Tres palabras escritas en un pequeño pergamino provocaron un escándalo religioso, un ataque contra la obra y ocho años de exhibición restringida. Ésta es la historia de “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.
A primera vista resulta difícil encontrar la frase que desató el conflicto.
Todas las miradas suelen dirigirse hacia la Catrina, elegantemente vestida en el centro del mural. Con una mano sostiene al pequeño Diego Rivera y con el otro brazo enlaza a José Guadalupe Posada, creador de la Calavera Garbancera. Detrás del niño aparece Frida Kahlo en actitud protectora.
Alrededor de ellos desfilan personajes pertenecientes a diferentes épocas de la historia mexicana: Hernán Cortés, Sor Juana Inés de la Cruz, Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo, Carlota de Habsburgo y José Martí, entre muchos otros.
Sin embargo, en 1948 la atención no estaba concentrada en ellos.
Hacia el extremo izquierdo del mural, visto de frente, aparece Ignacio Ramírez, “El Nigromante”, sosteniendo un pergamino. Sobre el papel, Rivera había escrito tres palabras destinadas a provocar uno de los mayores conflictos en la historia de la obra: “Dios no existe”.

Foto: Museo Diego Rivera
En México Travel Channel nos apasiona descubrir las historias ocultas detrás de las grandes obras mexicanas. Hoy regresamos al desaparecido Hotel del Prado para reconstruir el escándalo que convirtió un pequeño pergamino pintado por Rivera en un debate nacional sobre religión, arte y libertad.
1947: Diego Rivera convierte la Alameda Central en un sueño
La historia empezó antes de la inauguración del Hotel del Prado, proyectado por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Antes de su apertura, Obregón Santacilia propuso a Diego Rivera realizar una obra para el salón comedor Versalles. El tema sería la Alameda, parque situado frente al hotel y escenario de diferentes momentos de la vida cotidiana capitalina.
Entre julio y septiembre de aquel año, Rivera trabajó acompañado por los artistas Rina Lazo y Pedro A. Peñaloza, mientras Andrés Sánchez Flores colaboró en la preparación del muro. El resultado fue extraordinario.
Un fresco de 4.17 metros de altura por 15.67 de longitud que terminaría pesando aproximadamente 35 toneladas. Rivera trabajó en el mural entre julio y septiembre de 1947 y reunió allí recuerdos de su propia infancia y personajes históricos desde el periodo virreinal (1521-1821) hasta el México moderno.
Él mismo describió la composición como recuerdos de su vida, niñez y juventud, donde los personajes del paseo aparecían soñando, algunos sentados y otros conversando mientras recorrían la Alameda.

La Catrina: la dama que terminó dominando el mural
En medio de aquella multitud apareció una figura que terminaría convirtiéndose en otro símbolo nacional. La Catrina.
Rivera partió de la Calavera Garbancera creada por José Guadalupe Posada y la representó de cuerpo completo, elegantemente vestida.
Dentro del mural, La Catrina toma de una mano al pequeño Diego y del brazo a Posada. Detrás del niño, Frida Kahlo aparece en actitud protectora. A su alrededor encontramos, entre muchos otros:
- Hernán Cortés.
- Sor Juana Inés de la Cruz.
- Antonio López de Santa Anna.
- Benito Juárez.
- Maximiliano de Habsburgo.
- Carlota de Habsburgo.
- José Martí.
Todo parecía preparado para que el mural se convirtiera en una de las grandes atracciones del nuevo hotel. Hasta que alguien leyó el pergamino.

Foto: Espíritu Aventurero.
¿De dónde salió la frase “Dios no existe”?
La inscripción se relacionaba con Ignacio Ramírez, escritor, periodista y político liberal nacido en 1818.
Cuando tenía 18 años, Ramírez ingresó a la Academia de Letrán y presentó un discurso que comenzaba con la afirmación “Dios no existe”. Rivera recuperó esas palabras más de un siglo después y las colocó en el pergamino sostenido por el personaje.
La frase no era, por tanto, una expresión aislada incorporada únicamente para provocar.
Funcionaba como una referencia histórica al pensamiento anticlerical de uno de los grandes intelectuales liberales del siglo XIX. No obstante, dentro de una obra destinada al comedor de un hotel importante, las palabras adquirieron una visibilidad completamente distinta.
La obra desató un escándalo nacional previo a su inauguración oficial debido al detalle en el pergamino.
La controversia provocó protestas de sectores conservadores y de la Iglesia Católica. Días antes de la inauguración del hotel, en junio de 1948, el arzobispo Luis María Martínez se negó a bendecir el inmueble por la “frase atea”.
Mientras que, un grupo de estudiantes de ingeniería irrumpió en el lugar para “borrar” a martillazos el texto y, de paso, el rostro de Diego Rivera cuando era niño pintado en el mural.
Rivera restauró posteriormente la frase, reafirmando su decisión de mantenerla. Lejos de cerrar el conflicto, la restauración prolongó la controversia.
Ante la imposibilidad de exhibirla sin nuevas confrontaciones, la administración tomó una decisión radical: ocultar el mural, no se destruyó, ni retiró, simplemente fue cubierto mediante biombos, que solo se quitaban en ocasiones especiales.

