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Por: Circe Vargón

En 1950, un pequeño grupo salió a recorrer regiones apartadas de México en busca de un perro que parecía estar desapareciendo.

No buscaban cualquier ejemplar. Necesitaban encontrar animales con el cuerpo esbelto, las orejas erguidas y la piel prácticamente desnuda que durante siglos habían caracterizado al xoloitzcuintle.

Debían localizarlos antes de que los cruces no controlados y la reducción de sus poblaciones borraran definitivamente una de las razas originarias del país.

La expedición fue encabezada por el investigador británico Norman Pelham Wright. Los ejemplares encontrados formaron la base del programa moderno de recuperación del xoloitzcuintle en México, cuyo primer registro nacional comenzó en 1955.

Aquella búsqueda tenía una importancia que iba mucho más allá del mundo canófilo.

El xolo formaba parte de la historia cultural de México. En las antiguas tradiciones funerarias mesoamericanas, los perros podían acompañar a los difuntos durante el tránsito hacia el mundo de los muertos.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explica que el xoloitzcuintle ayudaba simbólicamente a las almas a cruzar el río situado al comienzo del trayecto hacia el Mictlán.

El perro que guiaba a los muertos se encontraba ahora al borde de su propia desaparición.

Foto: Museo Dolores Olmedo
El xoloitzcuintle estuvo al borde de desaparecer como raza reconocida hasta que una expedición emprendió la búsqueda de ejemplares para impulsar su recuperación en México./Foto: Museo Dolores Olmedo

Del Mictlán a la vida cotidiana mesoamericana

La relación entre los perros y los seres humanos en Mesoamérica iba mucho más allá de la compañía.

Los hallazgos arqueológicos muestran perros asociados con entierros, espacios sagrados y ceremonias. Sin embargo, el investigador Raúl Valadez Azúa, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), advierte que no todos los perros depositados en contextos funerarios fueron necesariamente xoloitzcuintles.

En el México antiguo existieron distintos tipos caninos, entre ellos perros comunes de talla mediana y con pelo, perros de rostro corto documentados en el área maya y los tlalchichis, pequeños ejemplares de patas cortas asociados especialmente con el occidente y centro de Mesoamérica. Los perros pelones constituían otra de esas poblaciones.

Con el paso del tiempo, el xolo se convirtió en el perro más estrechamente vinculado con esa misión simbólica de acompañar a los muertos.

Las fuentes históricas lo relacionaron con Xólotl, deidad asociada con la muerte, el inframundo y las transformaciones. Dentro de la tradición mexica, el perro podía ayudar a la persona fallecida a atravesar el río que marcaba el comienzo del viaje hacia el Mictlán. Por esta razón, su imagen aparece en ofrendas y representaciones relacionadas con los muertos.

El perro también estuvo presente en otros ámbitos:

  • Compañía y protección doméstica.
  • Custodia simbólica de espacios sagrados.
  • Participación en entierros y ceremonias funerarias.
  • Representación artística mediante cerámica y escultura.
  • Consumo en determinados contextos ceremoniales.

El estándar de la Federación Cinológica Internacional, publicado en español por la Federación Canófila Mexicana, señala que la carne de algunos perros fue consumida durante ceremonias especiales. Esto no quiere decir que todos los xoloitzcuintles fueran criados exclusivamente como alimento ni que su consumo fuera cotidiano. Se trataba de prácticas específicas dentro de sociedades que atribuían distintas funciones a los perros.

Esa extraordinaria relación cultural explica por qué hoy el xolo es patrimonio biocultural.

¿Qué tan antiguo es realmente el xoloitzcuintle?

Durante años se difundió la idea de que la raza tenía tres mil o incluso siete mil años de antigüedad.

Las investigaciones arqueozoológicas de la UNAM más recientes presentan una cronología más prudente. Los restos óseos más antiguos identificados como perros pelones mexicanos datan aproximadamente de hace 1,500 años, mientras las representaciones cerámicas permiten proponer que el fenotipo surgió hace alrededor de dos milenios en el occidente de México.

