Por: Circe Vargón
A más de 2 mil 600 metros de altura, Toluca obligó a la poderosa Italia a jugar contra algo más que sus rivales: La altitud mexicana. Descubre cómo este factor fue contundente durante el Mundial de 1970.
Para las potencias del fútbol europeo, venir a jugar a México en 1970 significaba enfrentarse a un entorno competitivo completamente distinto al que conocían.
La Copa Mundial de la FIFA México 1970 fue la primera celebrada en un país con partidos disputados a grandes altitudes, una condición que generó preocupación entre médicos deportivos, entrenadores y jugadores de diversas selecciones europeas desde meses antes del torneo.
Si bien la hospitalidad mexicana conquistó a delegaciones y aficionados, la geografía nacional se convirtió en un desafío inesperado.
Al subir los escalones del entonces Estadio Luis Dosal de Toluca, figuras como Giacinto Facchetti, Luigi Riva y Gianni Rivera descubrieron que cada carrera exigía un esfuerzo adicional.
La reducción de oxígeno disponible en altitudes superiores a los 2 mil metros obligó a modificar entrenamientos, esquemas tácticos y tiempos de recuperación durante la competencia.
Toluca, ubicada a aproximadamente 2 mil 660 metros sobre el nivel del mar, no es un lugar cualquiera para jugar fútbol.
A diferencia de un defensa o un delantero, la altitud no podía verse. No portaba uniforme ni aparecía en la alineación oficial. Sin embargo, estaba presente en cada carrera, en cada respiración acelerada.
Para muchas selecciones europeas, el verdadero adversario de México 1970 comenzaba mucho antes del silbatazo inicial.
La menor densidad del aire influye en la resistencia física y modifica el comportamiento del balón, que suele desplazarse a mayor velocidad y con trayectorias diferentes a las observadas cerca del nivel del mar.
Por esa razón, diversas selecciones llegaron a México con semanas de anticipación para intentar aclimatarse antes del arranque del torneo.
Para Italia, una de las favoritas al título, el partido en Toluca representaba mucho más que un simple compromiso eliminatorio.

En México Travel Channel recorrimos la historia de México 1970 para comprender cómo las condiciones geográficas del país influyeron en algunos de los partidos más importantes del torneo.
El rival invisible en el Estadio Luis Dosal
Antes de convertirse en el moderno Estadio Nemesio Diez que conocemos hoy, el entonces Estadio Luis Dosal ya era considerado una plaza compleja para cualquier visitante.
Cabe señalar que el inmueble tuvo distintos nombres a lo largo de su historia, entre ellos Estadio Luis Gutiérrez Dosal y Estadio Toluca 70, antes de adoptar oficialmente el nombre de Estadio Nemesio Diez.
Su ubicación en el Valle de Toluca, rodeada por montañas y caracterizada por una altitud excepcional para el fútbol profesional, lo convirtió en uno de los escenarios más singulares de México 1970.
Jugar en “La Bombonera” siempre ha tenido una mística especial.
Las tribunas se encuentran muy cerca del terreno de juego y generan una atmósfera intensa que hace sentir la presión sobre los visitantes. El propio Club Deportivo Toluca destaca la cercanía entre gradas y cancha como una de las características más distintivas del estadio.
Pero durante la Copa del Mundo, el verdadero desafío iba mucho más allá del ambiente.
Los integrantes de la selección italiana debieron enfrentar las complicaciones que representaba el comportamiento del balón en altura.
Diversos especialistas deportivos han explicado que, debido a la menor resistencia del aire, los disparos largos pueden alcanzar mayor velocidad y presentar trayectorias distintas, obligando a los futbolistas a recalibrar la potencia y dirección de sus golpes.
Uno de ellos, es el médico belga Michel D’Hooghe, expresidente de la Comisión Médica de la FIFA, quien señaló en un análisis publicado por el British Journal of Sports Medicine que la práctica del fútbol a gran altitud influye en el rendimiento físico, la coordinación y diversas capacidades fisiológicas de los jugadores, factores que pueden incidir en el desarrollo de los partidos.
Cada sprint, cada recuperación y cada esfuerzo físico parecía multiplicarse.
Las pausas del partido se transformaban en momentos esenciales para recuperar oxígeno y energía. Incluso equipos acostumbrados a competir al máximo nivel internacional debieron adaptar su ritmo de juego a las condiciones mexicanas.
A pesar de la exigencia física y del respaldo de miles de aficionados que apoyaban a México, la experiencia y disciplina táctica italiana terminaron marcando diferencias.
Tras un arranque equilibrado, la “Azzurra” impuso su calidad colectiva y derrotó al conjunto nacional por 4-1. México abrió el marcador al minuto 13 con gol de José Luis González; Italia empató con un autogol de Javier Guzmán al minuto 26 y después sentenció el partido con dos tantos de Luigi Riva y uno de Gianni Rivera.
