Loading_frases

Era septiembre y se disputaban los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

Bernardo Segura entró al Estadio Olímpico de Sídney con la meta frente a él y dos rivales pisándole los talones.

Apenas unos segundos antes había alcanzado al polaco Robert Korzeniowski y a su compatriota Noé Hernández. El mexicano aceleró dentro del túnel de acceso, apareció sobre la pista en primera posición y cruzó la línea con los brazos levantados.

Durante algunos minutos, México creyó que tenía un nuevo campeón olímpico.

Segura se envolvió en la bandera tricolor, abrazó a Hernández y comenzó una vuelta de celebración frente a más de 97 mil espectadores. El marchista que había obtenido bronce en Atlanta 1996 parecía haber alcanzado finalmente la cima de su carrera.

Después llegó una llamada telefónica.

Desde México, el presidente Ernesto Zedillo felicitó en vivo a Segura y a Hernández por aquella carrera.

 Mientras el aparente ganador escuchaba las palabras del mandatario al borde de la pista, un oficial se acercó para mostrarle la tarjeta roja que confirmaba su descalificación.

La celebración se convirtió en desconcierto.

El oro pasó a Robert Korzeniowski. Noé Hernández ascendió a la segunda posición y el ruso Vladimir Andreyev recibió el bronce.

La carrera había terminado y la controversia apenas comenzaba.

De la gloria al desconcierto en cuestión de minutos/Foto:IA

22 de septiembre de 2000: la marcha que paralizó a México

La final masculina de 20 kilómetros marcha comenzó el 22 de septiembre de 2000, a las 12:50 horas de Sídney.

Korzeniowski tomó el control poco después de la mitad de la prueba. Pasó al frente por los puntos de 12, 14, 16 y 18 kilómetros, mientras Segura y Hernández trataban de recuperar la distancia. En los últimos dos kilómetros, los mexicanos regresaron al grupo delantero.

El cierre fue extraordinariamente apretado.

Segura alcanzó primero a Hernández y después a Korzeniowski. Ya en el túnel que conducía hacia la pista, superó al polaco y entró al estadio al frente de la carrera.

Parecía haber detenido el cronómetro alrededor de 1 hora, 18 minutos y 58 segundos, un segundo antes del tiempo oficial con el que Korzeniowski terminaría proclamado campeón olímpico.

Sin embargo, Segura no aparece con tiempo ni posición en la clasificación definitiva porque fue registrado como descalificado.

Para quienes seguían la transmisión en México, no había dudas, Bernardo Segura había llegado primero.

La llamada presidencial durante una victoria que ya no existía

Segura tomó la bandera de México y comenzó a celebrar junto con Noé Hernández.

En medio de aquella vuelta apareció un teléfono. Del otro lado de la línea estaba el entonces presidente Ernesto Zedillo, quien felicitó a los dos atletas por su disciplina, decisión y entrega durante la competencia.

Mientras Segura respondía, un oficial se aproximó y le mostró la tarjeta roja.

El marchista no comprendió inmediatamente lo que ocurría. La decisión le fue explicada fuera de la pista, cuando periodistas y autoridades deportivas confirmaron que había acumulado tres infracciones y que su nombre quedaba fuera de la clasificación.

Según las crónicas contemporáneas, habían transcurrido alrededor de 15 minutos desde que cruzó la meta.

La felicitación presidencial y la descalificación transmitidas en vivo convirtieron el episodio en una de las escenas más desconcertantes de la historia olímpica mexicana.

México pasó de celebrar un oro a tratar de entender cómo podía desaparecer una victoria después de cruzar la meta.

Foto: Instituto del Deporte
Mientras recibía una felicitación telefónica del entonces presidente Ernesto Zedillo, Bernardo Segura conoció la descalificación/Foto: Instituto del Deporte

¿Por qué descalificaron a Bernardo Segura?

La marcha atlética exige que el competidor mantenga contacto visible con el suelo y que la pierna adelantada permanezca recta desde el primer contacto hasta alcanzar la posición vertical.

Los jueces evalúan la técnica a simple vista. Cuando consideran que existe pérdida visible de contacto o flexión indebida de la rodilla, pueden emitir una propuesta de descalificación. La acumulación reglamentaria de tres tarjetas rojas procedentes de jueces diferentes provoca la exclusión del atleta.