Desde aquella región, estos perros se habrían desplazado hacia el centro de México, la zona maya y posteriormente hacia Sudamérica.

Por ello, resulta preferible llamarlo perro milenario y genuinamente mexicano, sin atribuirle una antigüedad exacta.

De compañero simbólico en el viaje al Mictlán a patrimonio biocultural, el xoloitzcuintle ha acompañado la historia de México durante siglos.

La expedición que salió a buscar los últimos xolos

A mediados de la década de 1950, cuando la continuidad del xoloitzcuintle generaba preocupación entre especialistas y aficionados a la canofilia, se emprendieron acciones para localizar ejemplares que conservaran las características de la raza y fortalecer su recuperación.

La Federación Canófila Mexicana reconoce que el xolo llegó a encontrarse al borde de la extinción y atribuye a sus esfuerzos el rescate de esta raza originaria.

El grupo estuvo encabezado por el investigador y escritor británico Norman Pelham Wright, quien dedicó parte de su trabajo al estudio del xoloitzcuintle.

El Centro de Información y Documentación Alberto Beltrán de la Secretaría de Cultura conserva incluso registro bibliográfico de su obra El enigma del xoloitzcuintli.

La expedición buscó ejemplares en regiones mexicanas donde estos perros habían conseguido mantenerse fuera de los grandes centros urbanos, y encontraron suficientes perros para iniciar un programa de recuperación.

Aquellos animales constituyeron la población fundadora que permitió seleccionar características, registrar genealogías y formular un estándar moderno.

El xoloitzcuintle comenzó a registrarse formalmente en México en 1955, y el estándar fue adoptado al año siguiente. La Federación Cinológica Internacional le concedió reconocimiento definitivo en 1961.

Norman Pelham Wright también reunió investigaciones históricas, arqueológicas y canófilas en El enigma del xoloitzcuintli, publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1960. El Centro de Información y Documentación Alberto Beltrán conserva el registro bibliográfico de dicha obra.

La expedición no encontró a “los últimos xolos” en un sentido literal. Sí localizó una población suficientemente representativa para impedir que la raza desapareciera como linaje reconocido y organizado.

Su piel prácticamente desnuda, cuerpo esbelto y orejas erguidas convierten al xoloitzcuintle en una de las razas originarias más reconocibles de México.

¿Por qué unos xoloitzcuintles tienen pelo y otros no?

La ausencia de pelo es resultado de una mutación genética dominante que afecta el desarrollo embrionario del ectodermo, capa de la que proceden estructuras como la piel y los dientes.

En la variedad sin pelo, los folículos pilosos no se desarrollan de manera normal. La misma condición explica por qué muchos ejemplares presentan una dentición incompleta, particularmente ausencia de premolares.

El estándar reconoce dos variedades:

  • Xoloitzcuintle sin pelo
  • Xoloitzcuintle con pelo

También establece tres tamaños:

  • Miniatura
  • Intermedio
  • Estándar

Los cachorros con pelo no son perros mestizos ni ejemplares “defectuosos”. Forman parte de la misma raza y pueden nacer en camadas de padres sin pelo. Además, contribuyen a conservar diversidad genética.

Frida Kahlo y Diego Rivera: el xolo convertido en símbolo mexicano

Antes de la expedición de 1954, el xolo ya había comenzado a recuperar visibilidad gracias al nacionalismo cultural posrevolucionario.

Frida Kahlo y Diego Rivera convivieron con xoloitzcuintles y los incorporaron a fotografías, pinturas y al entorno de la Casa Azul. Para ambos artistas, el perro representaba una conexión viva con el pasado indígena reivindicado por buena parte del arte mexicano del siglo XX.

incluso el Museo Nacional de Antropología lo presenta como parte del patrimonio biocultural mexicano, mediante objetos arqueológicos, restos óseos y representaciones de perros procedentes de diferentes culturas.

Así comenzó una transformación extraordinaria.

El animal que había llegado a ser visto como una rareza por su piel sin pelo volvió a convertirse en símbolo de una historia profundamente mexicana.

