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Por: Circe Vargón

A menos de una hora de la Ciudad de México existe un municipio donde el tejido y el comercio forman parte de la identidad local.

Chiconcuac de Juárez, en el Estado de México, es conocido por sus suéteres, cobijas, gabanes, prendas de lana y una enorme variedad de textiles que se comercializan tanto en talleres familiares como en su tradicional tianguis.

El propio Ayuntamiento de Chiconcuac reconoce a la actividad textil como parte del patrimonio económico y cultural del municipio y señala que sus productos actualmente llegan a diferentes partes del mundo (COMO CUÁLES?)

Pero detrás de los puestos y talleres existe una historia mucho más amplia. Se trata de una tradición que comenzó con el aprovechamiento de fibras naturales, evolucionó con la llegada de nuevas técnicas durante el periodo virreinal y terminó convirtiendo al municipio en uno de los principales referentes textiles del Valle de México.

Y entre todas las historias relacionadas con sus tejidos destaca una que parece salida de una película: un suéter mexicano que Marilyn Monroe llevó durante una de sus últimas sesiones fotográficas.

Detrás del famoso suéter vinculado con Marilyn Monroe existe una historia mucho más grande: la de una comunidad que convirtió los telares, la lana y el trabajo familiar en una tradición capaz de trascender fronteras y generaciones./Foto:I A

El suéter de Chiconcuac que llegó a Hollywood

La historia más famosa relacionada con los textiles de Chiconcuac está vinculada con un cárdigan de lana utilizado por Marilyn Monroe en 1962.

De acuerdo con la tradición difundida en el municipio, y compartido en medios como Excelsior, la prenda habría sido elaborada en Chiconcuac y posteriormente llegó a manos de la actriz. Sin embargo, las fuentes consultadas no permiten confirmar de manera documental si Monroe visitó personalmente el municipio o quién adquirió originalmente la pieza.

La pieza era un cárdigan de lana color crema, con motivos geométricos cafés y un cinturón tejido a juego.

De acuerdo con la casa de subastas Christie’s, Marilyn Monroe utilizó ese cárdigan en 1962 y apareció en una serie de fotografías realizadas por el fotógrafo George Barris en una playa de Santa Mónica, California.

Las imágenes pertenecen a la última etapa de la carrera de Monroe. La actriz murió el 5 de agosto de 1962, apenas unas semanas después de aquella sesión.

La historia del suéter se hizo todavía más famosa décadas después, cuando la prenda formó parte de una subasta de objetos personales de Marilyn Monroe realizada por Christie’s en 1999.

La casa de subastas la identificó como un cárdigan tejido a mano de lana color crema, decorado con un patrón geométrico café. La pieza alcanzó un precio de 167 mil 500 dólares, de acuerdo con registros y publicaciones posteriores sobre aquella subasta.

Así, una prenda vinculada con la tradición textil de Chiconcuac terminó convertida en un objeto relacionado con la historia de Hollywood.

La tradición local vincula a Chiconcuac con uno de los suéteres más famosos asociados a Marilyn Monroe./Foto: Redes Sociales

Una tradición textil que comenzó mucho antes de Hollywood

La historia textil de Chiconcuac está profundamente ligada a la evolución económica y cultural del Valle de México.

El propio municipio documenta que la elaboración de textiles tiene antecedentes prehispánicos y que, tras la llegada de los españoles, se incorporaron nuevas fibras, herramientas y técnicas que transformaron la producción local.

El Ayuntamiento de Chiconcuac explica que en la época prehispánica ya se elaboraban mantas y petates en la región. Posteriormente, durante el periodo virreinal, se incorporaron nuevas herramientas y técnicas relacionadas con el trabajo de la lana, como las cardas, el torno y el telar de pedal.

De acuerdo con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)  sobre el municipio también documentan una tradición prehispánica de manufactura de textiles a partir de fibras naturales como maguey y algodón, mientras que la producción de lana se desarrolló posteriormente con la introducción de la ganadería ovina y los sistemas textiles de origen europeo.

Por eso, más que hablar de un único origen de la industria textil, la historia de Chiconcuac puede entenderse como una evolución de técnicas, materiales y formas de comercio que se fueron acumulando a lo largo de los siglos.