14 junio 1970 estadio Luis Dosal, Toluca, fase final Mundial México 70, partido por cuartos de final, México 1 (José González) Italia 4 (Gustavo Peña (a), Gigi Riva(2) Gianni Rivera) pic.twitter.com/GxjxUx9C2N
— Antonio Ubilla (@AntonioUbilla1) June 14, 2020
Un hito para México, una lección para el mundo
Más allá del resultado, aquel encuentro representó un momento trascendental para el fútbol mexicano.
Ese partido fue histórico porque México alcanzó por primera vez los cuartos de final de una Copa del Mundo. La Selección Mexicana llegó a esa instancia tras superar la fase de grupos de México 1970, un logro sin precedentes para el Tri.
Ninguna selección mexicana había logrado avanzar tan lejos en el torneo más importante del planeta.
Enfrentarse a una potencia como Italia ya constituía un acontecimiento extraordinario para la afición nacional.
La derrota fue dolorosa, pero también dejó una enseñanza profunda.
México había demostrado que podía competir frente a las mejores selecciones del mundo en un torneo organizado en casa, consolidando el crecimiento internacional de su fútbol.
Aquella tarde de junio también evidenció algo más: la geografía mexicana podía influir significativamente en la dinámica de una competición internacional.
Mientras muchas selecciones debatían sobre la altitud, el calor o las largas distancias entre sedes, el país mostraba una realidad deportiva distinta a la de Europa o Sudamérica.
El partido también evidenció la influencia que podían tener las condiciones ambientales en el desarrollo de una Copa del Mundo y abrió el debate global sobre la preparación física necesaria para competir en condiciones de altura.
El partido del 14 de junio de 1970 permanece en la memoria colectiva como uno de los capítulos fundamentales de la historia mundialista de México. El duelo se jugó al mediodía en el Estadio Luis Dosal de Toluca y quedó registrado como el primer cuarto de final mundialista disputado por la Selección Mexicana.
Porque más allá del marcador, confirmó que la selección nacional ya podía mirar de frente a las grandes potencias del fútbol.
14 junio 1970 estadio Luis Dosal, Toluca, fase final Mundial México 70, partido por cuartos de final, México 1 (José González) Italia 4 (Gustavo Peña (a), Gigi Riva(2) Gianni Rivera) #RecuerdosMundiales pic.twitter.com/5BdWp8U8qM
— Antonio Ubilla (@AntonioUbilla1) June 14, 2023
Un templo de nostalgia en el Estado de México
Más de medio siglo después, el Estadio Nemesio Diez continúa ocupando un lugar privilegiado en la historia del deporte mexicano.
El inmueble fue sede de encuentros en las Copas Mundiales de 1970 y 1986, convirtiéndose en uno de los escenarios más emblemáticos del país. El sitio oficial del Toluca FC recuerda que el estadio fue sede de partidos mundialistas en ambas ediciones celebradas en México.
Además de sus capítulos mundialistas, ha sido hogar del Deportivo Toluca y escenario de múltiples campeonatos de Liga MX.
Hoy en día es considerado uno de los estadios con mejor ambiente futbolístico de México.
Su cercanía entre las tribunas y el terreno de juego mantiene una atmósfera única que distingue a “La Bombonera” de otros recintos nacionales.
Con una capacidad superior a los 27 mil asistentes tras sus más recientes remodelaciones, el estadio combina tradición, modernidad y una identidad profundamente ligada a la ciudad de Toluca.
Para el turista apasionado por el fútbol, recorrer sus instalaciones significa caminar por el mismo escenario donde se enfrentaron figuras legendarias como Giacinto Facchetti, Luigi Riva, Gianni Rivera, José Luis González, Javier Valdivia y Enrique Borja.
También implica recordar que, durante el Mundial de 1970, la altitud del Valle de Toluca se convirtió en un protagonista silencioso del torneo.
Estadio Luis Gutiérrez Dosal – Toluca
— FIFA World Cup 26™️ Mexico City (@MexicoCity26) September 23, 2025
Así se llamaba en ese entonces el hoy Nemesio Diez.
Fue donde México se despidió del torneo tras perder ante Italia, que sería finalista.
📍Sede de 4 partidos.
Hoy es uno de los estadios más modernos del país.
📷 FIFA+ pic.twitter.com/pQpb9cF0ma
Hoy, quienes visitan este recinto encuentran la casa de los Diablos Rojos del Toluca y descubren un lugar donde la historia deportiva, la arquitectura futbolística y la geografía mexicana convergen para contar uno de los capítulos más fascinantes de los Mundiales celebrados en nuestro país.
Si visitas este histórico estadio en el Estado de México, tómate un momento para imaginar la presión física que sentían los jugadores italianos y reflexionar cómo la altitud formó parte de los elementos que hicieron únicas a las sedes mexicanas del Mundial de 1970.
Para más datos interesantes sobre las copas mundiales quédate en www.mexicotravelchannel.com y síguenos en redes sociales: @MexicoTravelChannel en Facebook, Instagram y TikTok.