La presencia del xolo en el entorno artístico del México posrevolucionario especialmente durante las décadas de 1920, 1930 y 1940, ayudó a devolverle visibilidad cultural.

De hecho, las investigaciones difundidas por la UNAM señalan que durante la década de 1930 el movimiento nacionalista mexicano convirtió al perro pelón en un símbolo nacional, proceso que contribuyó enormemente a su nueva valoración cultural.

Mientras artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera incorporaban al xolo a su entorno y a la construcción visual de una identidad mexicana, especialistas y criadores comenzarían poco después a preocuparse también por la conservación de la raza.

Xoloitzcuintle
El xolo estuvo cerca de desaparecer como linaje organizado, pero un programa de recuperación iniciado a mediados del siglo XX permitió preservar la raza.

De la extinción al reconocimiento internacional

Actualmente, el xoloitzcuintle se encuentra reconocido de manera definitiva por la Federación Cinológica Internacional como raza mexicana del grupo de perros primitivos. Cuenta con criadores, registros genealógicos y ejemplares en diferentes países.

El 12 de agosto de 2016, a petición de la Federación Canófila mexicana, el entonces Gobierno capitalino declaró al xoloitzcuintle patrimonio cultural y símbolo de la Ciudad de México.

Fue una extraordinaria reivindicación para un animal cuya continuidad como raza había preocupado seriamente apenas unas décadas atrás.

Su recuperación no significa que deba tratarse como una pieza de museo. Es un animal de compañía con necesidades específicas que, por su piel, requiere protección frente a la exposición solar excesiva, el frío y productos que puedan irritar su piel.

Quien desee adoptar o adquirir un ejemplar debe acudir a criadores responsables o asociaciones especializadas, verificar su salud y evitar vendedores que exploten su popularidad sin garantizar bienestar animal.

¿Cómo ayudaba el Xoloitzcuintle a cruzar al Mictlán? La verdadera función del perro prehispánico
¿Te imaginas a un Xoloitzcuintle guiándote en el viaje final? Foto: Mi Vet.

¿Dónde conocer la historia del xoloitzcuintle?

Una buena manera de acercarse al xolo desde el patrimonio es visitar museos arqueológicos donde existen representaciones y evidencias de perros mesoamericanos.

El INAH también desarrolla exposiciones y actividades relacionadas con el xolo y su participación dentro de las tradiciones funerarias.

En 2024, por ejemplo, el Museo Regional de Historia de Colima presentó la exposición Xolos, compañeros de viaje y reunió ejemplares contemporáneos para explicar su vínculo con las antiguas concepciones del inframundo.

Por otro lado, está el Museo Dolores Olmedo que reabrió el 30 de mayo de 2026 en su sede histórica de La Noria, Xochimilco, después de permanecer cerrado desde 2020. Sus jardines mantienen la relación histórica del recinto con los xoloitzcuintles, además de resguardar colecciones de obras de Diego Rivera, Frida Kahlo, arte prehispánico y arte popular.

  • Dirección: Avenida México 5843, colonia La Noria, Xochimilco, Ciudad de México.
  • Horario: martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.
  • Último acceso: 17:30 horas.
  • Entrada general: 430 pesos.
  • Nacionales con identificación: 160 pesos.
  • Estudiantes, docentes, residentes de Xochimilco, menores de 12 años y personas con INAPAM: 70 pesos.
  • Menores de seis años: entrada libre.

El perro que encontró el camino de regreso

La historia del xoloitzcuintle tiene una simetría casi perfecta.

Durante siglos, los antiguos mexicanos imaginaron que este perro ayudaba a las personas a atravesar el límite entre la vida y el mundo de los muertos.

Mucho tiempo después fue la propia raza la que llegó peligrosamente cerca de ese límite. Hoy encontramos xoloitzcuintles en hogares, exposiciones, museos, obras de arte y celebraciones de Día de Muertos.

Su silueta se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del México ancestral y contemporáneo.

Quizá ninguna historia podría resultarle más apropiada al antiguo compañero del Mictlán.

El perro que, según la tradición, ayudaba a las almas a cruzar hacia el mundo de los muertos terminó encontrando también el camino de regreso.

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