Descubre la historia documentada de Leonarda Martínez, la forajida queretana que murió en 1884, y las leyendas que la transformaron en asaltante de diligencias, vengadora y supuesta responsable de la muerte de Benito Juárez.
Durante generaciones, su nombre pasó de boca en boca.
Decían que aparecía a caballo por los caminos del Bajío. Que participaba en asaltos junto con su gavilla. Que los viajeros temían encontrársela entre Querétaro y las poblaciones vecinas.
También le atribuyeron actos de venganza, enfrentamientos armados e incluso una participación secreta en uno de los acontecimientos políticos más importantes del siglo XIX.
Su nombre era Leonarda Martínez, pero todos terminaron conociéndola como: La Carambada
Durante décadas resultó difícil establecer si había existido realmente o si era un personaje creado para explicar los peligros de los antiguos caminos del Bajío. La respuesta apareció dentro de un enorme libro del Registro Civil.
El 21 de abril de 2014, el investigador Jorge Marroquín localizó en el Archivo Histórico del Estado de Querétaro el acta de defunción de Leonarda Martínez. El documento confirmó que la mujer murió en 1884, no en 1886 como afirmaban algunos relatos y corridos.
En el mismo volumen aparecen las actas de José Morán y Víctor Medina, vinculados con Leonarda y fallecidos durante la misma confrontación.
De repente, la bandolera de los cuentos tenía una prueba documental.

En México Travel Channel nos apasiona entrar en esos territorios donde la historia y las leyendas se encuentran. Y pocas figuras representan mejor esa frontera que La Carambada, una mujer de carne y hueso cuya vida terminó creciendo hasta convertirse en uno de los grandes relatos populares de Querétaro.
La Carambada sí existió
Esta es quizá la revelación más importante de toda su historia. El hallazgo archivístico constituye el punto de partida más sólido para reconstruir al personaje.
La gaceta Memoralia, publicada por la Dirección Estatal de Archivos de Querétaro, la describe como una “bandolera y forajida” que, acompañada por su séquito, amedrentaba a pobladores y viajeros en los caminos del Bajío durante la segunda mitad del siglo XIX.
La investigación documental derivada del descubrimiento fue incorporada posteriormente al texto La Carambada que sí existió, publicado dentro del libro Nuestra voz sale al balcón. Mujeres queretanas en la Historia.
Este núcleo documental permite distinguir dos dimensiones del personaje.
La primera pertenece a la historia: Leonarda Martínez existió, fue reconocida como bandolera y murió violentamente en 1884.
La segunda pertenece a la tradición: los relatos sobre su nacimiento, apariencia, amante imperialista, asaltos, grito de guerra, reparto del botín y participación en la muerte de Benito Juárez presentan versiones contradictorias o carecen de documentos históricos que permitan comprobarlos.
La Carambada fue una mujer real, pero buena parte de la biografía que hoy se cuenta sobre ella fue construida después por la memoria colectiva.
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— INEA (@INEAmx) November 12, 2019
Una bandolera en los turbulentos caminos del siglo XIX
Para entender por qué una bandolera pudo alcanzar semejante fama hay que mirar el México en el que vivió.
Leonarda vivió durante una de las etapas más convulsas del México del siglo XIX. Su época estuvo atravesada por la Guerra de Reforma (1858-1861), la Segunda Intervención Francesa (1862-1867), el Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867) y la República Restaurada, iniciada en 1867 y prolongada hasta 1876.
Benito Juárez encabezó al gobierno republicano durante buena parte de aquellos conflictos. La derrota del Segundo Imperio tuvo uno de sus episodios definitivos en Querétaro, donde Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía fueron fusilados el 19 de junio de 1867.
También en esa época surgieron las gavillas, que aprovechaban caminos aislados, escasa vigilancia y rutas utilizadas para transportar mercancías, dinero y metales. Los accesos hacia Celaya, La Cañada y la Ciudad de México aparecen reiteradamente en las crónicas regionales como espacios amenazados por salteadores.
En aquel mundo predominantemente masculino, el recuerdo de una mujer armada resultaba excepcional.
La leyenda no conservaría a Leonarda como una integrante secundaria de una gavilla, sino como una figura capaz de montar a caballo, dirigir asaltos y desafiar tanto a los viajeros como a las autoridades.
Por esa razón, su historia resultó tan excepcional. No se recordaba simplemente a otro asaltante de caminos, se trataba de una mujer capaz de encabezar o participar activamente en ese mundo de forajidos.
¿Por qué la llamaban La Carambada?
El sobrenombre forma parte esencial de la narración popular. Aunque se desconoce el origen del apodo, y no existe evidencia que sustente el origen del apodo, la narración popular, difundida por los queretanos, comparten que Leonarda, vestida como hombre, tras cometer sus asaltos revelaba que era una mujer.
Lo anterior, generaba que sus víctimas sorprendido gritaran “¡caramba! Es una mujer” durante los asaltos y que esa expresión originó su sobrenombre.
Esa escena aparece reiteradamente en reconstrucciones posteriores, aunque no se encuentra respaldada por algún documento, si es parte de la leyenda que rodea a esta mujer.
También fue transformada en una especie de “Robin Hood queretana”. Según esta versión, elegía como víctimas a comerciantes y personas acaudaladas para repartir parte de lo robado entre familias pobres.
El motivo resulta habitual en las leyendas de bandoleros: convierte a un personaje perseguido por la justicia en defensor popular frente a la desigualdad.
Con los años, la tradición oral mantuvo estas características que terminaron transformándola en una especie de heroína popular.
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El amor perdido que habría desencadenado su venganza
La leyenda concede a La Carambada un origen trágico.
Leonarda habría mantenido una relación con un militar partidario del Segundo Imperio. Después de la derrota de Maximiliano de Habsburgo, el hombre fue detenido por las fuerzas republicanas y condenado al fusilamiento.
La joven habría acudido ante diferentes autoridades para solicitar el indulto, pero sus ruegos fueron rechazados. Tras la ejecución, juró vengarse de quienes consideraba responsables y comenzó a asaltar diligencias y carruajes en los caminos de Querétaro.
Y la responsabilidad terminaría concentrándose en un solo hombre: Benito Juárez.
La Carambada y Benito Juárez: el mito de la veintiunilla
Ésta es la historia que terminó haciendo prácticamente inmortal al personaje.
La historia más extraordinaria afirma que Leonarda, en su afán de venganza, consiguió acercarse al presidente Benito Juárez y colocó en su bebida un veneno preparado con una planta conocida como veintiunilla.
La leyenda consiguió de esta manera unir dos historias que parecían destinadas a no encontrarse: la de una bandolera queretana y la del presidente de la República Mexicana. Probablemente uno de los episodios que contribuyó tanto a engrandecer su leyenda.
Según la tradición, la sustancia tardaba exactamente 21 días en provocar la muerte, lo que permitía actuar sin levantar sospechas.
Juárez murió en Palacio Nacional el 18 de julio de 1872, mientras todavía ocupaba la Presidencia de México.
Pero su muerte está ampliamente documentada desde el punto de vista médico.
El estudio Infarto contra veneno, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reconstruye que Juárez sufría problemas cardiacos desde 1870.
El 20 de marzo de 1872 padeció otro ataque grave y los episodios continuaron hasta julio. Su médico, Ignacio Alvarado, diagnosticó angina de pecho, caracterizada por intensa opresión, dolor y dificultad respiratoria.
El acta de defunción empleó la expresión médica de la época “neurosis del gran simpático”. La Facultad de Medicina de la UNAM explica que esta denominación se utilizaba entonces para referirse a lo que posteriormente sería identificado como un infarto de miocardio.
Así, el envenenamiento quedó convertido en el capítulo más espectacular de la leyenda de La Carambada.

