Por: Gustavo Silva González ( g.silva@mexicotravelchannel.com.mx )
Descubre de qué murió realmente Benito Juárez. ¿Fue envenenado con veintiunilla o la culpa fue del agua hirviendo en el pecho? Los mitos y datos médicos al descubierto.
La muerte del hombre que cambió el rumbo político de México sigue arrastrando un espeso velo de misterio que los libros de texto escolares prefieren no tocar.
La historia oficial nos ha enseñado que el Benemérito de las Américas falleció de manera pacífica en su cama de Palacio Nacional la noche del 18 de julio de 1872.
Sin embargo, si revisamos los archivos históricos con la cabeza fría y ponemos los datos sobre la mesa, descubriremos que las búsquedas digitales de los mexicanos están inundadas de morbo y dudas legítimas:
¿Fue realmente una enfermedad natural, o el oaxaqueño Benito Juárez fue víctima de un envenenamiento político magistralmente orquestado?
El misterio que rodea sus últimas horas de agonía abarca desde pócimas letales indígenas hasta brutales tratamientos médicos coloniales que hoy en día serían considerados auténticas torturas.
La leyenda de “La Carambada” y el mito del veneno de los 21 días
Uno de los ángulos más virales y compartidos en la cultura popular mexicana, como la del la obra del historiador y periodista Héctor Samerio –Leyendas y tradiciones de Querétaro-, afirma que Benito Juárez no murió por causas naturales, sino que fue asesinado por una famosa mujer de la época: Leonarda Martínez, mejor conocida en el folclore del bajío como “La Carambada”.
Esta célebre bandolera queretana, famosa por asaltar caminos y burlar al gobierno, presuntamente buscaba venganza contra el Presidente tras la negativa de Éste de perdonar la vida de su amante, el coronel José Joaquín Ortiz, mexicano que sirvió en el ejército conservador.
El mito, que ha sobrevivido durante más de un siglo, asegura que la mujer logró infiltrarse en una cena donde coincidió con el mandatario y, en un descuido de la guardia, vertió unas gotas de una sustancia conocida como veintiunilla en su bebida.
La veintiunilla es una planta silvestre cuya savia, según las creencias populares del siglo XIX, actúa como un veneno lento y letal que no deja rastro. Y es que tras ser ingerida, ataca el sistema cardíaco provocando la muerte exactamente 21 días después de su consumo.
Aunque la cronología popular encaja de forma fascinante con los picos de malestar que sufrió el presidente semanas antes de expirar, los historiadores modernos y los peritajes científicos -como el Dr. Guillermo Fajardo Ortiz, reconocido historiador de la medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- descartan esta versión debido a la falta de pruebas físicas y a que los síntomas reales de Juárez correspondían a un desgaste degenerativo crónico del miocardio.

¿Agua hirviendo en el pecho? El terrible tratamiento médico de su última noche
Dejando de lado las conspiraciones de asesinato, el verdadero horror de la última noche de Benito Juárez radica en el tratamiento oficial que recibió por parte de su médico de cabecera y amigo cercano, el doctor Ignacio Alvarado.
Lejos de descansar plácidamente, el político oaxaqueño pasó sus últimas horas de vida soportando dolores indescriptibles provocados por su padecimiento cardíaco y por la medicina desesperada de la época.
De acuerdo con las bitácoras y memorias escritas por el propio doctor Alvarado, alrededor de las once de la mañana del 18 de julio de 1872, Juárez sufrió un espasmo masivo que paralizó su pulso y lo dejó al borde del deceso inmediato.
Ante la inminente muerte del Presidente de México, el médico aplicó un procedimiento extremo de la medicina decimonónica: verter e infiltrar fomentos de agua hirviendo directamente sobre la región del corazón.
Las crónicas médicas, como las del mismo doctor Alvarado, detallan que el dolor fue tan agudo que Juárez se incorporó bruscamente en el lecho y exclamó con sorpresa:
“¡Me está usted quemando!”, a lo que Alvarado respondió firmemente: “Es intencional, señor; así lo necesita usted”.
Aunque el brutal choque térmico logró reactivar los latidos del mandatario por unas cuantas horas más, el daño a su debilitado organismo era irreversible.
El veredicto de la autopsia y la “neurosis del gran simpático”
Para disipar cualquier duda sobre si hubo o no mano negra en el fallecimiento del Benemérito, la ciencia médica moderna se ha remitido al documento legal definitivo: el acta de defunción original resguardada por el Registro Civil de la Ciudad de México.
En dicho documento oficial, avalado por eminencias médicas de la época como el Dr. Gabino Barreda y el Dr. Rafael Lucio, se estipuló una causa de muerte que hoy en día suena sumamente extraña: neurosis del gran simpático.
¿Qué significa realmente este término decimonónico en el lenguaje de la medicina actual?
La Facultad de Medicina de la UNAM ha aclarado en sus investigaciones de historia clínica que la “neurosis del gran simpático” no era más que la forma en que los médicos del siglo XIX diagnosticaban lo que hoy conocemos como un infarto agudo al miocardio o un ataque cardíaco masivo.
Juárez arrastraba un deterioro severo del corazón agravado por el estrés político del país y el profundo dolor emocional tras la muerte de su esposa, Margarita Maza, ocurrida apenas un año antes.
Las sospechas de envenenamiento quedan sepultadas bajo el peso de un diagnóstico médico claro: el motor biológico del Presidente de nuestra nación simplemente se desgastó por completo.

Las últimas palabras de Benito Juárez y el nacimiento del mito
La narrativa histórica escolar nos ha vendido frases solemnes e inspiradoras como las supuestas últimas palabras de Juárez.
La realidad íntima de su recámara en Palacio Nacional fue mucho más silenciosa y dolorosa.
Hacia las 11:30 de la noche de aquel 18 de julio de 1872, tras horas de agonía, Juárez giró la cabeza y perdió el conocimiento de manera definitiva.
No hubo grandes discursos de despedida para la posteridad; el hombre que había pronunciado años atrás la célebre máxima “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” murió en silencio, rodeado de sus hijos, sus médicos y algunos colaboradores cercanos como su secretario particular.
Su muerte marcó el fin de una era y pavimentó, irónicamente, el camino para que Porfirio Díaz asumiera el poder pocos años después, inaugurando el Porfiriato.

¿Qué opinas sobre los misterios que rodean a nuestros héroes patrios?
La muerte de Benito Juárez, a los 66 años de edad, marcó el fin de una era y el nacimiento del mito del político inquebrantable.No obstante, conocer el calvario médico que padeció en sus últimas horas nos recuerda la innegable fragilidad humana que existía detrás del personaje histórico.
¿Consideras que la medicina de la época aceleró su trágico desenlace o crees que la leyenda de la veintiunilla tiene algo de verdad oculta?
Queremos leer tu comentario. Escríbelo aquí abajo y comparte este artículo con tus amigos para debatir sobre los secretos mejor guardados de la historia nacional.
¡No olvides seguir disfrutando todo el contenido que tenemos para ti en www.mexicotravelchannel.com.mx, como Tips de viaje, el Top de los Pueblos Mágicos, Playas secretas, Gastronomía, e historias sorprendentes!






