagonistas: Clint Eastwood y Shirley MacLaine | Dirección: Don Siegel.
- La presidenta municipal (1975) | Protagonista: María Elena Velasco | Dirección: Fernando Cortés.
- Salvador (1986) | Protagonistas: James Woods y Jim Belushi | Dirección: Oliver Stone.
La historia de Butch Cassidy and the Sundance Kid es particularmente fascinante.
En noviembre de 1968, Tlayacapan fue utilizado para recrear Bolivia. Una plazoleta de la antigua cerería, sobre la calle Corregidora, se convirtió en el escenario del célebre enfrentamiento final protagonizado por Newman y Redford.
Los habitantes también participaron como extras y colaboradores durante distintas filmaciones. Ese patrimonio fue investigado en el libro académico Tlayacapan. Cine y patrimonio, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y el Gobierno estatal.
Lo extraordinario es que Hollywood no necesitó construir completamente aquel pueblo ficticio. Encontró su Bolivia cinematográfica en Morelos.
- La experiencia: caminar por Tlayacapan buscando encuadres que alguna vez representaron México, Bolivia y otros lugares imaginarios.

Salto de Eyipantla: la cascada veracruzana de Apocalypto
Ahora la pantalla cambia completamente de color. Dejamos atrás el polvo y entramos en la selva.
En la región de Los Tuxtlas, Veracruz, la exuberancia tropical ha llamado durante décadas la atención de las producciones cinematográficas.
Uno de sus escenarios más reconocibles es el impresionante Salto de Eyipantla, en San Andrés Tuxtla.
Esta cascada apareció en Apocalypto (2006), producción dirigida por Mel Gibson. La filmación aprovechó la enorme caída de agua y la vegetación tropical de la región para construir parte de su universo visual.
Pero Hollywood ya había llegado antes.
Medicine Man (1992), protagonizada por Sean Connery y Lorraine Bracco, utilizó Catemaco y otras localizaciones mexicanas durante su producción. Los registros cinematográficos ubican el rodaje entre marzo y junio de 1991.
Más recientemente, “Las Formas Antiguas” (2020), una película de terror de Netflix, fue filmada en Catemaco y la región de Los Tuxtlas, utilizando cuevas, selvas y caminos rurales como escenarios.
- La experiencia: recorrer Catemaco, San Andrés Tuxtla y Eyipantla descubriendo cómo un paisaje veracruzano pudo transformarse frente a las cámaras en una selva cinematográfica.

San Miguel de Allende y Querétaro: una película entera escondida entre ciudades coloniales
Hay películas capaces de convertir México casi en un personaje.
Once Upon a Time in Mexico, de Robert Rodriguez, encontró en las ciudades coloniales del centro del país el escenario perfecto para continuar la historia del pistolero interpretado por Antonio Banderas.
La producción utilizó San Miguel de Allende, Guanajuato y Querétaro, aprovechando plazas, edificios históricos y calles antiguas para construir su particular versión cinematográfica de México.
Otras producciones filmadas en Querétaro incluyen “La Cucaracha” (1958) con Dolores del Río y María Félix, “La dictadura perfecta” (2014) de Luis Estrada, y “Noche de fuego” (2021) de Tatiana Huezo, filmada en la Sierra Gorda .
Pero este territorio puede contar una historia cinematográfica todavía mayor.
La arquitectura del Bajío y el centro mexicano ha servido tanto a producciones nacionales como internacionales porque posibilita algo especialmente valioso para el cine histórico: filmar una ciudad contemporánea capaz de aparentar que han pasado cien años menos.
San Miguel ofrece fachadas, callejones y plazuelas que funcionan visualmente sin necesidad de enormes decorados.
Querétaro complementa esa experiencia con un Centro Histórico cuyo patrimonio arquitectónico permite recorrer escenarios que parecen diseñados para una cámara.
- La experiencia: buscar encuadres cinematográficos sin perder de vista que estamos delante de patrimonio histórico real, no decorados.
Once Upon A Time In Mexico blasted into theaters on this day September 12th back in 2003! pic.twitter.com/lnu7QVCY3J
— Robert Rodriguez (@Rodriguez) September 12, 2025
Real de Catorce: el pueblo fantasma de Brad Pitt y Julia Roberts
Para llegar hay que atravesar una montaña. El Túnel de Ogarrio actúa casi como una transición cinematográfica.
Al otro lado aparece Real de Catorce, antiguo pueblo minero de San Luis Potosí cuya arquitectura de piedra, aislamiento y paisaje semidesértico lo convirtieron en una extraordinaria locación.
Aquí se filmaron escenas de The Mexican (2001), protagonizada por Brad Pitt y Julia Roberts. El propio Túnel de Ogarrio aparece entre los escenarios vinculados con la producción.
Pero el historial continuó.
Otras producciones filmadas en San Luis Potosí incluyen “Frida” (2002), “El Infierno” (2010) de Luis Estrada, “¡Que Viva México!” (2023), y series de Netflix como “Pedro Páramo”, “Mal de amores” y “Las Muertas” .
- La experiencia: aquí resulta particularmente fácil olvidar que estamos buscando locaciones. Real de Catorce posee una atmósfera tan poderosa que el lugar termina robándose nuevamente la escena.

El cine también deja huellas fuera de la pantalla
Cuando una producción llega a una comunidad, no solamente registra sus calles.
Contrata extras, hospedaje, transporte, alimentos, carpinteros, guías y trabajadores locales. También conserva imágenes del paisaje en un momento específico, permitiendo observar décadas después cómo cambiaron las plazas, edificios y comunidades.
El turismo cinematográfico puede aprovechar esa memoria siempre que respete el patrimonio y la vida cotidiana. Buscar una escena no autoriza entrar en viviendas, cerrar calles, invadir propiedades ni alterar espacios naturales.
La mejor ruta de cine no termina al reconocer un encuadre.
Comienza cuando la película nos ayuda a mirar con mayor atención el lugar verdadero: el pueblo que existía antes del rodaje, las personas que participaron en él y el paisaje que continuó viviendo después de que alguien gritó “corte”.
La próxima vez que aparezca una selva remota, un pueblo boliviano o una calle perdida del Viejo Oeste, mira con atención.
Quizá la ficción no esté tan lejos como parece y estés viendo México.
¿Has reconocido alguna locación cinematográfica durante tus viajes?
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