El laudo del Tribunal Arbitral del Deporte, TAS o CAS por sus siglas internacionales, establece que Segura recibió tres infracciones durante la prueba. La última fue registrada aproximadamente cuatro minutos antes de la llegada, cuando todavía se encontraba fuera del estadio.

La polémica no estuvo centrada únicamente en las faltas técnicas. También surgió porque Segura pudo completar el recorrido, cruzar primero y celebrar antes de que la notificación se hiciera completamente evidente para él y para el público.

Los oficiales sostuvieron que se había cumplido el procedimiento reglamentario. La delegación mexicana consideró que la comunicación había llegado demasiado tarde.

Noé Hernández: La plata que sobrevivió al desconcierto

La descalificación modificó las posiciones oficiales.

Robert Korzeniowski obtuvo el oro con 1:18:59, nuevo récord olímpico. Noé Hernández fue reconocido con la plata gracias a un tiempo de 1:19:03, su mejor marca personal, y Vladimir Andreyev consiguió el bronce con 1:19:27.

Hernández tenía 22 años y todavía no era considerado la principal figura mexicana de aquella prueba. Su cierre, sin embargo, le permitió mantenerse entre los líderes y conquistar una medalla propia, independientemente de la controversia que rodeó a Segura.

La plata evitó que México terminara completamente al margen del podio, pero quedó durante años bajo la sombra del oro perdido. Reconocer la carrera de Hernández permite comprender que aquella mañana produjo dos historias distintas: la descalificación más dolorosa de la marcha mexicana y una actuación olímpica extraordinaria que sí quedó inscrita en el medallero.

La protesta mexicana llegó al Tribunal Arbitral del Deporte       

La delegación mexicana presentó primero una apelación ante el jurado correspondiente de la entonces International Amateur Athletic Federation, IAAF. El recurso no prosperó.

El caso llegó posteriormente a la División ad hoc del Tribunal Arbitral del Deporte, creada para resolver controversias durante los Juegos Olímpicos.

El expediente quedó registrado como: CAS ad hoc Division (O.G. Sydney) 2000/013, Bernardo Segura / International Amateur Athletic Federation.

La solicitud fue presentada el 27 de septiembre, la audiencia se celebró al día siguiente y el laudo fue emitido el 30 de septiembre de 2000.

Segura pidió que la descalificación fuera declarada improcedente y que se le reconociera como ganador. Su defensa argumentó principalmente que la decisión le había sido comunicada fuera del tiempo previsto. El TAS rechazó la reclamación.

El tribunal sostuvo que los árbitros deportivos no suelen revisar las decisiones técnicas adoptadas por jueces dentro del terreno de competencia, salvo circunstancias excepcionales como mala fe, corrupción o aplicación arbitraria de las reglas.

También concluyó que, incluso si la comunicación hubiera sido tardía, eso no justificaba colocar a Segura por encima de competidores que no habían sido descalificados.

El oro no regresó.

El registro oficial permanece disponible en la Biblioteca Olímpica Mundial y en la jurisprudencia del TAS. El asunto examinó precisamente la descalificación de Segura y la distinción jurídica entre una decisión derivada de las reglas deportivas y una posible vulneración susceptible de revisión arbitral.

El resultado final no deja dudas sobre la decisión oficial: tanto World Athletics como el Comité Olímpico Internacional registran a Bernardo Segura como DQ, descalificado, sin posición ni tiempo oficial en la clasificación definitiva.

Foto: Instituto del Deporte
Bernardo Segura pasó de celebrar el oro a quedar descalificado en uno de los finales más dramáticos del olimpismo mexicano./Foto: Instituto del Deporte

El oro que solamente existió durante unos minutos

La historia de Sídney 2000 permanece viva porque reunió, en unos cuantos minutos, todos los extremos del deporte.

Hubo esfuerzo, remontada y una llegada espectacular. Después aparecieron la bandera, la felicitación presidencial, la tarjeta roja y una reclamación internacional que no consiguió cambiar el resultado.

Bernardo Segura no ganó oficialmente el oro.

Pero durante unos minutos celebró como campeón y México celebró con él.

Noé Hernández sí subió al podio y recibió una plata que forma parte del legado histórico de la marcha mexicana.

Veintiséis años después, la escena continúa siendo difícil de olvidar: Un atleta hablando con el presidente mientras, a pocos pasos, un juez le comunica que la victoria que acaba de alcanzar ya no existe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SIGUE LEYENDO