Foto: Museo Diego Rivera
Ocho años escondido detrás de biombos
El Museo Mural Diego Rivera, institución que actualmente resguarda la obra, documenta que Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central permaneció oculto durante ocho años debido a la polémica provocada por la inscripción.
Fue hasta abril de 1956 cuando el propio muralista, en un acto público, decidió modificar la frase por: “Conferencia en la Academia de Letrán, el año de 1836”, permitiendo la exhibición libre de la obra.
La nueva inscripción continúa haciendo referencia al célebre discurso de Ignacio Ramírez, pero eliminó las palabras que habían provocado directamente el conflicto.
***TE PUEDE INTERESAR: De burla porfiriana a símbolo de México: ¿Cómo José Guadalupe Posada creó la calavera que se convirtió en La Catrina?***
El traslado que terminó salvando al mural del terremoto de 1985
Alrededor de 1960, el mural fue trasladado desde el salón Versalles hasta el vestíbulo del Hotel del Prado para darle mayor visibilidad.
Para realizar el movimiento se construyó una estructura metálica que continúa sirviendo de soporte a la obra.
Aquel primer movimiento terminó teniendo una consecuencia inesperada.
Los terremotos de septiembre de 1985 dejaron al Hotel del Prado prácticamente destruido. El antiguo restaurante donde Rivera había pintado originalmente el mural quedó en ruinas, pero Sueño de una tarde dominical sobrevivió porque décadas antes había sido trasladado al vestíbulo.
El edificio ya no era un lugar seguro para conservar una obra de 35 toneladas. Había que sacarla del hotel y encontrarle una nueva casa.
Se eligió un predio ubicado en las calles de Balderas y Colón, utilizado previamente como estacionamiento del Hotel Regis, otro inmueble gravemente afectado por el sismo. Entonces apareció una pregunta extraordinaria:
¿Cómo mover por el Centro Histórico un mural de más de 15 metros y aproximadamente 35 toneladas sin destruirlo?
La solución necesitó ingeniería, restauración y cientos de personas.
El 14 de diciembre de 1986, en más de 10 horas, 300 trabajadores movieron la obra de Rivera sin que sufriera daños, colocándola en el que sería su nuevo hogar: el Museo Mural Diego Rivera, construido en el predio que ocupaba el Hotel Regis, también demolido por el sismo.
El Museo Mural Diego Rivera abrió sus puertas el 19 de febrero de 1988. Desde entonces, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central constituye su pieza principal.

¿Cómo visitar el mural actualmente?
El fresco continúa siendo la pieza central del Museo Mural Diego Rivera. El Museo se localiza junto a la Alameda Central, cerca del lugar para el cual la obra fue concebida originalmente.
- Ubicación: Colón s/n esquina Balderas, Centro Histórico, Ciudad de México.
- Horario: martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.
- Entrada general vigente: $50 pesos, con pago en taquilla.
- Domingos: entrada libre general.
También tienen acceso gratuito las personas mayores de 60 años, menores de 13, jubiladas, pensionadas, personas con discapacidad, docentes y estudiantes en activo.
Los horarios y tarifas pueden modificarse, por lo que conviene consultar la información oficial del Museo Mural Diego Rivera antes de acudir.
Hoy celebramos el 34 aniversario del Museo Mural Diego Rivera.
— Museo Mural Diego Rivera (@MuseoMural) February 19, 2022
Se inauguró el 19 de febrero de 1988 como parte de las actividades para conmemorar el natalicio del muralista Diego Rivera.
Recuerda nuestra historia a lo largo de este día.#MMDR
@bellasartesinbal
@redmuseosINBAL pic.twitter.com/idUfvz0U8A
La frase que desapareció, pero nunca dejó de estar presente
Hoy podemos acercarnos al mural y encontrar a Ignacio Ramírez. Podemos observar su pergamino, pero aquellas tres palabras ya no están, en su lugar encontramos la referencia a la Academia de Letrán.
Sobreviviente a censuras y terremotos, el mural nos recuerda que el arte verdadero es un reflejo vivo de las pasiones, contradicciones y libertades de nuestra nación.
¿Has visitado el Museo Mural para apreciar esta obra monumental cara a cara?
Sigue recorriendo nuestro sitio web México Travel Channel y síguenos en nuestras redes sociales para descubrir más secretos del arte nacional.