1884: la trifulca que terminó con Leonarda Martínez
La historia vuelve entonces al documento encontrado.
Doce años después de la muerte de Juárez, Leonarda encontró su propio final.
El acta descubierta por Jorge Marroquín establece que La Carambada murió en 1884. El mismo libro contiene las actas de José Morán y Víctor Medina, fallecidos durante la trifulca relacionada con aquellos acontecimientos.
Se dice que La Carambada murió luego de una pelea campal iniciada por sus hombres (Moran y Medina), en donde ella recibió, al menos 5 disparos.
La tradición oral convirtió ese enfrentamiento en una última escena digna de la fama de la bandolera: armas, persecución y una Leonarda herida mortalmente.
Otra historia, compartida por el blog ‘Leyendas de Querétaro’ a la edad de 86 años, Leonarda Emilia fue captura y fusilada. Mientras las monjas del hospital limpiaban el cuerpo, descubrieron que estaba viva, fue entonces que pidió un sacerdote para contarle su historia y finalmente murió dos días después de haber recibido cinco balazos.
Pero la aportación fundamental del Archivo Histórico de Querétaro resulta todavía más poderosa que cualquier descripción novelesca.
Leonarda no desapareció completamente entre los rumores, su nombre terminó escrito en los registros oficiales.

De mujer real a gran leyenda queretana
Hoy, más de 140 años después de su muerte, Leonarda continúa formando parte del imaginario queretano.
Distintos relatos contemporáneos vinculan a La Carambada con caminos hacia Celaya, San Juan del Río, La Cañada y poblaciones cercanas a la capital queretana. Sin embargo, la información oficial consultada no permite reconstruir con precisión una ruta comprobada de sus asaltos.
Su historia aparece en representaciones, recorridos de leyendas y proyectos culturales que recuperan personajes del pasado de la ciudad. Producciones escénicas contemporáneas han llevado nuevamente su vida a distintos espacios de Querétaro.
Y su existencia documental ha proporcionado algo especialmente valioso al relato.
Sabemos que no todo fue inventado. Hubo realmente una mujer llamada Leonarda Martínez y fue reconocida como bandolera.
La Carambada permanece en el imaginario colectivo no como una villana, sino como el eco rebelde de un pueblo que nunca se rinde ante la adversidad.
No necesitó envenenar a Benito Juárez para convertirse en leyenda, le bastó existir en un mundo donde pocas mujeres podían desafiar abiertamente el orden establecido.
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