Con el tiempo, los talleres familiares se convirtieron en una parte fundamental de la economía local.

A finales del siglo XIX y durante el siglo XX, la fabricación y comercialización de cobijas, tapetes, gabanes y prendas de lana ayudaron a consolidar la fama de la localidad.

Un cárdigan tejido de lana color crema llevó el nombre de Chiconcuac hasta el imaginario de Hollywood./Foto: Redes Sociales

Chiconcuac también atrajo a artistas e intelectuales

El prestigio de sus tejidos comenzó a llamar la atención de visitantes nacionales y extranjeros.

La historia oficial del municipio registra las visitas frecuentes de figuras como Diego Rivera, Tina Modotti y Jean Charlot, quienes llegaron atraídos por la creatividad y el trabajo artesanal de la comunidad. También menciona a otros artistas e intelectuales vinculados con la vida cultural de la localidad.

La relación entre Chiconcuac y el mundo artístico no se limitó a las compras.

El propio municipio documenta que algunos de estos visitantes contribuyeron a difundir aspectos de la vida local y de sus artesanías, ayudando a proyectar la comunidad más allá del Valle de México.

La tradición también alcanzó a otros personajes de la cultura. El Plan de Desarrollo Municipal de Chiconcuac registra, por ejemplo, que durante la década de 1950 los pintores Leonora Carrington y Roberto Brady eligieron a artesanos locales para plasmar obras en tejidos de telar.

El tianguis textil que convirtió a Chiconcuac en destino de compras

Hablar de Chiconcuac es hablar de su enorme mercado.

El municipio alberga uno de los tianguis textiles más importantes de México, donde miles de visitantes acuden cada semana en busca de ropa, cobijas, blancos para el hogar y productos artesanales.

Aunque la actividad comercial se mantiene prácticamente todos los días, los momentos de mayor movimiento suele ser los llamados “días de plaza”: sábado, domingo y martes, aunque el comercio de textiles opera prácticamente todos los días.

El Plan de Desarrollo Municipal identifica al tianguis textil como uno de los motores de la economía local y señala que oficialmente opera los sábados, domingos y martes, aunque sus horarios se han adaptado a la demanda de compradores regionales y nacionales.

En sus pasillos se encuentran cobijas, gabanes, suéteres, prendas de lana y algodón, así como blancos para el hogar.

Actualmente, la oferta no se limita a las prendas tradicionales de lana. El propio municipio explica que la actividad comercial se diversificó y que los talleres familiares producen y comercializan una amplia variedad de ropa y artículos para el hogar.

La tradición textil de Chiconcuac se remonta a la manufactura de fibras naturales de maguey y algodón en la época prehispánica, y se consolidó con la lana tras la Conquista.

Es precisamente esa combinación entre artesanía, producción familiar, comercio y manufactura la que explica la importancia económica que Chiconcuac conserva hasta nuestros días.

El tianguis de Chiconcuac es uno de los mercados textiles más importantes de México./FotoMunicipio de Chinconcuac de Juarez
El tianguis de Chiconcuac es uno de los mercados textiles más importantes de México./FotoMunicipio de Chinconcuac de Juarez

Un rincón del Edomex que vale la pena descubrir

Chiconcuac no es un Pueblo Mágico, pero tiene el encanto de los pueblos que han sabido mantener su identidad a través del trabajo de sus manos.

Sus textiles comenzaron con fibras naturales y técnicas locales; después incorporaron la lana y herramientas europeas; más tarde evolucionaron hacia talleres familiares y una intensa actividad comercial.

Y en medio de esa historia aparece una fotografía que dio la vuelta al mundo: Marilyn Monroe caminando por una playa de Santa Mónica con un suéter mexicano que, según la tradición local y testimonios recogidos por medios nacionales, había comprado en Chiconcuac.

Detrás de aquella pieza existe una comunidad que durante generaciones convirtió la lana, los telares, las agujas y el trabajo familiar en una forma de vida.

Visitar Chiconcuac es apoyar directamente a los talleres familiares que mantienen vivo el arte del tejido tradicional y también es descubrir que la fama internacional puede nacer de un telar de pedal y un par de manos expertas.

¿Tienes en casa una prenda tejida tradicional de Chiconcuac?

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